Relatos eroticos Pt 2

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Sinopsis

Relatos eroticos, BDSM, Dominación, Sumisión, Esclava, Incesto, etc.

Genero:
Erotica
Autor/a:
SofContreras
Estado:
En proceso
Capítulos:
16
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1)Regalo de navidad

Cómo detestaba la Navidad. Era su época más ocupada del año, siempre ayudando a las personas solitarias a encontrar el amor... o al menos algo de compañía durante las fiestas.

Las parejas que había ayudado a unir tenían que estar metidas en la cama haciendo el amor sin parar, mientras él estaba allí, en noche buena, en un bar, bebiendo, completamente solo.

Era el nieto de San Nicolás o Santa Claus, como era conocido, pero para él, solo era el abuelo Nicolas. Su abuelo se encargaba de entregar regalos a los niños de todo el mundo, pero cuando Oliver tuvo edad suficiente, su abuelo le encargó los solteros que estaban en busca de compañía durante las fiestas. Al principio había sido divertido, podía usar sus poderes con libertad y podía influenciar a los humanos para que se dieran una oportunidad en el amor y a quien quería engañar, su lado pervertido estaba muy satisfecho de poder presenciar los encuentros sexuales de los enamorados, sin que lo vieran.

Pero con el tiempo, la diversión se convirtió en anhelo. Estaba cansado de ayudar a las parejas a encontrar el amor y verlos felices, mientras él permanecía solo y temía que la situación lo estaba amargando un poco. Si seguía así, con el tiempo, perdería la sensibilidad necesaria para ayudar a otros y si llegaba a eso, no podría seguir trabajando y le angustiaba. En verdad disfrutaba poder darle una mano a los tontos que por una u otra razón huían del amor y ser parte de su despertar a nuevas oportunidades, pero no sabía si iba a poder seguir siendo útil si se sentía de esa manera.

Oliver le dio otro sorbo a su whisky, en el bar de su hotel, mientras pensaba en algunos de sus trabajos más recientes. Él siempre estaba detrás de los encuentros navideños de última hora, esos en los que parecía que el universo había conspirado para que esa pareja perfecta se mirara a los ojos, en ese momento perfecto y la magia de la navidad aparecía.

Bueno, pues no era así, no era el señor universo, ni la magia de la navidad, no. Todo lo hacía él y no era tan mágico. Solo analizaba a las personas que necesitaban ayuda y luego usaba un poco de su magia para crear el encuentro perfecto, pero nada más; no se podía encantar a las parejas, porque la magia se acababa y si no había nada real, pues no serviría de nada. Tenía que existir una atracción y un vínculo verdadero que los mantuviera juntos y por eso tenía que hacer esa extensa investigación.

Estaba exhausto, tal vez necesitaba unas vacaciones. Alejarse de todo y de todos, tal vez encontrar algo de amor para sí mismo.

―Oliver Avdeyev, ¿es usted?

Oliver bajó su whisky, que iba a medio camino de su boca, para girarse a ver quién lo había llamado. Pero se sorprendió al encontrarse con una muñequita con el cabello rubio, recogido en una coleta algo desecha, una camiseta de AC/DC muy grande para ella, unos jeans desgastados y unos zapatos deportivos y el abrigo que debería tener puesto, por las bajas temperaturas, lo llevaba atado a su cintura. Tenía una gran mochila a su espalda y se veía cansada y algo acalorada, lo cual era extraño considerando el frio que hacía afuera.

Era la cosita más antisexy que había visto en toda su vida, pero se veía adorablemente sonrojada y molesta para ser navidad. ¿Dónde estaba el espíritu navideño de esa mujer? Se veía fastidiada de estar allí, mientras todos los demás disfrutaban del ambiente de la víspera de navidad, el gran y esperado veinticuatro de diciembre. Un día en que todos estaban vistiéndose con sus mejores galas y tenían una sonrisa en el rostro, porque era un día de alegría y esta muchachita parecía un erizo.

