. 𝜗𝜚 Teacher’s Pet • Boypussy .ᐟ

Sinopsis

..."'Si soy tan especial, ¿por qué soy un secreto?" & ꒰ todos los créditos correspondientes a @nymphetdollie ⑅ 𓈒 ݂۫ ꒰ ¡Solo es ficción!

Estado:
Completado
Capítulos:
1
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n/a
Clasificación por edades:
18+

─ 𝑼𝑵𝑰𝑪𝑶



El aula estaba sumida en ese silencio de fin de jornada, ese que hacía que todo pareciera más lento, más perezoso, más secreto.

Aún no había sonado el último timbre, pero los alumnos ya se movían en sus asientos, recogiendo sus cosas, murmurando despedidas.

Sunoo permaneció en su silla, mordiéndose la comisura del labio y mordisqueando distraídamente la tapa de su bolígrafo.

Sabía que el profesor Park lo estaba observando.

Era parte del juego.

Levantó la vista entre pestañas e hizo un pequeño puchero, arrastrando el lapicero por sus labios. Le gustaba que el profesor lo observara así, cómo nadie más jamás lo había hecho.

Cuando el aula finalmente se vació, sintió como si exhalara. Como si la función hubiera terminado y ahora pudiera comenzar la verdadera escena.

Se quedó sentado, como siempre. Cruzó una pierna sobre la otra, su falda levantándose un poco, revelando más de sus muslos. Esperó.

El profesor Park cerró la puerta suavemente tras el último estudiante y luego giró la cerradura con un clic tan sutil que Sunoo apenas lo registró.

Era rutina. Familiar.

Se giró y le dedicó a Sunoo esa media sonrisa, cálida, cómplice. Revolviéndole el estómago con mariposas.

El profesor Park se sentó en el borde del escritorio, cruzando los brazos. Sunoo se levantó de su asiento, yendo hacia él.

─ Sunoo ─ llamó su nombre con formalidad, manteniendo el acto aun cuando no era necesario, solo para hacer a Sunoo perder su paciencia ─, ¿en qué puedo ayudarte? ─ Sus palabras eran suaves, pero su mirada seguía fría.

Sunoo sabía que era a lo que Sunghoon se refería. Él siempre hacía eso, lo obligaba a a pedírselo, cómo si Sunoo fuera una especie de mascota ansiosa.

Sunoo jugueteó con el borde de su falda, dedos contrayéndose en un pequeño espasmo contra la tela. El salón de clases se sentía pesado, las paredes encogiéndose mientras el aire se llenaba de expectación. Sunoo tragó saliva, pasando su peso de un pie a otro.

─ Umm... me preguntaba si... ─ Sunoo dudó, dedos enredándose el uno con el otro.

Sabía que a Sunghoon le encantaba esto, verlo removerse con nervios y vergüenza, esperando a que se tropezara con sus palabras. Sunoo lo odiaba, pero también anhelaba los elogios que venían después.

Sunoo sintió a su corazón golpear contra sus costillas, el cuerpo entero resonando con nervios. Levantó la mirada, encontrándose con la de su maestro.

Sunghoon ladeó la cabeza ligeramente, esa sonrisa floja todavía en sus labios.

─ ¿Te preguntabas si...? ─ Dejó que las palabras se quedaran en el aire, alargándolas como si se saboreara la manera en que Sunoo se retorcía.

Descruzó los brazos, una mano descansando sobre su muslo mientras angulaba su cuerpo hacia su estudiante.

La habitación se sentía sofocante, pequeña, el espacio entre ellos cargado de tensión.

La respiración de Sunoo salía en pequeños suspiros mientras intentaba

recolectar su confianza.

─ Me preguntaba si querías... estar conmigo.

Un brillo se reflejó en los ojos de Sunghoon.

─ ¿Estar contigo? ─ Su voz continuó con aquel tono, como un hechizo ─. ¿A qué te refieres, conejito?

