¡𝘘𝘶𝘦𝘴𝘰 𝘺 𝘓𝘰𝘳𝘰𝘤𝘰! ─ 𝘊𝘰𝘶𝘯𝘵𝘳𝘺𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘴

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Sinopsis

── (. ౨ৎ ) - ¡𝘌𝘭 𝘲𝘶𝘦𝘴𝘰 𝘺 𝘦𝘭 𝘭𝘰𝘳𝘰𝘤𝘰 𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳 𝘤𝘰𝘮𝘣𝘰! - 𝘋𝘪𝘫𝘰 𝘦𝘭 𝘴𝘢𝘭𝘷𝘢𝘥𝘰𝘳𝘦𝘯̃𝘰. - 𝘚𝘪𝘨𝘰 𝘴𝘪𝘯 𝘦𝘯𝘵𝘦𝘯𝘥𝘦𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 "𝘱𝘶𝘱𝘶𝘴𝘢" - 𝘊𝘰𝘯𝘵𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘭 𝘲𝘢𝘵𝘢𝘳𝘪. ★.¡! Qatar x El Salvador ★.¡! Boys love ★.¡! Soft fic ★.¡! Historia corta

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Capítulos:
1
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13+

𝗾𝘂𝗲𝘀𝗼 𝘆 𝗹𝗼𝗿𝗼𝗰𝗼★.¡𝟬𝟬!


El suave cantar de algunas avecillas por ahí, entonaban la canción de la mañana. El son de el amanecer y el cantar de el gallo oficialmente dio la señal que era hora de despertar.

Qatar estaba incierto, soñoliento, con sus ojos rogando por seguir cerrados y con el cuerpo completamente perezoso, sin ninguna intención de levantarse, abrazo a su querido salvadoreño, oh al menos pensó que seguía ahí-. . . Ahora solo estaba el lugar vacío en la cama mostrando la ausencia de el salvadoreño.

El qatarí no estaba en su extensa cama, en su cómoda cama, lo suficientemente grande como para que los 14 departamentos de el salvadoreño durmieran ahí; Estaba en la casa de su amado latino, su amado prometido.

Un árabe que había traicionado sus principios, en sus tradiciones estaba prohibido tener relaciones entre dos hombres-. . . Sin embargo, ¿Cómo poder resistirse a la hermosura de su salvadoreño?- Tan adorablemente sensual.

Desperezándose, decidió ir en busca de su amado. Atravesando el pasillo, y encontrándolo cocinando tarareando suavemente, mientras parecía estar muy concentrado. Qatar dio un suspiro amoroso irresistible a no abrazar a el salvadoreño.

Se acercó lentamente, apreciando el cuerpo de su prometido y abrazándolo de su cintura, posicionando su mentón en el hombro de este. Sintiendo que el salvadoreño dio un pequeño brinco de el susto.

— ¡Hay, Qatar!-. . . Casi me da un infarto — Poniendo su mano en su corazón, que en verdad estaba alterado.

— Mmj~ No seas dramático, querido — Dijo con una sonrisa coqueta.

Qatar apreciaba la espalda y hombros de el salvadoreño, acariciando levemente estas partes, sintiendo como el centroamericano se ponía cada vez más nervioso.

— ¡Qat!, ni se a levantado y ya me anda manoseando — Intentando zafarse de el agarre — Agace pa’ ya, me puedo quemar —

Qatar lo miró como si a un perrito estuviese regañando, sin embargo, obedeció a el salvadoreño dejando de abrazarlo sin embargo, eso no quiere decir que se alejará de él. El qatarí era conocido por ser extremadamente meloso en casa pero también demasiado frío y distante en público.

— Mmh-. . . Estás haciendo- ¿Pa-. . pusas?- — Dijo sin recordar correctamente, el nombre de aquel platillo.

— Pupusas — Respondió, con un toque de molestia e indignación — Y si, así que siéntese, ya le sirvo — Dijo como si de una esposa amorosa se tratará.

Por un momento fue una buena idea, el echo de ya estar casados y poder vivir juntos, tratándose como esposos jodidamente melosos- Qatar se contenía aún tenia que respetar a su pareja antes de casarse.

— Ya está, mi amor — Habló el salvadoreño, con todo el amor de una recién casada — No se ponga así- Se que pude sonar enojado pero no era mi intención, mi vida. . . —

— No te preocupes, mi bella flor de el desierto, no podría enojarme contigo —

Y como si de un lobito domado, empezó a frotar su rostro contra el abdomen de el azul y blanco y claro el contrario no se negó, en cambió acarició su cabello de forma suave, dando leves mimos.

Salvador amaba, ver el cabello suelto de el qatarí, rebelde-. . . y con aquellos mechones dorados, lo amaba verlo libremente sin necesidad de parecer un representante “digno” para su país. Le gustaba ver lo relajado que se comportaba en la privacidad de su pequeña casita, con él, y solo con él.

Se quedaron así por un período largo, eran ellos dos solos después de todo.

— B-bueno, Qat, mejor coma ya-. . . Capaz se le enfría — Dijo intentando poner más un ambiente común.

— Si usted lo dice —

Qatar analizó con toda la deducción posible, que podía que aquella pupusa en especial tenía un ingrediente que no había probado.

— ¿Amor? — Llamó amorosamente a el guanaco, que ya estaba apagando la cocina.

— Dígame, mi rey — Habló con un cariñoso apodo, para él qatarí.

— ¿Qué es esto. . .-? — Preguntó, señalando un loroco en la parte que cortó de la pupusa.

— ¡Ah!- ¿No lo había probado, va?- Se llama loroco — Dijo emocionado — ¿No le había dado pupusas de queso y loroco? —

El de rojo y blanco negó, intrigado por la extraña combinación de gastronomía que el salvadoreño poseía, miraba dudoso aquel ingrediente, ¿Qué tal si no le gustaba?- Y su salvadoreño lo terminará echando y odiando por insultar aquel platillo que tanto amaba- O peor aún, cancelando su matrimonio.

Es increíble como aquel simple ingrediente, pueda llegar a dejar a Qatar sin prometido.

— Qat-,, Pruébele y me dice-. . . No es por nada pero- ¡El queso y el loroco es la mejor combinación!- Aún que sin loroco siguen siendo ricas — Dijo, como si debatiera internamente para decidir la mejor — Aún que, no voy a engañar a nadie; Todas las pupusas son buenas —

— ¿Me jura que no va a cancelar nuestro matrimonio si le digo que no me gusta? — Miraba con ojos lamentoso, como si todo el fin de el mundo terminara por la decisión de el guanaco.

— ¿Qué?-. . — Fue lo único que logró formular ante tal pregunta.

— ¡Prométalo, mi bella flor! — Dijo halando el brazo de el mayor, como si rogará y casi se pusiera de rodillas.

— ¿Si?- No lo voy a hacer. . .-. .—

Después de el pequeño show de el qatarí; Este remojo el pedazo de pupusa en la espesa salsa de tomate y llevándoselo a la boca, masticando meticulosamente como si de un crítico de comida fuese, dejando a el salvadoreño impaciente por saber su opinión.

— ¿Y bien, mi amor? — Preguntó, ansiosamente, Salvador.

— -. . -mh. . Está muy rico, amor — Dijo complacido por el sabor.

— ¡Yeii!- Yo sabía que le iba a gustar — Emocionadamente abrazo a el qatarí, mientras le daba gustoso besos en la mejillas y frente.

Mientras Qatar, disfrutaba dichoso no haber perdido su matrimonio, por aquello llamado loroco- . . . También de los pequeños mimos y apapachos que recibía de el salvadoreño.