― ¿Es usted Oliver Avdeyev, o no?

―Eso depende, ¿Quién quiere saberlo?

―Servicio de mensajería, ¿es usted a quien busco? ―dijo cortante.

―Si, soy yo. ―dijo sonriéndole a la chica.

Normalmente las mujeres se derretían por sus sonrisas, era una mezcla de sus ojos increíblemente azules, su fuerte mandíbula y la magia de la familia. No podía negar que sus antepasados habían sido bendecidos por los genes y él era un hombre atractivo, pero la magia ancestral de los Avdeyev, el nombre real de su familia, los hacía encantadores para el mundo entero. Pero ella parecía ser inmune a él, ni siquiera parpadeo, solo se giró para rebuscar en su enorme mochila y sacar un sobre y una tabla con una hoja de papel en ella.

―Aquí tiene su sobre y firme aquí por favor.

Oliver recibió el sobre y lo miró, pero no tenía remitente.

―¿Quién envía esto?

―No lo sé señor, estos son envíos urgentes, así que no me detengo a pedir explicaciones de ningún tipo, solo tomo mi bicicleta y los entrego. Por favor firme aquí.

Oliver tomó la tabla y se fijó que su nombre era el último en la lista y era lógico, eran casi las 10 de la noche de noche buena. Esa muchachita debería estar en su casa disfrutando de las fiestas con su familia o su amante y no entregando sobres.

Cuando le regresó la tabla, ella solo la guardó en su mochila y apenas lo miró.

―Buenas noches señor.

Ni una feliz navidad, ni una sonrisa, algo estaba muy mal con la mensajerita.

―Oye, espera.

―¿Sí?, ―la muchachita casi gruñó antes de girarse, esperado que dijera lo que tenía que decir. Definitivamente no había espíritu navideño en ella. ―No puedes irte ahora, está lloviendo muy fuerte.

―No está lloviendo...―Se giró para ver por las grandes ventanas acristaladas del bar, para encontrarse con una fuerte lluvia que caía sobre la ciudad. ― ¿pero qué demonios? Hace un momento no estaba lloviendo.

―El clima se está volviendo loco ―dijo Oliver, poniendo su expresión más inocente, como si no hubiese sido él, quien invocó la lluvia solo para retenerla un momento más― porque no te quedas un rato, al menos hasta que pase la lluvia. No puedes andar en así, te puedes accidentar.

―No es necesario, no es la primera vez que me muevo bajo la lluvia.

Solo fue que ella dijera eso, para que intensos truenos resonaran por toda la ciudad y la tormenta se intensificara.

―Creo que es peligroso, está lloviendo muy fuerte y en estas fechas el tráfico es una locura.

Un par de bocinazos sonaron en la calle. Obviamente conductores molestos y agresivos. Y justo lo que él necesitaba para demostrar su punto.

―Vamos, quédate un rato, noté que esta era la última entrega que tenías por hoy. Aunque es navidad, si tienes que ir a algún lugar, entiendo tu prisa.

Oliver decidió que, si la muchacha tenía un lugar al que ir, haría detener la lluvia y se aseguraría de que el tráfico no la molestara, sería injusto para ella perderse lo que fuera que tuviera que hacer, porque él se sentía solo y curioso por ella.

―No tengo nada que hacer, supongo que puedo quedarme un rato.

La respuesta sorprendió a Oliver, pero le agradó su respuesta. Le indicó que tomara asiento en la silla junto a él en la barra y llamó al camarero.

―Pero es navidad, ¿no hay una fiesta a la que ir, familia o un novio esperando en algún lugar?

―No, mi familia está lejos y no hay a ningún sitio al que ir hoy. Por eso hice el turno de hoy. Nadie quería hacerlo, pero pagan más. Valía la pena, aunque la congestión es una locura.

―Lo imagino, pero no puedo creer que fueras a pasar la navidad sola.

