CAPÍTULO 1: Necesite entender. No aprendrer.
Esta no es una historia: es mi Historia. Me llamo Luis Fernando y escribo desde hace poco tiempo porque tengo un dolor que me persigue; un dolor que, conforme el tiempo pasa, crece y se apodera de mí, o quizás soy yo quien se apodera de él para no sentir mi realidad. Mi corazón está lleno de tinta. Mancha mucho y no se limpia con agua. He entendido que, a veces, las lágrimas son el mejor borrador para algunas historias con un fin no deseado... y esta es una de ellas.
Me estoy por separar. Seis años de ver cosas que, como persona que siente y escucha, no le deseo a nadie. Perdí seis años, pero salvé el resto. Mis libros fueron mis sentimientos; los dejé guardados, archivados en un cajón viejo mientras yo vivía sin vivir por alguien que no sabía que me desvivía por él. Pero al volver a mis libros —esos que no hablan pero se entienden mejor que cualquier explicación planeada— me di cuenta de algo vital: así como amo a mis libros, debo amarme yo.
Me sentí sucio por haber dejado que tantas cosas pasaran frente a mí. Me sentí como un globo lleno de sentimientos frágiles en un terreno repleto de púas. Por eso dudé en si seguir flotando sobre un imperio de mentiras o lanzarme al dolor para encontrar el fin que ya conocía. Pero recordé que las rosas más fuertes son las que se quedan con sus espinas. Intentaste arrancar mis pétalos, pero preferí perderlos para protegerme en el camino de mi herida.
El corazón es ciego y en ese imperio de egoísmo cada palabra suena hueca. Nunca sentí tanto dolor como esa vez que me rompí la muñeca y tuve que ir al hospital solo, como de costumbre. La enfermera me dijo: "No te quedará igual que antes, pero sanará si lo cuidas. Con el tiempo puede darte molestias por el frío, pero seguirás normal". Entendí que sentir es inevitable, pero que te guste ese sentir es otra cosa. Yo no quiero que me guste el dolor. Le puse una venda a mi corazón y dejé que mi mente hablara por él.
Al salir del hospital, el sol me deslumbró la cara. Vi a una pareja de ancianos tomándose fotos para su álbum de recuerdos. La gente normal no guarda sus momentos malos en un libro, pero yo sí. Si soy duro para alguien, me quiebro para mí, y eso me hace fuerte. Me restauro. Lo que quede de mí te lo dejaré para que recuerdes que todo lo que me hiciste me hizo grande. Ya no pienso ser una estatua. No quiero ser único; quiero ser yo. Y si ser yo me hace ver raro, soy un raro inspirado.