Sunghoon lo llamaba así, conejito. Le echaba la culpa al hábito de Sunoo de mordisquear sus lapiceros. Siempre avergonzaba a Sunoo, pero no podía negar que le gustaba ser llamado por un apodo tan tierno.

Sunoo se ruborizó, dándose cuenta de que había sido acorralado y forzado a decirlo explícitamente.

Lamió sus labios, nervioso, su voz apenas más que un susurro.

─ Que... tengas sexo, conmigo.

La sonrisa de Sunghoon se ensanchó, sus dedos golpeando un pequeño ritmo sobre su muslo.

─ Eres una cosita tan adorable ─ murmuró, su voz condescendiente ─

Pero, ambos sabemos que puedes pedirlo mejor que eso.

Sunoo clavó sus uñas en su muslo a través de la tela de su falda, su cuerpo tensándose. Odiaba lo fácil que era para Sunghoon reducirlo a esto, patético y necesitado, rogando con una vocecita temblorosa.

Sunghoon se levantó, moviéndose con una lentitud deliberada hacia Sunoo.

La diferencia de altura era evidente, Sunoo necesitó inclinar la cabeza hacia atrás para mantener el contacto visual.

─ ¿Quieres que te folle, conejito?

La respiración de Sunoo se cortó por un segundo, antes de romperse con un pequeño sonido involuntario. Apretó su agarre en la falda, sintiendo la calentura recorrerlo como un escalofrío. Asintió efusivamente, rostro ardiendo con su sonrojo.

Sunghoon levantó su mano, sus dedos recorriendo la mandíbula de Sunoo. El roce fue suave, hasta que su pulgar presionó contra su pómulo con la fuerza suficiente para que Sunoo jadeara.

─ Qué cosita tan necesitada ─ murmuró, inclinándose más cerca, hasta que Sunoo sintió su aliento en sus labios ─ Siempre desesperado por mí, ¿verdad?

Sunoo, tan indefenso, no pudo hacer más que mirarlo con sus ojitos brillantes e inocentes, a su completa merced.

La mano libre de Sunghoon agarró el cuello de la camisa de Sunoo, arrugando la tela en su puño mientras lo acercaba más. Su otra mano se deslizó desde la mandíbula de Sunoo hasta su nuca. Lo jaló del cabello, lo suficientemente fuerte como para que Sunoo gimoteara.

─ Pareciera como si no supieras pedirlo bien ─ Sunghoon lo reprendió, su voz llena de fingida decepción ─ Dime exactamente lo qué quieres, conejito. ─ Sus labios rozaron la oreja de Sunoo al continuar ─: Usa tus palabras como un buen niño.

A Sunoo le dió un escalofrío, su cuerpo temblando, los latidos de su corazón retumbando en su pecho.

Sus dedos se clavaron en los brazos de Sunghoon, sus uñas aferrándose a la tela de la camisa de su profesor.

─ Yo... quiero que... ─ La voz de Sunoo fue débil, apenas audible al susurrar ─ Quiero que me folles. Aquí mismo, en tu escritorio. ─ Sus dedos se retorcieron en la camisa de Sunghoon, acercándolo ─ Te necesito. Por favor.

Sunghoon soltó una risa baja, el sonido vibrando contra la piel de Sunoo. Su agarre en el cuello de Sunoo se apretó un momento antes de soltarlo, deslizando la mano hacia abajo para acariciar el trasero de Sunoo a través de su falda.

─ Buen chico ─ murmuró, apretando la carne regordeta con tanta fuerza que Sunoo chilló.

Su otra mano se deslizó hacia el dobladillo de la falda de Sunoo, levantándola bruscamente mientras presionaba su creciente erección

contra su muslo

─ ¿Ya ves que no fue era tan difícil? — ronroneó con la voz cargada de burla.

