Prólogo
PRÓLOGO
. ???, 24:15
No iba a dejar que esa bestia me despedazar, eso seguro.
Llovía a cántaros y el viento soplaba tan fuerte que parecía que podría tirar un árbol a la primera de cambio. Las piedras estaban resbaladizas y las raíces en el piso no hacían más que meterse en nuestro camino.
Tenía la respiración entrecortada y mis manos temblaban por el frío, pero no podía dejar de correr, no si eso significa terminar dentro de la boca de ese monstruo.
- ¡¿Cuánto más?!
- ¡No sé! ¡Los árboles me tapan la vista!
El bosque era enorme. Árboles gruesos, piedras grandes y raíces que se extendían por todo el piso sin fin. La oscuridad de la noche solo lo hacía menos fácil de transitar. Por no hablar del tema de la lluvia, claro.
- ¡Esto es malo, a este paso nos va a alcanzar!
- ¡No me digas!
Puse la mano sobre una piedra y salté sobre ella, impulsándome hacia adelante. Me corté un lado de la muñeca, pero no tenía tiempo para preocuparme por eso.
Detrás de nosotras se escuchaban lo rugidos enfurecidos de nuestro perseguidor, quien no seguía casi pisándonos los talones. Sus pisadas hacían eco en nuestras mentes desesperadas, consumidas por el miedo.
- ¡¿Qué hacemos?!
- Seguir corriendo hasta que encontremos terreno alto.
- ¿Y si nos alcanza?
- peleamos, no hay de otra.
Subir a un árbol en estos momentos no era buena idea, y de todas formas esa bestia lo derribaría de un golpe en cuanto nos viera.
El agua corría por mí cara y el pañuelo atado a mí brazo se pegaba a mí piel como una babosa, pero no podía distraerme por eso, debía seguir viendo al frente sin importar que.
O sería mortal.
- ¡Allá!
Elevándose sobre los altos árboles del bosque, se veía una pared enorme de piedra negra opaca que parecía esquivar los rayos de luz de la luna, como si los tragara. Pequeñas rocas sobresalían de la pared, dejando camino para la escalada hasta la mitad del muro y a la suerte la parte restante.
- ¿Vamos a subir eso? ¡Si solo llega hasta la mitad!
- Es eso o nada, además no creo que ninguna tenga suficiente energía para seguir corriendo.
Aminoramos la marcha en cuanto estuvimos a unos metros de distancia de la pared.
- Mierda.
La tierra y las hojas se nos metían en los ojos a causa del viento, que parecía soplar cada vez con más furia. Subir sería difícil sí apenas podíamos ver hacia arriba, pero era la mejor opción. Y la única con chances viables.
Detrás de nosotras los rugidos de la bestia se hacían cada vez más fuertes mientras se acercaba.
- Vos primero.
- De acuerdo.
La primera piedra estaba fría y resbaladiza y apenas podía sostenerme de ella, pero logré impulsarme hacia arriba a duras penas. La pared era alta, de capaz unos 100 metros de largo y uno de ancho. Las piedras parecían adornos mal colocados en esa pared.
Subí uno más y después otro antes de que las demás me siguieran.
- Esto es muy complicado.
- Menos quejas y más subir ¡Apuren!
Mis manos resbalaban continuamente y apenas podía mantenerme derecha y con los ojos abiertos. En el remoto caso de llegar a la mitad de la subida ¿Cómo lograríamos llegar a la cima si el resto era terreno llano?
En el bosque los árboles se movían bajo las fuertes pisadas del animal que nos perseguía, hambriento y enojado.
- ¡Nos va a alcanzar!
- ¡Suban más rápido!
- ¿Por qué no traje el arco?
Apuramos lo más que pudimos.
El viento soplaba cada vez más fuerte, la lluvia caía cada vez más rápido, nuestras manos resbalaban cada vez más a menudo y las sangre nos corría por la cara tapándonos la visión; pero la bestia corría como si nada de eso le importara.
Pasaron segundos que parecieron horas, pero ahora la cima era visible. Un poco más, si alguien de arriba aparecía y estiraba la mano capaz...
Y en ese momento cayó el primer rayo.
Un grito agudo y una mancha de sangre en la pared fue suficiente para detenernos.
Me giré a la vez que su cuerpo colapsaba contra la tierra con un sonido repugnante, como un eco apagado el lo más profundo de mi mente.
La sangre le cubría el pecho y la cara, formando un gran charco rojo a su alrededor. Sus ojos, abiertos por la conmoción, parecían incapaces de reflejar la luz de la luna.
Su cuerpo inerte fue el primer objetivo de la bestia al salir del bosque. De un salto acortó la distancia que los separaba y se abalanzó sobre ella, con las garras afuera y la boca abierta.
Mí cuerpo se movió antes que mí cabeza y salté de la pared, soltando la única piedra que me mantenía pegada a ella.
Y, mientras caía, lo único que pude hacer fue gritar su nombre.