Prólogo
Si me hubieran dicho que Matteo se convertiría en alguien importante para mí, me habría reído en su cara. Sobre todo con la primera impresión que dejó.
Luego, cambió de actitud y empezó a estar con mis amigos. Al principio me daba igual, pero después me acostumbré a él.
Me acostumbré a sus malos chistes, que para molestarme solía tocarme el cabello cuando él sabía muy bien que no me gustaba, a pelear los dos solo para saber quién era el mejor en cualquier cosa, a sentir su mirada sobre mí a cada momento.
Y sin darme cuenta, me empezó a importar demasiado.
Él quería ser mi amigo. Insistió tanto que terminé aceptando. Pero dejamos claro que solo sería eso: una amistad.
Lo que no estaba en mis planes era que yo empezara a sentir algo más. Admitirlo para mí era una cosa, pero no podía decirle nada ¿y si él no sentía lo mismo? ¿Y si me rechazaba? O ¿si sentía lo mismo?
Sin importar que, no estaba lista para averiguarlo.