―Usted está en un bar completamente solo, bebiendo whisky, al menos yo tengo la excusa del trabajo. ¿Cuál es la suya?

―Touché. ― Oliver sonrió, provocando una ligera sonrisa en la joven, que lo dejó cautivado. ― supongo que algo similar a ti. Demasiado trabajo, mi familia está lejos y no tengo ningún lugar en el que realmente quiera estar.

―Dime Oliver, ¿quieres algo más? ―preguntó el barman llegando hasta ellos.

―Nada para mí, Gracias Tom. ¿qué te gustaría beber? ― dijo dirigiéndose a ella.

―De hecho, creo que nada. Voy a salir a buscar algo de comer en los carros de perritos calientes de afuera, si corro todavía puede que los alcance y tienen grandes sombrillas así que la lluvia no será un problema.

Dijo mientras se levantaba de la silla y tomaba su enorme bolso.

―Espera no es necesario. Tom nos podrías conseguir una mesa en el restaurante, por favor.

―Claro que sí, dame un momento. ―Dijo el hombre alejándose de ellos y yendo hasta el teléfono.

―Por favor no. Además, no tengo cómo pagar la comida de un lugar como este. Los perritos son más acordes a mi presupuesto.

―Por favor, permíteme invitarte, después de todo es navidad y los dos estamos solos y sin nada que hacer. Deja que este sea nuestra cena navideña y así no tenemos que pasar la noche completamente solos y tristes.

Tal vez fue porque usó su mejor expresión de niño triste, que siempre usaba con su mamá para convencerla o tal vez porque su situación era realmente tan deprimente que la muchacha lo dudó y cedió a su pedido.

―Está bien, pero solo hasta que deje de llover. ―dijo muy seria.

―Por supuesto. ―pero si dependía de Oliver la lluvia iba a durar mucho tiempo, porque la mensajerita lo hacía sentirse menos solo y ahora tenía un mejor plan en navidad que sufrir por su soledad.

―Oliver tienen una mesa para ti, para cuando gustes. ―Dijo el barman, colgando el teléfono.

―Gracias Tom, Feliz Navidad.

―Feliz Navidad para ustedes también. ―respondió el hombre.

Oliver guio a la chica hasta una salida un lado del bar, hasta que llegaron a una zona más tranquila, lejos del ruido de los que celebraban. Cuando llegaron al restaurante, apenas había un par de mesas ocupadas, pero el resto del lugar estaba completamente vacío.

―Buenas noches, Señor Avdeyev, Tom nos pidió una mesa para usted. Por aquí, por favor. ―dijo un mesero, que los guio hasta una mesa junto a una gran ventana. Cuando estuvieron sentados les ofreció las cartas― volveré en un momento para tomar su pedido.

―¿Disculpe, tienen hamburguesas? ―preguntó la muchacha al camarero, con una mirada de esperanza que logró conmover a Oliver.

―Claro señorita y si me permite decirlo, de las mejores de la ciudad. ―respondió el joven mesero.

―Pues yo quiero una, sin cebolla por favor.

―Muy bien señorita, ¿con papas?

―Por supuesto y un refresco por favor.

―Inmediatamente. ¿Señor usted quiere ordenar también o prefiere que tome su pedido después?

Oliver estaba fascinado con la muchacha, había esperado tener un refinado festín de navidad con la joven, no hamburguesas y papas, pero ahora que lo pensaba una hamburguesa no sonaba nada mal.

―También quiero una hamburguesa con todo y por favor tráenos papas extragrandes, las vamos a necesitar.

―Por supuesto señor.

El joven se alejó y los dejó solos.

―No creo que las hamburguesas sean su estilo señor Avdeyev, debería haber ordenado algo que disfrutara más.

―Primero llámame Oliver y ¿segundo cuál es mi estilo en comida según tu? ―preguntó genuinamente interesado. Quería saber cómo lo veía la muchachita.

―Más de caviar o algo refinado, definitivamente no como de hamburguesas.

