El Adecuado

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Sinopsis

Tao está a punto de terminar el instituto y dejar atrás una etapa marcada por silencios, deseos no dichos y un amor que siempre creyó unilateral. Entre exámenes finales, celos mal entendidos y decisiones postergadas, descubre que algunas historias no comienzan cuando creemos… sino cuando nos atrevemos a mirar atrás. El adecuado es una historia sobre el amor que espera, el deseo que arde y el momento exacto en el que todo encaja.

Genero:
Romance
Autor/a:
Samara Luviel
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

EL ADECUADO

Los labios recorren su cuerpo, su aliento caliente quema por donde pasa. Tiene la piel fría, por eso siente cada roce de sus manos, de sus labios, de su lengua y de todas las partes que tocan o saborean su piel como si fueran fuego. Lo hace arder y lo consume en sus caricias. Con la mente en blanco y sin poder creer que todo esto sea real, se funde en su ardiente abrazo.

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—¡Demonios! ¿Puedes prestarme atención y dejar de comerte con los ojos al gilipollas de Dany? Se te nota de lejos que te gusta.

—No seas desagradable. Tenemos dieciocho años, madura—le respondió sin despegar los ojos de Dany—. Me quedan pocos días para verlo. La semana que viene se acaban las clases y como mucho lo veré en el examen de acceso a la universidad.

Lucas se cruzó de brazos y resopló, mostrando rechazo.

—Es idiota, mira que no darse cuenta de que te tiene loco. Sé valiente y declara tus sentimientos. No tienes nada que perder.

—Solo mi dignidad —suspiró Tao, con la mirada baja—. Conseguí sobrevivir al instituto sin que supieran que era gay. No voy a ir ahora y decirle que quiero al menos un polvo con él.

A Lucas se le escapó una carcajada.

—Bueno, yo me lo pensaría. Eres adorable, tienes un buen culo… con gusto te daba.

—¡Mierda, Lucas, te pasas! —le regañó Tao, entre escandalizado y divertido—. En la universidad te lo vas a pasar en grande, vas a tirarte todo lo que se mueva, sin importarte si son chicos o chicas.

—Vamos, no con cualquiera —le guiñó un ojo con descaro—. Tienen que ponerme mucho.

—Hola, chicos, siempre hablando de sexo. No paran —dijo Dany, que se había acercado sin que se dieran cuenta y había escuchado parte de la conversación—. Tao, no entiendo que seas amigo de este salido. Con lo dulce que eres... ¿cómo aguantas a este pervertido?

—No lo soy. Solo dije que, si me encuentro con alguien como él, me lo tiraría. ¿Tú no lo harías?

—¿Dejas que te suelte esas guarradas? Yo le metería de hostias si fuera tú —dijo Dany con desagrado—. ¡Qué paciencia tienes!

—Venga, Dany, si se te acercara un niño tan lindo como Tao y te dijera: «Por favor, échame un polvo», ¿no lo harías?

—Me marcho a clase. Eres un asqueroso pervertido, Lucas. Ve a que te analicen, algo falla en tu cabeza.

Dany salió apresurado hacia la clase, visiblemente sonrojado, dejando atrás a Tao y a Lucas, que avanzaban más despacio por el pasillo, esquivando a otros estudiantes. Al entrar al aula, se sentaron en sus pupitres. Dany ni siquiera les dirigió una mirada, seguía notablemente avergonzado, con las orejas aún encendidas. Lucas se inclinó hacia Tao, divertido.

—Creo que le pones. Su reacción no fue normal. Me recordó a cuando no querías decirme quién te gustaba, y eso que para mí era obvio.

—La verdad es que no quiero ilusionarme. Pero también me sorprendió su actitud.

—Este viernes tómate una copa que te dé fuerzas para intentar besarle, a ver qué pasa —le sugirió Lucas.

—¿Tú qué harías si alguien te besa por la cara? —preguntó Tao, preocupado.

—Si me interesa, me dejo llevar. Si no, me aparto antes de que lo logre —dijo Lucas, encogiéndose de hombros—. Normalmente se nota por cómo se acerca la persona.

