Buenas noches Em. Buenas noches Ali. - Pepi007

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Sinopsis

En la quietud de la noche, Em y Ali se despiden, pero sus pensamientos revelan un torbellino de sentimientos no expresados. ¿Es el final de un día más, o el inicio de una conexión que apenas se atreven a nombrar? Sumérgete en la intimidad de dos almas a punto de desvelar sus secretos.

Genero:
Drama
Autor/a:
WNLesb
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo Unico

- El jurado ha deliberado y tiene un veredicto. – Anunció una alta figura gris que se alzó entre el conjunto de figuras grises que poblaban la parte derecha de la sala, como una nube oscura que anunciase el inicio de una tormenta.

El juez, con los ojos cansados y el semblante hastiado miró al portavoz del jurado y asintió con solemnidad, dándole permiso para que prosiguiera.

- En lo referente al asesinato de Mona Vanderwaal, el presente jurado encuentra a la acusada, Alison Lauren DiLaurentis, culpable, y la sentencia a 20 años de prisión.

Alison tragó saliva con cierta dificultad y sintió una fuerte opresión en el pecho, la sensación de que algo le estrujaba los pulmones impidiendo que el aire llegase hasta ellos.

- Yo no… - Intentó decir, para defenderse, pero aquellas palabras apenas fueron capaces de abandonar sus labios en forma de susurro, mucho menos de llegar a los oídos de aquel hombre que estaba determinando su futuro.

- Y en lo referente al homicidio de Bethany Young, el presente jurado encuentra a la acusada, Alison Lauren DiLaurentis, culpable, y la sentencia a 15 años de prisión, quedando así elevada su sentencia a un total de 35 años de prisión.

La rubia apretó la mandíbula con fuerza e hizo todo lo posible por mantener las lágrimas a raya, intentando ignorar el mareo que le coartaba las ideas a la vez que atentaba contra su equilibrio.

- Yo no lo hice… - Consiguió murmurar, sin recibir ni un ápice de atención.

La chica miró hacia su abogada para suplicarle que hiciese algo, lo que fuera, pero cuando se centró en sus facciones se dio cuenta de que no podía reconocer su rostro.

Los latidos de su corazón comenzaron a acelerarse más y más y la sangre palpitó con dolorosa rapidez a través de sus venas, congelada por el terror que las palabras que acababa de escuchar y que empezaba a entender suscitaban en su cuerpo. Por los poros de su piel se escapó un sudor frío que la empapó de arriba abajo y atinó a apoyar una mano resbaladiza sobre la dura mesa que había frente a ella.

- Yo no lo hice. – Dijo con algo de firmeza y la vista desenfocada, sintiendo que tenía que convencerse a sí misma de aquella afirmación. ¡Por supuesto que ella no lo había hecho!

Entonces se dio la vuelta, buscando alguna mirada en la que apoyarse, alguna cara familiar que le hiciese pensar, que le hiciese creer que, de alguna manera, todo iba a salir bien, que no la acababan de sentenciar a pasar el resto de su vida en una celda.

Pero en aquella sala no había nadie.

Ni su padre, ni su hermano, ni las chicas… nadie. Los bancos que el público debía ocupar estaban completamente desiertos, vacíos.

Estaba sola.

De repente sintió el peso de las frías esposas cercando sus muñecas y miró desconcertada al guardia que la instaba a abandonar la sala. En su garganta se instaló un nudo prieto que amenazaba con ahogarla y, un instante después, cuando intentó dar un paso, las rodillas se le doblaron haciendo que se precipitase hacia el suelo y todo a su alrededor se volvió totalmente negro…

***

Podía respirar.

Alison se aferró con fuerza al borde de las sábanas que cubrían su cintura y respiró hondo, disfrutando de la gran bocanada de aire que llenó sus pulmones, mirando a su alrededor con los ojos bien abiertos, tratando de averiguar donde se encontraba, definitivamente no en mitad de un juicio siendo sentenciada.

Aun sin ser capaz de reducir los latidos de su alterado corazón Alison buscó el rostro al que pertenecía la voz que le acababa de hablar y se encontró con una Emily muy preocupada sentada junto a ella, emergiendo de entre las sábanas, observándola con el ceño fruncido en la oscuridad de aquel cuarto.

El cuarto de Emily.

La rubia reconoció fácilmente la ventana frente a la cama de la morena, esa ventana que tenía aquel banco tan peculiar que siempre le había gustado y, cuando volvió a tomar aire, pudo percibir el olor limpio y fresco que siempre desprendía la chica que ahora la observaba con un deje de ansiedad arrugado en el suave espacio que había entre sus cejas. Allí era donde estaba, allí era donde estaban las dos.

