Capitulo 1
Tres años habían pasado desde el final de la gran guerra. Los lobos habían desaparecido... al menos su lado animal. Ahora solo quedaba su parte humana, más frágil, más tranquila, y más inestable, poco a poco aprendían a vivir en paz. Al principio todo fue complicado, pero con el paso del tiempo lograron adaptarse, construyendo una nueva vida juntos.
En una hermosa mansión bañada por la luz de la mañana, dos castaños entrenaban en el gimnasio. Taehyung corría en la caminadora, mientras Namjoon levantaba pesas con suavidad para no despertar a nadie más o eso creían. Ambos tenían el torso descubierto y el sudor recorría su piel.
De pronto, cuatro pequeñas cabecitas se asomaron tímidamente por la puerta.
—¡Papáaa! —gritaron los trillizos con esas voces que solo los hijos pueden tener.
Taehyung detuvo la caminadora de inmediato. Bajó del aparato, tomó la toalla y comenzó a secarse el sudor, sin poder evitar sonreír.
—¿Qué pasó, mis amores? —preguntó, acercándose con pasos suaves.
Los niños lo miraron con ojos grandes y brillantes. Namie corrió directo hacia Namjoon, quien dejó las pesas con cuidado para abrir los brazos y recibirlo.
—¿Qué ocurre, pequeños? —preguntó Namjoon, acariciando los suaves cabellos castaños de Namie.
Taeyan, el mayorcito y siempre el portavoz de los hermanos, habló con una seriedad adorable.
—Papi dice que ya bajen a desayunar... que si no bajan él va a venir por ustedes dos.
Namjoon soltó una risa suave, y se puso de pie cargando a Namie con facilidad.
—Eso no podría ser bueno, ¿verdad? —bromeó.
Taehyung también se levantó, acomodándose el cabello húmedo.
—Mejor vamos. No queremos que papi se enoje —dijo con un tono juguetón.
Los trillizos asintieron al instante, muy conscientes de las travesuras que debían evitar... y de lo mucho que adoraban a su papi cuando estaba de buen humor. Porque cuando estaba enojado era más temible que el monstro bajo su cama.
Los cuatro niños tomaron de la mano a sus dos papás, listos para bajar todos juntos a desayunar.
Mientras tanto, en la cocina, un chico de cabellos morados terminaba de servir los platos. A su lado estaba su hijo mayor, observándolo con atención.
—Papi... cuando salgamos de la escuela, ¿podemos ir contigo al restaurante? —preguntó el pequeño Soobin, con esa vocecita dulce que siempre intentaba convencerlo de todo.
Jin lo miró por unos segundos, reconociendo la ilusión en sus ojos.
—Hoy no, mi amor. —negó despacio—. Van a ir a casa de sus abuelos.
Soobin infló sus mejillas, claramente incómodo ante la idea.
—Pero yo quiero ir...
—Lo sé, cariño —dijo Jin acariciándole la cabeza—, pero no podemos cancelar con tus abuelos. ¿Qué tal si vamos mañana después de la escuela? ¿Mm?
El niño se quedó pensándolo unos momentos antes de asentir con un pequeño suspiro.
—Está bien...
—Muy bien. —Jin sonrió y lo bajó de la silla en la que estaba apoyado—. Ahora vamos a desayunar. Solar, ayúdame a llevar los platos a la mesa.
La chica de cabellos rubios asintió y comenzó a acomodar los platos en la bandeja. Jin entregó un platito a Soobin, quien sonrió orgulloso antes de marcharse al comedor cargándolo con ambas manos.
El doncel llevó el resto junto a la chica. Una vez puestas todas las comidas sobre la mesa, esperaron a que los demás llegaran. Pronto comenzaron a entrar, los trillizos corrieron a sentarse junto al pequeño Namie. Jin acomodó con cuidado los platos de cada uno y les sirvió su vaso de leche, asegurándose de que nadie derramara nada.
Después de servir a los niños, colocó los platos de sus esposos justo cuando ellos entraban por la puerta.
—Llegan tarde —protestó con un puchero claramente fingido.
Namjoon soltó una risa suave y besó la frente de Jin.
