Capítulo único
Katsuki no podía entender cuál era el motivo por el que Izuku mostraba una evidente fascinación por la baratija que acababa de regalarle, aunque el de cabellos verdes observaba el regalo como si fuese lo más increíble del mundo, Bakugo simplemente no podía comprenderlo, aún así, el saber que su obsequio tuvo una buena recepción hizo que su corazón se conmoviese, le hizo sentir una enorme satisfacción y disipó las tontas dudas y preocupaciones que tuvo desde que se encontró con esa baratija hasta ese momento, por supuesto, todo eso sería algo que jamás admitiría en voz alta. Había logrado su cometido, lo cual le gustó a Izuku y a él llenó de un gran alivio, eso era todo lo que importaba.
Pero, en primer lugar, ¿por qué regalarle algo a Deku? Ni siquiera cuando eran niños, durante ninguna festividad o cumpleaños, le había dado un presente alguno, ¿qué es lo que había pasado para que decidiese obsequiarle algo?
Aunque no estaba del todo seguro, o se negaba admitirlo, sentía que tenía una fuerte corazonada acerca del porqué. Su graduación estaba próxima, su tiempo juntos, en la UA, estaba culminando, quizás era por eso que Bakugo se encontraba demasiado susceptible, “es por la ocasión” se decía a sí mismo, si bien no es que fuese una persona especialmente sentimental respecto a las graduaciones y a las separaciones que estas conllevaban, puesto que era consciente de que esto era una parte natural de la vida, lo sabía muy bien, inclusive a estas alturas de su vida ya había vivido algunas cuantas, pero esta vez había algo distinto.
El tener que decirle adiós a Izuku le provocaba un doloroso nudo en el estómago.
Por supuesto, era consciente de que no era un adiós definitivo, si el tiempo y las responsabilidades se los permitían, podrían verse de vez en cuando, la cosa era que había algo en la idea de que sus caminos se dividieran que le sentaba bastante mal, mientras que Bakugo continuaría desarrollando una carrera en el heroísmo, saltando directamente a la acción y derrotando a los villanos que se le pusieran de frente, Izuku permanecería involuntariamente ajeno a poder lograr algo similar; pese a que la realidad de este hecho le golpeó, justo al enterarse de que Midoriya había perdido el one for all, ahora que estaban próximos a graduarse, el peso de esa realidad parecía haberse consolidado, tornándose con cada día que pasaba más tangible y pesarosa.
Lamentablemente, por mucho que Deku dijera que estaba bien con ello, pues desde el principio nunca tuvo un quirk, Katsuki no lo creía del todo; aunque le hacía sentirse impotente, en ese momento no había nada que Bakugo pudiera hacer para cambiar esa situación. Tampoco le ayudaba el hecho de que no solo se había acostumbrado a la presencia constante de Midoriya, sino que la relación con el de ojos verdes mejoró muchísimo. Verlo e interactuar con él en los dormitorios, en las clases, a veces en la cafetería, en los baños, mañana, tarde y noche; inclusive durante las vacaciones, con el pretexto de que sus hogares familiares quedaban relativamente cerca… no verlo casi a diario iba a ser algo difícil de soportar.
Sumado a lo anterior, si bien Izuku era un auténtico llorón, hasta el momento no había soltado ni una sola lágrima, había mantenido un temple inusual y una sonrisa en los labios; no le sorprendió que Deku escuchase con atención los planes de sus compañeros, tampoco que los animase con una sonrisa cálida y palabras un tanto torpes, pero algo en esa actitud aparentemente apacible le molestaba, quizás fuese por los años que tenían de conocerse, o por la excesiva atención que le había prestado al joven de cabellos verdes desde hacía un par de meses, pero Bakugo podía notar un dejo de tristeza en Midoriya, escondido tras esa aparente calma.
Fue así que, durante meses, el rubio trató de encontrar una manera de animar a Izuku, pero la vergüenza le impedía hacer algo demasiado directo como hablar con él. Tampoco se le ocurrió algo lo suficientemente bueno que decir o hacer, no quería echar por tierra el esfuerzo de Deku de mantener esa fachada apacible, seguramente Deku estaría aliviado de que sus verdaderos sentimientos no se mostrasen y, por tanto, por no preocupar a nadie; de esa manera fue que, mientras pensaba en algo, los minutos se convirtieron en horas, las horas en días, los días en semanas y las semanas en meses. Sus últimas vacaciones de invierno estaban llegando a la mitad, y marzo, el mes en que ocurriría su graduación, inminentemente se aproximaba. El paso del tiempo a veces era una auténtica perra.
En un impulso de valentía, sin importarle que el clima fuese un asco debido al invierno, Katsuki se dirigió al centro comercial en búsqueda de algo que le diera una alegría autentica, algo que pudiese generar en Izuku una sonrisa, pensó que alguna mercancía de All Might podría ser una buena opción, pero eso sería tan obvio, algo que sí o sí funcionaría, que no tendría un gran significado. Recorrió varias tiendas, sin tener ni la menor idea de qué estaba buscando, tras un par de horas casi se rindió, pues las cosas que veía no lo convencían en lo más mínimo, además de que el cúmulo excesivo de gente bulliciosa lo tenía hastiado, hasta que, cuando comenzó a contemplar la idea de abandonar su búsqueda, lo vio.
En la parte superior de un estante, dentro de una caja maltratada, solitario, estaba un proyector redondo. Pequeño, de materiales endebles, de forma esférica, con la mitad inferior de color azul cielo y tres botones, mientras que, en la mitad superior, al remover la tapa (media esfera de plástico delgado y blanco) estaba media esfera de color negro, con detalles de una luna, estrellas y puntos. Al verlo recordó haber escuchado, casualmente, una conversación entre Izuku y Uraraka que sucedió hace meses, en la que el chico mencionó con pesar su decepción por no haber podido ver una lluvia de estrellas debido a malas condiciones climáticas. Siguiendo su corazonada, lo compró, así como algunas pilas pues, aunque incluía un cable de alimentación, también tenía en la parte inferior un compartimiento para introducir cuatro pilas, siendo sincero, el proyector era una baratija en toda la extensión de la palabra, por lo que era alta la posibilidad de que el cable no sirviera.