Sus dedos lo acariciaron sobre sus bragas, jugueteando con lo que se escondía debajo. Sunoo jadeó, empujando sus caderas hacia adelante involuntariamente.

Sunghoon sonrió, deslizando los dedos bajo la tela para acariciar los pliegues de Sunoo.

─ ¿Ya estás mojado para mí, verdad? ─ musitó con su aliento caliente en el ─ oído de Sunoo.

Sus dedos se deslizaron fácilmente entre los pliegues húmedos de Sunoo, acariciando su clítoris con precisión experta. Sunoo jadeó, arqueando la espalda, aferrándose a los hombros de Sunghoon. Los dedos del profesor lo acariciaron con movimientos lentos y pausados, dibujando círculos

alrededor de su clítoris antes de descender para recolectar la humedad que goteaba de su agujero y repartirla por su coño. La respiración de Sunoo se convirtió en jadeos cortos y agudos, sus piernas temblando. Se mordió el labio, cerrando los párpados por un instante antes de abrirlos de nuevo.

Quería ver el rostro de Sunghoon mientras lo hacía; quería ver la satisfacción en sus ojos mientras reducía Sunoo a una cosita patética y temblorosa ahí mismo, en el salón de clases.

Sunghoon volvió a reírse entre dientes, bajo y casi imperceptible, un sonido oscuro y cómplice. Él observaba cómo el rostro de Sunoo se retorcía de placer, sintiendo una macabra satisfacción crecer en su pecho.

─ Mírate ─ murmuró, sin cesar con el insistente movimiento de sus dedos ─

Ya estás así. Y apenas hemos empezado.

Tomó a Sunoo de la cintura, intercambiando sus posiciones, ahora dejando al menor sentado en el escritorio, él parado entre sus piernas.

Su pulgar presionó sobre el clítoris de Sunoo, frotando círculos lentos mientras dos dedos se hundían en él sin previo aviso.

Sunoo gimió, sus uñas clavándose en los hombros de Sunghoon mientras su cuerpo se estremecía ante la repentina penetración. Sus paredes se tensaron ante la intrusión. Como un instinto, meció las caderas, queriendo sentir lo más profundo.

Sunghoon observó las reacciones de Sunoo mientras movía sus dedos como tijera dentro de Sunoo, estirándolo con embestidas lentas y deliberadas.

─ ¿Estás tan apretado para mí, verdad? ─ soltó, moviendo su mano libre para agarrar la cadera de Sunoo, manteniéndolo quieto mientras aumentaba el ritmo de sus dedos ─ Te sentirás tan bien alrededor de mi polla.

Su pulgar no detuvo su ritmo constante sobre el clítoris de Sunoo, llevándolo cada vez más cerca del orgasmo. El rostro de Sunoo estaba rojo, su respiración entrecortada mientras intentaba procesar la abrumadora estimulación.

Sus manos se deslizaron por el pecho de Sunghoon, sus dedos jugueteando con los botones de su camisa. Quería sentir su piel, le servía como un ancla mientras todo su ser se perdía con la intensidad del toque del profesor.

La camisa de Sunghoon se abrió bajo los dedos temblorosos de Sunoo, revelando su piel. Sunoo deslizó las yemas de los dedos por su pecho, rozando ligeramente con sus uñas los músculos definidos.

Sunghoon no detuvo sus movimientos, sus dedos siguieron follando el coño de Sunoo con un ritmo despiadado.

─ Eso es ─ murmuró, observando atentamente el rostro de Sunghoon, cada reacción, cada expresión ─. Tócame como quieras, conejito.

Sunoo gimió, sus dedos explorando la piel del torso de Sunghoon, trazando cada detalle. Arqueando la espalda mientras el placer lo recorría, su respiración seguía entrecortada, desesperada. Su mente estaba completamente aturdida, nublada por el deseo de dejarse usar, dispuesto a lo que fuera que Sunghoon quisiera.

