El Diario y el chico de en frente
DIARIO DE HAN JISUNG:
Fecha:Miércoles, 14 de enero de 2026
Ubicación:Mi habitación (un fuerte hecho de cajas de cartón)
Estado:Invisible y con ganas de desaparecer
Querido diario:
Oficialmente, el diario azul con el dibujo de una rebanada de tarta en la portada ha muerto. Se quedó en algún lugar entre nuestra antigua casa y este nuevo barrio de gente que parece tener demasiado dinero. Así que aquí estás tú: tapa negra, hojas en blanco y el peso de ser mi único confidente en este desastre.
Hoy ha sido el día de la mudanza oficial. Bueno, para Chan ha sido el día de “Soy el tipo más guapo del vecindario y todos lo saben”. Es increíble, de verdad. Todavía no hemos terminado de bajar las maletas del coche y ya había tres vecinas y un par de chicos de nuestra edad pasando “casualmente” por la acera solo para mirarlo.
Chan tiene ese efecto. Es como si tuviera un foco pegado a la cara las 24 horas del día. Es amable, tiene esos hoyuelos que convencen a cualquiera y, para colmo, es el hermano mayor perfecto. Y luego estoy yo. Han Jisung. El que lleva una sudadera tres tallas más grande para esconderse, el que se tropieza con el aire y el que, por alguna razón que todavía no comprendo, tiene la capacidad de romper las leyes de la física.
Mañana empiezo 4º de la ESO. Un año nuevo, una escuela nueva donde seré simplemente “el hermano de Bang Chan”. Ya me lo imagino: los profesores preguntándome si soy tan brillante como él, y las chicas (o chicos) acercándose a mí solo para preguntarme si Chan tiene novia. Es mi destino. Ser la sombra de un sol que brilla demasiado.
Pero lo que nadie sabe, ni siquiera Chan, es que hoy tuve que usar mi... “regalo” otra vez.
Estábamos moviendo el sofá nuevo. Chan, con toda su fuerza de atleta, estaba en un extremo; yo, intentando no morir aplastado, en el otro. De repente, el pie de Chan resbaló con una mancha de aceite en el suelo del garaje. Si caía, el sofá le iba a destrozar la pierna. Lo vi todo en cámara lenta.
Click.
Retrocedí.Cinco minutos exactos.
Volvimos a estar en el camión. Antes de levantar el sofá, busqué un trapo y limpié la mancha de aceite sin decir nada. Chan me miró raro.
—¿Qué haces, Hannie? Tenemos prisa —dijo con esa voz de líder.
—Nada, solo... precaución —respondí, sintiendo ese pinchazo familiar en la sien.
Él no sabe que le salvé de pasar su primer día de instituto con una escayola. Nadie lo sabe. Ese es el problema de mi poder: soy un héroe que nadie aplaude porque, técnicamente, el desastre nunca llegó a ocurrir.
Mañana será el verdadero reto. Nuevo instituto. Cientos de personas. Cientos de posibilidades de que algo salga mal. Solo espero que mis cinco minutos sean suficientes para sobrevivir a la sombra de mi hermano y, quizás, solo quizás, encontrar un rincón donde pueda ser simplemente Jisung.
Tengo miedo de dormir y que mañana llegue demasiado rápido. Pero el tiempo no se detiene... a menos que yo lo obligue.
— Jisung.
[Pov: Jisung]
Cerré el diario de golpe. Estaba a punto de meterlo bajo la almohada cuando un grito de mi hermano me hizo dar un respingo.
—¡JISUNG! ¡BAJA! ¡RÁPIDO!
Rodé los ojos. ¿Ahora qué? Me puse las zapatillas y bajé las escaleras a regañadientes. Chan estaba pegado a la ventana del salón, que da a la calle.
—¿Qué pasa? ¿Has visto un ovni? —pregunté, frotándome los ojos.
—Casi. Mira, el chico de enfrente acaba de llegar a casa.
Me asomé por encima de su hombro. Al otro lado de la calle, bajo la luz naranja de la farola, había un chico intentando abrir la puerta de su casa, la 4B. Llevaba una mochila al hombro y tenía un aspecto cansado, como si viniera de un entrenamiento nocturno. Era guapísimo, incluso desde esa distancia. Tenía el pelo oscuro un poco húmedo y unos hombros anchos que le daban un aire de seguridad, aunque su primer intento de meter la llave en la cerradura falló estrepitosamente.
—Pobre tío, parece que la llave no coopera —se rio Chan, pero con esa risa amable que le caracteriza.
En ese momento, el chico (el vecino guapo) finalmente abrió la puerta, pero al intentar entrar, el pomo de la puerta se enganchó con el asa de su mochila. El chico tropezó hacia atrás, perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer de espaldas al suelo de mármol de su entrada.
Ahí estaba. ElClick.
Ese tirón familiar en mi pecho me avisó. El tiempo se detuvo para mí. Vi la escena en cámara lenta: la mochila tirando de él, sus ojos abiertos, el impacto inminente de su cabeza contra el suelo.
Cinco minutos, Jisung. Tienes cinco minutos para evitar que este chico se rompa la crisma.
Retrocedí.
Volví a estar junto a Chan, mirando por la ventana, pero esta vez, mi cerebro estaba a mil por hora. El chico de enfrente volvió a intentar abrir la puerta. Esta vez, justo antes de que metiera la llave, Chan gritó desde nuestra ventana:
—¡EH! ¡VECINO! ¡CUIDADO CON EL POMO! ¡SE ENGANCHA CON TODO!
El chico se giró, sorprendido. Miró hacia nuestra ventana y, al ver la sonrisa de Chan, se sonrojó un poco. Sonrió de vuelta, un poco incómodo.
—¿El pomo? Ah, sí, gracias, lo olvidaba —dijo, y esta vez, con cuidado, se quitó la mochila antes de entrar en su casa.
La puerta se cerró. El desastre se evitó. Sentí el dolor de cabeza familiar, pero al menos el chico estaba intacto.
Chan me miró, orgulloso.
—¿Ves? ¡Soy un héroe! —dijo con esa seguridad que me da envidia—. Mañana cuando salgamos, me voy a presentar. Parece majo y seguro que va a mi mismo curso, 1º de bachillerato. Necesito nuevos amigos aquí. ¡Ese chico es perfecto!
Me quedé helado. Perfecto, sí. Pero un desastre andante. Mi hermano acababa de decidir que mi nuevo vecino, el chico torpe al que acabo de salvar con mi poder, va a ser su mejor amigo.
Subí a mi habitación, procesando que el destino acababa de unir mi vida con la de un chico al que, desde ya, iba a tener que vigilar las 24 horas del día. Saqué mi diario y escribí mi última línea de la noche:
“PD: El chico guapo de enfrente se llama... bueno, no sé su nombre, pero ya sé que es un imán para los accidentes. Mañana mi hermano se presentará y yo estaré allí, como su sombra invisible, listo para usar mis cinco minutos. Esto va a ser más difícil de lo que pensaba. La operación ‘Que el vecino sobreviva a la semana’ acaba de comenzar.”
Apagué la luz, sabiendo que, a partir de mañana, mi vida iba a girar en torno a evitar que un chico guapísimo se hiciera daño.