ARRAIGADA A COLORADO [GS #2]

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Lorna Bennet ha sido de todo. Una hija rebelde y poco querida, una amiga que ama con el corazón, la mejor de una generación y una bebedora profesional. Lo que nunca ha sido es una buena amante, una compañera en quien confiar. Aunque eso le da igual. Alejada de su ciudad natal, una noche Lorna recibe una triste llamada que lo cambia todo, y que la obliga a volver a Glenwood Springs, el lugar de donde siempre ha huido y en donde guarda recuerdos que no quiere repetir. Sin embargo, en medio de todo el caos en el que se convirtió su vida, hay dos ojos marrones que la miran como nunca nadie la miró, con una calidez adolescente y protectora, que no han dejado de admirarla desde los dieciséis años. Lorna jamás se ha permitido abrir su corazón de hierro. Pero quizá, solo quizá, el fuego de ese vaquero por fin comience a derretirlo.

Estado:
En proceso
Capítulos:
25
Rating
5.0 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Lorna siempre optó por un tono de llamada ruidoso, siempre con el pensamiento de que algún día a media noche la despertarían en caso de alguna emergencia.

─¿Qué carajos…? ─se preguntó en voz alta cuando la estruendosa canción sonó e hizo eco por toda la habitación.

Antes de contestar, miró al individuo que dormía a su lado. Malcolm dormía relajado, con el torso hacia abajo y la cabeza hacia el lado contrario. Los músculos de su espalda se iluminaban por la luz tenue de las luces de Boston que filtraban por las personas de la habitación.

Lorna se sintió un poco culpable. Llevaban jugando a ser buenos amigos durante un par de meses, y cuando ella lo veía así, tan dispuesto a descansar en su cama, sentía un impulso de quedarselo.

«Estúpida, no es un perro para que te lo quedes» resonó en su cabeza.

El celular volvió a sonar en su buró, y por fin tomó la decisión de incorporarse para contestar la bendita llamada.

Lo tomó y miró con los ojos aún nublados el nombre en la pantalla. «Emily». ¿Qué querría Emily a esa hora? Se fijó en que eran las seis con quince de la madrugada. ¿Sería una emergencia con las niñas? ¿O con el viejo Jeff?

─Más te vale que sea importante, Em… ─respondió con la voz cansada, aunque cargada de gracia.

─Lorna. ─Emily habló desde el otro lado. Su tono de voz sonó extraño.

─¿Em? ¿Está todo bien? ¿Le pasó algo a las niñas? ─Sonó más preocupada de lo que quiso.

─Lorna, debes volver a casa. ─La voz de Emily se quebró. La escuchó sorbetear al otro lado de la línea.

─Emily, ¿qué está pasando? ─Preguntó más fuerte. Malcolm se removió a su lado.

─Debes volver a casa, Christian… ─Emily sollozó.

─¿Christian? ¿Qué pasó con él, Em? ─Su corazón latió a mil por hora. Malcolm se sentó a su lado y le puso una mano en el hombro.

─Tuvo un accidente, Lorna…

─¡¿Qué?! ¡¿Cómo que un accidente?! ¡¿Qué pasó, Emily?! ─Los ojos se le inundaron de lágrimas que corrieron por sus mejillas.

─¿Lorna? ─Ya no era Emily, sino su esposo─. Lorna, soy Jeff.

─¿Jeff? ¿Qué pasó? ¡No entiendo nada! ¿Qué le pasó a mi hermano?

─Chris tuvo un accidente hace unos minutos atrás, Lor. Cayó del caballo, tuvo una contusión y está en el hospital en este momento. Estamos acá con tu padre y con Patrick.

─Pero, ¿está bien? ¿Qué dicen los doctores?

─Ven lo más pronto que puedas. Avísame para ir a buscarte al aereopuerto, ¿si? Cuídate. ─Jeffrey colgó. Lorna se quedó con el aparato pegado a la oreja durante varios minutos, con el rostro sin ninguna expresión y la mente lejos del mundo real.