—Eso, sobrio... ¿pero si vas medio borracho?

—Le diría que no estoy interesado.

—Aunque sea un chico, ¿no te pondrías violento?

—Por supuesto que no le voy a golpear —dijo serio, casi ofendido—. Además, no eres un chico cualquiera. Te conoce, no va a pegarte. Y si te sientes incómodo, siempre puedes decir que estabas borracho y no sabías lo que hacías. Piénsalo, no vas a tener otra oportunidad.

—Ya lo sé, solo somos compañeros de clase —sonrió Tao, con amargura—. No seguiremos en contacto una vez que terminemos el instituto.

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Y pensar que esas preocupaciones se disipan como humo bajo el calor de la pasión.

Vale la pena, es tan delicado y dulce. Se siente enorme, fuerte y deseado al acariciar al chico de sus sueños. No puede creer lo embriagado que está por su sabor, dejando que su lengua se deslice por cada rincón de esa piel. Sus manos se pierden en el interior de la ropa, deseando hacerla desaparecer para poder seguir probando sin nada que lo detenga. El otro se aferra a su cabeza, intentando sostenerse mientras las piernas le flaquean ante el intenso ataque.

Sentirlo temblar entre sus brazos es un regalo que lo enloquece aún más al escuchar sus gemidos descontrolados cuando le succiona uno de los pezones. La intensidad de la caricia lo hace tirar de su pelo con fuerza, dejándose arrastrar por el tsunami de sensaciones que provoca esa boca pecaminosa. Y el joven se siente poderoso al saberse causante de esas intensas reacciones.

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Al terminar la clase, Tao fue directo a la biblioteca, buscando el silencio necesario para repasar el examen que sería en una hora. Un gran bostezo se le escapó y, frustrado, se dio unas palmadas en la cara tratando de disipar el sueño. Estaba agotado tras las innumerables horas de estudio, esforzándose por mantener sus buenas notas. No se permitió flaquear, era el último empujón, y no iba a mandar a la mierda todo el trabajo realizado a lo largo del año.

—Toma, Tao, te traje un café con leche y mucha azúcar. Se te ve muy cansado —dijo Dany a sus espaldas. Tao dio un pequeño respingo.

—Gracias, Dany —dijo con la mano en el pecho, tratando de calmar su corazón—. ¿También vas a repasar?

—Sí —respondió mientras se sentaba enfrente—. Lucas, el muy loco, se fue a comer helado con algunos de nuestra clase.

—No te preocupes por él —le restó importancia, aunque no entendía la fijación que tenía Dany con Lucas—. Seguro que saca una buena nota, como siempre. ¿Repasamos juntos?

Durante un rato se preguntaron el temario sin fallar ni una sola respuesta. Aun así, continuaron estudiando, inquietos e inseguros de saber lo suficiente para lograr un sobresaliente. Mientras recogían, Tao sintió la intensa mirada de Dany, parecía tener algo en mente. Esperó pacientemente a que hablara, pero Dany no decía nada. Tao empezó a guardar sus cosas con más brusquedad, abriendo y cerrando las cremalleras sin parar. Realmente no era una persona paciente. Ya no podía esperar más.

—Dany, me estás poniendo nervioso —le dijo, tirando la mochila sobre la mesa—. ¿Puedes decirme qué te ronda la cabeza?

—Bueno... em... verás —murmuró mientras fingía concentrarse en cerrar la cremallera de la mochila—. ¿No estás enfadado?

—¿Enfadado?

—Por las cosas que te dijo Lucas. Parecía que estaba proponiéndote acostarse contigo. —Tao tuvo que taparse la boca para no soltar una carcajada, mientras la cara de Dany se encendía.

—Si Lucas quisiera acostarse conmigo, me lo diría sin más, no se andaría con rodeos. No me molestó lo que dijo, solo respondía a unas preguntas que le hice.

—¿Sobre qué eran?.

—¡Mierda, el examen! Hablamos en otro momento, corre, que no llegamos.

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Siente que las piernas casi no le sostienen, sobre todo en el instante en que la ardiente boca baja por su torso hacia el ombligo y las manos, desesperadas, tratan de desabrochar el pantalón. No podrá soportar mucho más. Ese no es el lugar adecuado para dejarse llevar de esa manera.