Alison suspiró y cerró los ojos, permitiendo que los ligeros círculos que la morena había empezado a trazar en su espalda la relajasen.

Era sábado, seguramente pasada la media noche, y estaba en la casa de Emily porque la madre de la morena había dejado Rosewood la noche anterior para pasar el fin de semana con su marido y la chica, su chica, le había pedido que se quedase con ella durante esos días, así ninguna de las dos estaría sola pues, como siempre, el Sr. DiLaurentis estaba de “viaje de negocios” y Jason hacía semanas que no pasaba por la que alguna vez fue su casa.

- ¿Una pesadilla? – Preguntó la morena cuando sintió que la respiración de la rubia se volvía más controlada. Alison solo asintió, todavía con los ojos cerrados y Emily apoyó la barbilla en su hombro izquierdo. - ¿Qué ha sido esta vez?

No era ningún secreto que la rubia tenía problemas para dormir, ni que se despertaba a altas horas de la noche por culpa de algún que otro mal sueño, o al menos no era ningún secreto para Emily.

Desde que habían atrapado al dichoso “A” (aun nadie se atrevía a pronunciar su nombre, pues resultaba estremecedor saber que esa horrible letra contaba con un rostro) y la mayoría de muertes que habían tenido lugar en el pequeño pueblo se habían resuelto, todos estaban intentando volver a la normalidad… aunque no estaba siendo un proceso sencillo.

Las cinco chicas tenían que lidiar con la idea de que realmente aquel horror había llegado a su fin mientras se decidían por una universidad a la que ir (a excepción de Alison, que no quería pararse a pensar en cómo tendría que recuperar el tiempo perdido en el instituto para conseguir alcanzar el nivel necesario para plantearse siquiera ir a la universidad) e intentaban que sus vidas amorosas no se desmoronasen. Y es que todos los romances que tanto habían luchado por permanecer en pie durante años de peligros mortales habían acabado hechos añicos al final de la batalla…

Demasiados secretos, demasiadas mentiras que habían acabado por destaparse.

Resultaba irónico pues, que la única pareja que no había enfrentado, como tal, ninguna de esas amenazas, fuese la que ahora se sostenía con la mayor solidez posible (dadas las circunstancias).

Emily y Alison habían sido las únicas que habían salido ganando algo de toda aquella locura. Conforme las semanas habían ido pasando y la realidad de un futuro normal se había ido estableciendo en sus interiores ambas decidieron que era el momento de hablar, hablar de verdad, incluyendo confesiones, disculpas y alguna que otra promesa.

Las dos decidieron darse una oportunidad, intentarlo, aun estando todo terriblemente reciente, aun conservando un millón de dudas… haber aprendido de una forma tan cruda y dolorosa lo fugaz que podía llegar a ser la vida les había hecho dar el paso final sin dejarse llevar por los titubeos.

Alison había permitido que cayese por completo su fachada de arpía manipuladora sin corazón para exponerse sin más secretos a una Emily que aun cargaba con la pesadez de la culpa y el resquemor de las malas decisiones que había tomado en el pasado y que casi acaban con la libertad de la rubia, e incluso con su vida.

Se habían hecho daño.

Se habían destrozado a base de engaños, fingiendo que no sentían nada, convenciéndose de que aquello era un imposible, de que ellas eran un imposible, ¡y había sido cosa de las dos!

Porque Emily seguía teniendo miedo de todo lo que pudiese llegar a sentir por la rubia y porque Alison seguía teniendo miedo de que la morena llegase a conocerla del todo y la rechazase al comprender que no había nada extraordinario en ella de lo que poder enamorarse.

Ambas estaban rotas, en más de un sentido y por más de un motivo, pero allí seguían... juntas. Después de un primer mes de manos tentativas que no sabían si podían rozarse y después de un segundo mes de labios a los que les costaba horrores no tartamudear al pronunciar según que palabras… tras dos meses de acostumbrarse a la idea de que se tenían la una a la otra, seguían juntas. Y no era sencillo, para nada, pero se las arreglaban lo mejor que podían.

- Era… un juicio, mi juicio. – Comenzó a explicar Alison, mirando el tejido que aun retorcía entre sus manos. – Y… me condenaban por… Mona y por Bethany.

- Ali… - La morena tomó una de las manos de la rubia deteniendo sus erráticos movimientos, entrelazando sus dedos fríos y temblorosos con los de ella, esperando poder reconfortarla de alguna manera.