Se apresuró a llegar a su casa para poder probarlo. Ignoró los gritos de su madre, quien lo regañó, apenas cruzó la puerta, por salir sin avisar y no contestar ninguno de sus mensajes, francamente no le importó nada de lo que su madre decía, pero se apresuró a llegar a su cuarto para no llevarse algún golpe en la cabeza; apenas cerró la puerta conectó, el aparato que cabía en la palma de su mano, pero nada pasó hasta que tocó el primer botón y la esfera negra comenzó a girar, al oprimir el segundo botón descubrió que este activaba las luces, pudiendo elegir entre el color verde, azul y rojo, al tocar el tercer botón una luz blanca se encendió.
Aunque era precioso, algo en el proyector seguía sin convencerlo por completo, esto debido a lo sencillo que era, pese a que no era mercancía de All Might, tenía la corazonada de que sería algo que podría gustarle a Deku, aún así, debido a sus preocupaciones y miedos, no sentía que fuera un obsequio suficientemente bueno. Tras ponerle la tapa, volvió a guardar el proyector en su caja y se sentó a pensar, tratando de tomar una decisión, hasta que miró la hora en su reloj, aún era relativamente temprano, Deku vivía más o menos cerca y ya había comprado esa baratija, usando todo eso como excusa para infundirse valor, volvió a salir de su hogar, ignorando de nueva cuenta los gritos y quejas de su madre, los cuales cesaron cuando anunció el lugar al que se dirigía.
El frío viento invernal que acarició a Bakugo durante su camino le ayudó a calmar un tanto el nerviosismo que sentía y se negaba vehementemente a admitir, aunque este le revolviese el estómago, sin poder evitarlo, las preguntas a las cuales no quería encontrar respuesta llegaron a su mente, en especial una ¿qué había detrás de ese regalo? Estaba bastante seguro de que la respuesta a ello estaba condensada en las acciones y gestos que, en secreto para todo el mundo, habían sucedido entre él e Izuku durante su último año escolar.
No podía recordar con precisión la fecha en que todo comenzó a ocurrir, sin embargo, la naturalidad y complicidad que había en todo aquello le brindaban la certeza de que se trataba de algo mutuo. Sonrió con arrogancia al recordar algunas de las cosas que habían pasado entre Midoriya y él: las miradas que transmitían lo que sus labios no podían pronunciar, los toques y apretones de manos furtivos, cuando se despertaban temprano para ir a correr juntos antes de que alguno de sus compañeros despertase. En algunas ocasiones, inclusive llegó a pasar de su horario de acostarse tan sólo para hablar un rato más con Izuku quien, a escondidas del resto de la clase A, se escabullía en su habitación, acostándose en la cama junto a Bakugo y permaneciendo ahí hasta que el sueño venciera al rubio, quien se resistía a dormirse ya que disfrutaba de la cercanía y la calidez que del cuerpo de Deku emanaba, benditas sean las camas de una plaza. Ni qué decir de los besos clandestinos que tenían un sabor a complicidad.
Con esos recuerdos girando en su mente, que llenaban de una calidez peculiar y abrumadora su corazón, casi sin darse cuenta Bakugo se acercó a su destino, un modesto complejo de apartamentos al que hacía bastantes años no iba. Cuando estaba por llegar al hogar de los Midoriya, sus ojos repararon en una figura bajita y de cabellos verdes que lo asustó, pues no había tomado en cuenta su presencia, se vio obligado a esconder parte de su rostro en la bufanda de color naranja que cubría su cuello para disimular el sonrojo que azotó sus mejillas debido al fuerte ramalazo de vergüenza que lo invadió, le costó hacer que sus piernas siguieran su trayectoria en lugar de darse la vuelta y volver todo el camino hasta su casa.
- ¡Katsuki, cuanto tiempo! -saludó animada Inko al encontrarse con el chico- ¡Estás tan grande! -lo elogió al estar frente al joven.
- Buenas tardes -saludó entre incómodo y formal, sintiéndose como un imbécil porque se había olvidado completamente de la mamá de Deku.
- ¿Vienes a visitar a Izuku? -Bakugo asintió- vaya, lo mejor sería que regreses otro día, Izuku estuvo toda la semana pasada saliendo con Todoroki-kun, cada día estuvieron muchas horas fuera y mi hijo terminó resfriado -suspiró- estoy en camino al supermercado y después compraré los medicamentos que le recetaron.
Ese maldito bastardo del mitad y mitad. No era que a Bakugo le resultara una persona tan desagradable ni que lo odiase, a decir verdad, últimamente se llevaban mucho mejor que antes, pero inevitablemente algo desagradable burbujeó en su pecho al enterarse de que Todoroki y Deku estuvieron pasando tanto tiempo juntos. Ni siquiera que el infierno se congelase haría que Bakugo Katsuki admitiera que se sintió celoso.
- Vengo a devolverle una cosa de la escuela -mintió mientras señalaba su mochila- sé que perderá la cabeza si no se lo regreso pronto.
Inko empezó a reír con suavidad, estando de acuerdo en que esa sería una reacción que su hijo tendría.
- Te agradezco mucho que hayas venido por eso, si gustas me lo puedes dar y se lo entregaré de tu parte -sugirió.
- Yo se lo daré, también cuidaré de él mientras usted no está, así puede quedarse tranquila y hacer lo que tenga que hacer con calma.
La mujer vaciló antes de responder, era evidente la preocupación y el cariño que sentía por su hijo, Katsuki se sintió mal por usar eso a su favor para tratar de obtener un momento a solas con Izuku.
- Tengo un buen sistema inmune, rara vez me resfrío en invierno, no se preocupe por eso –añadió, aferrándose a ver a Deku.