―Pues déjame decirte que adoro las hamburguesas y el caviar sabe a diablos. ―dijo, provocando una dulce sonrisa en la joven, que lo hizo desear, verla sonreír más― Aunque debo admitir que me sorprendiste; las hamburguesas no son la comida tradicional de navidad, pero tan pronto lo mencionaste, se me hizo agua la boca.

―Supongo que esta es una navidad atípica, la comida debe serlo también. Porque no se usted, pero nunca había tenido una cena de navidad con un extraño antes.

―Tienes razón... Perdona aún no sé cómo te llamas.

―Oh, soy Kate.

―Mucho gusto Kate, pero cuéntame, ¿qué hace una joven como tu trabajando en un día como hoy? y hasta tan tarde.

―Pues es una fecha ocupada en el negocio de la mensajería, entregas de última hora, regalos, invitaciones, etc. Mi familia vive al otro lado del país y no podía ir a visitarlos, así que decidí mantenerme ocupada y trabajar hoy; así mis compañeros de trabajo, que sí tenían cosas que hacer, podrían hacerlo, mientras yo ganaba algo de dinero extra.

―Y no hay una pareja que reclame tu atención esta noche.

―No, no hay nadie que reclame mi atención, como usted dice.

― ¿Y cuál era tu plan para la hoy, entonces?

―Planeaba ir a mi casa, darme una ducha, ponerme pijama, comer algo y unas ver películas. Mañana no trabajo así que puedo dormir hasta tarde. ¿Y usted?

― ¿Yo que? ―preguntó Oliver.

― ¿Porque no está con su familia o con alguna pareja que reclame su atención hoy? ―dijo copiando su pregunta y sonriendo mientras lo hacía.

―Bueno, mi familia también está muy lejos y estas fechas son muy ocupadas para mí, por lo que no me es posible alejarme. Además, me he sentido un poco cínico y agrio este año, por lo que no quería arruinar las fiestas de mi familia, apareciéndome con mi amargo espíritu navideño.

―Seguramente cuando llegara allí, la alegría de ellos lo haría sentirse mejor, al menos mejor que pasar su noche de navidad con una extraña, comiendo hamburguesas.

―No lo sé, la verdad me siento muy bien aquí, contigo. ―dijo Oliver con una profunda mirada de anhelo, que provocó un suave sonrojo en la joven. Pero la aparición del mesero alivió un poco la situación.

―Aquí tienen, dos hamburguesas, una sin cebolla, papas extragrandes y refrescos, si desean algo más por favor háganmelo saber.

―Gracias. ―contestó Oliver al joven, que rápidamente los dejo solos.

―Se ven buenísimas, ―dijo Kate, antes de tomar su hamburguesa y darle un ansioso mordisco―Ummmmmmmmmm, son increíbles. No sabía que tenía tanta hambre hasta este momento.

―Me alegro de que te guste, ¿pero a qué hora comiste hoy?

―Desde el desayuno no había comido nada. Fue un día realmente ocupado.

―Pero si son más de las diez de la noche, no deberías estar tanto tiempo sin comer.

―Lo sé, pero a veces el mundo se vuelve loco a nuestro alrededor y nos arrastra con él.

―Cierto. ―dijo Oliver― Pero cuéntame más acerca de ti.

El siguiente par de horas fue fascinante para Oliver. Kate era una chica de veintidós años, que se dedicaba a trabajar como mensajera, mientras estudiaba diseño de interiores y administración. Quería tener su propio negocio, por lo que estudiaba ambas especialidades al tiempo, para asegurarse un mejor futuro. Era una chica inteligente, divertida y adorable, una vez que perdía ese caparazón que traía encima.

Su familia estaba lejos y orgullosos de ella y como no estarlo, si él acababa de conocerla y ya estaba impresionado por la dedicación de la joven.

Pero además se sentía fascinado con ella. No era como otras mujeres que había conocido, que se guiaban por sus trajes elegantes y sus modales refinados, para saltar sobre él, viéndolo como una posible presa.