- Estaba sola Em. – Le dijo, mirándola, y sus ojos brillaron, húmedos, a la luz de la luna. – No había nadie y me decían que yo las había matado, que había…

- Eh, eh… - Emily alargó su mano izquierda hasta sujetar la mejilla de Alison y sintió como la mandíbula de la chica temblaba contra la palma de su mano. – Solo ha sido una pesadilla, no era real. Tú no hiciste nada de eso, A lo hizo, y ya no está.

La rubia había sido acusada de tantas cosas de forma tan vehemente que, ahora, cuando todo había terminado, había momentos en los que no sabía realmente lo que había y lo que no había hecho (por Dios, ¡la habían metido en la cárcel durante meses! Y nadie, absolutamente nadie, había creído que pudiera ser inocente). Por lo que ahora la morena se encargaba de asegurarle que el horror por el que había pasado había llegado a su fin, que todo estaba resuelto y que ella era libre, inocente de todo cargo. Era algo que, en cierto modo, Emily le debía, algo que... quería darle.

- Ven. – Le dijo la morena, recostándose en la cama y abriendo los brazos, invitándola a que se acurrucase contra ella. Alison no necesitó que se lo repitiese.

Sabía que aquello la calmaría, que era lo único que últimamente le permitía una noche de paz y descanso, sin pesadillas, sin sueños, solo dormir…

Lo había descubierto cuando, después de incontables noches consiguiendo escasas horas de sueño continuo, la morena la invitó a ver una película en su casa, por pasar la tarde juntas. La rubia cayó en la inconsciencia a los pocos minutos de haberse acomodado contra su esbelta figura.

Desde entonces, rara era la noche que lograba descansar en ausencia de la chica.

Alison dejó que los brazos de la morena la rodeasen y hundió el rostro en la curvatura de su cuello, mientras cubría con firmeza su cintura con su propio brazo derecho. La rubia suspiró cuando sus piernas se enredaron con las de Emily de forma natural. Le gustaba tenerla así de cerca, sentir el calor de su piel, notar su mejilla contra la parte superior de su cabeza, respirar con su cuerpo.

- Tienes que empezar a olvidarte de todo lo que ha pasado Ali. Sé que no es fácil, yo… - Emily necesitó un segundo antes de continuar porque ella aun veía sombras en los días más despejados, acechándola en cualquier rincón y resulta un poco complicado salir a la calle e intentar tener una “vida normal” cuando tienes la certeza de que alguien te va a atacar de un momento a otro. – A mí también me cuesta no pensar en ello, pero no podemos dejar que nos controle, no cuando ya se ha terminado.

Y es que realmente se había terminado, todo. Los mensajes, las amenazas, las muertes… A. Todo eso quedaba atrás, ya no tenían nada que temer y aun así...

En ese momento, sintiendo como su corazón seguía sin ser capaz de apaciguarse por completo, Alison elevó la cabeza ligeramente y buscó la boca de Emily para conectar sus labios con los de la morena, aquella noche iba a necesitar algo más que la seguridad que la presencia de la chica le daba para dejar la mente en blanco.

- Ayúdame. – Le pidió, encontrando sus ojos oscuros. – Ayúdame a olvidar.

Emily vio la desesperación en su mirada, la frustración de querer deshacerse de todos esos recuerdos que tanto daño le hacían, que tanto daño les hacían, a las dos, y no poder, de seguir atrapada en una pesadilla. La rubia solo quería perderse en ella, dejarse llevar, abandonarse, ser otra persona, sin pasado, sin demonios, sin dolor…

En un instante Alison sintió los labios de la morena presionando sobre los suyos y sus manos, esas manos que una vez fueron tímidas y cautas, extremadamente respetuosas, colándose por debajo de su ropa, buscando la suavidad de su piel, haciéndole saber que la morena necesitaba sentirla, igual que Alison necesitaba sentirla a ella, permitiendo que el tacto bloquease la memoria y les hiciese olvidarlo todo, excepto el presente.

***

- ¿Te sientes mejor? – Le preguntó Emily, intentando recuperar la respiración, acariciando la piel desnuda de su brazo, encarándola, tumbada de lado.

- Bastante y… - Alison bostezó haciendo que la morena sonriera abiertamente. – cansada también.

No habían planeado llegar al terreno físico con la rapidez con la que lo hicieron, pero pasó (apenas un par de semanas después de formalizarlo todo).

Entre ellas los roces nunca habían estado relamente de más, aunque sí que habían sido reprimidos.

