Prologo - El límite de los mas fuertes
Todos observaban la batalla de los más fuertes desde lejos.
Las cámaras instaladas en un edificio de Shinjuku —lo suficientemente alejado para no interferir— transmitían cada segundo del enfrentamiento entre Gojo Satoru y Ryomen Sukuna. Nadie hablaba. Nadie respiraba con normalidad.
Durante un instante eterno, parecieron estar completamente igualados.
Entonces Gojo tomó la delantera.
Con un movimiento brutal, lanzó a Sukuna contra uno de los pilares del edificio, deteniéndolo en seco mientras, al mismo tiempo, Sukuna reparaba su técnica maldita. Fue un lapso ínfimo —menos de 0,01 segundos—, pero suficiente.
El Vacío Ilimitado impactó.
Gojo no dudó. Se lanzó hacia adelante y asestó un golpe letal. El Santuario Malévolo se derrumbó, desmoronándose como si la propia realidad hubiera cedido.
Desde las pantallas, algunos creyeron que todo había terminado.
Se equivocaron.
Cuando Gojo se abalanzó para rematarlo, Sukuna sonrió... e invocó a Mahoraga.
La shikigami apareció justo a tiempo, deteniendo a Gojo en seco antes de destrozar el dominio desde dentro con la Espada de la Exterminación. La presión del combate se volvió insoportable.
La batalla se recrudeció como nunca.
La ventaja cambiaba de manos constantemente. Golpe tras golpe, técnica tras técnica. En un momento, Gojo lanzó un Black Flash que noqueó a Sukuna, provocando que Mahoraga reapareciera una vez más.
El combate se desplazó hacia el edificio donde habían aterrizado anteriormente.
Gojo luchaba ahora contra ambos.
Entonces, Sukuna habló.
—No te equivoques— dijo Sukuna con calma. —Esto no es un dos contra uno. “Nue Totality: Bestia fusionada - Agito". Es un tres contra uno. —
Gojo permaneció inmóvil por un segundo.
Luego levantó la mano hasta la altura de su rostro, bloqueando deliberadamente la visión de las cámaras. Su voz sonó despreocupada, casi burlona.
—Hombre... pareces un pequeño extraterrestre perdido. —
Sukuna se quedó allí, sonriendo.
Ignoró el comentario.
Sabía que, esta vez, tenía la ventaja.