Tras pensarlo por un momento que a Bakugo le supo como una eternidad, Inko decidió ceder, era una oferta demasiado tentadora como para rechazarla, por más grande que se hiciera Izuku, él seguiría siendo su bebé hasta el fin de los tiempos, aunque tuviera completa fe y convicción en sus capacidades, siempre se preocuparía por él. Ir a los supermercados en esa época del año era algo bastante tardado a causa de las filas que parecían ser interminables, que alguien estuviera con su hijo, por si este necesitaba algo o empeoraba, la dejaría muchísimo más tranquila.
- En serio, estaré bien. Le prometo que cuidaré a De… a Izuku –corrigió- hasta que regrese. Vaya con tranquilidad, me encargaré de que se quede en cama y no haga nada más que reposar.
La solemnidad en sus palabras terminó por convencer a Inko.
- Siento mucho la molestia –se disculpó genuinamente apenada.
- No es ninguna molestia –aseguró.
- Por favor, recuérdale a Izuku que si tiene hambre puede comer lo que dejé en el refrigerador, que utilice el microondas y no la estufa, por si se queda dormido mientras espera a que la comida esté lista, ha estado muy somnoliento, por supuesto que tú también puedes comer lo que gustes, dile que cierre bien la puerta después de entres, también que… -y así continuó con una larga lista de cosas por hacer y no hacer, a las que claramente Bakugo no prestó atención.
Tras unos minutos escuchando las disculpas y agradecimientos de Inko, Katsuki finalmente pudo continuar su camino y recorrer los últimos metros que le quedaban para llegar a su destino. Una vez que llegó al piso deseado, cuando estuvo frente a la puerta de los Midoriya, se acobardó un poco, durante su viaje no había pensado en qué debería decirle a Deku, ¿cuál era la mejor forma de entregarle el obsequio? No estaba seguro de qué decirle, no había ningún motivo que pareciese lo suficientemente bueno para haberle comprado algo. Al sentir su valor deslizándose lejos de su cuerpo, Bakugo mandó todo a la mierda, levantó su mano izquierda y tocó el timbre.
Cuando escuchó los pasos acercándose al otro lado de la puerta, su corazón lo traicionó aún más y empezó a martillear ferozmente contra sus costillas, casi sufrió un mareo debido a lo intenso de la sensación, agradeció internamente no haberse desmayado o vomitado por los nervios, lo que, en su opinión, lo habría hecho quedar como un tonto. Apenas la puerta se abrió unos pocos centímetros, una maraña de cabellos verdes, y un ojo del mismo color hicieron acto de aparición.
- ¡¿Kacchan?! -el asombro en su voz le pareció al aludido casi ofensivo, así que bufó con molestia- ¿Qué estás haciendo aquí?
Sin darle la oportunidad de responder nada, Midoriya se apresuró a dejarlo entrar. Apenas el chico abrió la puerta en su totalidad, la boca y garganta de Bakugo se secaron, se removió incómodo por el pinchazo que le llegó directamente a la entrepierna por la imagen que sus ojos recibían: Izuku estaba de pie frente a él, con el cabello totalmente revuelto, su piel estaba rosácea, casi rayando en lo rojizo, su frente estaba perlada por finas gotas de sudor y, como si no fuera bastante, su boca estaba ligeramente abierta a causa de una respiración jadeante, aunque Katsuki sabía que era porque estaba resfriado, su imaginación adolescente lo llevó por otra parte. Se perturbó un tanto, pero tampoco era la primera vez que ocurría algo así, aunque le avergonzase admitirlo, durante su último año ya había pensado, en múltiples veces, en Midoriya de esa manera.
- ¡¿Qué mierda estás haciendo aquí?!, ¡¿Por qué estás levantado?! -le gritó, importándole una mierda molestar a los vecinos del joven con el ruido, prefirió usar una máscara de enojo en lugar de dejar ver, aunque fuera mínimamente, lo que realmente sentía.
- Porque tocaste la puerta.
- No me refiero a eso, si hubieras estado acostado habrías tardado más tiempo en abrir.
- Iba por agua -explicó.
- Cierra la maldita puerta –mencionó, recordando algo de lo poco que escuchó de la madre del de cabellos verdes– después ve a acostarte, yo te llevaré el agua.
Una vez que se aseguró de que Izuku hiciera lo que le dijo y entrase a su habitación, Bakugo se encaminó a la cocina. Sin invitación, pasó como si se tratarse de su propio hogar, se quitó el abrigo y lo arrojó sobre el sofá; si bien habían pasado unos cuantos años desde que estuvo por última vez en el hogar de los Midoriya, recordaba con exactitud la distribución del pequeño apartamento, además, muchas cosas no habían cambiado de posición, entre ellas el estante en que estaban acomodados los vasos; luego de tomar uno y llenarlo con agua se dirigió a la habitación de Deku.
Al igual que la mayoría de las habitaciones del hogar de los Midoriya, la habitación de Izuku se mantenía casi idéntica a como estaba la última vez que Bakugo estuvo ahí, la cama, el escritorio, la silla frente al mismo y el librero seguían exactamente en el mismo sitio en que siempre habían estado. Bakugo se sintió un tanto estúpido por estar nervioso al entrar en el lugar, el saber que estarían solos, en aquella recamara, llena hasta el tope de artículos de All Might (lo cual, como buen fanático que también era, no le molestaba en lo absoluto), le generó un cosquilleo incómodo, el cual afortunadamente pudo disimular bastante bien. Sin decir una palabra, le entregó el vaso al joven de cabellos verdes, quien estaba sentado al borde de su cama.
- Gracias -dijo mientras tomaba el vaso con ambas manos; algo en la manera en que la garganta de Izuku se movió al beber el líquido, llamó la atención de Katsuki- ¿Por qué estás aquí, Kacchan? –insistió en cuanto terminó, dejando el vaso sobre su escritorio.
