Escalofrío

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Sinopsis

Solara firmó el contrato para salvar a su padre. Pero, ¿fue meterse con la Bratva la mejor decisión que pudo tomar? Porque, de repente, se encuentra en medio de una guerra entre dos hombres poderosos que creen que ella les pertenece. Uno por contrato. El otro por destino.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
A. Duncan
Estado:
Completado
Capítulos:
40
Rating
5.0 14 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Sueño con la oscuridad. Con el vacío que me rodea y sin tener a dónde ir. Porque a donde sea que vaya, él me sigue. Siento hojas secas bajo mis pies y mi respiración es un jadeo. Alguien me persigue, pero no sé quién es ni qué quiere de mí.

Al girar la cabeza y mirar hacia atrás, veo sus ojos. Ojos dorados que brillan en la oscuridad. Me sigue el ritmo. El pánico se apodera de mí y me adentro más en lo salvaje. Sola, desesperada por alguien que me salve. Lo último que veo antes de despertar es una mano grande. Una con dedos largos y un agarre firme. Es esa mano la que se extiende y me agarra por la nuca.

Siempre despierto con un sudor frío. Inquieta y sintiendo que estoy en un juego cuyas reglas desconozco. Nunca me dijeron cómo jugar. Es una sensación de angustia. El cansancio profundo de todo lo que parece seguir abalanzándose sobre ti.

Y la certeza absoluta de saber que todo lo que haces no es suficiente. Me hace preguntarme cuál es mi propósito. Cuál es mi objetivo en la vida, porque tiene que haber algo mejor que trabajar en este antro de mala muerte.

Agarro el teléfono cuando empieza a vibrar y hago una mueca. Sé que tengo que contestar, pero no quiero. Sé lo que quieren. Lo mismo que todo el mundo. Lo único de lo que no tengo suficiente.

Dinero.

—¿Hola? —contesto.

—Ha estado ignorando mis llamadas, Sra. Rains. La cuenta de su padre está vencida. El último pago se hizo hace más de dos meses —escucho su voz sarcástica al otro lado de la línea.

—Sí, lo sé. He estado trabajando para conseguir el dinero. Deme hasta finales de la próxima semana y podré hacer un pago —le digo.

—Entienda que hago esto como un favor. Necesitamos al menos el monto vencido. Si no se paga por completo, su padre tendrá que buscar otro alojamiento —me dice, como si realmente me estuviera haciendo un favor y no acosándome tres veces al día por dinero.

—Lo entiendo. Gracias.

Me tomo un momento para sentirme abrumada y tener lástima de mí misma, luego lo guardo bajo llave. Meto el teléfono en mi delantal, me limpio las lágrimas frescas de la cara y vuelvo al mundo de los vivos. El descanso del almuerzo ha terminado.

El chirrido de mis tenis gastados sobre el suelo recién encerado es lo único en lo que me concentro en medio del murmullo de conversaciones a mi alrededor. No respondo a los chasquidos de dedos. Y mi servicio no mejora solo porque te pongas pesado.

Yo trato a la gente como me tratan. Tú decides cómo voy a actuar.

¿Tengo mala actitud? Tal vez, pero he trabajado en este agujero lo suficiente como para saber que sonreír y mover el culo no me consigue más propinas. Es un restaurante cerca de la universidad. La mayoría de los estudiantes ya vienen borrachos cuando entran aquí.

Esta noche, el lugar está lleno de universitarios maleducados y adinerados. Ya sabes cuáles son. Salen de fiesta y gastan el dinero que sus padres les envían constantemente. Pero nunca aprenden nada, ni una mierda. Sobre todo, no tienen modales. Parecen deportistas. De esos que creen que son el regalo de Dios para las mujeres.

—¡Oye, sexy! ¿Me das más refresco? —grita el idiota número tres.

¿Sexy?

—Claro —murmuro.

—Ya que estás, dame tu número de teléfono también. Parece que te vendría bien un buen polvo. Apuesto a que hace tiempo que esas piernas no se abren para una buena polla —se ríe.

Me tenso, pero no por lo que acaba de decir el niñato. Es el calor que ahora me rodea desde atrás. El aura oscura que puedo sentir como algo vivo y palpitante. Prácticamente me está asfixiando.

—¿Es así como siempre le hablas a las mujeres hermosas? Además, si quiere un buen polvo, como tú dices, solo me necesita a mí. No a un crío que presume de tener tremenda polla pero que no tiene nada más que el dinero de papá para respaldarse.

Me doy la vuelta y encuentro al hombre dueño de esa voz. Mis ojos se abren de par en par ante lo que veo, y no soy la única. Estos universitarios tampoco han dicho ni una palabra. Todo el mundo sabe que no hay que contradecir a alguien de la Bratva, y este se llama Darin Acosta.

Es una pesadilla en potencia, pero todo el mundo sabe que es capaz de matar por mucho menos que hablarle mal a una mujer. Levanta una ceja y se vuelve hacia mí.

—Ya terminaron por hoy. Necesito hablar contigo —me dice.

No discuto y asiento. Él mira hacia la mesa, y de repente todos empiezan a buscar sus carteras desesperados, dejando todo el dinero que tienen sobre la mesa. Salen corriendo por la puerta antes de que pueda darles sus cuentas. Limpio la mesa y camino hacia el mostrador para cobrar sus pedidos.

—¿Fue suficiente? —pregunta este hombre.

—Perdón, ¿qué?

—El dinero. ¿Dejaron suficiente? —repite.

—Oh, sí. Fue suficiente para cubrir todo —le digo.

—¿Y qué hay de tu propina? —insiste.

Después de pagar la comida, no quedó mucho. No es que esperara nada. Sé que necesito encontrar otro trabajo, pero este me permite hacer turnos extra cuando lo necesito y está cerca de mi padre. Además, el autobús para justo enfrente. No querrías estar caminando sola en esta ciudad.

—Eran un par de dólares —le digo finalmente sin mirar arriba. Pero por el rabillo del ojo vi cómo metía la mano en su bolsillo y ponía un billete de cien impecable sobre el mostrador. Niego con la cabeza y finalmente miro al hombre, tan atractivo como peligroso.

—No puedo aceptar esto.

—Puedes y lo harás. Digamos que es el pago por tu tiempo. Tengo una propuesta para ti.