Juego entre serpientes

Sinopsis

Una historia de linajes, poder y usurpación Mucho antes de que una cicatriz definiera al mundo mágico, hubo un apellido que jamás necesitó profecías para gobernar. Slytherin. Durante siglos, la descendencia directa de Salazar Slytherin sostuvo la corona del mundo mágico con mano dura, sangre pura y una ley inquebrantable: el linaje jamás se mezcla. El miedo fue su estandarte, el control su legado. Ese legado vive en Nessa y Megan Slytherin, princesas nacidas para heredar algo más que un nombre. Nessa, la mente estratégica, fría y visionaria, entiende el poder como un juego de largo plazo. Megan, silenciosa y letal, observa, calcula y actúa solo cuando el golpe es definitivo. En Hogwarts, su presencia altera el equilibrio. No porque busquen atención, sino porque el castillo recuerda quiénes son. Pero toda dinastía despierta ambición. Un bastardo soñó con usurpar el trono que no le pertenecía. Tom Marvolo Riddle quiso destruir a los Slytherin para convertirse en uno. Voldemort cayó, pero su sombra persiste: herederos, fanáticos y sangre manchada de odio continúan la guerra que nunca terminó. Entre pasillos antiguos, alianzas rotas y silencios cargados de veneno, las serpientes vuelven a enfrentarse. No con hechizos espectaculares, sino con inteligencia, paciencia y crueldad heredada. Aquí no hay elegidos. Hay linajes.

Genero:
Scifi
Autor/a:
✟a⸸iana
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

El Gran Comedor de Hogwarts era incluso más impresionante de lo que Harry había imaginado.

Las velas flotaban en el aire como pequeñas lunas suspendidas, y el techo encantado mostraba un cielo nocturno limpio, tachonado de estrellas. El murmullo de cientos de estudiantes llenaba el salón, mezclado con risas, platos que chocaban y conversaciones emocionadas. Harry intentaba asimilarlo todo al mismo tiempo.

—No te quedes mirando así —dijo Ron, dándole un codazo—. Come antes de que desaparezca.

Harry obedeció, aunque su atención se deslizaba de mesa en mesa. Todo era nuevo. Todo parecía posible.

Hasta que algo lo hizo detenerse.

En la mesa de Slytherin, sentados cerca del centro, había un grupo que destacaba incluso entre túnicas verdes y plateadas. Draco Malfoy hablaba con seguridad, como si el lugar le perteneciera. A su lado estaban Pansy Parkinson, inclinada hacia él; Theodore Nott y Blaise Zabini, escuchando con atención.

Y junto a ellos, sentada con naturalidad, estaba ella.

Nessa Slytherin.

No estaba apartada ni silenciosa por exclusión. Formaba parte del grupo, aunque no dominaba la conversación. Escuchaba con atención, una pierna cruzada con calma, las manos apoyadas sobre la mesa. Su piel era pálida, casi translúcida bajo la luz de las velas; el cabello negro caía liso sobre sus hombros, y sus ojos verdes oscuros se movían con atención, analizando a quienes la rodeaban.

Harry no supo en qué momento exacto ocurrió, pero levantó la vista justo cuando ella también lo hizo.

Sus miradas se encontraron.

Fue solo un segundo.

El tiempo suficiente para que Harry se sintiera observado… evaluado.

Él fue quien apartó la vista primero.

Cuando volvió a mirar, Nessa ya estaba prestando atención a Theodore, que le hablaba en voz baja. Ella asintió ligeramente, sin sonreír, sin desinterés. Simplemente presente.

—¿Harry, estás loco? —susurró Ron con urgencia—. No la mires tanto tiempo.

—¿Quién es? —preguntó Harry.

Hermione respondió sin dudar. —Nessa Slytherin.

Harry parpadeó. —¿Como la casa?

—Sí —dijo Hermione—. Descendencia directa del fundador. Y heredera del trono mágico.

Harry volvió a observar al grupo. —No parece… mandona.

Ron soltó una risa nerviosa. —Porque no lo necesita. Draco es el líder, pero ella no está por debajo. Dicen que es una prodigio mágica… y tan peligrosa como su apellido.

Hermione bufó. —Eso es exageración. Es solo fama. Una princesa criada para creer que es superior.

—No es creerse —replicó Ron—. Es crecer con poder.

Antes de que Harry pudiera decir algo más, sintió un escalofrío.

No provenía de la mesa de Slytherin.

Al otro extremo del comedor, tres chicos estaban sentados juntos. Esta vez Harry los notó de inmediato.

Solo dos lo miraban.

Una mirada era fría, calculadora.

La otra… cargada de odio.

—Ron… —murmuró—. ¿Quiénes son ellos?

Ron tragó saliva. —Los hermanos Riddle.

El nombre cayó pesado. —¿Riddle… como…?

—Como Voldemort —añadió Hermione en voz baja—. Sus hijos. Dumbledore decidió que no debían pagar por los crímenes de su padre.

—¿Y estudian aquí? —preguntó Harry, incrédulo.

—Sí —respondió Ron—. Pero no solo son tus enemigos.

Harry frunció el ceño. —¿A qué te refieres?

Ron miró brevemente hacia la mesa de Slytherin. Draco reía. Theodore hablaba. Nessa escuchaba con calma. —Los Riddle intentaron usurpar la corona hace generaciones. Desde entonces, su familia y los Slytherin se odian.

Harry volvió a mirar el comedor completo.

Nessa Slytherin y los Riddle no se miraban.

No se desafiaban.

Pero Hogwarts, esa noche, ya no parecía solo una escuela.

Era el lugar donde las viejas rivalidades volvían a respirar.

Y todos ellos —incluso los niños— eran piezas en un juego que acababa de comenzar.