El Error del Mundo

Sinopsis

Slander despierta en un mundo extraño, una vida que no pidió y un cuerpo que no le pertenece. Sin maná aparente, bajo el cuidado de Roberth y Katy, aprende a sobrevivir en una cabaña aislada mientras descubre que la magia del mundo parece ignorarlo. Su padre adoptivo, un guerrero retirado, le enseña disciplina, resistencia y la esencia de la lucha, preparando su cuerpo y mente para peligros que el niño aún no comprende. Entre entrenamientos, hechizos “pollito” y la cotidianeidad de un pueblo pequeño, Slander experimenta por primera vez la camaradería, la alegría y el miedo. Pero la paz es efímera: criaturas desconocidas y bandidos amenazan su hogar, poniendo a prueba cada lección aprendida. En un mundo donde la fuerza, la concentración y la paciencia son más valiosas que la magia, Slander comienza a forjar su camino. Entre el peligro y la supervivencia, comprenderá que la vida es tanto un regalo como un castigo, y que cada decisión marcará su destino.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Roberth Almeyda
Estado:
En proceso
Capítulos:
30
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

No recuerdo haber querido morir

No recuerdo haber querido morir.

Eso fue lo primero que pensé cuando desperté.

El aire entró en mis pulmones de golpe, violento, como si alguien me hubiera arrancado de la muerte a la fuerza. Tosí. O intenté hacerlo. Mi cuerpo no respondió como esperaba. Sentí frío. Un frío antinatural, distinto al de una habitación o un hospital.

Intenté moverme. No pude.

Intenté hablar. De mi garganta salió un sonido débil, roto… un llanto.

—Está respirando —dijo una voz.

—Es muy pequeño… —respondió otra.

Abrí los ojos. Todo era borroso. Sombras enormes se movían sobre mí. La luz me atravesó como cuchillas. El mundo era demasiado grande… y yo, demasiado pequeño.

¿Qué… qué está pasando?

No estaba muerto. Eso lo sabía.

El último recuerdo seguía ahí, intacto, clavado en mi mente: una casa vacía, botellas tiradas, habitaciones silenciosas, una decisión tomada sin lágrimas. Después… nada.

—No siento casi maná —murmuró alguien—. Tal vez no dure mucho.

Maná.

No sabía qué significaba esa palabra, nunca la había escuchado antes. Pero al oírla, algo en mi pecho se retorció. Como si faltara algo. Como si hubiera nacido incompleto.

Quise negar con la cabeza. Quise decir que no importaba. Quise decir que ya había vivido suficiente. Pero solo pude llorar. Mis manos eran pequeñas. Mis brazos no respondían. Mi cuerpo no me pertenecía.

—Tranquilo… —susurró una voz femenina, cansada pero firme—. Está vivo. Eso es lo importante.

Sentí que me envolvían en tela áspera. No era suave, pero era cálida.

El latido que escuché no era el mío.

No entendía dónde estaba.

No entendía quién era ahora.

Pero entendí algo con claridad cruel:

No me habían dado esta vida como un regalo. Me la habían impuesto.

Esa noche, mientras el llanto se apagaba poco a poco, sentí algo por primera vez.

No era maná. No era magia. Era una mirada. Algo observándome desde muy lejos. Algo que no debería notar un recién nacido.

Y en lo profundo de mi mente, una certeza nació sin palabras:

Este mundo había cometido un error conmigo.