Alma Pura

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Sinopsis

Finn Crowshaper, un comerciante de almas joven que ha sido reclutado para ser parte del escuadrón de agentes de almas de élite, deberá de enfrentarse con tan solo quince años de edad, a problemas sociales, de corrupción e incluso, muertes fatales. ¿Tendrá un alma pura, o una impura?

Genero:
Fantasy
Autor/a:
S.IB ADRIÁN
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Un Alma Pura

Era una mañana cualquiera en las afueras de Airglok, Finn estaba agotado.

Finn se levantó de la polvorienta cama, miró a su alrededor, algo desorientado debido a que su sueño no había sido nada confortable. Caminó hacia la pequeña cocina, la encendió con un encendedor debido a la falta de gas en la pequeña y anticuada choza, entonces, justo cuando había terminado de cocinar, alguien tocó la puerta.

—¡Enseguida voy! —exclamó el comerciante. Puso los huevos fritos en un plato y se dirigió a abrir la puerta.

—¿Sí? —dijo, mientras se frotaba los ojos.

Un anciano, viejo, demacrado con los ojos llenos de legañas y ojeras, llevaba un atuendo lila claro y una pequeña gorra del mismo color con la letra A. En su hombro, colgaba una pequeña bolsa postal de cuero.

—¿Usted es Finn Crowshaper? —preguntó el anciano, sin mirar a Finn debido a que buscaba algo en su bolsa.

Finn asintió.

—Tengo esto para usted... —comentó el anciano, extendiendo la mano sosteniendo una carta—. Viene de la capital, supongo que debe ser importante señor Crowshaper.

Finn agradeció y el anciano se retiró.

El muchacho entró de nuevo a la choza, desenvolvió la carta cautelosamente, un pequeño detalle es que la carta no presentaba ningún texto ni presentación.

El chico leyó la carta:

“Buen día, señor Crowshaper. Si este mensaje ha sido recibido por usted significa que usted está cordialmente invitado a la conferencia de comerciantes de almas más influyentes, incluyendo el mercado nacional de almas y transporte asignado con su propio chófer, que enseguida estará en su hogar. Atentamente: Comité Nacional de Comerciantes de Almas.”

Finn miró la carta por unos segundos más, confundido y desconcertado, de hecho, para Finn, que lo invitaran a algo era lo suficientemente inusual como para considerarlo un evento global; siempre había tenido mala fama por acusaciones sobre estafa, en especial de su vecina, la señora Fidgerton, quien detestaba profundamente a los comerciantes de almas.

Alguien tocó la puerta, el muchacho pensó inmediatamente que era el chófer del cual hablaba la dichosa carta, se dirigió entusiasmado a abrir la puerta.

Pero en vez del chófer que lo llevaría al que sería, tal vez, al evento más importante de su vida, se encontró con una anciana con rostro arrugado, piel pálida, ojos de color miel y pelo blanco, llevaba una bata púrpura, zapatillas negras y anteojos cuadrados.

—Oh... —suspiró Finn decepcionado por la irritante visita—. Hola señora Fidgerton.

La anciana lo miró con disgusto.

—El cartero me contó sobre tu... viaje —comentó, mirando fijamente a su vecino.

Finn asintió, algo confundido.

—¿Piensas quedarte en la capital, Crowshaper? —dijo Fidgerton.

—Supongo que algunos días, no lo sé. Lo que dure el evento, es el comité, tengo que ir.

La anciana asintió fingidamente.

—Bueno, excelente... —dijo—. Así tendré algunos días para relajarme y, espero que te quedes lo suficiente allá.

—Sí claro, como diga... —murmuró el muchacho irritado.

Fidgerton rodó los ojos.

—Ajá, lo que digas... —chilló la vecina.

Y no dijo nada más, se retiró con un paso turbulento y prepotente, aunque era más fácil que invitaran a Finn a algo importante como lo era este grandioso y prestigioso evento, que hacer que la señora Fidgerton, que era de la más alta sociedad (según sus propias palabras), dejará su lado prepotente y se volviera amable.

