Prólogo
Miré el suelo; mi ceño se frunció ligeramente.
«¿Por qué él haría eso?»
«¿Qué hiciste mal?»
«¿Por qué siempre te dejan?»
Las preguntas empezaron a llenar mi mente; la cabeza empezó a doler.
«Cefalea».
Cerré los ojos.
-Cállate -murmuré mientras tomaba el vape de mi bolsa.
«Cefalea, cefalea, cefalea, cefalea...»
-Cállate -repetí antes de darle una calada al vape, dejando que el humo llenara mis pulmones, reteniéndolo por unos segundos antes de expulsarlo.
«Cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea, cefalea...»
-¡Cállate! -grité, dejando caer el vape para tomar mi cabeza entre mis manos, cerrando los ojos con fuerza.
«Por eso se fue».
Mi mente quedó en blanco y las lágrimas empezaron a llenar mis ojos.
«Por eso no se quedó. Estás loca».
Mis lágrimas empezaban a caer al pavimento, dejando sutiles manchas en la capa de polvo.
«Él odiaba el olor, odiaba que fumaras, odiaba que supieras a alcohol. Él...»
-¡Me dejó! No está. Él ya no importa -le grité, empezando a golpear mi cabeza, un intento inútil de que se fuera.
«Se fue por ti. Por esto».