Todas las caricias que no habían llegado a regalarse en el pasado habían sido temidas (por no estar seguras de si la otra aceptaría el gesto de cariño que se morían por dar).

Pero ahora, cuando las cosas estaban tan claras y se habían reafirmado tantas veces, era tranquilizador saber que ni siquiera les era necesario pedir permiso a la hora de besar o tocar, solo hacía falta una mirada, una sonrisa, y ya sabían que podían perderse de buen grado en el calor de la otra.

- Eso está bien. – La rubia se rio y buscó la mano de la morena para sujetarla cerca de su rostro, sin dejar de mirarla. – Volvamos a dormir. – Susurró Emily, cerrando los ojos, satisfecha al sentir la pausada respiración de la rubia acariciando sus dedos.

Cualquiera pensaría que cuando se amaban lo hacían para deshacerse de la angustia y la ansiedad en la que aun estaban sumidas, pero era más que eso, mucho más, afortunadamente.

- Te quiero Em. – Dijo Alison antes de dejar que sus párpados cayesen, permitiendo que el sueño la venciera.

- Te quiero Ali

***

Cuando despertó por segunda vez en aquella fatídica noche Alison se encontró con la fría pared de piedra que conformaba su celda. La rubia se removió en el incómodo colchón que dañaba su espalda noche tras noche hasta conseguir sentarse.

Aquel sueño había sido demasiado.

“Los dos sueños”, pensó, y dejó que sus piernas colgasen sobre el borde del colchón, sintiendo la solidez del suelo bajo sus pies.

Llevaba días sin dormir ni un solo segundo, pensando en lo que se le venía encima, y justo la noche antes de su juicio conseguía quedarse dormida… con terribles consecuencias. Miró el reloj que había logrado tener en la mesita de noche, ¡ni siquiera eran las once!

¿De verdad había soñado lo que creía que había soñado? La primera parte la esperaba, la segunda… no tanto, o al menos... no tan intensa.

Alison se levantó y dio una vuelta por la pequeña celda, estirando los brazos, ladeando la cabeza, tratando de deshacerse del entumecimiento de sus extremidades, sin poder evitar los pequeños estallidos de dolor que se repartían por su cuerpo allá donde aún le quedaban heridas.

Había sentido su piel bajo sus manos, había saboreado su boca, había escuchado su voz...

No tardó mucho en quedarse parada en mitad de la habitación, sin saber hacia dónde moverse, tampoco es que tuviese demasiado espacio o ganas para seguir caminando.

Estaba completamente despierta y sentía como sus nervios aumentaban por momentos.

Ese sueño, ese dichoso sueño.

“Los dos sueños”, volvió a pensar y quiso tirarse de los pelos y gritar y… echarse a llorar.

Ya había pensado antes en ella, ya había soñado antes con ella, ¿por qué esta vez estaba tan alterada?

“Porque sabes que nunca vas a tener lo que has soñado”, se contestó con tono burlón. Era patética. Una patética asesina.

El dolor que aquella certeza le provocó martilleó en todo su ser con una fuerza insospechada.

Jamás tendría a Emily, no podía tener a Emily. Eso era algo que debería saber ya.

“Pero, necesito…”, siguió pensando y sintió que la frustración del momento le podía. Más que nunca, Alison se sintió atrapada, entre rejas.

Comenzó a moverse con mayor inquietud por la celda, pensando, conversando consigo misma, riéndose de lo vulnerable que se sentía y... compadeciéndose de lo vulnerable que se sentía... incluso llamó la atención de uno de los guardas y, cuando este le preguntó si le pasaba algo, sus labios dijeron que tenía que hacer una llamada.

Y así, sin cuestionarse demasiado lo que estaba haciendo, solo acompañando los pasos que daba su cuerpo, la rubia se encontró en el pasillo, custodiada por un guardia aburrido, andando entre celdas.

El lugar tenía ese olor a cerrado que rayaba lo putrefacto que tanto lo caracterizaba y al que, por desgracia, había llegado a acostumbrarse. No había mucha gente dando vueltas por allí debido a la hora, lo cual minimizó su necesidad de esquivar miradas.

El paseo no duró demasiado, a los pocos minutos ya estaban frente a los teléfonos.

Aquel tipo corpulento la dejó sola junto al aparato, “¿y ahora qué?“, se preguntó.

Aquello era absurdo, una tremenda estupidez, ¿qué le pasaba? ¿Por qué estaba haciendo aquello? ¿Realmente esperaba algo de aquella llamada? “Calmarme un poco, quizás”, se dijo, inspirando, sintiendo como el corazón le golpeaba las costillas con rapidez.

