Historia sin título

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Sinopsis

¿Que pasa cuando crecemos sabiendo solo lo necesario para sobrevivir? Ella nunca se planteó esa idea, solo se propuso cuidarlos hasta que ellos parecieran de causas naturales. Nunca espero que en un futuro donde la naturaleza rebosa de paz, sin la presencia directa del ser humano, un grupo de niños se convertieran en su más preciado tesoro.

Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1

Las niñas corrían gritando mientras los niños las perseguían, algunas eran atrapadas por ellos en suaves abrazos, mientras otras lograban correr más rápido que ellos. No sé oían más ruidos que los que hacían ellos, pero tampoco eran ruidos muy agradables, gritaban cómo si los fueran a matar.

Solo pararon al escucharla llegar, alta, grande, fría y dura. Los niños al verla pararon todo su juego y corrieron a ella, cuando estuvieron a metros de ella se agacharon e hicieron torpes reverencias, paro su caminar y los miro. Solo eran niños que no conocían nada más que a ella, no conocían la calidez de verdad.

Ella acaricio la cabeza de cada uno, para después señalar al cielo dándoles a entender que pronto se haría de noche, volvió a caminar y los niños la siguieron por detrás. No iban de forma ordenada mí se agarraban las manos, iban desparramados con el único propósito de seguirla hasta el lugar que usaban de casa. Todos miraban hacía los alrededores tratando de evitar a cualquier animal salvaje que pudiera estar cerca, lo sabían bien.

Ella no era capaz de protegerlos, debían estar atentos por cuenta propia por lo menos hasta que llegasen a la casa. Caminaron durante varios minutos hasta llegar a la casa, una vieja fábrica de computadoras modificada para que ellos pudieran descansar, no eran cómo ella que podía cuidarse sola y estar varios días despierta sin dormir, ellos necesitaban un descanso adecuado o por lo menos un lugar donde dormir tranquilos sin miedo a los animales salvajes.

Ella también sabía que eran muy diferentes, eran más pequeños y frágiles, en cualquier momento podían morir y dejarla atrás, no se animaba a matarlos ella, prefería que murieran de cualquier otra forma mientras que no sea por obra de ella. Todos podemos temerle a algo, es lo que se repetía hasta el cansancio, tal vez nunca quiso ser así pero era lo que le tocaba, ahora ellos estaban a su cuidado.

Ella rápidamente saltó las trampas y llego a la puerta, desactivó las trampas y los niños pudieron pasar con normalidad hasta la puerta. Igual eran cuidadosos de no pisar las trampas, nada les aseguraba que estuvieran todas desactivadas, la puerta era grande y pesada siendo lo único que les daba seguridad de noche. Ellos no conocían la muerte, pero sí el dolor y la soledad, sabían que si no hacían caso ella los encerraria un día entero y si no se cuidaban de los animales salvajes los lastimarian horriblemente.

Entraron despacio en la vieja fábrica, ellos ya sabían su rutina de memoria por lo que le dieron una mirada de despedida y se fueron. Entraron al baño uno por uno a bañarse y ponerse otro camisón blanco, después iban todos al segundo piso donde estaba la comida, agarraban lo necesario para seguido sentarse en el suelo y comer juntos,luego miraban por todas las ventanas de la fábrica para asegurarse de que no hubiera ningún animal afuera y de que todas las trampas estuvieran activadas. Y por último iban a sus habitaciones a dormir.

Eran dos habitaciones que antes se usaban cómo oficinas, no eran muy grandes pero igual entraban todos. En una dormían las niñas y en otra los niños, solo entraban y se acomodaban en sus respectivos colchones, así era en verano, en invierno juntaban colchones y sábanas para dormir juntos y mantener el calor entre todos. Las condiciones no eran las mejores, pero aprendieron a sobrevivir a ellas, tal vez ya tendrían que haber muerto, pero ahí seguían, viviendo cómo si no estuvieran en la peor época que podrían haber vivido.

No tenían a nadie más, solo se tenían entre ellos y a ella, que aunque fuera fría y dura, siempre se aseguraba de tenerles un lugar seguro para dormir. El mundo es frío y despiadado, pensaban ellos todas las noches antes de dormir, no era su culpa pensar así, pero tampoco habían tenido la mejor vida desde que la encontraron.

Ella nunca hablaba y si lo hacía solo decía lo necesario y a veces en otros idiomas o palabras que ellos no conocían, aunque ellos no sabían hablar realmente, apenas sabían unas palabras y entre ellas sus nombres.

Preferían comunicarse con señales y ruidos, era suficiente con que entre ellos se entendieran, no necesitaban ser entendidos por nadie más que ellos mismos, ni siquiera necesitaban que ella los entendiera, mientras no los alejará ellos estarían con ella.