De repente, Sunghoon capturó sus labios en un beso. Su lengua se abrió paso en la boca de Sunoo, reclamando cada centímetro mientras su mano se enredaba en su cabello. Lo jaló del cabello mientras profundizaba el beso. Sunoo gimió, su cuerpo estremeciéndose mientras los dedos de Sunghoon se arqueaban dentro de él, estirando su coño.

Cuando Sunghoon finalmente se apartó, sus labios húmedos con saliva, dijo:

─ Eres mío. ─ Su voz estaba cargada de posesión. Sus dedos reanudaron el vaivén, ahora más rápido, curvándose ligeramente para rozar ese punto dulce dentro de Sunoo ─ Mi pequeña puta. Mi conejito.

Los ojos de Sunoo se cerraron por un instante, abrumado por el doble ataque que eran las palabras de Sunghoon y la presión que se acumulaba en su interior. El profesor abusaba de Sunoo sin piedad, su pulgar acariciando su clítoris con mientras sus dedos entraban y salían de su coño.

La fricción contra sus paredes internas enviaba una corriente eléctrica por todo el cuerpo de Sunoo, sus piernas temblando, amenzanand o con rendirse a cualquier momento. Sus uñas se clavaron en los brazos de Sunghoon mientras luchaba por no deshacerse.

─ Oh, mierda... profesor Park ─ gimió

Sunoo, arqueando la espalda sobre el escritorio.

Su falda levantada, arrugada alrededor de su cintura, las bragas apartadas a un lado para permitirle a Sunghoon tocarlo.

Sunoo jadeó, los sonidos se le escapaban de la garganta mientras su orgasmo se acercaba.

Meció las caderas contra la mano de Sunghoon , desesperado por más fricción, más presión.

─ P-profesor, por favor...

Se rompió en un grito ahogado cuando Sunghoon retorció repentinamente sus dedos dentro de él, aplicando una fuerte presión en su punto dulce.

─ ¿Se siente bien, conejito? ─ preguntó Sunghoon, deslizando su mano libre por el cuerpo de Sunoo para acariciar su pecho a través de la fina tela de su camisa. Su pulgar rozó el pezón de Sunoo, pellizcándolo con fuerza mientras sus dedos continuaban abusando su coño.

Sunoo gimió, arqueando la espalda sobre el escritorio mientras una mezcla de placer y dolor recorría su cuerpo. Sus muslos se cerraron instintivamente alrededor de la muñeca de Sunghoon, empujando sus caderas para sentirlo más profundamente.

─ ¡Oh! ¡E-espera...! ─ gimió Sunoo, pero su cuerpo lo traicionó, frotándose contra la mano de Sunghoon sin pudor.

Sus dedos se aferraron a los brazos del profesor, uñas dejando marcas rojizas de media luna en su piel.

Sunghoon frunció el ceño al observar las marcas que se formaron en sus brazos; chasqueó la lengua con molestia, tendría que explicarle eso a su esposa.

Aumentó la presión de sus dedos dentro de Sunoo, su pulgar acariciaba su clítoris con círculos rápidos y bruscos. Curvó los dedos, arrastrándolos por las paredes internas de Sunoo.

La respiración de Sunoo no era más que jadeos entrecortados por sus propios gemidos, su coño tensándose alrededor de los dedos de Sunghoon, y... el orgasmo lo invadió sin más aviso. Un gemido roto se le escapó de la garganta, arqueó la espalda, su coño apretándose en pulsos rítmicos. Intentó cerrar las piernas, sus muslos sofocando la mano del profesor. Se estremeció como si lo hubiera atacado una corriente eléctrica.

Sunghoon no se detuvo. Sus movimientos se volvieron más insistentes, llevando sus dedos más profundo.

─ Buen chico ─ murmuró, viendo cómo el rostro de Sunoo se contraía en una mueca de placer. Con su mano libre, tomó la barbilla de Sunoo, obligándolo a levantar la mirada ─. Eres tan tierno cuando te corres ─ elogió Sunghoon, la voz áspera por el deseo.