—Lo siento, cielo.
Taehyung, en cambio, solo le revolvió el cabello con gesto distraído antes de sentarse. Jin frunció los labios, decepcionado. Él esperaba... algo más.
Mientras comían, no pudo evitar que su pecho se apretara un poco. Últimamente se sentía... olvidado. Abandonado entre tantas agendas, reuniones y compromisos. Sus dos alfas trabajaban demasiado, y los mimos, los abrazos, incluso las miradas, cada vez eran más escasas. Namjoon parecía evitarlo sin darse cuenta, y Taehyung... bueno, Taehyung siempre había sido distante, pero ahora lo sentía más lejos que nunca. Sobre todo, después de lo ocurrido con Jungkook.
Sabía que Taehyung no lo amaba, era consciente de eso, pero aun así... esperaba un poquito de cariño. Algo, cualquier cosa.
Apretó los cubiertos entre sus manos mientras los observaba interactuar con los niños. Él adoraba verlos así: atentos, siempre presentes, cariñosos. Jamás se quejaría de eso. Pero con él... no era lo mismo. Y se suponía que en una relación de tres habría amor para todas las direcciones... pero no imaginó que sería tan difícil y menos tan complicado. ¿Tal vez era él quién estaba fallando? No, él se esforzaba cada día en repartir su cariño por igual, pero él no sentía que fuera reciproco.
También tenía necesidades. Quería sentirse querido. Amado, era tan difícil para ellos darlo, acaso después de todo lo que pasaron, ¿No se lo merecía?
—Los niños estarán hoy con los abuelos —soltó de pronto, como si probara la reacción de ambos.
—Yo los recojo en la tarde —respondió Taehyung sin despegar la mirada de Taeyan, quien se había manchado la boca con miel.
—¿Seguro? —preguntó Namjoon—. Puedo cancelar la reunión de la tarde.
—No hace falta —contestó Taehyung tranquilo—. Termino una cita con un proveedor y paso por ellos.
Jin sintió cómo un tic le vibraba en el ojo.
¿En serio?
¿Así de fácil?
¿Así de rápido?
¿Sin quejarse?
Porque hace apenas unos días... Ambos le dieron mil excusas para NO visitar a sus padres. Y ahora hablaban como si nada. El doncel respiró hondo, intentando que el enojo no se mezclara con la tristeza que le punzaba en el pecho.
Quizás hoy... sí sería un buen día para poner las cosas claras.
Pronto llegó Felix, el chófer, asomándose por la puerta.
—Señores, el vehículo está listo.
—Solar, lleva a los niños a que se laven los dientes —pidió Jin.
La mujer asintió enseguida.
Los pequeños bajaron de sus asientos y se despidieron con besitos y abrazos rápidos se despidieron de los adultos, antes de seguir a Solar. En cuestión de segundos, todos salieron del comedor, dejando a Jin completamente a solas con sus dos alfas.
El suave tintineo de los cubiertos llenó la sala. Ambos alfas seguían pendientes de sus celulares, pasando sus dedos por la pantalla sin darle ni una sola mirada al doncel.
Jin los observó con creciente molestia. ¿De verdad ni en el desayuno podían dejar el teléfono unos minutos?
—Hoy voy a ir al centro comercial —comentó, procurando sonar casual aunque buscaba, desesperadamente, llamar su atención—. Necesito comprar unas cosas.
—¿A qué hora vas a ir? Para avisarle a Felix que te recoja —respondió Taehyung, sin levantar la vista del aparato.
—Podrías recogerme tú... o los dos —propuso Jin con un hilo de esperanza—. Mejor aún.
—Imposible, tengo cosas que hacer —interrumpió Namjoon con rapidez.
—Yo tampoco puedo, Jin. Lo siento —añadió Taehyung—. Quizá otro día.
El doncel apretó los labios, sintiendo cómo su pecho se llenaba de un enojo que llevaba días guardando. Golpeó la mesa con fuerza, haciendo que ambos alfas levantaran la mirada por fin.
—¿Qué te pasa? —preguntó el alfa mayor, desconcertado.
