Prólogo
Su abuela se acerca a ella con una mirada cansada luego de poner un poco de chocolate recién servido sobre la mesa.
—Antonella, recuerda soplar antes de beberlo o te quemaras.
La niña de unos ocho años de edad mira a su abuela antes de asentir con entusiasmo haciendo que su pelo casi termine dentro del liquido caliente dentro de una taza blanca, sin embargo, Antonella no se toma en serio la advertencia de su abuela creyendo que está exagerando. Su abuela se ríe, una sonrisa pesada que demuestra sus años mostrando más arrugas alrededor de sus labios.
—Te advertí que estaba caliente, mi niña.—Como si la abuela de la chica hubiera anticipado que esto pasaría le acercó rápidamente un vaso con agua fría que la niña bebía como si su vida dependiera de ello e incluso se atragantó un poco con el agua,—¿Te sientes mejor?
La niña asintió esta vez más despacio prestando mayor atención a las palabras de su abuela, así que está vez antes de beber sopló hasta que se sintió segura y tomó solo un sorbo de su bebida que estaba parcialmente caliente.
—¿Cuándo me enseñaras tu ingrediente secreto? Jamás he probado otro chocolate igual que el tuyo, abuela.
Su nieta miraba la taza como si esta mágicamente le susurrara cual era el ingrediente que hacía que su sabor fuera único, casi mágico, luego la olió cerrando sus ojos tratando de imaginar como su abuela preparaba con tanto esmero algo que parecía tan simple.
—Aún no estás lista para saberlo,—su abuela se sentó a su lado acariciando su mejilla con suavidad, la niña la mira y antes de que pudiera decir algo más la mujer mayor volvió a hablar con una sonrisa enorme y cariñosa.—¡Ni siquiera alcanzas la estantería!
Eso pareció ofender a Antonella un momento, pero la sonrisa que irradiaba su abuela hizo que ella se contagiara y ambas sonrieron.
—No me parece justo.—La niña se cruza de brazos reprimiendo su sonrisa con todas sus fuerzas pero no es suficiente, aún hay rastro de ella allí mientras alegaba como cualquier niño pequeño,—Llevas diciéndome eso desde siempre ¿Cuándo estaré lista?
Aunque ligeramente molesta con su abuela, ella vuelve a dar otro sorbo a su chocolate no tan caliente. Su abuela la mira con amor, la entendía, claro que sí, pero le parecía aún más tierno el puchero que su única nieta tenía en su rostro.
—Nella—su abuela susurra el tono cariñoso que esta le había puesto cuando comenzó a vivir por ella cuatro años atrás, desde la primera vez que observó la gigante casa con compañía de su abuela, como la consoló varias noches cuando las pesadillas consumían sus sueños varias noches asustando a la niña por completo—Te prometo que te lo voy a decir en algún momento, no te preocupes mi cielo.
Esas palabras lograron convencer al joven y tierno corazón de Antonella, así que asintió y bebió lo que le quedaba de ese chocolate que parecía un manjar de dioses. Luego la niña se bajó de la silla tomando la mano arrugada y delicada de su abuela.
—¿Podemos ir a la azotea y ver como danzan el Sol y la Luna con la Tierra?
Su abuela asiente y toma el bastón con el que se apoya para poder caminar, la pequeña va lentamente a su lado sin apurar a su abuela aunque sabe que podrían perderse la danza que tanto quiere ver en la azotea. Paso a paso la mujer y la niña lograron llegar a tiempo para ver el movimiento de las nubes, los tonos cálidos volverse más fríos poco a poco.
—¿Podrías volverme a contar la historia de nuevo, abuela?
Los ojos de la pequeña se iluminaron, esta no era la primera vez que oía esa historia que su abuela se había inventado. La abuela asintió y miró el cambio de tono del cielo, como la noche se hacía más cálida, como los autos prendían sus luces y los edificios se iluminaban.
—En un lugar fuera de la comprensión humana, el dueño del Sol, un hombre hermoso de mirada cálida de corazón compasivo iba con una invitación a una fiesta donde también se iba a encontrar el hombre que mueve la Luna, un hombre con expresiones más duras y tan atractivo como el dueño del Sol, este hombre representa la frialdad, la arrogancia con una mezcla de lo que se siente cuando llega el poder a nuestra vida.— La niña mira a su abuela con atención mientras arropa a ambas en una cobija acogedora, la anciana acaricia suavemente la cabeza mientras continua.—En aquella fiesta se tenía planeado presentar a un nuevo integrante, la dama de la Tierra, era una sorpresa que tenía el rey Universal, pues hace mucho no llegaba alguien nuevo entre ellos. El rey Universal hizo que las estrellas se juntaran en la negrura del universo, pidió al dueño de el Sol la Luna que acomodaran estos dos de modo que estuvieran lado a lado, el Sol brillaba con intensidad solo por gusto, pero la Luna robaba su brillo tratando de opacarlo con lo comodo que era su tenue luz. Mientras la fiesta avanzaba, el rey Universal llamó la atención y pidió a el señor de Saturno bajar su anillo para presentar a la dama de la Tierra, cuando la dama bajó iba en un vestido azul con un intrincado de esmeraldas que brillaban por la luz del Sol. El primero en presentarse fue el dueño del Sol, atraído por la calma y elegancia que residía en la dama, el segundo en presentarse, celoso, fue el dueño de la Luna el cual se llevó la sorpresa de que su helado muro se agrietó bajo la presencia de ella. Así fue como comenzó el baile final antes de que cada uno tuviera que volver a su lugar en el plano universal, la dama primero bailó con el dueño de el Sol, la llenó de halagos, palabras dulces y promesas de amor eterno, por otro lado, el dueño de la Luna, le propuso que jamás permitiría que alguien le hiciera daño, que no la haría llorar con mentiras y que la trataría con veneración, incluso le daría la Luna. La dama cambió de pareja tantas veces que a lo ultimo siempre terminaba bailando con los dos, no quería rechazar a ninguno y siempre les pedía que le dejaran bailar otra ronda para pensarlo. El rey Universal al verlo, sabría que si ella aceptaba a uno rompería el equilibrio que mantenían estos dos así que hizo que su baile sea eterno.
—¿Por eso es que siempre anochece y amanece?
La abuela sonrío como respuesta y eso fue suficiente para la niña.
A la mañana siguiente Antonella despertó por el ruido que había fuera de su habitación y el sonido de una ambulancia en la calle, cuando ella salió, el reloj favorito de su abuela se había detenido y ya no sonaba ese tic-tac que la asustaba por las noches, alguien la agarró de la mano impidiendo que se acerque. Ella no lo entendía aún, la mujer que la tomó de la mano le aterraba y le decía que se fueran, que ella era su madre, que su abuela se había ido. La niña se negaba a creerlo, su abuela jamás le rompía una promesa, su abuela le prometió que le enseñaría a hacer ese chocolate que tanto le gustaba, ella lo prometió ¿Verdad?