Sus dedos continuaron su ritmo despiadado dentro de Sunoo. Los ojos de Sunoo lo miraban entrecerrados, vidriosos con lágrimas, las pupilas dilatadas. Su boca se abrió al soltar un gemido casi susurrado. Se aferró a Sunghoon, arañando sus brazos.

Sunghoon no le permitió recuperar el aliento. Retiró sus dedos, solo para reemplazarlos casi inmediatamente con la cabeza de su polla, empujándola dentro con una embestida.

Sunoo soltó un quejido cuando

Sunghoon entró completamente en él, su pene estirando deliciosamente su sensible coño. Le dió un escalofrío, sintiéndose tan lleno, poseído y reclamado por su profesor. Sus dedos se aferraron a la camisa de Sunghoon mientras se acostumbraba a la sensación.

─ Profesor... ─ gimió, su coño apretándose alrededor del pene del profesor, aún palpitando débilmente por su reciente orgasmo.

Sunghoon tomó las caderas de Sunoo con tanta fuerza que le dejaría moretones. Retiró su pene casi por completo antes de volver a entrar de golpe, marcando un ritmo brutal de inmediato. El escritorio crujió peligrosamente bajo ellos mientras Sunghoon follaba a Sunoo sin piedad, su polla arrastrándose sobre ese punto dulce dentro de él con cada cruel embestida. Sunoo puso los ojos en blanco al sentir la mezcla de placer y dolor abrumador que lo recorrió, abriendo la boca en un gemido silencioso.

Oh, había cierto dolor, no podía negarlo. Estaba sensible por su orgasmo, y parecía que su pobre coño jamás se acostumbraría a la enorme intrusión, siempre lo abrumaba como si fuera la primera vez. Al menos, cada vez que ocurría, Sunoo confundía más el dolor con placer.

─ Esto es lo que querías, ¿verdad? ─ gruñió Sunghoon, viendo cómo el rostro de Sunoo se contorsionaba en una mueca de éxtasis ─. Estuviste toda la clase mirándome con esos ojitos y haciendo pucheros... ─ Sus caderas se movieron hacia adelante, enterrando su polla más profundamente mientras sus dedos se apretaban en el hueso de su cadera ─.

rogándome porque te follara contra el escritorio.

Las manos de Sunoo se aferraron al escritorio debajo de él. Su falda levantada y arrugada alrededor de su cintura, sus bragas abultadas a un lado para que Sunghoon pudiera follarlo. Sentado en el escritorio, las piernas abiertas con Sunghoon entre ellas. Cada embestida lo dejaba sin aliento. Tenía los ojos entrecerrados, pestañas enmarañadas y húmedas.

La mano de Sunghoon soltó la cadera de Sunoo para agarrar su garganta, sin apretar, pero permaneciendo allí en una silenciosa amenaza. La declaración era clara: era suyo, suyo para usarlo como quisiera. Sunoo abrió los ojos de golpe, encontrándose con la oscura mirada de Sunghoon.

─ Conejito ─ gimió Sunghoon, empujando las caderas hacia adelante con la fuerza suficiente para sacudir el escritorio ─. Estás tan jodidamente apretado, tan mojado... ─ susurró ─.

¿Te gusta esto? ¿Te gusta que te folle como una puta en mi escritorio?

Sunghoon apenas apretó su agarre en el cuello de Sunoo.

El menor asintió, lamiéndose los labios, demasiado tarde para evitar el hilillo de saliva que se había escapado de ellos.

─ S-sí ─ batalló por decir, sintiendo las paredes de su coño revolotear alrededor del grosor de la polla de su profesor.

Sunghoon sonrió ante las palabras de Sunoo, una sonrisa sutil, más burlona que sincera.