- ¿Quieres que me vaya?
- ¡De ninguna manera estoy insinuando eso! -se apresuró a aclarar - simplemente estoy sorprendido por verte aquí, hace años que no vienes a mi casa.
Aunque cierto, ese comentario fue algo que Bakugo sintió como un golpe bajo, algo que Midoriya notó perfectamente.
- No estoy insinuando que quiera que te vayas o que no seas bienvenido, aunque aún no sé qué te trae a mi casa, estoy muy contento porque estés aquí...
Está vez, esas palabras fueron hacia otra parte de Katsuki, directo a su corazón, dejó de escuchar lo que sea que fuera que había comenzado a murmurar estúpidamente Izuku, esa manía tan característica de Deku le parecía a partes iguales tan fastidioso como entrañable, pero no lo suficiente como para dejarlo seguir pronunciando su monologo.
- Tengo algo para ti -anunció a la par que se sentaba en la cama, justo al lado de Izuku, quien de inmediato cortó sus rápidos murmullos- un regalo.
- ¿Un regalo? –el asombro en su voz era demasiado ofensivo- ¿Para mí?
- ¿Eres sordo? Es justo lo que acabo de decir, si vine a tu casa, a verte a ti, ¿a quién más se lo daría? -antes de que Midoriya pudiera decir nada, Bakugo continúo hablando- cierra los ojos, si los abres antes de que te diga que puedes hacerlo, te exploto.
- Entendido -Izuku se dispuso a obedecer, no queriendo terminar, otra vez, con el pelo quemado en un peinado afro.
Tras unos segundos en que Katsuki miró a Izuku para asegurarse de que no abriera los ojos, el rubio comenzó por secarse las manos, la cuales sudaban a causa de su nerviosismo, aunque tenía un buen dominio del mismo, no quería arriesgarse a causar algún accidente con su quirk, después se dispuso a desconectar la lámpara que reposaba en el escritorio para poder conectar al enchufe el proyector, el cuál sacó de su mochila, una vez que quitó la tapa, eligió poner las luces en todos los colores que el aparato tenía disponibles, para terminar se dispuso a cerrar las cortinas para evitar que las últimas luces de la tarde entraran por entre las cortinas, caminó hasta el otro lado de la habitación para apagar la luz de la habitación y, finalmente, oprimió el botón que hacía al proyector rotar, dándole movimiento a la luna, estrellas y puntos.
Con cada segundo que pasaba, Midoriya se sentía más curioso al respecto, aunque tenía los oídos un tanto tapados debido a su enfermedad, el tener los ojos cerrados agudizó sus otros sentidos; pudo escuchar los pasos de Bakugo cerca de su escritorio, el abrir y cerrar del cierre de la mochila propiedad del antes mencionado, también escuchó un sonido que no logró identificar, pero creyó que podría ser algo relacionado a un aparato electrónico. Su curiosidad empezó a crecer, llegó al punto de casi arriesgarse a tratar de echar una mirada furtiva.
- Abre los ojos –dijo mientras volvía a acercarse al escritorio, Katsuki odió la resequedad que se había apoderado de garganta.
Para su fortuna, Midoriya no reparó en ese detalle, su atención se había centrado únicamente en lo que veían sus ojos. Su habitación se había transformado por completo, pese a las luces apagadas, la oscuridad en el cuarto no era total, estrellas de colores salpicaban grácilmente las paredes, las decoraciones y el mobiliario, Katsuki no podía entender cuál era el motivo por el cual Izuku mostraba una evidente emoción por la baratija que acababa de regalarle, los ojos verdes de Deku, brillantes y abiertos por la fascinación, se deslizaban por la habitación, alternando entre las estrellas y el aparato, como si la vista que recibían fuese lo más increíble del mundo.
Aparentemente la agilidad mental de Deku salió volando por la ventana pues, aunque lo intentó, Midoriya no fue capaz de poner sus pensamientos y agradecimientos en palabras. En su lugar, permaneció algunos, muchos, segundos boqueando estúpidamente como si fuera un pez fuera del agua. Pese a que la expresión del de cabellos verdes era tan tonta que rayaba en lo gracioso, el corazón de Bakugo se calentó a causa del conocimiento de que su regalo había causado un impacto positivo, dándole precisamente la reacción que deseaba obtener: la felicidad de Midoriya era más que evidente.
- Izuku -le llamó, casi se echó a reír por la estúpida cara de sorpresa que puso el aludido. Incluso a él le parecía bastante extraño llamarlo por su nombre, pero había ocasiones en las que sentía que era necesario hacerlo, sin dudas esta era una de ellas.
Con temor a perder el subidón de valor y adrenalina que azotó a su cuerpo, Katsuki se sentó al lado de Izuku, con suavidad puso su mano izquierda en una de las mejillas de Midoriya, el calor bajo la palma de su mano y la yema de sus dedos era abrasador. Sin importarle un carajo que estuviera enfermo, acercó su rostro al de Deku con lentitud y miedo, dándole al de cabellos verdes la oportunidad de alejarse si así lo quería, pero aquello no pasó. Por el contrario, cuando Izuku comprendió lo que estaba pasando, cerró sus ojos e inclinó ligeramente su rostro en dirección a Katsuki, negándose a separar su rostro de la mano del rubio, ansioso porque finalmente ocurriese lo que ambos llevaban deseando que sucediera de nueva cuenta desde la última vez que pasó, el primer día de vacaciones, durante el camino a casa, justo antes de tener que separarse; cerrando también sus ojos, Bakugo redujo a cero lo que restaba de distancia entre ambos.
Y así, sin haberlo planeado e ignorando deliberante que Midoriya estaba enfermo, sus labios volvieron a encontrarse. Aquella tarde de invierno, rodeados por un sinfín de estrellas y de mercancías de All Might, se dieron otro beso, un toque de labios casto que apenas duró unos cuantos segundos, pero que ambos habían estado anhelando fervientemente que volviese a suceder. Una risa tonta se les escapó en el breve instante en que se separaron, ansiosos, está vez sus labios se encontraron a mitad de camino y movieron torpemente sus labios.
