Chapter 1
Soy una chica común y corriente de 22 años, supuestamente en la etapa más “feliz” de la vida, donde se supone que debes aprovechar al máximo tu juventud: fiestas, viajes, amigos…
¡POR FAVOR!
Basta de esos clichés.
Cuando tienes padres estrictos, esa frase se va directo a la basura, incluso si ya eres mayor de edad. En mi caso era todo lo contrario: ni fiestas, ni salidas, ni libertad.
Pero entonces, mi vida dio un giro de 350 grados… sí, no 360. Porque aunque regresé casi al mismo lugar, algo cambió para siempre. Y fue una completa locura.
—¡¡LUCÍA!! ¡Levanta tu trasero y baja a desayunar, que se te va a hacer tarde para ir a estudiar! ¡Y después no quiero quejas! —gritó mi mamá.
—¡AHHH! ¿A quién le importan las quejas? ¡Déjenme dormir cinco minutos más, no les cuesta nada! ¡Apenas son las 5:30 a.m.! ¡No me jodan! Yo entro a estudiar a las 8:00…
Me volví a acostar. Pasaron unos cinco minutos y escuché pasos subiendo las escaleras. Me levanté de golpe.
—¡YA VOY, MAMÁ! —grité desde mi cuarto.
Escuché cómo los pasos se alejaban de nuevo hacia el comedor. Ufff… eso estuvo cerca.
Me estiré como de costumbre.
—¿Por qué los fines de semana duran tan poco? —murmuré mientras salía de mi cuarto.
AHHH, joder, qué sueño tengo todavía, pero este cuerpo necesita ejercicio. ¡Me lo merezco! Quiero seguir luciendo estas curvas poderosas.
Me probé un conjunto.
Wow… definitivamente me veo hermosa.
Bajé a desayunar y me di cuenta de que había alguien en la sala. Efectivamente, era mi padre, desayunando —bueno, si tomar una taza grande de café cuenta como desayuno—. —Buenos días, hija —dijo él, sentado en su sillón con su taza de café amargo y su libro favorito.