—Para, tienes que parar, alguien puede vernos —susurra, notando cómo le tiembla la voz.

—Mierda, quiero seguir, deja que siga.

—Vamos a algún lugar más íntimo.

—¿Dónde?

—Mi casa. Vamos a mi casa, no hay nadie.

—Paremos por una farmacia, necesitamos condones.

—Lubricante también.

—Vamos.

—Espera, deja que avise que ya nos vamos.

—¿A quién le importa?

—A él. Solo a él, no se sorprenderá.

—No te estarás arrepintiendo de esto.

—No, claro que no. Me tienes en llamas. Nunca imaginé que me sentiría así.

—¿Por qué quieres decírselo, Tao? —Las dudas brillan en sus ojos al preguntar—. ¿No será que quieres darle celos?

—Estás loco, es solo que no quiero que piense cosas raras. Nuestra conversación no fue muy buena y, además, no quiero que se preocupe cuando no me vea.

—Date prisa, te espero aquí —acepta, algo más tranquilo—. Vamos, iré arrancando la moto.

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Al terminar el examen, el pasillo volvió a llenarse de voces.

—Venga, Lucas, termina de recoger para ir a casa ya. Me muero de hambre.

—Tao, no tengas tanta prisa, ya voy.

—Claro, como te comiste un helado hace un rato, no tienes tanta hambre.

—Solo quise dejarte un poco de intimidad con Dany. ¿Hubo algún avance?

—Sí, claro. No viniste a la biblioteca por mí —le dice divertido—. Y que Clara también estuviera en la heladería no tuvo nada que ver.

—No seas celoso. Sabes que, si me dices “ven”, lo dejo todo.

—No seas tan graciosillo o, al final, no te invitaré a venir a mi casa a almorzar.

—Tarde. Tu madre me escribió antes para asegurarse de que también iba, hizo mi postre favorito.

—No entiendo por qué te consiente tanto, el hijo soy yo.

—Soy un amor de persona, aparte de guapo y muy listo —añade, a punto de soltar una carcajada cuando Tao pone los ojos en blanco, seguro pensando en lo modesto que es—. Además, tu madre insiste en darme las gracias por ayudarte a mejorar tus notas. Mañana tenemos los últimos exámenes y mucho que repasar.

—Ya sé que es el modo de pagar tu ayuda, pero de verdad que te mima demasiado.

—Tao, si me dieras sexo, tu madre no tendría que compensarlo con comida.

—¡Diablos! Tú y tus “bromitas”. Se supone que el gay soy yo, pero pareces interesado en mí —le sigue la broma para cortarle las alas, aunque sabe que con Lucas siempre acaba perdiendo.

—Sabes que siempre estoy interesado en ti, lo que no me haces caso.

—Venga, acelera el paso, que me muero de hambre —responde Tao, decidiendo dar el tema por terminado.

—Deja que te lleve la mochila, parece que te vas a desmayar en cualquier momento.

—¿Ya se van a casa? —Una voz a sus espaldas los detuvo—. ¿Qué tal te fue el examen?

—Me fue muy bien, Dany, pero te dejamos que Tao está que muere de hambre —interrumpió Lucas, como si la pregunta hubiera sido para él.

—Puedo hablar unos minutos. No seas bruto, Lucas —le regañó antes de girarse hacia Dany—. ¿Qué tal te fue a ti?

—Bien, quedé muy contento —respondió Dany, apartando la vista. Obviamente incómodo por la insistente mirada de Lucas—. No les entretengo más, que Lucas debe de tener mucha hambre. Hasta mañana.

—A veces puedes ser muy borde, además sabes que me gusta. Me da la sensación de que quiere decirme algo.

—Perdona, vamos a casa, venga.

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No puede creer lo que está a punto de hacer. Será su primera vez, y lo que menos espera es que sea con él. Besa tan bien… parece todo tan perfecto. Lo observa a través de la cristalera de la farmacia, comprando las cosas que necesitarán. Le fascina lo tranquilo y serio que se muestra, mientras él mismo muere de vergüenza y nervios.