Volvió a apretar su mano alrededor de la garganta de Sunoo mientras lo follaba con más fuerza, el obsceno sonido resonando en el aula vacía. Sunoo cerró los ojos, mareado, sintiendo las lágrimas caer por sus mejillas. Sus uñas continuaron arañando los brazos de Sunghoon, dejando aún más marcas rojizas mientras luchaba por mantenerse consciente en medio de las intensas sensaciones que recorrían su cuerpo.

─ Mírate ─ soltó Sunghoon, sus embestidas más erráticas a medida que su propio clímax se acercaba ─. Tomando mi polla tan bien. Estás hecho para esto, ¿verdad, conejito?

Sus dedos se apretaron apenas un poco más alrededor del cuello de Sunoo, mientras su otra mano agarraba su cadera con fuerza justo encima de los moretones que ya habían aparecido.

Sunoo entreabrió los ojos, vidriosos de lujuria y dolor, mirando fijamente a su profesor. Su coño se apretó alrededor de la polla de Sunghoon, su cuerpo respondiendo instintivamente a la rudeza.

─ Sí ─ gimió, la palabra débil mientras las embestidas de Sunghoon sacudían todo su cuerpo ─. Solo- solo para ti.

Su cuerpo entero tembló en un escalofrío, el escritorio bajo él amenazaba con rendirse bajo cada golpe de las caderas de Sunghoon. Un pequeño quejido escapó de sus labios cuando la polla de Sunghoon llegó imposiblemente más profundo. Clavó sus uñas con más fuerza en los hombros de Sunghoon, usándolo como un ancla, silenciosamente deseando que alguien más pudiera ver las marcas.

Sunoo puso los ojos en blanco mientras la polla de Sunghoon se arrastraba sobre ese punto sensible dentro de él, su cuerpo se estremeció mientras un intenso placer lo recorría. Su boca se abrió en un dulce gemido, su coño apretándose alrededor de la gruesa polla del profesor mientras otro orgasmo amenazaba com abrumarlo.

La mirada de Sunghoon se oscureció con lujuria y algo más, algo casi cruel.

Su ritmo se volvió más torpe, sus embestidas cada vez más rápidas a medida que se acercaba a su orgasmo.

─ Joder, estoy cerca ─ anunció Sunghoon.

El coño de Sunoo estaba tan mojado, tan apretado, como si estuviera intentando ordeñar la polla de su profesor.

El sudor brillaba en su piel, sus músculos se tensaron mientras follaba a Sunoo con una fuerza brutal. Sus dedos se apretaron alrededor del cuello de Sunoo, como un gesto de posesión.

Se corrió dentro de su alumno, llenando su coño de semen. Todavía cortándole el aire, mirando la expresión perdida de Sunoo con una cruel satisfacción.

Mantuvo su polla lo más profundo que pudo mientras se corría. Cuando terminó, soltando la última gota de su semilla, comenzó con un vaivén lento y deliberado, asegurándose de que su semen pintara por completo las paredes de Sunoo.

Sunghoon frotó bruscamente el clítoris de Sunoo, ignorando los balbuceos por piedad que intentaba pronunciar. El coño se tensó alrededor de su pene, indicándole que Sunoo se había corrido.

Soltó su cuello, aflojando su agarre y admirando las marcas que dejó. Se inclinó, presionando su frente contra la de Sunoo, todavía moviéndose dentro de él con lentitud.

─ Eres especial... ─ susurró, su voz ronca ─. Tan, tan especial, mi conejito.

Giró sus caderas en círculos lentos, frotando su pelvis contra el trasero de Sunoo, sintiendo a su pene contraerse en su interior, sensible.

Sunoo no pudo resistirse a decirlo:

─ Si soy tan especial, ¿por qué soy un secreto?

El rostro de Sunghoon se ensombreció, su semblante entero cambiando.

Suspiró. Y sonrió, como hacía cuando trataba a Sunoo como una mascota.