—¿Qué me pasa? ¡¿Qué les pasa a ustedes?! —explotó Jin, con la voz temblorosa—. Están distantes, fríos. Ni siquiera quieren pasar tiempo conmigo.
—Jin, estamos ocupados —intentó explicar Namjoon con un suspiro—. No es que no queramos estar contigo.
Pero esa respuesta solo hizo arder más el pecho del doncel.
—No quiero excusas —dijo con la voz rota—. Si pueden sacar tiempo para los niños, también pueden hacerlo para mí. Soy su pareja. También quiero hacer cosas de pareja... No quiero estar siempre encerrado aquí, esperando a que ustedes se dignen a invitarme a salir o estar a solas.
Taehyung se levantó con calma, como si midiera sus palabras.
—No estás encerrado, Jin —habló con suavidad, aunque su tono seguía siendo distante—. Puedes salir cuando quieras. Pero para mantener esta vida, tenemos que trabajar... Y si eres nuestra pareja, pero debes entender que tenemos muchas cosas en la cabeza. Ahora no es un buen momento para esas cosas
—Taehyung tiene razón —intervino Namjoon, poniéndose también de pie—. Aún hay muchas cosas que debemos resolver. Estaremos contigo otro día, ¿sí?
—¡No quiero otro día, los quiero ahora!—gritó, sintiendo cómo su voz se quebraba por completo.
Los dos alfas se quedaron inmóviles, sorprendidos por su desesperación. Finalmente, Namjoon habló.
—Cielo... por favor, entiende. Ahora estamos ocupados.
—No. no entiendo. Siempre están ocupados —soltó Jin, con el corazón apretado—. Nunca tienen tiempo para mí. Namjoon... se supone que somos destinados. Y tú, Taehyung... también soy tu esposo eres mi...—
—Basta, Jin —lo interrumpió Taehyung, con una mirada seria y firme—. Eres nuestra pareja, sí. Pero eso no te da derecho a decidir sobre nosotros o sobre lo que hacemos. Suficiente tenemos con los problemas de la empresa como para todavía venir a lidiar contigo, cuando terminemos podemos hablarlo luego.
Jin apretó la mandíbula, empujando su lengua contra su mejilla para contener las lágrimas. Miró a Namjoon esperando... algo. Un gesto. Un apoyo. Pero Namjoon solo bajó la mirada, incapaz de sostener la suya.
—Debes calmarte. Hablaremos luego, ¿sí? —murmuró antes de salir del comedor junto a Taehyung.
El silencio fue lo único que quedó.
Jin soltó el aire que llevaba reteniendo. Sus manos temblaron. Y antes de siquiera intentar detenerlo, las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, silenciosas, dolorosas, inevitables.
En el estacionamiento, Taehyung se detuvo en seco. Cerró los ojos con fuerza, como si intentara contener algo que ardía en su pecho. Namjoon dio unos pasos más, hasta que notó su ausencia y se giró hacia él.
—Tae, ¿por que te detienes? —preguntó, exhausto.
—Porque, simplemente no puedo ignorar lo que pasó con Jin—respondió Taehyung sin levantar la mirada.
Namjoon frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Taehyung respiró hondo y finalmente abrió los ojos. Había culpa y frustración en ellos, algo que Namjoon conocía demasiado bien.
—Digo que tú y yo estamos fallándole. Y tú lo sabes.
—¿Y crees que yo no hago mi parte? —gruñó Namjoon, cruzándose de brazos—. Estoy tratando de hacer funcionar esta relación, pero Jin… Jin es demasiado emocional. Es como si esperara que yo fuera perfecto.
—No espera perfección —replicó Taehyung con firmeza—. Solo espera que estés ahí.
Namjoon apretó la mandíbula, molesto.
—¿Y tú? ¿Crees que tú estás ahí? Porque no lo veo. Apenas lo miras, Tae. Últimamente lo ignoras demasiado, ni siquiera pasas tiempo con él.
Taehyung tragó saliva y desvió la mirada.
Ese simple gesto hizo que Namjoon lo entendiera todo.
—…Tae —susurró Namjoon, con un tono que cayó como un peso—. Aún piensas en él.
