Chapter 1: "El zumbido detrás del silencio"
Capítulo 1
El zumbido detrás del silencio
“El silencio es el único sonido que no debería doler.”
El nivel 4 solía ser silencioso. Ese tipo de silencio espeso que hace eco en los huesos, que parece observarte desde cada rincón. Las luces del techo parpadeaban sin ritmo, como si el lugar respirara a través de la electricidad. Era un espacio infinito de oficinas abandonadas, donde los escritorios estaban cubiertos de polvo y las paredes parecían sudar humedad. Y en medio de todo eso estaba Blaze. Su piel totalmente negra reflejaba los destellos de las lámparas. Ella era la reina de aquella dimensión, la encargada de recibir las almas que llegaban desde la tierra. Miles pasaban por ahí, sin rumbo, sin emociones, buscando respuestas. Blaze las guiaba, su trabajo era eterno, y ella… ya estaba cansada. Todo era rutina… Hasta.
Mientras observaba un reflejo borroso en una ventana, su reflejo escuchó algo. Un susurro.
—…Blaze…
Giró la cabeza lentamente, sus ojos completamente negros reflejando las luces del techo. No había nadie. Solo el zumbido de la electricidad y el tic-tac inexistente de relojes que ya no funcionaban.
Ahora continúo con la siguiente imagen, la que empieza con:
“Almas rezagadas”, pensó. “A veces no saben callar.”
Siguió caminando. El eco de sus pasos se confundía con el de otros pasos invisibles. Esto era normal; los Backrooms siempre habían sido así. Hasta que la voz volvió. Más clara. Más… dentro.
—¿Por qué sigues aquí?
Blaze se detuvo. No era una voz del pasillo. Era una voz en su cabeza, o al menos eso pensaba.
—Bonito truco —dijo en voz baja—. Si hay alguien tratando de jugar conmigo no funcionará.
El silencio volvió a cubrir todo. Solo se oía el zumbido de las lámparas viejas. Esto dejó a Blaze algo confundida.
Durante las siguientes horas volvió a oír un murmullo, era molesto, era como si alguien respirara justo detrás de sus pensamientos. Intentó ignorarlo y seguir en su rutina: guiar almas, revisar expedientes, atender las llamadas y mantener la estabilidad del nivel.
Pero a cada instante, el mismo susurro aparecía, ahora acompañado de un llanto, de risas, hablando palabras que no podía entender. Una voz mientras elegía el destino de una nueva alma, escuchó claramente una frase:
—No eres la original.
El alma frente a ella la miró confundida cuando Blaze se congeló. Su cuerpo se tensó, su mirada se endureció.
—¿Qué dijiste? —preguntó Blaze.
—¿Yo? Nada… —balbuceó el alma—. Solo quiero saber a dónde iré.
Blaze no respondió. Solo la envió a donde pertenecía, pero esa frase quedó flotando en su mente.
No eres la original.
Las luces parpadearon una vez más. El zumbido volvió a llenar el aire, como si nada hubiera pasado. Pero Blaze no podía ignorarlo ya. Había algo ahí.
Intentó continuar su rutina, pero la voz la acompañaba en cada paso. A veces era apenas un murmullo, una palabra sin forma. Otras veces oía llantos o gritos.
—¿Por qué lo haces? —le preguntó una vez la voz, mientras ella revisaba el expediente de un alma.
Blaze no respondió. Ya había aprendido que, si respondía, la voz se hacía más fuerte. Pero eso no sirvió.
—¿Por qué las recibes? —repitió, ahora más cerca, dentro de su oído—. ¿Qué ganas tú si todas terminan igual?
El aire alrededor de Blaze se volvió denso. Los tubos del techo chispearon, dejando caer chispas al suelo. Ella respiró profundo, controlándose.
—Mi deber no requiere propósito. Solo resultado —dijo, firme.
Silencio. Por un instante creyó haberla callado, hasta que sintió algo: una presión en su pecho, como si la miraran desde adentro.
—Eso no es verdad —susurró la voz—. ¿Tú también fuiste un alma? .
Blaze se quedó completamente quieta. El ambiente se congeló, literalmente. Eso no es cierto, pensó. Ella había existido desde el principio. Era parte del sistema.
Un pilar más en el equilibrio entre dimensiones. Nunca había sido humana. ¿Verdad?
Se llevó una mano a la cabeza, intentando limpiar su mente. Pero el contacto no ayudó; al contrario, la voz resonó más clara, más sólida.
—¿Recuerdas? El aire, el dolor, el sufrimiento.
Blaze cerró los ojos con fuerza. Imágenes empezaron a aparecer en su cabeza, totalmente borrosas; un campo al parecer lleno de flores, sangre, llanto, todo era tan confuso. Abrió los ojos de golpe. No, no era ella. Sus ojos brillaron de rabia.
—No juegues conmigo —su voz salió grave, mezclada con un tono masculino.
Por un momento todo fue oscuridad. Solo la respiración de Blaze, pesada, irregular. Había silencio. Ella caminó unos pasos, intentando ignorar el temblor leve de sus manos. No era miedo, era algo parecido, y no le gustaba.
Mientras avanzaba, se dio cuenta de algo: había un pasillo nuevo. Una hilera de flores rojas iguales, marchitas y llenas de sangre. Al final de aquel pasillo había una oficina. La puerta decía: “Oficina 404”.
La puerta estaba entreabierta, y desde dentro se oía el sonido de teclas. Alguien escribía. Empujó lentamente. Adentro, una figura estaba sentada frente a un monitor encendido; aunque el nivel no tenía energía. Era una silueta negra con un manto y una capucha. No lograba ver su rostro.
—Blaze —se acercó lentamente, ahí miró su propio rostro reflejado en la pantalla del monitor. Pero no era ella. Era una mujer parecida a ella, cabello rubio, ojos azules, facciones delicadas. Los dedos de la figura se movían rápido sobre el teclado. Escribía algo una y otra vez en un documento sin título. Blaze se acercó despacio. Las letras eran borrosas, pero podía leer una frase repetida infinitas veces: “NO ERES LA ORIGINAL”.
La figura detuvo sus dedos. Luego, muy lentamente, giró la cabeza hacia ella. Sus ojos azules, llenos de lágrimas, se encontraron con los de Blaze. Había algo en esa mirada… algo familiar.
—Tarde o temprano recordarás —dijo—. Blaze no respondió, solo la observó, totalmente confundida.