Al principio, este beso fue no fue distinto a los que habían compartido con anterioridad, hasta que, cuando al fin encontraron un compás adecuado para mover sus labios, Izuku, como siempre, moviéndose sin pensarlo, cambió las tornas al enredar con firmeza sus brazos alrededor del cuello de Katsuki, acercándolo más y encendiendo, sin siquiera saberlo, algo distinto a lo que habían vivido hasta entonces, pero que permanecía latente, esperando la chispa adecuada para salir a la luz. En respuesta, Bakugo envolvió sus brazos en la cintura de Midoriya, causando que ese algo explotase con toda su intensidad debido a la intensidad de las emociones que ahora estaban a flor de piel.
Los minutos transcurrieron así, entre besos que poco a poco se fueron perfeccionando, con el calor subiendo pese a que afuera el invierno azotaba la ciudad. Muy a su pesar, debido a la incomodidad de la posición en la que se encontraban, a regañadientes se separaron, ambos querían conservar, o aumentar, la cercanía que acababa de generase entre ellos, así que, dejando la vergüenza de lado, se miraron en silencio, llegando a un acuerdo tácito. Katsuki se movió hasta que su espalda tocó la pared, como buen fan, se negó a aplastar los posters de All Might, en una invitación palmeó un par de veces su muslo derecho, Izuku tragó saliva, el nerviosismo en sus movimientos era evidente, aún así no vaciló mientras se sentaba en el regazo de Katsuki.
Los dos se quedaron congelados durante un momento, sin saber qué hacer o cómo proseguir, aunque para ellos era obvio lo que estaba pasando y lo que querían que ocurriese, la falta de experiencia y la vergüenza hacían que todo les resultase confuso y un poco abrumador. Después de algunos segundos, Bakugo tomó con suavidad los brazos de Midoriya, regresándolos al lugar que habían estado ocupando apenas instantes atrás, llevó sus manos de regreso a la cintura de Izuku y volvió a besarlo. Ambos jóvenes se mostraron complacidos con la nueva posición, la cual les permitió sentir con mayor claridad los leves estremecimientos del otro. El sonido de los labios moviéndose en un compás que a ambos les encantó, de las respiraciones que poco a poco se tornaban más pesadas, acompañadas por largos suspiros, así como el crujir ocasional de la cama, llenaron la habitación; los besos poco a poco fueron evolucionando, pasaron de ser movimientos tímidos y torpes a un compás más seguro, firme y placentero.
Lo siguiente que pasó fue que las puntas de sus lenguas comenzaron a rosarse, animados por la atmósfera que se había formado entre ambos, comenzaron a incluirlas en su beso. Al principio fueron encuentros tímidos que tanteaban qué tanto estaba permitido, pero cuando tuvieron la certeza de que al otro no le molestaba, se animaron a hacer más directo el contacto, si bien era la primera vez que se besaban con lengua, no tardaron demasiado en encontrar un compás que les gustó a ambos, no les importaba que había aspectos que mejorar en cuanto a la técnica, sino el placer que los movimientos les brindaban.
Tanto Bakugo como Midoriya comenzaron a inquietarse, pronto se encontraron deseando tener un mayor contacto, por lo que Izuku comenzó a juguetear discretamente con los cabellos rubios que estaban en la nuca de Katsuki para tantear las aguas, al no ser rechazado ni recibir una respuesta negativa, se animó a reducir aún más la distancia, esta vez enredó sus dedos en las hebras rubias, mientras que se removió entre los brazos de Bakugo mientras se levantaba ligeramente para sentarse más cerca,quería quedar pecho con pecho, lo cual consiguió, pero Izuku no pensó que al hacer eso quedaría sentado en algo y, a su vez, ese algo de su anatomía quedaría contra el abdomen del rubio.
El beso se vio interrumpido con brusquedad, como si un balde de agua fría les hubiera caído encima, como si hubieran recibido una fuerte descarga eléctrica, ambos se separaron lo suficiente como para mirarse a los ojos, pero no deshicieron la posición en que estaban, la vergüenza aumentó al notar que sus bocas habían quedado unidas por un fino hilo de saliva. Ambos se quedaron en silencio, no sabían qué decir o qué hacer.
- ¿Quieres que nos detengamos? -preguntó Katsuki, sintiendo su rostro arder por la vergüenza, por supuesto que él no quería parar, pero tampoco haría nada que Midoriya no quisiera; Izuku negó con la cabeza tímidamente, Bakugo no necesitaba más respuesta que aquella.
Sin perder más tiempo, volvieron a unir sus labios. Las manos de ambos no tardaron en cobrar vida, las manos ásperas de Izuku comenzaron a deslizarse por el cabello y el cuello del rubio, ocasionalmente con sus pulgares acariciaba sus mejillas, para Bakugo no pasó desapercibido el detalle de que, cuando el pulgar de Midoriya pasaba por su cicatriz, el movimiento se volvía más suave, delicado. Por su parte, las palmas de las manos de Katsuki empezaron un movimiento ascendente y descendiente por la cintura de Midoriya, cuando aquello se volvió insuficiente, se aventuró a meter sus manos bajo la playera del joven, disfrutó el fuerte estremecimiento que eso causó en Midoriya. Sus manos comenzaron a pasear descaradamente por sobre toda la piel disponible, sintió bajo la yema de sus dedos el cambio de textura debido a las múltiples cicatrices del de cabello verde, así como las vértebras que formaban su columna, no fue hasta que su pulgar derecho rosó sin querer el pezón que Izuku separó su boca, rompiendo nuevamente la sesión de besos, para soltar un gemido que fue a parar directamente a la entrepierna del rubio.
