ÚNICO
Jungkook era un chico de tan solo 17 años, solitario y sin futuro alguno. ¿Familiares? No los conocía, ellos a él? No lo sabía ¿Amigos? Solo había tenido un perro abandonado igual que el, pero aquel ser estaba pudriéndose en algún lugar del pueblo Swan después de haber muerto por asfixio. Jungkook no creyó que su pequeño perro edén hubiera muerto así, sin embargo era lo que más esperaba al haberlo encerrado en una bolsa de tela y lanzarlo a una fogata en creciente fuego.
Llegaba a cuestionarse si todo era normal en su vida, sus inesperados ataques de amor hacia sus mascotas que tenía, al punto de matarlos, o ahorcarlos con sus propias manos.
Pero todo cambió cuando vio a aquel chico rubio de baja estatura, un par de zafiros azules como ojos, una sonrisa ya bella y brillante resaltando su pequeño diente chueco en cada sonrisa, su personalidad tan amistosa y amable.
Park Jimin, un chico de 15 años que había estado asechando durante unos meses, desde lejos. Desde que salía de su casa para ir a la escuela hasta la hora en la que regresaba, sus salidas ruidosas con sus amigos.
Le atraía de forma enferma, le encantaba observarlo sin que se diera cuenta, su cuerpo tan hermoso como los pétalos de una rosa era lo de menos, su piel y su perfecta persona junto esos ojos brillantes eran lo que más le gustaban.
Lo quería, pero solo para él.
Jimin! -gritó la mamá de aquel chico mientras continuaba preparando el desayuno, como una familia cliché, su esposo leyendo el periódico y su adorable hijo bajando por las escaleras con una ardiente sonrisa-
Perdón por la tardanza mami! -le dio un beso en la mejilla a sus padres y se sentó a desayunar entre una plática tranquila entre ambos progenitores-
Jiminnie, quiero llevar a tu madre a cenar por nuestro aniversario... estarás bien solo una noche? -su padre lo miró con advertencia y un toque de humor en su voz, Jimin asintió efusivo y limpio sus labios-
No te preocupes papá, tengo tarea que adelantar para el lunes, pueden ir tranquilos -sonrió y el desayuno continuo entre palabras intercambiadas entre las 3 personas, sin embargo no sabían lo que pasaría ese sábado 10 de septiembre-.
Sus padres durante la tarde se estuvieron arreglando, cuando el reloj marcó las 7:30 pm ambos salieron de la casa dejando comida lista por si a su hijo le daba hambre, despidiéndose de un beso en sus mejillas dejaron su hogar.
Jimin suspiró y se recostó en el sofá mirando videos en su celular, después de un rato, subió a su habitación, sintió aquel raro sentimiento al que no le encontraba significado, recorrer su columna. Lo ignoró y empezó a hacer su tarea como de costumbre con sus audífonos puestos y con su música favorita resonando en sus oídos.
En un lugar no muy lejano a la casa del pequeño Park se encontraba Jungkook, con un pequeño gato anaranjado entre sus manos, ese pequeño gato descansaba en sus manos sin algún aliento mientras jungkook miraba con curiosidad y morbosidad la piel del gato. Metió sus dedos en el orificio de los ojos del gato, empujando su globo ocular hacia un lado sin remordimiento mirando la sangre empezar a esparcirse, solo tener el pellejo cubierto por el pelaje del gato entre sus uñas, lo jaló con una fuerza neta,orando al instante la pie rojiza e irritada del mínimo, logró jalar hasta el final de la columna del gato, tomó un pedazo de botella de vidrio rota y desgarró la misma mirando sus tejidos, como pedazos de carne que fácilmente podrías encontrar en una carnicería solo que con pequeños pelos anaranjados soltados por el gato y la sangre abundante que salía de su pequeño cuerpo, suspiró aburrido y lo arrojó hacia una caja llena de basura. Guardó sus pinzas para cables y el pequeño cutter en su chamarra.
Necesito... Necesito tener pronto a Jimin -soltó una pequeña sonrisa mientras limpiaba su mano-
Verlo tan indefenso y asustado se sentiría... Mgh
-sacudió su cabeza y salió de aquel callejón oscuro, caminó entre las calles hasta llegar hasta la casa de Jimin, enfrente de la misma no vio el auto de sus padres, pero si la luz prendida en aquella habitación que conocía tan bien.
Tendría alguna parafilia? No lo sabía o era muy ignorante sobre el mismo. se escabulló entre las ventanas bajas del hogar abriéndolas con una pequeña palanca que tenía provocando un ruido un poco fuerte, entró sin esperar demasiado tiempo y miró la casa de tonos cremas y impecable limpieza. En la cocina buscó entre los cajones una qué hora cosa que le sirviera, sus manos temblaban en emoción y su corazón dolía por la euforia del momento, tomó un tenedor y un cuchillo pequeño pero filoso.