Realmente van a hacerlo. Si alguien se lo hubiera dicho hace unos días —qué dice, hace apenas una hora— no lo habría creído. Que fueran a tener sexo le parece increíble. Pero todo comenzó con ese beso, ardiente, devastador, capaz de arrasar con sus defensas y hacer clic en lo más profundo. Ese beso les reveló que estaban en el lugar correcto, con la persona correcta, y los dejó ardiendo y deseosos de más.

Tao se estremece de deseo al aferrarse al cuerpo del chico que conduce la moto, apremiando por llegar cuanto antes a su casa. Muere por perderse entre sus brazos toda la noche.

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Por fin terminó el último examen, se sentía exhausto. Dejó caer la cabeza contra la mesa mientras estiraba los brazos por delante de él y, sin querer, golpeó a alguien. Levantó la cabeza con rapidez para disculparse.

—Perdona, Dany.

—Tao, tienes cara de hecho polvo.

—Muero de agotamiento.

—¿Esta noche irás al bar con todos?

—Sí, no me lo perdería, es el adiós al instituto.

—¿Te recojo y vamos juntos?

—¿Lo dices en serio?

—Sí, quería tener un momento para hablar contigo a solas, después con todo el mundo será imposible.

—Vale.

—A las nueve te recojo.

—De acuerdo.

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El teléfono no dejaba de sonar desde hacía un rato.

—¡Mierda, Tao, te he llamado mil veces!

—Estaba en la ducha, ¿qué quieres?

—Te recojo a las nueve para ir al bar.

—No hace falta, gracias. Voy con Dany.

—Qué sorpresa, pues nada, te veo allí.

—Gracias, ya te contaré.

—Sí, ya hablaremos.

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Los nervios lo traicionaban mientras se arreglaba para esa noche. Quería estar guapo, pero sin parecer demasiado formal, tampoco tenía idea de cómo peinarse. Se había mojado el pelo varias veces, cambiando de estilo una y otra vez, hasta que, cansado y sin saber cómo mejorar más su aspecto, fue hacia la salida para despedirse de sus padres.

—Cariño, nos vamos. Pásalo muy bien esta noche —le dijo su madre, tras dar el visto bueno a su peinado—. Puedes invitar a Lucas si quieres. Nosotros regresamos el domingo. No hagas ninguna locura y mándanos un mensaje cuando vuelvas, solo para tranquilizarnos.

—Vale, no se preocupen, y que se diviertan. Feliz aniversario.

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A las nueve en punto sonó el timbre. Al abrir, se encontró con Dany, que lo esperaba con una sonrisa.

—Toma, ponte el casco, iremos en mi moto.

—No sabía que tenías moto —comentó, sorprendido, mientras observaba el casco que le tendía.

—Sí, al instituto no la llevo para que no me fastidien pidiéndome que haga de chófer.

—Lo entiendo perfectamente. Vamos.

Llegaron muy pronto al local, eran los únicos del curso que ya estaban allí. Tao se sentía nervioso e ilusionado. Grandes expectativas revoloteaban en su estómago, aunque Dany aún no le había dado ningún indicio de lo que quería decirle.

—Voy a pedirme una copa. ¿Qué quieres, Tao? Te la traigo.

—Una cerveza.

—De acuerdo, no tardo.

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Mientras bebían, Dany, inquieto, miraba hacia todos lados, como si no supiera qué hacer. Tao, cansado tras los intensos días de exámenes y aburrido con su silenciosa e indiferente compañía, sentía que no era la cita que había soñado. En poco tiempo llegarían los demás y entonces sería imposible hablar de aquello para lo que se habían reunido.

—¿Por qué querías recogerme?

—Bueno... yo quería... quería decirte algo. —Dany jugueteaba con el vaso, evitando mirarle a los ojos.

—Adelante —dijo impaciente.

—Verás, eres el mejor amigo de Lucas. Sabes cómo es él y todo... Bueno, me preocupa.

—¿Qué te preocupa de Lucas? —preguntó Tao, tamborileando los dedos contra la mesa, mordiéndose la lengua para no suspirar.