Midoriya escondió su rostro en la curvatura que se formaba entre el hombro y cuello de Bakugo, no sabía qué le avergonzaba más, el sonido necesitado que acababa de salir de su boca o el que la erección de Katsuki terminase de ponerse dura, lo cual, al estar sentado directamente sobre él, pudo sentir con total claridad. Su vergüenza se elevó a niveles casi imposibles de soportar al sentir el corazón de Bakugo latiendo tan fuerte y desbocado como el suyo propio, su decisión de quedar pecho contra pecho le jugó en contra, si él podía percibir los latidos del rubio, seguro que este podía darse cuenta de los de Izuku. Con lo que acababa de pasar, la racionalidad abandonó por completo a Bakugo, la intensidad de las emociones que invadían su cuerpo era demasiado fuerte como para dar cabida a la vergüenza. Sus manos volvieron a bajar hasta posarse en la cintura de Deku.
- Levanta la cara y los brazos -el tono ronco y profundo de su voz le tomó por sorpresa. Sin moverse ni un centímetro, Izuku negó con la cabeza- ¿te sientes avergonzado? –Midoriya asintió- eso es ridículo, ya he visto tu torso. Hazlo por las buenas, levanta los brazos.
La amenaza vacía no surtió ningún efecto, por lo que Katsuki se vio obligado a realizar lo que le había pasado por la mente. Por supuesto, no iba a golpear a Midoriya ni a lastimarlo, así que recurrió a una técnica que sabía que sería infalible para relajarlo y disminuir su rigidez: le hizo cosquillas. Su estrategia resultó ser un arma de doble filo, pues si bien Izuku se separó lo suficientemente como para poder quitarle la playera, a la par que reía como loco comenzó a retorcerse en su regazo, apretándolo entre sus firmes muslos. Cuando notó que la guardia del de cabellos verdes bajo, llevó sus manos al borde de la playera y se la sacó con movimientos rápidos y fluidos, la cara de asombro y vergüenza de Izuku no tenía precio, era una mueca tan incrédula y tonta que está vez fue el rubio quien involuntariamente estalló en risas, al menos hasta que sus ojos enfocaron su atención al 100% en el otro joven.
La visión que golpeó a Bakugo fue demasiado como para que su corazón lo soportase, por un momento creyó que el órgano vital rompería sus costillas y se escaparía de su pecho, por lo que, durante algunos segundos, miró hacia abajo para comprobar que todo siguiera funcionando correctamente, situado en el lugar en que debería estar. Debido a lo que observaba, su boca y garganta se secaron de golpe, el escaso aire que a duras penas llegó a sus pulmones se sintió como una llamarada mientras bajaba por su tráquea; la visión que sus ojos recibían era simplemente inefable.
Sentado en su regazo, con el torso completamente desnudo, estaba un notoriamente avergonzado Izuku Midoriya. Sus hombros, clavículas y su pecho, que subía y bajaba con pesadez, estaba cubierto grácilmente en algunas zonas por pecas y unas cuantas cicatrices; las estrellas que salían del proyector y giraban por la habitación salpicaban con gracia su piel, dándole un toque etéreo, la combinación de todos esos elementos hacían parecer que galaxias se hubieran arremolinadas y danzantes en su piel. Sin tener ni un ápice de duda, en ese momento Katsuki supo que sus ojos jamás se deleitarían con una imagen más exquisita que aquella. Por su parte, Izuku se sonrojó furiosamente al percibir la manera en que Katsuki lo miraba, con una adoración y embelesamiento que casi rayaba en lo que Midoriya pensó que podría ser amor.
Ante aquel pensamiento el de cabellos verdes jadeó sorprendido, el mero pensamiento fue suficiente para causar que se congelase en su lugar, sin siquiera imaginar lo que, acertadamente, Izuku pensaba, Bakugo atribuyó su actitud de ciervo asustado ante los faros de un auto a la vergüenza por la repentina desnudez de su piel, antes de que el ambiente se quebrara más, el rubio separó su espalda de la pared para poder quitarse el suéter y la playera, lanzándolos sin cuidado al piso. Cuando su espalda desnuda tocó el concreto, Katsuki no pudo distinguir si el temblor que recorrió su espina dorsal fue por el frío o por la anticipación.
Sin reparo ni vergüenza alguna, los ojos verdes recorrieron atentamente su torso bien trabajado. Sintió una estúpida satisfacción, así como su ego elevándose a niveles estratosféricos, al notar el deleite con el que era observado, con hambre, con admiración y deseo. Sin embargo, aquello menguó en el momento en que Midoriya se quedó mirando fijamente sus cicatrices, las que quedaron como un recordatorio de la vez en que Bakugo lo salvó del ataque de Tomura Shigaraki y de la vez que el corazón del rubio se detuvo.
- Si te atreves a seguir recordando eso, te mató –amenazó, acertando en lo que el más joven estaba pensado.
- Lo siento –se disculpó entre risas ligeras Izuku. No le sorprendió que Kacchan supiera exactamente en lo que pensaba.
- No pienses en nadie más que en mí –soltó solemne- este momento es sólo nuestro.
¿No era esa una declaración demasiado fuerte? Por lo menos para Izuku Midoriya lo fue, sus costillas dolieron por la fuerza y rapidez que su corazón dedicó al bombear sangre, mareándolo ligeramente.
Sin aviso alguno, sus labios volvieron a ser reclamados por los de Bakugo. La avidez y desesperación puesta en ese beso fue más notoria, más cruda, en la mente de Midoriya no cupo más que la sensación que esos labios le causaban, los escalofríos placenteros que recorrían parsimoniosamente por su columna vertebral. Todo lo que no fuera Bakugo Katsuki pasó a segundo plano, relegado al olvido. Pronto, sus torsos terminaron pegándose sin decoro alguno, el contacto piel con piel les trajo un deleite que hasta ese momento era completamente desconocido, las caricias entre ambos, que al principio habían sido tímidas, ahora dibujaban caminos invisibles y cálidos por sobre la piel, arrancando en ambos estremecimientos. La habitación se caldeó mucho más, la combinación del calor y la emoción causó que las pieles de ambos se pintasen de un color carmín.