Era un lugar pequeño, donde tenían que compartir un joven comerciante de almas y una anciana malhumorada y las familias, Fidgerton y Crowshaper, jamás habían tenido lazos de amistad ni de alianza. Pero cuando la familia de la anciana decidió construir la gigantesca mansión Fidgerton justo al costado de la pequeña choza de la madre de Finn, hace aproximadamente veintitrés años, fueron obligados a crearlos, pero la señora Fidgerton lo hacía bastante difícil.

Finn empacó sus pertenencias en una pequeña mochila plateada de tela rasposa, se la colocó en los hombros y en la espalda y salió de la choza. Esperó aproximadamente de pie durante tres minutos, hasta que finalmente, un carruaje, con cuatro caballos blancos jalando del mismo, recorrió el camino para luego, detenerse enfrente del muchacho.

—Disculpe, ¿usted es el señor Finn Crowshaper? —preguntó un hombre montado en el carruaje.

Llevaba un traje elegante, sombrero de copa y bigote castaño junto a su pelo.

Finn asintió y el hombre le indicó que subiera al carruaje, el muchacho obedeció y subió en los asientos traseros.

—Bien señor Crowshaper... —dijo con voz gruesa el conductor del carruaje—. Antes de continuar... creo que aún no sabe el porqué está aquí.

Finn escuchó atentamente, aunque sus pensamientos estaban más ocupados en saber a dónde iban.

—El comité nacional de comerciantes de almas, también conocido como CNCA —explicó, con un tono elocuente—. Ha llamado a cuatro comerciantes de almas, uno de esos cuatro, es usted, señor Crowshaper. Lo que significa que... —hizo una pausa dramática—. Usted ha sido seleccionado para volverse parte del escuadrón A-1.

—¿A-1? —cuestionó el muchacho desde el asiento trasero, con un tono confundido.

Finn había escuchado cosas sobre el CNCA, pero jamás de algo como un escuadrón.

—Lo siento señor Crowshaper... pero es toda la información que le puedo proporcionar hasta ahora —dijo, sosteniendo con firmeza las riendas de los caballos—. En algunos minutos estaremos en la capital, no se preocupe, mejor admire el hermoso paisaje del que se está perdiendo.

Finn miró a su alrededor: árboles, aves silbando, flores, plantas y césped. Pero entonces, todo se volvió negro, estaban en un túnel, uno bastante grande, ya que no bastó el minuto que usualmente duran los túneles en Airglok. Tras salir del mismo, se encontró con una cascada, no una normal, era gigantesca, el sonido del agua fluyendo parecía angelical y mágico.

Desde arriba, se lograba ver una estatua de piedra. Aunque Finn no podía diferenciar qué era debido a la altura, tenía una forma humanoide. Árboles rodeaban la majestuosa cascada; animales como ardillas, ranas, sapos y aves.

—Guau... —suspiró boquiabierto Finn—. ¿Qué es esto?

El cochero miró la majestuosa y hermosa cascada. Finn jamás había visto un lugar tan hermoso; lo más increíble que había vivido y visto, era que la señora Fidgerton le regalara algo el día de su cumpleaños, aunque fue un suéter con la palabra: “Fidgerton”.

Fue lo suficientemente bueno como para que pareciera que estuviese en un sueño, sin embargo, la cascada era la cosa más preciosa y hermosa que había visto en su vida, aunque tan solo tenía quince años, ya era suficiente para él.

—Oh... —murmuró el cochero, mirando fijamente la gigantesca e imponente cascada—. Es la cascada de Northvalley, un famoso héroe de Airglok, ¿jamás la habías visto...?

—No... es hermosa —respondió el chico desde atrás.

—Lo sé... —el conductor carraspeó—. Bueno, ¿sabes? No me gustaría que un desconocido te llevara a un lugar al que ni siquiera sabes a cuál, así que... soy Thomas Hall, tu cochero que te llevará a la capital; tenía instrucciones sobre no decir mi nombre hasta este momento.

—Oh... un placer, señor Hall.

Thomas le lanzó una mirada de aprobación a Finn y siguió conduciendo el carruaje.