Tenía la esperanza de que despertaría de esa pesadilla en cualquier momento. Que sonaría la alarma y ella volvería a abrir los ojos en su cama, la luz de la mañana entraría por la ventana y sería un día nuevo. Llamaría a casa, a Emily y todo estaría bien.

Sin embargo, a medida que los segundos avanzaban, Lorna se convencía de que estaba en la vida real, de que todo sucedía en serio. De que su hermano, su segunda persona favorita en el mundo tuvo un accidente y se hallaba en el hospital.

─No ─susurró para sí misma─. Christian no. Chris no.

─¿Qué pasó, cariño? ─Malcolm la sacó de sus pensamientos. Le sacudió el hombro ligeramente hasta que ella le dirigió la mirada─. Lorna, ¿qué pasó?

Lorna lo estudió. Su cabello oscuro despeinado, su rostro sin un ápice de barba y sus ojos tan azules. Malcolm era un sueño, no sólo atractivo, sino también amable, simpático y galán.

Lástima que ella no lo quería. Por más que lo intentase, no podía quererlo, no tenía esa capacidad incorporada en su sistema. Era solo sexo, salidas de vez en cuando. Nada más.

─Tienes que irte ─anunció Lorna y enseguida se puso de pie.

No lo miró, no tenía mucho caso. Fue hasta su closet y sacó la maleta. La puso sobre la cama abierta y comenzó a dejar en el interior algunas prendas que creyó serían útiles.

Malcolm no se movió, solo la observó un poco turbado, con el ceño fruncido y una expresión de incredulidad.

─¿No me dirás qué está pasando? ─se atrevió a preguntar y por fin se puso de pie.

─Mi hermano tuvo un accidente, debo volver a Glenwood Springs cuanto antes. Si te vas después de mí, cierra la puerta con llave, ¿okay?

─Lorna.

Ella lo ignoró. El tiempo corría y cada maldito minuto era preciado para Christian. De solo imaginárselo en la camilla del hospital se le revolvía el estómago una y otra vez. Esperaba de todo corazón que no fuese nada grave, que solo fuera un susto.

─Lorna.

Se ató con una goma el cabello en una cola alta desordenada, se quitó el pijama ahí mismo y tomó un par de pantalones del colgador. No se molestó en siquiera tomar una ducha, esos cinco minutos valían oro. En esos cinco minutos podría llegar al aeropuerto y tomar el avión más próximo a Denver.

Malcolm se paró de la cama y fue directo a ella. La tomó por los hombros y la obligó a detener lo que hacía para obligarla a mirarlo a los ojos.

─¿Qué? ─preguntó ella. Frunció el ceño molesta.

─Lorna, maldita sea, detente ─dijo él. Jamás maldecía─. Iré contigo, pasaré a casa por algo de ropa…

─No. ─Sonó tajante, áspera.

─¿Por qué no? ¿No se supone que estamos juntos? Es mi deber…

─Malcolm, no sigas ─suplicó.

Él la miró con una expresión aún más confusa. Bajó sus manos, soltó sus hombros y Lorna por primera vez lo vio consternado.

─No entiendo nada.

─Lo siento, no vas a acompañarme, Malcolm ─exclamó. Suspiró y cerró los ojos solo un instante para concentrarse─. Mira, sé que hacemos muchas cosas de pareja, que seguimos acostándonos incluso después de meses, que sigo dejando que estés aquí en mi departamento cuando quieres. Pero tú y yo no somos nada más que amigos que tienen sexo, eso lo dejé muy claro desde un principio.

Él permaneció callado, su rostro se tiñó de rojo y apretó la mandíbula.

─Pensé que después de todo este tiempo quizá habías cambiado de opinión respecto a esto ─soltó al fin.

─No voy a mentirte, sabes que soy incapaz de hacerlo ─siguió con voz calma─. Te aprecio, pero no te amo, no puedo hacerlo. Y sé que suena como esa mierda de «no eres tú, soy yo», pero es justo eso. No voy a comprometerme, no tengo tiempo para nada de eso y menos ahora que mi hermano me necesita y el tiempo sigue corriendo.

Volvió a su labor. Terminó de calzarse una blusa oscura y sus botas negras. Corrió al baño a cepillarse los dientes y a lavarse la cara. Más tarde se maquillaría, el viaje era largo y tendría tiempo una vez sentada en el avión.