Pronto, cuando las emociones se desbordaron aún más, las caricias avariciosas y los besos insistentes fueron demasiado para soportarlo, involuntariamente Izuku se separó, arqueando su espalda y echando su cuello hacia atrás, rompiendo el beso abruptamente, sus labios se separaron y dejaron escapar un fuerte gemido. Esta vez no tuvo la oportunidad de sentir vergüenza, pues los brazos de Katsuki se apretaron con más fuerza en su cintura, empujándolo hacia abajo, a la par que las caderas del rubio se alzaron vigorosamente, en respuesta, Midoriya volvió a proferir un gemido.
Izuku se sintió mareado, a estas alturas no sabía si era debido al resfriado o a las fuertes sensaciones que se apoderaron de su cuerpo; el mareo era tal que más tarde, antes de que se fuese a dormir, pensaría que estaba borracho debido al placer. Buscando más de aquella sensación embriagadora, Midoriya hizo lo más atrevido que había hecho en toda su vida, con lentitud movió su mano derecha, deslizándola cuesta abajo por el pecho del rubio, no titubeó cuando las yemas de sus dedos tocaron el borde del pantalón de Bakugo, no detuvo el movimiento hasta que su mano tocó su objetivo, apretó con suavidad la entrepierna del rubio, quien, totalmente sorprendido, escondió su cabeza en el cuello de Midoriya mientras soltaba un ronco sonido de satisfacción. Los ojos de Izuku se abrieron al sentir el calor y el tamaño bajo la palma de su mano, no pudo evitar tragar saliva.
¿Qué se suponía que seguía? Ninguno lo sabía con exactitud, en sus vidas, jamás hasta ese momento, habían experimentado algo así (aunque sí que habían visto por aquí y por allá un par de cosas, jamás las habían probado de primera mano), las cosas continuaban escalando y, pese a la incertidumbre, ambos querían seguir hasta donde les fuese posible. El deseo que sentían por el otro, que hasta ese momento había permanecido dormido, reprimido, había salido a flote, ninguno tenía ni la más mínima intención de parar. Volvieron a mirarse a los ojos, perdiéndose en la mirada del otro por un par de segundos. Pronto, llegaron a otro acuerdo tácito. Izuku se incorporó, abandonando su lugar para poder quitarse su pantalón y ropa interior, no volvió a sentarse en el regazo de Bakugo hasta que el rubio hizo lo mismo.
Sus miembros, completamente erectos, se rosaron descuidadamente cuando volvieron a sentarse, tomando de nueva cuenta la posición que habían tenido durante ese rato, de sus gargantas salió un gruñido ronco. Con cierto recelo, pero ansioso por obtener más de aquellas sensaciones, la mano derecha de Midoriya se encargó de tomar ambos miembros en su mano, juntándolos; sintió sus mejillas enrojecer aún más, si es que aquello era posible, cuando percibió la sensación de las venas, el calor ardiente y las palpitaciones de ambas erecciones en la palma de su mano, sin demora alguna comenzó un suave y lento vaivén. Ambos jóvenes dejaron escapar un gemido ante aquel contacto.
- Aprieta más la mano –soltó Katsuki, ronco. Sin dudarlo, Izuku obedeció. Esta acción mandó chispazos vibrantes de placer por lo largo de las columnas vertebrales de ambos jóvenes.
Pese a ser ciertamente tímido, Izuku no era ingenuo, no era como si no tuviera deseos carnales y fuera un completo ingenuo en el tema. Puso un poco más de fuerza en su agarre, la suficiente para que la presión fuera más apretada, pero no tanto como para doler o como para evitar la movilidad. A continuación, Midoriya continuó con el vaivén de su mano, un movimiento ascendente y descendente que lanzó la cordura de ambos por la borda.
Esta vez, los jadeos acompañados por gemidos inundaron la habitación, sonando peligrosamente cerca del oído del otro, el calor abrazador pareció aumentar de manera exponencial, causando que sus pieles se perlasen por el sudor. No queriendo quedarse atrás, Bakugo volvió a mover sus manos, acariciando avariciosamente la piel húmeda, llena de galaxias, que gustosa se ofrecía ante él; sus labios también se sumaron a la ecuación, volviendo a reclamar con avidez los labios de Izuku, sus caderas tampoco se quedaron atrás, pues inconscientemente comenzaron a arremeter contra la mano de Midoriya, buscando con ansias tener más de aquellas intensas sensaciones.
Las hormonas de ambos adolescentes se elevaron hasta el cielo. Los temblores y espasmos invadían ambos cuerpos se tornaron más continuos, los besos que compartieron se hicieron más descuidados cuando, de vez en cuando, añadieron mordidas, algunas fueron suaves, mientras que otras fueron más fuertes a causa de la emoción. La mano de Bakugo se sumó a la de Izuku, cubriendo la del susodicho, fue así que el agarre se volvió más apretado y el ritmo subió de intensidad. La humedad, causa por el líquido preseminal de ambos, hizo que el movimiento fuera más fácil y fluido, la sensación en ambos miembros, calientes, palpitantes, fue increíblemente enloquecedora.
Ansiosos por más, aumentaron por última vez la velocidad hasta que alcanzaron el punto de no retorno. Las sensaciones pronto se volvieron insoportables, el placer pronto se acercó a la cúspide anhelada, el clímax se acercó más pronto de lo que ambos hubieran querido. Sus frentes se pegaron la una a la otra, aunque les fue difícil, casi imposible, permanecieron mirándose por el mayor tiempo que les fue posible, hasta que se vieron obligados a cerrarlos por la sobre estimulación sensorial, el aliento caliente, que salía entre gemidos y fuertes exhalaciones de aire, les quemaba los labios magullados. Los latidos de sus corazones se desbocaron más, los dedos de sus pies se curvaron cuando finalmente ocurrió, las intensas descargas de placer que habían paseado por sus columnas vertebrales se concentraron en la parte baja de sus vientres, escapando en chorros de semen cuando el orgasmo llegó.