─ Precisamente por eso eres especial. ─ Su polla permanecía enterrada en él, gruesa y palpitante. Sus dedos agarrados firmemente en su cadera, apretando ahí, uñas clavadas en la suave carne ─ Porque eres mi secreto, solo mío.

Sunoo intentó incorporarse ligeramente. Sus pequeñas manos se aferraron al borde del mueble, con los nudillos blancos por el esfuerzo.

No entendía por qué Sunghoon lo quería. Él tenía una esposa e hijos, los veía todos los días, una familia perfecta. No había razón para que estuviera acostándose con Sunoo.

Sunoo entendía perfectamente porqué

él mismo lo quería. No era por las calificaciones, eso no le importaba.

Solo quería sentirse amado, pertenecerle a alguien.

─ Pero... ─ comenzó, con un temblor que delataba lo mucho que le costaba reclamarlo.

Sunghoon le apretó dolorosamente las caderas. Su respiración se mantuvo regular a pesar del sudor que le perlaba la frente. Sus ojos se clavaron en los de Sunoo, oscuros e ilegibles.

─ No lo entenderías ─ respondió, cada palabra cuidadosamente medida. No se movió, su polla aún semi-erecta en el coño sobreestimulado de Jimin ─

Son cosas de adultos.

Sunoo tragó saliva, apretando los labios.

─ No soy tan inmaduro como crees.

Podía sentir las lágrimas formándose en sus ojos, lágrimas distintas a las que había soltado hace rato.

─ Nadie más entendería lo que tenemos. ─ Sunghoon lo tomó del mentón, y lo levantó. Su pulgar rozó el labio inferior de Sunoo, ensuciando su dedo con saliva ─. Así que debe quedarse entre nosotros.

Presionó con más fuerza en su rostro, su agarre tornándose cruel. Sunghoon se inclinó, rozando la oreja de Sunoo con los labios al susurrar:

─ Eres mi secretito especial, mi dulce conejito.

Sunoo se estremeció al oír esas palabras, asqueado y excitado a la vez por el tono posesivo.

Era agridulce, arrancándole las esperanzas por milésima vez.

Jadeó cuando los labios de Sunghoon besaron su oreja. Mordió ligeramente sin dolor, pero innegablemente una afirmación de posesión. El cuerpo de Sunoo aún seguía sensible, su coño envuelto alrededor del pene de Sunghoon, que se suavizaba lentamente.

─ Dilo. ─ ordenó Sunghoon, su pulgar aún trazando el labio inferior de Sunoo. Su otra mano se deslizó desde la cadera de Sunoo hasta su vientre bajo ─. Di que me perteneces.

Sunoo cerró sus ojos, derramando un par de lágrimas por sus mejillas sonrojadas. Abrió sus ojos de nuevo, su respiración agitada, pecho subiendo y bajando con prisa.

Sunghoon no habló, no se movió, solo esperó, su presencia como una sombra amenazante sobre la pequeña figura de Sunoo. La mano sobre el estómago de Sunoo se flexionó, los dedos presionando la suave piel.

─ Yo... ─ empezó Sunoo con voz débil, la palabra temblorosa Sus dedos se agarraron del borde del escritorio con más fuerza. El pulgar de Sunghoon volvió a rozar su labio inferior, sin aplicar presión, dándole la oportunidad de pronunciar claramente ─. Te pertenezco.

Sunghoon exhaló lentamente por la nariz, sus ojos se oscurecieron al absorber las palabras de Sunoo. Su pulgar trazó lento camino desde sus labios, pasando por su barbilla antes de descansar contra su garganta. Sus dedos se apretaron casi imperceptiblemente; no lo suficiente como para doler, pero sí lo suficiente para hacer su presencia inconfundible.

No importaba cuántas veces tuvieran esa conversación, Sunoo siempre

volvía a él.

Siempre sería su mascota, su secretito especial.
















Fin. 🧸

Todos los créditos correspondientes a @nymphetdollie