Dedicatoria/Prólogo
Aquellos que se esconden detrás de una máscara y esperan a alguien que los saqué de esa prisión esté libro es para ustedes.
TODO EN ESTE LIBRO ES REAL. Cada palabra dicha ha sido traspasada en cada página con toda mi pena y alma, para ti, mi curita al corazón.
En Erylume, detrás de la gran montaña Morvalis, habitan unos seres deslumbrantes que con solo mirarlos no sabes si sentir miedo por lo que te harán o admiración por lo que acabas de mirar.
Aquellos son el odio en vida para el cazador Rusk Brek quien juró en alta voz que eliminaría a todas las bestias de este maldito continente.
<<¡Las bestias vienen!>>
Gritaba el cazador Klain tocando los tres campanazos del pueblo de Erylume.
Rusk junto a su exmujer oyeron los campanazos que su cazador había tocado. Era el aviso; los crows venían en camino.
—¡Debo ir contigo!-suplicó Vanessia, deteniendo a Rusk antes de que saliera por la puerta.
—¡Que no! ¿¡Debo repetirte cada segundo que no te necesito?!
—Soy una Nithérial, Rusk. ¿Acaso lo olvidas? ¡Yo NACÍ par...
-¡Nunca te necesité para una batalla y menos te necesitaré ahora!-le gritó quitándole su mano de su brazo. A la vez, notó la expresión de Vanessia. Lo miraba con la misma decepción y tristeza que había mostrado los últimos años. Pero eso no le importaba en este momento.
—Quédate aquí—siguió—. Los niños necesitan a alguien que los reciba cuando regresen a casa.
—¿Cómo estaré segura de que habrá casa cuando ellos vuelvan?
El pelinegro frunció el ceño. ¿Ella estaba dudando de un hombre que había matado a miles de bestias?
—No puedo creer que estés dudando de lo que soy capaz después de todo.
Ella asustada por todos los gritos que se escuchaban afuera, retrocedió haciendo sonar los tablones de madera.
Su exesposo la miró con la expresión que ella más le temía; sus ojos cafés no le quitaban la mirada de encima.
Sentía que le atravesaban el cuerpo y que en cualquier momento le haría algo. Ynose equivocó, Rusk la había tomado del brazo un tanto doloroso. Sin dejarla forcejear la metió debajo de los escalones de madera.
—¿¡Qué est...
—¡Cállate! Esta casa está bajo un hechizo, ellos no te encontrarán. Quédate aquí y no salgas hasta queyoregrese.
Vanessia asintió, no quedaba de otra. A pesar de que su corazón saldría volando en cualquier momento por los temblores que estaban sucediendo.
—Ya arreglaremos lo de nosotros—habló Rusk un poco más calmado. Tomó su espada y salió de la casa sin decir algo más.
La rubia aterrada, intuía que algo no saldría bien. Colocó sus rodillas en su pecho, abrazandolas tratando de calmar la angustia que estaba sintiendo.
Rezando para que su casa no le cayera encima cuando el próximo temblor se hiciera ver.
RuskBrek
Corría tratando de mantener el equilibrio. Klain había tocado la campana otra vez. Parecía desesperado.Cuando llegó a la plaza central, estaba su ejército preparándose para la batalla.
Rociaban el líquido que Lethra les había obsequiado unos días antes. Al buscar entre todos vio a su hermano menor Zareth; reconocería ese parche en el ojo derecho siempre.
-Al fin llegas, Rusk. Las bestias no tardarán en llegar. ¡Esto es un infierno!
-El infierno lo conocerán ellos cuando se enfrenten a mí.
Zareth negó con su cabeza.-No lo sé. Algo me dice que esta vez será todo muy diferente. Además, los temblores que están sucediendo son porque han sacado al dragón.
-Cuando le corté la cabeza a ese maldito animal, la colgaré justo en la tumba de nuestro padre...
-Ni siquiera el viento se siente-hizo una pausa-. ¿Sabes algo de nuestros mellizos?
-No, pero sé que volverán.
Rusk miró atentamente tras la montaña, el cielo estaba gris. Atrás de él, su ejército rezaba para no morir en esta siguiente batalla. Él roció de inmediato el líquido rojo intenso en su filosa espada; al terminar la levantó y dirigió unas palabras a sus hombres.