Él que caminaba entre los caminos del amor, solo había encontrado mujeres interesadas y frívolas en su camino y eso era lo que más le reconcomía. Él sabía y había visto de primera mano, lo que era el amor real y no había podido encontrarlo para sí mismo en la forma de una mujer honesta y dulce que lo viera a él y no al dinero que tenía. Porque era cierto, tenía dinero suficiente para vivir cómodamente; se podía decir que la paga por su trabajo era más que generosa. Pero con ella parecía que no tenía importancia. Ella había estado feliz con su hamburguesa, no había pedido vinos costosos, ni había insinuado nada más.

Estaba allí frente a él, sonriente y hermosa en su sencillez. Cautivándolo mientras buscaba en su plato de papas las más blandas y las devoraba como si fueran un manjar de dioses.

―¿Por qué no te comes las más crujientes?. ―le había preguntado él, al ver cómo seleccionaba las papas y ella había respondido.

―Me gusta más las que están menos fritas, las muy crujientes no me gustan.

Oliver no lo podía creer, porque él adoraba las papas extra fritas; por lo que habían llegado al acuerdo de compartir las papas de ambos y que cada uno tomara las que el otro no disfrutaba y allí se encontraba ella, escarbando en el plato de él, cazando las papas que más le gustaban y él jamás se había sentido tan feliz de compartir su comida con otra persona en toda su vida.

Hablaron largo rato, de todo y de nada, conociéndose un poco, en esa improvisada cita en que había terminado su noche, o al menos así lo veía Oliver.

―Disculpen que los interrumpa. Aquí tienen un presente del restaurante. ―Dijo el mesero mientras ponía sobre la mesa un plato lleno de deliciosas fresas bañadas en chocolate, acompañadas de dos copas de champagne. ― ¡Feliz Navidad!

―Gracias, ¡Feliz Navidad! ―dijo Kate, mientras observaba fascinada las dulces frutas.

―Gracias y ¡Feliz Navidad para ti también y para todos en la cocina! Es un gran detalle. ―Agregó Oliver, mientras el joven los dejaba solos.

―Wow, se ven deliciosas. ―Dijo Kate.

―Si, aunque creo que están tratando que nos vayamos para que puedan disfrutar su navidad en paz.

―Oh, ―se interrumpió Kate mientras mordía media fresa― crees que estemos siendo un problema para ellos. No me gustaría arruinar su navidad, ya bastante malo es que tengan que trabajar hoy, como para que además estén pendientes de nosotros en lugar de compartir entre ellos. Somos los últimos en el restaurante y ya son las once.

Dijo mirando alrededor y luego su reloj de pulsera.

―Es muy tarde, creo que también es hora de que me vaya. Ya casi no llueve ―dijo mirando por la ventana, pero de pronto la lluvia se intensificó y era casi difícil de ver lo que pasaba fuera, por la espesa cortina de agua. ―Que extraño, ya no estaba lloviendo.

―Si, muy extraño, pero ni modo, no puedes salir así, es peligroso.

―Pero no puedo quedarme, ya es hora de que me retiré, terminamos las fresas y me voy.

Conversaron un rato más, comieron las fresas y brindaron por una feliz navidad. Pero cuando ella se puso de pie, Oliver entendió que era hora de dejarla marchar. Salieron del restaurante hacia la calle.

―Gracias por todo, fue una noche mucho mejor de lo que esperaba. ―dijo ella poniendo su mochila sobre sus hombros y sonriéndole con total naturalidad.

―Lo mismo digo, gracias por acompañarme, convertiste esta noche triste, en una velada llena de alegría, te lo agradezco Kate.

Oliver se acercó para besarla en la mejilla con dulzura, pero cuando sintió la suavidad de su piel y su dulce aroma, no pudo contenerse y la beso en los labios. Un beso que envió un rayo de energía a través de su cuerpo y lo que debía ser un beso inocente se convirtió en una lucha por devorarla entera.