Al salir del baño, Malcolm ya se vestía, incapaz de pronunciar otra palabra. Ella tampoco habló, rebuscó entre sus cosas hasta encontrar sus documentos, los puso en su cartera y cerró la maleta.

─Cierra con llave, no lo olvides ─le recordó.

─Lo haré. Cuídate, ¿si? ─Malcolm la miró como si nada de lo anterior hubiese pasado. Como si ella no le hubiese rompido el corazón.

─Siempre lo hago. ─Esbozó una sonrisa, aunque fue más que nada una especie de mueca y se encaminó hacia la salida.

─Y Lorna. ─Ella se detuvo y lo miró─. Llámame de todas maneras si necesitas algo. Para eso estamos los amigos.

Lorna fue incapaz de responder, solo asintió y salió del apartamento a toda prisa.

En la avenida, tomó un taxi y le pidió al conductor que condujera lo más rápido posible. Desde allí el tiempo pareció apresurarse y Lorna se esforzaba demasiado por mantener el ritmo, por respirar y no volverse loca mientras esperaba primero en la fila para comprar el boleto, y luego en la sala de espera antes de subir al avión.

Cerró los ojos para enfocarse solo un minuto, recuperar el aliento y pensar cosas positivas. Algo que Emily haría.

Emily. Sonó tan destrozada durante esos segundos que le habló por la llamada, que a Lorna le resultaba imposible no pensar en lo peor. Aunque Jeffrey se escuchó calmado, no podía fiarse. Él siempre era así, calmo, reflexivo y sabía manejar bien las cosas.

Las lágrimas nuevamente amenazaron con salir, y Lorna peleó contra las ganas de llorar una y otra vez, tragando saliva aunque su garganta doliera como los mil infiernos.

«Si lloras estás condicionando a que pase lo peor», se dijo a sí misma. Era una estupidez, no obstante, con eso mismo se mantuvo fuerte durante todos los años lejos de casa. Aunque sabía que irse fue inevitable, pero no volver fue su decisión.

No podía volver a esa casa. No con un padre así, que la detestaba a ella y a todo lo que representaba. Y tendría que volver a verlo, eso era lo que más le estaba costando asimilar mientras esperaba el llamado de la asistenta de voz para abordar el avión.

Sin embargo, por Christian haría lo que fuera. Él era su hermano favorito, su adoración, quien más la quiso mientras estuvo en esas viejas paredes rodeada de exigencias y de reproches. Christian la defendió de su padre cuando fue creciendo, incluso de Patrick que siendo el hermano mayor lo único que hizo fue seguir los pasos del patriarca.

Chrissy la apoyó cuando los Caldwell se ofrecieron a pagar su plaza en la universidad, todo para que pudiese acompañar a Emily y salir de esa ciudad que solo la detenía. Chrissy fue el primero en ser invitado a su graduación, y el único que asistió de su familia directa.

No soportó más. Dejó que las lágrimas empaparan su rostro y su blusa. ¿De qué le servía hacerse la fuerte si una de las personas que más amaba estaba sufriendo en la camilla de un hospital? Nadie ganaría esa batalla, y ella lo perdería todo si él no lo lograba.

No. Debía alejar esos pensamientos de su cabeza o se volvería loca incluso antes de subir al avión. Christian estaría bien, su hermano lo lograría y volvería a casa. Y ella lo estaría esperando, con los caballos listos para salir, con Diana, su collie, lista para correr.

Se tomaría unas vacaciones, llamaría a su jefe y le explicaría la situación. Todo para cuidarlo, todo para hacerlo sentir acompañado incluso cuando odiaba la idea de ir a dormir en esa habitación que tan malos recuerdos le traía.

Por su hermano haría lo que fuera.

Mataría a quien se le atravesara si con ello lograba salvarlo.

Se secó las mejillas, con la frente en alto tomó sus cosas y se encaminó hacia el avión. En unas horas escarpia con Chrissy y todo se resolvería. Solo se necesitaban el uno al otro.

Los demás podían irse al carajo.