—Que no sea serio.

—¿Con qué?

—Contigo, con las chicas, con todo.

—Creo que no te entiendo. —La paciencia se le estaba agotando, realmente no entendía de qué trataba de hablar Dany.

—¿A él le gusta Clara? —preguntó de golpe, mientras su rostro se ponía completamente rojo.

—¿Has querido estar conmigo solo para hacerme esa pregunta? —sintió cómo el enfado iba borrando toda la ilusión y la alegría de hacía apenas una hora. Apartó la mirada y apretó con fuerza el vaso entre las manos.

—Bueno... eres su mejor amigo, lo sabrás mejor que nadie —dijo con una tímida sonrisa.

—¿Y por qué no se lo preguntas a él? —replicó Tao, cabreado. Dany le había creado expectativas para nada. Se sentía engañado y, aunque no le dolía, lo enfurecía—. Mejor habla directamente con él. A mí no vuelvas a molestarme más. Y si te gusta Clara, haz las cosas bien y no metas a otros en medio.

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La gente de la clase había empezado a llegar, molesto, se acercó a algunos compañeros mientras se bebía la cerveza con demasiada rapidez. Pasó el resto de la noche evitando a Dany, que intentaba acercarse para hablar, Tao lo rehuía y hasta llegó a gritarle de malos modos para que lo dejara en paz.

—Tao, ¿qué te pasa? Te ves muy enfadado —intervino una voz, justo cuando volvía a levantarle la voz a Dany—. Si es por mi culpa, lo siento. Se me hizo tarde.

—No es tu culpa, Lucas, no te preocupes —respondió aliviado, sin saber si lo decía porque Dany se alejaba por fin o porque había llegado Lucas.

—Hola, Lucas, ¿qué tal?

—Hola, Clara. Muy bien, gracias. Qué guapa estás esta noche.

—Gracias, tú también estás muy atractivo.

—Les dejo que hablen tranquilos. —Tao empujó a Lucas para abrirse camino y desaparecer entre la gente.

Cada vez estaba más enfadado. Vaya mierda de noche, cuando por fin podía hablar con Lucas, aparecía la entrometida de Clara. ¿Por qué todos giraban en torno a ella? ¿Qué demonios tenía? Frustrado, salió en busca de aire fresco, pero alguien tiró de su brazo haciéndolo detenerse.

—Mierda, Tao, ¿de qué vas? Me diste un fuerte golpe y ni siquiera te disculpas. Además, estábamos hablando y me dejas plantado para salir cabreado. Espera... ¿por qué lloras? No llores, ven aquí detrás, que no te vean. ¿Qué pasó?

—Pasó la imbécil de Clara. ¿Qué tiene? Todos pendientes de ella, incluido tú, y eso que eres mío.

—¿Que todos están pendientes de ella? No llores, habla tranquilo, no logro entenderte —le pidió mientras trataba de secarle las lágrimas con la yema de los dedos.

—Dany me trajo para hablar conmigo. Pero solo era para preguntarme qué había entre tú y Clara. Le gusta ella —explicó, sintiendo cómo el enfado le volvía—. No quería tener una cita conmigo.

—¿Por eso estás llorando? No vale la pena, es un memo.

—Dany no me hace llorar, idiota. Él solo me enfadó por ser tan cobarde de no preguntarte a ti. Es un niñato.

—Entonces, ¿qué te hizo llorar? —preguntó Lucas, casi divertido al escuchar cómo se enfurruñaba Tao.

—Tú.

Lucas se quedó helado.

—¿Yo?

—Sí, eres idiota. No solo llegas tarde, sino que cuando por fin apareces y voy a hablar contigo, me ignoras para sonreírle a la descafeinada de Clara.

—Solo estaba saludando, yo nunca pasaría de ti —replicó, entre divertido e incrédulo.

—Lo acabas de hacer —respondió Tao, con lágrimas en los ojos—. Eres un idiota.

—Venga, deja de llorar, no vale la pena. Estoy aquí y soy todo tuyo —dijo Lucas con una ternura inesperada.