-No olviden todo lo que hemos hecho por quienes amamos. ¡Esos monstruos no nos ganarán! ¡Es otra batalla ganada para nosotros!-se calló por unos segundos-, y sobre todo; No dejen que se lleven a Lethra.
Con ello, callaron. Debían escucharlos.El último sismo había cesado hace quince minutos. Había un silencio inhumano.
Hasta que el sonido de una flauta se escuchó. Era tan tibio, tan hipnotizante.Los cazadores esperaron su aparición.Un canto fascinante a lo lejos. Por suerte, llevaban años entrenados para no embobarse.
Los tambores se escucharon. De los árboles comenzaron a verse los caballos blancos con los seres blanquecinos con armadura negra sobre ellos. Sus melenas largas y sus ojos tapados con su armadura. Su aparición era tan fascinante, como si el tiempo se hubiera detenido.
Rusk iba a ordenar ya correr hacia ellos cuando el suelo se rompió; el dragón negro había salido de la tierra tras él, salpicando así a varios de sus hombres.
No pasó mucho cuando los dos ejércitos ya habían chocado. Los gritos desgarradores de ambas especies y varias cabezas que Rusk ya había cortado rodaban por el suelo.
El líquido que habían rociado en sus armas otra vez no había fallado. Era el arma mortal, mataba de dolor a las bestias por su ardor.
Atravesó a una bestia con su arma partiéndola en dos.Zareth peleaba con cinco bestias a la vez, su hermano llegó al instante.
—¡Yo me encargo de estas dos!—gritó.
Zareth mató a las otras tres de inmediato. A pesar de que casi le cortan la cabeza y el brazo. Fue hacia otras más a lo lejos.
Rusk luchó contra las otras dos, un hombre y una mujer. El “hombre” logró hacerle cortes. Su rostro estaba manchado por la sangre de Rusk. Sin embargo, cayó muerto en un instante.
—¡Jeitzneim! ¡Maldito!—espetó la otra.
—¡Demonio!
Logró hacerle cortes por todos sus brazos. Su sangre lo salpicó.
—¡Basta!
La bestia con su magia lo expulsó al muro de una casa.Ella rió cínica acercándose a él.-Tengo buenas noticias para ti, cazador.
—Deja de hablarme... No tienes ese derecho.
Ella volvió a azotarlo.
—Te encantará saber quién está de nuestro lado.
Rusk rió secamente mientras se limpiaba la sangre que había salido de su nariz.-No me interesa.
Ella volvió a reír.Él sintió escalofríos.
—¡Porque es alguien a quien le tienes apreció!—le gritó.
Él logró levantarse y cortarle un poco el cuello. No quería cortarle la cabeza, dejaría que el líquido le ardiera en su herida.
El grito agudo y desgarrador de ella llenó sus oídos. Sonrió al instante.Ella cayó de rodillas al piso tocándose su herida.
—¡AAH! ¡fiak Anagh! ¡¡ANA!!
Su sonrisa desapareció. ¿Ana? Había dicho ¿Ana? No, no podía ser ella. Ella no lo traicionaria. ¡No lo haría!
—¡¡ANA!!—volvió a gritar la bestia.Rusk le dio una patada en la cabeza. Cuando ella cayó de espaldas, Rusk tomo su espada y le atravesó el corazón.La piel blanquecina se petrificó, convirtiéndose en piedra.
Él aún permanecía sobre su cadáver con la respiración agitada.Su mente repetía una y otra vez el nombre: Ana. La melliza que había salvado cuando su hermano y ella tenían ocho años junto al río Elaris. Los crió como cazadores. Y ella. ¿¡Y ELLA HABÍA?! No. No.
Salió de sus pensamientos cuando vio que el dragón se acercaba a la torre enorme de Lethra.
Corrió lo más rápido que pudo, aún con miles de pensamientos negativos en su cabeza. Cuando la tierra volvió a temblar, perdió el equilibrio cayendo al piso. Se raspó las manos dolorosamente. Su espada se cayó de sus manos, cuando intentó agarrarla un pie sobre ella lo desconcertó.