Subió las escaleras en silencio mirando la puerta abierta de la habitación de Jimin, este estaba de espalda frente a su escritorio terminando su tarea mientras tarareaba una que otra canción.
Jungkook sonrió y no esperó ni un momento más y tocó su hombro Jimin se asustó y saltó mirando a aquel chico delgado y alto con cabello azabache callendo sobre sus ojos, negro como la oscuridad y su ropa desgastada y sucia.
No estás gritando -Jungkoook susurró con un puchero mientras se acercaba más al cuerpo del más bajo-
A-aléjate de mi! -se levantó y corrió a el otro extremo de la habitación intentando llegar a la puerta-
Intentando solamente ya que Jungkook fue tras él y jaló su pelo rubio y suave como se lo había imaginado hacia atrás con tanta fuerza que lo estrelló contra el escritorio haciendo que soltara un grito lastimero.
A-AYUDA! -empezó a gritar mientras su cuerpo temblaba más e intentaba tomar algo para defenderse-
Jungkook sintió la excitación bajar por todo su cuerpo al verlo tan indefenso y con un hilo de sangre bajar por su cabeza.
Deberías gritar aún más -se acercó hacia él aventándolo contra la pared y su armario, tomó su barbilla apretando su cara con fuerza- muéstrame estos lindos dientes que tienes
Jimin le escupió en la cara e intenso patearlo y tan siquiera golpearlo pero lo espero que ese chico alto lanzará el lateral de su cabeza hacia la dura madera de su ropero.
¡Te dije que sonrieras! -gritó molesto y con cierto tono de berrinche mientras tomaba de nuevo el pelo de Jimin-
Jimin lo ignoro y con las pocas fuerzas que aún tenía guió sus uñas bien cuidadas y un poco largas a la cara de Jungkook desgarrando su piel y apretándola, Jungkook jadeo lastimero y se alejó, Jimin aprovechó para salir corriendo lo que sus piernas le permitían sin embargo Jungkook tomó su tobillo y lo jaló hacia el suelo haciéndolo caer de cara contra el piso.
Quise ser paciente sabes? -tomó el chucbillo que estaba oculto en su pantalón desgastado de mezclilla y lo guió hacia las clavículas de Jimin- ¿me sonreirás?
Jimin sintió el frío metal sobre su piel y con el miedo recorriendo su piel soltó una pequeña sonrisa haciendo que sus ojos se convirtieran en unas lunas. Jungkook sonrió satisfecho y empezó a delinear y cortar la piel lechosa de Jimin con el filo del cuchillo, mirando su pie abrirse y un Jimin retorciéndose y gritando de dolor.
A-ayud-denme! -gritaba con sus fuerzas esperando a que uno de sus vecinos escuchara aquel grito-
Jungkook gruño cansado de sus gritos ahora y tomó su mentón.
CÁLLATE! Tu maldita voz me fastidia! -la ira apoderó su cuerpo y sacó sus pinzas noqueando a Jimin al instante- maldito niño ¡CÁLLATE YA!
Sacudió su cabeza escuchando aún el llanto de Jimin, tomó la pinzas y las guió hacia sus dientes de enfrente donde se encontraba aqui el diente chueco tan característico de él y lo jaló quemándolo con un poco de fuerza sintiendo el sonido de él diente rompiendo lazo con su boca y la sangre que comienza a bajar y llenar la boca de Jimin, ese pequeño diente hizo doler la erección que a Jungkook comenzaba a formarle aquella escena, una vez empezó con el primero no pensó en detenerse sacando cada uno con más fuerza que el anterior hasta ver un mar de sangre en su boca, tomó el tenedor sintiendo sus manos hormiguear ante el latente deseo y lo clavó en el globo ocular de Jimin como tal uva, lo sacó sin tener éxito y utilizó sus dedos como aquel gato. Logro sacarlo sintiendo el espeso y aguado órgano entre sus manos, hizo lo mismo con el anterior mirando con fascinación cada vena y cada tejido que se asomaba por la cavidad de su ojo.
El cuerpo de Jimin sin vida y sin una pizca de aire en sus pulmones quedó en aquel suelo de madera de su acogedora habitación. Jungkook había amado tanto a Jimin ¿era su acosador? Si, pero ahora tenía algo que solo era de él esos hermosos ojos turquesa y aquellos dientes llenos de sangre y con una que otra fractura.
Se levantado mirando el suelo lleno de sangre y su propia ropa, tomó un bolso de Jimin y minutos después dejó un casto beso en los rotos labios de el cadáver, se separó y salió por aquella puerta trasera, caminó entre la oscuridad de la noche y nos jardines. Llegó a aquel terreno baldío con esos ojos entre sus manos y aquellos dientes empezó a coser un pequeño peluche entre sus manos.
Aquel hermoso chico de piel pálida como la nieve, esos hermosos ojos y esos divinos dientes ahora estaba en un lugar donde sólo él podía verlo, donde sólo él podía ver sus lindos ojos y sólo él podía ver esa hermosa sonrisa sonreírle a él.

FIN