Pasó una hora, o eso era lo que Finn creía ya que él había perdido la noción del tiempo después de ver esa increíble cascada, y el carruaje aceleró, o más bien, los caballos. Había un gran arco plateado, con la inscripción: “¡Bienvenido a Arcanthia, la capital del reino de Airglok!”

Finn lo leyó esperanzado; vio miles de construcciones, algunas altas y otras bajas, algunas viejas y algunas bastante recientes, e incluso algunas en construcción. Totalmente diferente a su choza de madera a las afueras, aunque prefería estar con Thomas en vez de con la señora Fidgerton.

El camino empedrado no significaba un gran problema para los caballos, quienes no se detenían. Hall se dio la vuelta para mirar a Finn, con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Ves? Es increíble, ¿no?

—Supongo que sí...

—La reina me comentó que, según gente que te conocía —con gente que te conoce me refiero a la señora Fidgerton —dijo, mirando como Finn rodaba los ojos—. En fin, ella comentó que odiabas salir de tu hogar, que casi nunca salías y que odiabas el terreno metropolitano y de la capital, aunque... creo que estás cambiando de opinión.

Thomas soltó una risita antes de dejar de hablar.

—Sí... —murmuró Finn, aguantando la risa—. Supongo...

Finn sintió que los imponentes edificios se le venían encima, sintió un temblor y dirigió su mirada al frente; al parecer, uno de los caballos se había tropezado con el camino empedrado.

Finalmente, el carruaje y Hall se detuvieron enfrente de un pequeño edificio de madera, con un letrero posicionado encima de dos pequeñas puertas de madera: “Los tres espíritus”

Finn leyó el letrero algo confundido y desorientado, pero cuando Thomas bajó del carruaje, Finn lo siguió, sin saber exactamente qué hacían ahí.

—Thomas... —balbuceó—. ¿Qué es este lugar?

Hall lo miró sonriente.

—Es el bar más famoso de Arcanthia, es pequeño, sí. Pero su famoso pastel espiritual, así le llaman. ¡Es fabuloso!

—¿Pastel espiritual? —cuestionó el chico, algo desorientado, mientras apresuraba el paso para alcanzar a Hall, quien estaba a punto de entrar al establecimiento—. Además... ¿por qué se llama los tres espíritus?

—Una antigua leyenda Airglokiana y de Morgania... —carraspeó y tosió con calma—. Se dice que la estatua que está en la cima de la cascada Northvalley cobrará vida con la ayuda de los tres espíritus de la mitología de Airglok: el espíritu de la naturaleza, el del amor y el de los animales. Aunque... para mi gusto, es solo una historia barata de cuentos de hadas.

Finn agachó la mirada, ya que a él, a diferencia de Thomas, le había gustado y había decidido creer en la leyenda, aunque no había tiempo para eso.

Hall empujó una de las puertas de madera y entró al edificio de madera, Finn le siguió. Estaba repleto de gente quienes bebían, comían, bailaban e incluso cantaban. Mesas por todos lados, un lugar demasiado rústico para el gusto de Finn, pero eso no importaba en Arcanthia.

—Todos vienen aquí —murmuró Thomas, mirando a su alrededor—. Te dije que era el lugar más famoso, quédate cerca de mí.

Thomas avanzó por la multitud, empujando. Finn, sin saber qué hacer, hizo lo mismo, pero tras empujar a un hombre, este lo empujó de vuelta y lo lanzó al suelo rústico de madera con un fuerte golpe.

—¡Finn! —exclamó Thomas, tomando de la mano al chico para levantarlo—. Ten más cuidado, aquí hay gente muy peligrosa y grosera.

El chico asintió, lanzando una mirada rencorosa al hombre que lo había tirado al suelo. Finalmente, ambos tomaron asiento en una larga y gruesa barra de madera, sentados en bancos altos del mismo material.

Una gran estantería con cientos de botellas de vidrio y nombres raros como “La sustancia mágica de Richard” y “Amor y alcoholismo”, nombres bastante inquietantes y raros si le preguntabas a alguien como a Finn. Un hombre con camisa de cuadros con color azul, un mostacho negro y un pequeño moño en su pecho se acercó a Hall y a Finn.

—Buen día caballeros... —comentó el hombre, con una mirada que indicaba que estaba esperando a que alguno de los dos muchachos hablara—. ¿Qué desean?

