DICIEMBRE DE 2025 (Prologo)
Bianca abrió los ojos lentamente. El techo blanco le resultó casi desconocido. El aire olía a medicina y desinfectante, el olor le llenaba el fondo de la nariz antes incluso de entender dónde estaba. Intentó recordar la noche anterior, pero los recuerdos eran borrosos, incompletos.
Respirar le costaba. El aire se sentía pesado, espeso, y cada vez que lo inhalaba le dolía el pecho, como si respirar fuera un esfuerzo que su cuerpo ya no quería hacer. Sentía la garganta seca, los pulmones ardiendo. Quiso moverse y el dolor se le adelantó. Todo su cuerpo le dolía. Había hematomas en lugares que no recordaba haber golpeado, marcas moradas que no tenían explicación. Pasó la vista por sus brazos, por sus piernas, intentando reconocerse, pero algo no encajaba. Sabía que ese cuerpo era suyo, pero se sentía extraño, ajeno.
La noche anterior no aparecía como un recuerdo completo, sino como fragmentos sueltos, imágenes sin orden, sensaciones sin contexto. Se sintió vacía. Cansada. Pérdida. Como si hubiera despertado dentro de una vida que no terminaba de reconocer como propia.
Y entonces, sin saber por qué, sin que lo llamara, un nombre apareció en su cabeza.
“Manuel.”
No vio su rostro. No escuchó su voz. Solo el nombre. Y con él, una presión en el pecho, una sensación difícil de explicar, una mezcla de angustia, algo parecido a culpa y una desesperación que no le cabía en el cuerpo, que se extendía por toda su piel, dejando de lado cualquier dolor que sintiera ella en ese momento, un simple nombre, un simple pensamiento, hizo que toda la incomodidad que sentía pasara a segundo plano.