—¿En serio? —preguntó Tao, sin poder creerlo—. ¿Todo mío?

Entonces ocurre el momento que tanto había esperado Tao, su primer beso. Lucas lo rodea con suavidad, atrayéndolo hacia sí antes de rozar sus labios en un contacto breve, casi tímido. Se separan apenas un instante, lo justo para perderse en la mirada que comparten.

Tao apenas puede asumir lo que acaba de suceder. Su corazón se salta un latido antes de desbocarse en su pecho. Su cuerpo vibra, y sus labios claman por volver a sentir esa dulzura. Con una sonrisa levanta las manos y lo atrae de nuevo, fundiendo otra vez sus bocas.

Esta vez entreabren los labios y dejan que sus lenguas se encuentren, iniciando un baile ardiente. Se saborean entre jadeos, sus alientos se confunden y sus cuerpos, pegados en un abrazo estrecho, parecen no querer soltarse nunca. Solo se detienen un instante, obligados a recuperar el aire.

—Me gustan tus besos, Lucas.

—A mí los tuyos, Tao.

—Por favor, hazme el amor —ruega sintiéndose en llamas—. Eres tú, siempre has sido tú. Eres el adecuado para mí.

—Cuánto has tardado en darte cuenta, cariño. —Los dos ríen felices mientras se abrazan, incapaces de contener la tensión que los consume.


El calor entre ellos aún vibraba en el aire cuando, tras pasar por la farmacia, Lucas detuvo la moto frente a la casa de Tao.

—Tao, ¿dónde están tus padres?

—En un hotel de escapada por su aniversario.

—Qué suerte para mí, deja que meta la moto en vuestro garaje.

—Mientras la guardas, voy a llamar a mis padres para decirles que ya estoy en casa y que no se preocupen.

—Entro en cuanto la guarde y cierre todo.

—Te espero en la ducha —dice con un guiño, entregándole el casco antes de abrir la puerta del garaje.

—¡Demonios! Y luego el pervertido soy yo.

Lucas entra en la habitación de Tao y le llega el sonido de la ducha. Deja las cosas que compró en la farmacia sobre la cama y, desnudándose, va directo al baño. Dentro, Tao se enjabona, no puede creer que esté allí con él de esa manera. Hoy, después de tantos años, por fin ha llegado el final de su amor unilateral. Ya no es un secreto, ni una ilusión imposible, sino un deseo compartido.

Su pequeño y estilizado cuerpo le resulta irresistible, esas formas tentadoras que lo atraen como las sirenas a los marineros. Su miembro late con fuerza, desesperado por ser acariciado por esos labios llenos, sus manos arden de deseo por recorrer cada rincón de su piel, sus oídos ansían escuchar su nombre entre jadeos. Y, por encima de todo, lo embriaga la certeza de que aquel amor callado, tantas veces condenado a la frustración, por fin encuentra su respuesta.

Entra en la ducha y, abrazando a Tao, lo sumerge en un beso que libera años de anhelos contenidos. Sus manos recorren el cuerpo empapado por el agua y el jabón, las de Tao responden con el mismo deseo, encendiéndolo aún más. Había soñado muchas veces con este momento, pero la realidad lo golpea con tal intensidad que ya no puede esperar.

—Tao, vamos a la habitación. Ansío recorrer tu cuerpo con mi hambrienta lengua —le susurra al oído, abrazándolo por la espalda.

—¿Desde cuándo deseas hacerme estas cosas?

—Desde hace años. Te amo desde hace años.

—¿Y por qué nunca me dijiste nada?

—Porque solo tenías ojos para Dany. Pero esta noche serás mío.

—Hoy y siempre. Yo también te amo. Me ponías enfermo de celos cada vez que hablabas de otras personas… y de Clara ni te cuento.

—Entonces ya es oficial, somos pareja. Te juro que voy a hacerte muy feliz.

—Y yo a ti. —Le da un beso rápido y se aparta un poco—. Pero explícame ¿por qué me decías que me declarara si ya te gustaba yo?

—Porque hasta que no cerraras lo que sentías por Dany, no ibas a mirarme de verdad.

—¿Sabías que a él le gustaba Clara?