Unos botines cafés de cuero ya gastados, al subir la mirada, la persona traía una capa roja intensa y larga. Contrastaba con todo lo gris.
Rusk la reconoció al instante; él mismo la había comprado y obsequiado.Respiró con dificultad antes de susurrar:
—Ana...¿qué estás haciendo?
La chica rió. Su rostro estaba cubierto por su capucha.
—Hago lo que prometí. Imaginé que estarías orgulloso. Cumplo mi palabra como tú la tuya..., aunque, creo que hoy será muy distinto para tí.
Su voz sonaba relajada. Cómo si lo que pasará alrededor no existiera en absoluto.
—Chica, ¿qué estás diciendo?—repitió.
-Dijiste que buscará algo que alimentará mi ambición. Algo que me ayudara a cumplir lo queyodeseo. Y eso hice—se agachó hacia él—. ¿Ahora me entiendes, Rusk?
—Quítate esa horrible cosa de la cara y muéstrate ante mí, si tan valiente te crees.
Rusk tragó saliva, esta situación lo estaba destruyendo. No quería defraudar a su pueblo. No quería que se llevarán a Lethra y mucho menos: que Ana lo humillará y se saliera con la suya.
—Bien—respondió bajándose lentamente la capucha de su cabeza. El cabello lacio anaranjado como ningún otro, se vió. Su piel blanca, sus ojos dorados y su horrible cicatriz entre su ojo derecho y su ceja.
En su mirada no había más que placer; disfrutaba de la visible desesperación de Rusk ante ella.
Rusk, sin embargo, se fijó en sus manos, estaban negras como sombra hasta sus codos. ¿Qué le habían hecho?
—Mírate, Ana. Pareces un monstruo igual a ellos. ¿No te da vergüenza?—dijo entre suspiros.
—¡Yo lo elegí!
Antes de que Rusk pudiera decir otra palabra, Ana lo levantó sujetando su cuello en sus manos, como si fuera nada.Él soltó un gemido.
—Mi hermano no quiso venir conmigo, por tu culpa. Piensa que tú nos diste un hogar... ¿pero sabes qué? —apretó su agarre—. Draven Crow, me dió la misión de eliminarte.
—¿C-Crees... que... puedes matarme? ¿T-tú?—soltó una risa seca.
—¡Yo voy a matarte!
Ana lo dejó caer al piso. Él sostenía su cuello como si se lo hubieran arrancado.
—Yo te di un hogar... ¡Yo te salvé!
—Mira que fascinante se ve, como tus cazadores caen. Uno a uno. Cómo sus cabezas ruedan por los suelos, con ello miles de sueños arrebatados. Y la mejor parte...Leth
—¡Aunque las bestias intenten detenerme!—interrumpió—, sabes que sí no soy yo quien mate a todos esos demonios, será alguien con mi misma ambición. Porque eso es lo que se merecen.
Las palabras de Rusk hacían crecer la ira de Ana. Sus ojeras se hacían más notorias, sus venas negras y sus ojos oscureciéndose, horrorosos.
—¿Vas a matarme? Bien, hazlo. Mátame. Arranca mi alma putrefacta de mi cuerpo—sonrió—. Alimenta más tu ego.
La chica tomó la espada de Rusk del suelo. No iba a matarlo con sus poderes, iba a matar con su misma arma.
Adelante-susurró Rusk-. Hazlo.
Las manos de la pelirroja temblaban.
La rabia la cegó de un momento a otro. La punta atravesaba el corazón de Rusk. Sus ojos se encontraron una última vez, antes de que él cayera muerto al suelo.
Perdió su vida de la misma forma en la que él había arrebatado otra.
Ella lo observaba con su pecho agitado. No podía creer lo que había hecho.—Lo he... Lo he asesinado.
Tragó saliva cuando escucho el grujir del dragón. Levantó su mirada al cielo, donde el Crynae se devolvía tras Morvalis.
Frunció el ceño, aún no habían robado a Lethra. ¿Por qué se devolvían? Salió de sus dudas, cuando frente a ella aparecieron varios de sus compañeros.
—Mecieg, Ana. “Lo lograste, Ana.”
Ahí lo entendió; la misión era matar al protector. Lethra no era parte.
<<¡El gran protector ha caído!>>