Poco a poco, cuando la bruma del orgasmo empezó a disiparse, volvieron a abrir los ojos, se miraron fijamente sin poder articular ni una palabra debido a la falta de aire, sus bocas emitían únicamente jadeos que pretendían únicamente recuperar el aire. Cuando sus latidos y respiraciones se regularizaron, se separaron, compartiendo un casto beso que les supo a algo distinto a todos los besos que habían compartido antes, se trataba de un beso cargado de complicidad, un beso que sellaba la muda promesa de repetir lo que acababa de suceder de nueva cuenta en un futuro próximo y, cuando ambos estuvieran completamente listos y lo decidieran, llegar aún más lejos, hasta el final.
En cuanto el contacto visual y entre ambas frentes se esfumó, sus miradas se deslizaron cuesta abajo, encontrándose con un desastre blanquecino y pegajoso que comenzaba en sus vientres y terminaba en algunas salpicaduras en sus pechos, además de en sus manos que permanecían en sus miembros. Ambos jóvenes tuvieron la certeza de que, si hubiera sido por el periodo refractario, habrían tenido una nueva erección. La vergüenza retornó de forma exponencial, volviéndolos torpes, ¿qué se decía en una situación así?, ¿de qué manera se suponía que debían actuar? Lo primero que atinaron a hacer fue a soltar su agarre, dejando las manos cerca para no manchar la cama, lo que le dio a Midoriya una idea.
- Yo… -comenzó Izuku, quien tuvo que carraspear para aclararse la garganta y que su voz se escuchase mejor- déjame alcanzar algunos pañuelos.
Aquellas palabras hicieron que Bakugo se diera cuenta de que una de sus manos había permanecido en la cintura de Midoriya, asintió mientras lo soltaba, extrañando al momento la calidez de aquella piel. Con mucha torpeza Izuku se levantó del regazo de Katsuki, casi cayéndose al piso debido a que aún estaba sumido en la bruma del orgasmo y sus piernas parecían haberse vuelto de gelatina, frágiles y temblorosas, tomó la caja de pañuelos que estaban en el escritorio y se los tendió a Bakugo, Deku sintió una vergüenza enorme al ver que, de forma bastante descarada, Katsuki lo miraba, evidentemente disfrutando de la visión de su cuerpo desnudo.
- Aquí tienes –murmuró apenado.
Ninguno dijo más nada, mientras se limpiaban el semen y el sudor, para después volver a vestirse y acomodar correctamente el edredón de All Might que se había desacomodado sin que ninguno se diese cuenta, aprovecharon ese momento para tranquilizar sus corazones y volver a regular sus respiraciones. Una vez que terminaron, Bakugo, quien en la superficie se mostraba tranquilo, aunque por dentro estaba igual de nervioso y tímido que Izuku, se dispuso a encender la luz de la habitación y así apagar el proyector, pero dejándolo en el sitio en que lo había colocado.
- ¿Te gustó? –preguntó el rubio, mientras su mano permanecía sobre el aparato.
Por la mirada que esos ojos rojos le dedicaron, Izuku supo de inmediato que no hablaba precisamente del proyector, un tinte rosáceo volvió a adueñarse de sus mejillas mientras una pequeña y tímida se posó involuntariamente en sus labios.
- Me encantó –admitió- bueno, quizás esa palabra se queda corto, probablemente una mejor palabra podría ser…
Y ahí estaba de nuevo, ese monologo rápido que Izuku Midoriya soltaba habitualmente, Bakugo no quería que el de cabellos verdes se fuera por las ramas, así que, mientras Deku continuaba hablando, diciendo cosas que en realidad Katsuki no estaba escuchando, el rubio se rompió la pequeña distancia que había entre ambos, lo tomó de los hombros, sorprendiéndolo, antes de que Izuku pudiera procesar lo que estaba pasando, Bakugo dejó un pequeño beso sobre la cicatriz que yacía bajo el ojo derecho de Midoriya.
- Hay que ventilar la habitación un rato antes de que regrese tu madre –soltó cuando se separó- ve a sentarte en la sala para que pueda abrir la ventana.
Deku no encontró nada que decir, así que salió visiblemente nervioso de su cuarto. Por su parte, Bakugo se tomó un poco más del tiempo necesario para abrir la ventana hasta la mitad, para que el cuarto no se enfriase demasiado, tomó varios segundos para tratar de retomar la calma y no lucir como un estúpido avergonzado. Cuando se sintió seguro de que tenía el control de sus emociones, se dirigió al encuentro de Midoriya, quien le esperaba sentado frente al sofá con la televisión encendida.
- No dejaré la ventana abierta por mucho tiempo –avisó mientras se sentaba al lado de Izuku- tu madre podría regresar pronto.
Midoriya miró el reloj que reposaba sobre la pared, sorprendiéndose por la hora, el tiempo había pasado volando.
- Gracias –el rubio asintió- ¿Tienes que marcharte pronto? –preguntó con timidez- en unos minutos pasarán un especial de All Might, si quieres, podemos verlo juntos… si quieres.
- Por supuesto que quiero –respondió ofendido, pasando su brazo casualmente sobre los hombros de Izuku.
Una sonrisa floreció en los labios de ambos adolescentes, aunque el tiempo seguía avanzando, acercándose a paso firme hacia la graduación, a Bakugo no le importó en ese momento, mientras estaba con la persona que le había robado por completo el corazón, mirando en la televisión al héroe favorito de ambos salvando el día, se sentía tan a gusto, tan feliz y pleno que tuvo la sensación de que el tiempo se detuvo, en ese preciso instante sólo existían Midoriya y él.
Sus preocupaciones y miedos acerca del futuro podían esperar para después, en ese momento no importaba más nada ni nadie que el joven que plácidamente estaba acurrucado contra su pecho.