La rubia intentó no espirar y se apoyó en la pared durante un instante, contando mentalmente. Se iba a desmallar si seguía conteniendo el aire de aquella manera pero sentía que, si dejaba que sus pulmones se relajasen, se desmoronaría.

Marcó el número sin mirar las teclas y esperó.

“No lo va a coger, seguro que no lo va a coger”, se repitió, lista para colgar y volver a su incómoda celda.

- Hola Ali. – La rubia agradeció que no hubiese nadie cerca para que no viesen como se aferró al cable del aparato y se estremeció de arriba abajo.

Dos palabras, tan solo había necesitado dos palabras para sentir como su cuerpo se relajaba casi por completo dejándola con una sensación de debilidad, fruto del descenso de adrenalina en su torrente sanguíneo.

Dos. Simples. Palabras.

Alison tragó saliva y se humedeció los labios, obligándose a encontrar un tono de voz normal con el que poder hablar.

- Hola Emily. – Suspiró cuando lo dijo, sin poder evitarlo.

- ¿Estás bien? – Le preguntó y la rubia apretó la mandíbula al recordar el sueño. El mismo tono de voz, la misma preocupación (“bueno, quizás un poco menos”).

- Mejor que nunca. – Respondió con cierta acidez.

- Estarás bien. – Le aseguró con calma, y pensar que ella había estado a punto de colapsar unos segundos antes.

- ¿De verdad? – Cuestionó, aun con un tono agrio. - ¿Qué te hace decir eso?

- Lo siento. – Dijo, y Alison quiso golpear la pared más cercana con su puño hasta sangrar porque eso había sido una disculpa, una disculpa real por como lo había dicho y ella no quería que se disculpase.

- No, yo lo siento. No he llamado para decir eso. Yo solo… - ¿Ella solo qué? ¿Necesitaba oírla? ¿Había entrado en pánico por culpa de un estúpido sueño y necesitaba escucharla a ella para poder seguir respirando como una persona normal? ¿Extrañaba su voz? ¿La echaba de menos? ¿A ella? – Escucha, - Continuó, sacudiendo la cabeza, dispuesta a pedir lo que sabía que necesitaba. – mañana… ¿estarás allí?

No se sorprendió al preguntar aquello, al pedir aquello. Una de las cosas que mejor recordaba de su pesadilla era lo sola que se había sentido en aquella sala, y no quería sentirse así la mañana siguiente, necesitaba saber que habría alguien allí apostando por ella, esperando que saliese impune de sus acusaciones.

- Lo intentaré. – Dijo escuetamente, casi como si careciera de importancia.

- ¿Lo intentarás? – Aquello había dolido, la indiferencia de su voz, su tranquilidad, se la imaginó sentada en su cama, ligeramente aburrida de aquella charla y sintió que se enfadaba al darse cuenta de que quizás ya no le importaba.

- Estaré allí. – Contestó la morena con firmeza y la rabia repentina que había experimentado abandonó su cuerpo, ¿por qué no podía mantenerse fría y constante ante todo aquello? ¿Cuándo se había subido a aquella escabrosa montaña rusa de emociones?

- Gracias. – Dijo, sin poder contener la sensación de alivio que acababa de envolverla. Puede que Emily no fuera a estar entre el público apostando por ella, puede que ni siquiera esperase que saliese impune de sus acusaciones, pero al menos estaría allí y eso, en aquel momento, era suficiente para Alison. – Alguien dijo que está lloviendo… - Comentó de repente, simplemente intentando alargar la conversación, “¿qué haces?”, se reprendió a sí misma. - ¿Está lloviendo en casa?

- Sí. – Escuchó tras una breve pausa y le pareció que reconocía un poco mejor esa voz que ahora le hablaba. – Es… está lloviendo.

Se quedaron en silencio.

Quería decirle más cosas, preguntarle más cosas, seguir escuchándola o sencillamente continuar percibiendo su respiración al otro lado de la línea, saber que estaba allí, con ella, aun cuando se encontraba a kilómetros de aquella horrible prisión.

¿Era malo que la necesitase, que la quisiese cerca?

- Buenas noches Em. – Dijo simplemente, antes de seguir la línea de pensamientos que se había comenzado a dibujar en su mente, no le convenía ponerse más sentimental, no cuando a la mañana siguiente iba a tener que enfrentarse a un juicio y luchar por su libertad, por su inocencia, por su vida.

- Buenas noches Ali.