—Me puede dar... —un ligero «hmm...» salió de sus labios—. Un trago de “Amor y alcoholismo”, por favor.

—Claro que sí... ¿el chico no desea algo?

—Eh... —Thomas miró a Finn algo intrigado—. ¿Cuántos años tienes?

—Quince —respondió el muchacho algo desorientado.

Finn miró al cantinero.

—Oh... —murmuró él mismo y se dio la vuelta para seleccionar la botella con el nombre de: “Amor y alcoholismo”.

Finn ignoró la pregunta repentina de Thomas.

—Y... ¿cuándo llegaremos?

—Cuando termine de beber —comentó, mirando al cantinero preparando su trago—. Mientras, puedes ir a explorar.

—Iré al baño... —respondió el chico algo irritado con la respuesta de Hall—. ¿Dónde está?

El cantinero lo miró.

—¡Ahí...! —dijo, señalando una puerta de madera al fondo.

Finn agradeció y suspiró, listo para esquivar y empujar a las personas que fueran suficientes; pasó por la pista de baile, algo que parecía mortal y suicida debido a la gran cantidad de gente que había en la misma. Empujó, golpeó, esquivó y hasta huyó de un hombre grande que intentó golpearlo.

Finalmente, empujó la puerta y entró al sanitario. Tres cubículos y tres lavabos, con un espejo ovalado encima de los mismos.

Finn recargó sus brazos en uno de los lavabos, abrió la llave y se lavó la cara. Luego, entró a un cubículo.

Escuchó la puerta abrirse, y después, unos pasos fuertes que indicaban que eran de una persona bastante grande o ruda.

—Ya te lo dije Drew, no sé por qué me llamaron —dijo una voz grave y ronca desde el exterior—. Me encontré con Hall afuera, dijo que había recogido a un tal Finn Crowshaper, un comerciante. ¿Qué? No, no. Solo necesito llegar a la sede del CNCA —tomó aire para seguir hablando—. Ajá, como digas. Esto es un desastre.

La puerta de madera crujió de nuevo, Finn salió del cubículo cautelosamente y se aseguró de que ya no hubiera nadie; se lavó las manos con dificultad debido al pequeño chorro de agua del lavabo.

Salió del sanitario e hizo lo mismo que cuando venía; empujó, esquivó y golpeó de nuevo hasta que finalmente se encontró con Thomas, tres vasos en la barra.

—¡Thomas! —exclamó Finn—. ¿No crees que ya deberíamos irnos?

—No lo sé... ¿Qué horas son, Fred? —preguntó al cantinero, quien miró su muñeca, donde llevaba un reloj de oro.

—La una y cuarto —señaló, mirando a Thomas quien estaba desplomado en la barra.

—Entonces... —murmuró Hall—. Me dijeron que te llevará a las trece y diez, falta demasiado todavía.

Los ojos de Thomas estaban rojos. ¿Cómo era posible que tan solo con tres tragos se hubiera puesto tan ebrio?

—Thomas... —dijeron Finn y el cantinero simultáneamente—. ¡Las trece y quince son la una y cuarto!

—¿¡Qué?! —exclamó, dando un salto y poniéndose de pie—. ¡Demonios, rápido Finn, vámonos!

Thomas empujó a Finn hasta la salida, golpeando y empujando él mismo a la gente que estorbaba en el paso de ambos.

—¡Sube! —chilló, corriendo hacia el carruaje.

Finn subió al vehículo y esté avanzó con rapidez.

Tras pasar varios edificios y miles de personas, finalmente Thomas se detuvo enfrente de otro edificio, pero este era imponente; estaba justo al costado del majestuoso palacio real, con un letrero gigantesco encima de la puerta:

“Sede del CNCA (Comité Nacional de Comerciantes de Almas)“.

Paredes de cuarzo y dos puertas de vidrio polarizado. Finn bajó del carruaje junto a Thomas.

—Esta es la sede del CNCA, vamos, entra. Te esperan, seguramente eres el único que falta.

Finn miró a Hall y se acercó a una de las puertas, para después empujarla y entrar.