24 horas a tu lado

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Mateo y Valentina comparten una amistad marcada por silencios, miradas y sentimientos que no se animan a decir. Entre momentos simples y charlas sinceras, la relación entre ellos empieza a cambiar. Cuando deciden pasar 24 horas juntos, descubren que no hace falta nada extraordinario para que algo sea verdadero. A partir de ese día, ambos deberán aprender a comunicarse, enfrentar sus miedos y elegir quedarse. 24 horas a tu lado es una historia sobre el amor que crece despacio, la importancia de estar presente y el valor de compartir el tiempo con alguien especial.

Genero:
Romance/Mystery
Autor/a:
Santi8787m
Estado:
Completado
Capítulos:
15
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

un dia cualquiera

Mateo siempre creyó que los días importantes se sentían distintos.

Que al despertarse algo cambiaba en el aire, en el cuerpo, en la forma de mirar el techo antes de levantarse.

Pero esa mañana fue como todas las demás.

El celular vibró sobre la mesa de luz. Un mensaje del grupo de la escuela, otro que no abrió, y la alarma sonando por segunda vez. Se levantó despacio, todavía medio dormido, pensando en lo mismo de siempre: que los días se parecían demasiado entre sí.

En la cocina, el ruido de la pava hirviendo llenaba el silencio. Mateo apoyó la mochila contra la pared y se sentó sin apuro. Miró la hora. Iba justo, como siempre.

Camino a la escuela, el cielo estaba nublado. No llovía, pero parecía que en cualquier momento podía hacerlo. Mateo caminaba con los auriculares puestos, aunque la música estaba tan baja que apenas la escuchaba. Le gustaba más usarla como excusa para no hablar con nadie.

No esperaba nada de ese día.

Y tal vez por eso no estaba preparado para lo que iba a pasar.


Valentina llegó tarde.

Entró al aula con una sonrisa rápida, de esas que se usan para pedir perdón sin decir nada. El profesor levantó la vista, suspiró y señaló un banco vacío.

—Sentate ahí —dijo.

Ese banco estaba al lado de Mateo.

Él levantó la mirada casi por reflejo. No la conocía mucho, solo de vista. Sabía su nombre porque alguien lo había mencionado alguna vez, pero nunca habían hablado. Valentina dejó su mochila en el piso y se sentó, acomodándose el pelo detrás de la oreja.

—Perdón —susurró, sin mirarlo directamente.

Mateo asintió con la cabeza.

Nada más.

Durante la clase, él intentó concentrarse, pero le costaba. No por ella exactamente, sino por esa sensación rara de saber que alguien estaba ahí, demasiado cerca, compartiendo el mismo silencio.

Valentina tomaba apuntes rápido, como si tuviera miedo de olvidarse algo. A veces fruncía el ceño, a veces sonreía sola. Mateo la miró de reojo un par de veces y después se reprochó hacerlo.

Cuando sonó el timbre, ella fue la primera en levantarse.

—Che —dijo de repente—, ¿tenés idea qué tema entra para la prueba?

Mateo tardó un segundo en reaccionar.

—Eh… sí, creo que hasta la página treinta y algo —respondió.

—Buenísimo, gracias —sonrió—. Soy Valentina.

—Mateo.

Fue solo eso.

Un intercambio corto. Simple. Normal.

Pero cuando Valentina se fue, Mateo se quedó con la sensación de que algo había quedado flotando en el aire, como una frase a medio decir.


El recreo pasó rápido.

Después otra clase, otro timbre, otra hora más.

En el pasillo, Valentina volvió a aparecer. Esta vez caminaba sola y, al verlo, levantó la mano en un saludo pequeño.

—Mateo, ¿no? —dijo—. ¿Tenés lapicera? Me olvidé la mía.

Él se la alcanzó sin pensarlo.

—Gracias —dijo ella—. Te la devuelvo después.

No lo sabía todavía, pero ese “después” iba a repetirse muchas veces.


Cuando terminó el día, Mateo salió de la escuela como siempre. Con la mochila pesada y la cabeza llena de cosas que no sabía ordenar.

En la esquina, escuchó su nombre.

—¡Mateo!

Era Valentina. Caminaba rápido para alcanzarlo.

—Che, gracias por lo de hoy —dijo—. Soy un desastre con los horarios.

—No pasa nada.

Caminaron unos metros en silencio. No era incómodo, pero tampoco del todo cómodo. Era… nuevo.

—Bueno —dijo ella al llegar a su parada—, nos vemos mañana.

—Sí… nos vemos.

Mateo siguió caminando.

No sonrió. No pensó nada especial.

Pero esa noche, cuando se acostó, se dio cuenta de algo raro:

había sido un día común…

y aun así, no se sentía igual.

Como si sin darse cuenta, algo hubiera empezado.