Taehyung guardó silencio.
Namjoon dio un paso más cerca, observándolo con tristeza.
—Jungkook —murmuró—. Sigues pensando en Jungkook.
Taehyung apoyó la mano en el vehículo, como si el nombre lo debilitara.
—No es tan simple —susurró.
—¿Entonces qué es? —insistió Namjoon—. Porque esto también está afectando a Jin. Él siente cuando te alejas. Siente cuando no conectas. No es tonto.
Taehyung apretó los labios, luchando por mantener la compostura.
—Nunca dije que no quería intentarlo con Jin —respondió con voz baja—. Solo… nunca aprendí a dejar a Jungkook atrás por completo. Pensé que con el tiempo pasaría. Pensé que podría darle a Jin todo lo que merece. Pero hay días… —su voz tembló apenas— hay días en los que todavía lo sueño, Namjoon. Días en los que quisiera que mis hijos fueran de él… y míos.
Namjoon sintió un golpe frío en el pecho.
—Entonces… ¿estás aquí por obligación? —preguntó, con la voz apenas audible.
—No —respondió Taehyung, con dureza, casi herido—. Estoy aquí porque elegí estar aquí. Porque pensé que entre los tres podríamos construir algo real. Porque pensé que Jin podría sanar lo que yo no sé arreglar. Porque pensé que tú… —se detuvo.
Namjoon lo miró confundido.
—¿Qué yo qué?
Taehyung lo miró fijamente, con una honestidad que dolía.
—Pensé que tú sí lo amabas como él te ama. Y que eso sería suficiente para sostener lo demás.
Algo se quebró en Namjoon.
—Tae… yo sí lo amo —admitió—. Mucho. Pero amar así… amar como él necesita… no sé cómo hacerlo. No sé ser ese alfa perfecto que espera. No quiero arruinarlo otra vez. No quiero lastimarlo, no más… no después de todo lo que pasamos. Pero sé que tampoco es fácil para él, toda esta situación es difícil para todos.
Taehyung negó suavemente.
—Jin no quiere perfección, Namjoon. Quiere presencia. Quiere cariño. Quiere sentirse elegido. Él sabe que yo no lo amo… y aun así me acepta. Fuimos destinados… pero casi por obligación.
Namjoon cerró los ojos, derrotado.
—Lo sé, pero… —su voz se quebró—. ¿Qué podemos hacer? Fallar no es una opción. Pero esto… esto es complicado. Me siento inútil. Y temo seguir fallándole.
Taehyung bajó la mirada, con tristeza.
—Mientras tú tienes miedo de fallar… yo tengo miedo de sentir algo que no debería. Algo que se supone que ya debía haber olvidado. —Su garganta tembló—. Y al final Jin es quien paga. Su soledad es culpa nuestra, Namjoon. De los dos.
Namjoon apoyó la espalda contra el carro, dejando escapar un suspiro largo. El silencio entre ellos era pesado, tenso, casi insoportable.
Hasta que Taehyung habló, más suave, pero firme.
—Si seguimos así… lo vamos a perder.
Namjoon bajó la cabeza. Había un temblor en su pecho que no quiso disimular.
—No quiero perderlo —susurró.
—Entonces haz algo —dijo Taehyung—. Hagamos algo. Porque Jin ya no aguanta más. Y lo que vimos hoy… no era enojo. Era dolor, frustración.
Namjoon tragó saliva.
—Está bien —dijo por fin—. Iremos a hablar con él.
Taehyung negó con suavidad.
—Ve tú.
Namjoon lo miró sorprendido.
—¿Solo?
Taehyung asintió.
—Eres su destinado. Eres quien más puede ayudarlo… y también quien más puede calmarlo. Ve y demuéstrale que sí te importa.
Namjoon lo sostuvo con la mirada un momento, y luego negó suavemente.
—Te equivocas. Ambos lo somos. Quizás no de la forma ideal, pero lo somos. Tenemos que hablar con él.
Taehyung respiró hondo.
—De acuerdo… pero no ahora. Más tarde.
Namjoon asintió lentamente.
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