—No. Tampoco sabía si alguna vez podría tenerte. Solo me quedaba esperar… y desear que fueras mío al final.

—Ya lo soy. Vamos a la cama.

La habitación se caldea con rapidez. Sus cuerpos se buscan con hambre, decididos a descubrirse sin reservas. Lucas muere de felicidad al sentir la boca de Tao rodeando su falo con avidez, el placer lo empuja peligrosamente al límite.

—Aparta, Tao… me voy.

Intenta separarlo, pero Tao no cede. Lo que hace con la lengua lo desarma por completo y, sujetándole la cabeza, se deja ir.

—Eres increíble. Podrías haberte apartado.

—Cariño, uno de tus deseos era correrte en la boca de tu amante —dice, limpiándose la comisura del labio con un dedo que luego se lleva a la boca—. Nos conocemos muy bien. No hay secretos entre nosotros.

—No tenía ni puta idea de lo pervertido que eres.

—Voy a hacer que disfrutes tanto conmigo que nunca querrás salir de mi cama.

—Te aseguro que nunca quise estar con nadie más que contigo. Ven… deja que mi lengua memorice tu sabor.

Lo coloca sobre la cama y toma el lubricante, calentándolo primero entre sus manos antes de tocarlo. Vuelve a su boca para seguir dándole placer mientras uno de sus dedos empieza a abrirse paso con cuidado. Tao jadea, tan tenso al principio que suelta un quejido.

—Cariño, relájate… necesito que confíes en mí.

—Es raro… —murmura, moviéndose un poco.

—¿Te duele?

—No.

—¿Te gusta?

—Sí. Es una sensación nueva.

—Ábrete un poco más, tócate. Quizá así te relajas.

Lucas sigue atento a cada reacción. Cuando siente cómo el cuerpo de Tao empieza a responder, se aparta lo justo para verlo correrse, con una expresión que lo enciende aún más. Tao busca su boca y lo besa con hambre, el cuerpo ya relajado y receptivo.

—Tao, no aguanto más. Creo que ya puedo entrar sin hacerte daño.

—Sí, por favor. Estoy preparado. Deseo sentirte dentro.

Se miran a los ojos al unirse. Tao siente cómo su cuerpo se abre despacio, aceptándolo, mientras Lucas avanza con cuidado, conteniéndose para no perder el control. Jadea, concentrado en no hacerle daño, dándole el tiempo que necesita.

Tao lo abraza, lo besa, y cuando por fin se mueve dentro de él, el placer los envuelve a ambos.

—Muévete… te necesito.

—Dios… tu cuerpo es increíble.

El vaivén se vuelve cada vez más intenso. Las uñas de Tao se clavan en su piel, los gemidos llenan la habitación mientras se aferran el uno al otro, abandonándose al deseo hasta que el orgasmo los sacude.

—Me corro, amor…

—Yo también…

Lucas se derrumba sobre su cuerpo sudoroso. Tao lo envuelve en un abrazo y lo besa entre risas nerviosas. Durante un buen rato no dicen nada, acariciándose y compartiendo el dulce momento.

Lucas se aparta lo justo para quitarse el condón y vuelve a tumbarse junto a él.

—Ha sido increíble —dice riendo—. Eres una bestia.

—Y tú un desastre. Pensé que ibas a matarme esta noche.

—Mañana no vas a poder caminar recto.

—Idiota… —se ríe, dándole un golpe en el pecho—. Disfruté tanto que quiero repetir mil veces.

—Perfecto. A todas horas, en todos lados, siempre que quieras.

Las risas se apagan, dejando una calma dulce. Tao lo mira serio por primera vez.

—Lucas… gracias por amarme todos estos años y no rendirte.

Él le acaricia la mejilla con ternura.

—No hay nadie como tú. Nunca lo hubo, nunca lo habrá.

Tao sonríe, con lágrimas brillando en los ojos.

—Eres el adecuado para mí.

Se besan de nuevo, lentamente, como si más allá de sus cuerpos se unieran sus almas.


FIN

Gracias por acompañarme entre amor, deseo y pasión. ✨ —𝒮.𝐿 ♡