Las manchas en la luna

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Sinopsis

Kyda junto a su hermana gemela se ven obligadas a dejar su lugar de origen debido al racismo y tras perder a sus padres. Se dirigen a la gran ciudad sin saber los desafíos que las esperan allá. Una historia con muchos mensajes y desgarradora.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
CAMILA M. RUIZ
Estado:
En proceso
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

CAPÍTULO 1

PRÓLOGO

Mamá solía decir que las manchas en la luna eran las personas fallecidas, cuidando a su familia desde el cielo. Al inicio yo pensaba que nos estaba mintiendo, pero a Tikvah, que estaba demasiado triste desde la muerte de nuestro padre, le resultó algo maravilloso, así que me tragué mis palabras y la dejé ser feliz.

En realidad yo no era muy cercana a mi papá, quien veía una sombra en mi tan grande que le dificultaba siquiera verme a los ojos. Siempre pensé que simplemente no me quería, que era un defecto mío y nada más, pero ahora, mientras guardo nuestras cosas, me pregunto si en realidad tenía más que ver con él de lo que pensaba, me pregunto si esa sombra enorme que nos distanciaba era, en realidad, un reflejo de lo que él mismo era. Siempre en contra de lo injusto, siempre luchando por una vida mejor.

Yo sé bien que hacía todo por nosotras, pero cuando vi lo devastada que estaba Tikvah no pude evitar preguntarme si en realidad valía la pena lo que había hecho, si a él no le importó en algún momento la posibilidad de no regresar a casa con nosotras uno de esos días en lo que salía a protestar junto con otras personas.

La verdad es que sí regresó, pero cuando tocaron la puerta hace cinco años, yo esperaba que regresara papá con esa actitud empedernida, planeando la siguiente manifestación.

Nunca pensé que llegaría en una caja.


CAPÍTULO 1

Mamá solía decir que las manchas en la luna eran las personas fallecidas, cuidando a su familia desde el cielo.

En el momento en el que ella murió deseé con todas mis fuerzas que eso fuera cierto, que ella tuviera razón y ahora fuera parte de la luna, y no de la fosa común en la que fue arrojada.

El día siguiente lloré con Tikvah hasta que nos quedamos dormidas y, cuando nos despertamos al día siguiente con dolor de cabeza y los ojos hinchados, ella siguió llorando hasta que tuvimos que salir a encontrar algo para comer. Ella iba al centro de la aldea, porque ella es la gemela que desde el primer día se ganó a todos con su sonrisa deslumbrante y su actitud amable. Yo fui al bosque a cazar, pues a mi no se me daba igual de bien que a ella socializar. Desde ese día comenzamos a cenar en el patio, porque aunque teníamos un comedor precioso, ambas coincidimos en que no queríamos que nuestra madre comiera sola y, además, nosotras no sabíamos lo que era vivir sin ella.

Esa se convirtió en nuestra rutina, yo iba al bosque a cazar, usábamos la carne para comer y luego ella iba a vender las pieles.

Dejé de ir a la escuela luego de una semana así, porque era tan mala cazando que era tremendamente difícil encontrar algo, más aún, lograr capturarlo.

No vivíamos de la mejor manera, pero era mejor que otras cosas. Por eso, cuando el gobierno en la aldea comenzó a ¨limpiarla¨ de las personas que no eran lo suficientemente puras para ellos, decidimos que no podíamos quedarnos ahí, porque somos parte de los que deben ser exterminados, porque nuestra piel morena y nuestro cabello rizado no es bien visto a sus ojos.

Al inicio no queríamos hacerlo, pero sabíamos que si nos quedábamos no nos iría bien, así que guardamos nuestras cosas, metimos nuestra vida entera en dos mochilas y nos fuimos hacia el bosque con un grupo de otras treinta personas. La mayoría nos conocíamos de la escuela, pero todos compartíamos un solo error en común: éramos diferentes a ellos.