Prologo: Matricula
Di un paso más hacia adelante, o más bien, mi postura indicaba que estaba caminando cuando, en mi perspectiva, mi primer momento, aliento y voluntad fueron aquel paso. Aquel maldito paso. Una vez mi tacón tocó el suelo, frené en seco. Un flash de información llenó mi mente; de repente, la luz era demasiado aguda para mis ojos; de repente, mi torso era demasiado pesado para mis rodillas; y de repente, todo rastro de lo que se puede conocer como un “yo” se sentía como un espejismo. Dónde estaba, cómo había llegado y el porqué, me pregunté. Pero lo que realmente me aterró no fue la niebla que impedía que pudiera reconstruir el último paso que tomé, sino que no podía reconstruir nada más en mi mente. Cerré mis ojos por un momento e intenté construir una imagen, cualquiera, pero sentía como si mi mente fuera una tela rasgada e irreconocible, como si mi conciencia hubiera invernado; y hasta en este momento, lugar e instante, yo no había existido. Toda emoción, desdicha o gozo y placer estaban ausentes en mi pasado, dejando solo este momento, y cual sea este bizarro corredor. Me arrodillé mientras abrazaba mi propio estómago con fuerza.
Los colores eran demasiado fosforescentes, mi cuerpo demasiado grande y demasiado pequeño al mismo tiempo; un mareo insoportable me azotó, como si esta fuera la primera vez en que yo hubiera abierto mis ojos. Me levanté; una vez el mareo desapareció, siguió una sensación de desorientación aguda que me condujo a chocar con las paredes múltiples veces. Sentí que el aliento me faltaba y estaba buscando una ventana desesperadamente.
No había ninguna.
Empecé a inhalar y exhalar cada vez más rápido mientras mis uñas arañaban las paredes, que inexplicablemente parecían extenderse y alargarse entre más yo levantaba mi cansada, nublada e irritada vista. Una vez se me agotó la energía, me acurruqué en el piso y regulé mi respiración. Al calmarme, noté el limbo en el que me encontraba. Giré mi cuello a derecha e izquierda y no reconocía el pasillo pasado en ninguna de las dos direcciones. Levanté mi vista buscando una fuente de luz, encontrando únicamente un techo color pastel, un color que no soy capaz de describir con palabras, pues no soy capaz de recordar su nombre...
Desconozco la hora del día que era en aquel momento y la hora en que este pasaje está siendo escrito. El techo no contiene luces, y no hay ninguna ventana... o al menos, ninguna de verdad por la que luz pueda ser emitida hacia adentro. Comencé a caminar en círculos y fingí mirar en otra dirección para tratar de buscar a mi sombra escondiéndose con el rabillo del ojo, y solo fui capaz de atraparla en el acto una vez... Estaba cayendo en la locura, y no lo iba a permitir. Pellizqué mi brazo izquierdo con fuerza y me di una palmada fuerte en el cachete. Luego de esto, tras exhalar una vez más, un largo temblor recorrió mi cuerpo y mi vista se hizo más clara, mi mente se hizo más clara, o al menos mis pensamientos... Había liberado suficiente estrés.
Con los sentidos recuperados, me levanté y caminé más profundo en los pasillos. El eco producido por mis pies reverbera no en el lugar, sino en mis oídos; es como si fuera un sonido no enviado a este lugar, sino únicamente reproducido para que yo lo escuche. Cada cierta cantidad de vueltas, mi cuerpo se gira repentinamente buscando la fuente del cosquilleo en mi hombro, pero nunca hay ninguna figura, ninguna mosca, ningún algo provocándolo. Debo de estar bajo demasiado estrés, o tal vez la falta de estimulación está forzando a mi cerebro a rellenar los espacios vacíos de estimulación...
Cuando volteo la vista demasiado rápido, siento como si las paredes fueran curvas, como si mi visión o estado formaran este aparentemente infinito pasillo, como si el lugar reaccionara a mí. Mi vista se ponía borrosa de vez en cuando, pero no porque mis ojos se sintieran irritados, sino porque mi perspectiva emitía una estática incesante, haciéndome no sentir que mi vista estaba fallando, sino que mis ojos solo estaban espectando una grabación confusa y dañada.
Algunos de mis pasos eran más difíciles de dar que otros; la gravedad se sentía ligera y normal en unos, pero si cerraba los ojos o parpadeaba, sentía que nadaba en contra de una corriente, o mi pie se deslizaba en el mismo lugar sin darme un empuje. Mis piernas se hacían más pesadas conforme más avanzaba; mis manos, especialmente la derecha, se adormecía, pero debía llegar al final. No sé qué es lo que hay al final del pasillo que se oscurecía entre más avanzaba, no sabía qué era lo que generaba aquel ruido blanco y el palpitar que resonaba al ritmo de mi propio pecho, no sabía por qué sentía aquel desdén, presión y contracción en el estómago, pero tenía que llegar, debía seguir caminando... el piso tembló y mi cuerpo dejó de responder... cuando alcé mi vista, noté como si una vez mi esfuerzo cesó, la oscuridad hubiera tomado ventaja y empezó a alejarse; juro que esto es algo que sentí: el pasillo se había vuelto un negro total y cegador, pero mi cuerpo sentía que cambiaba de posición, además de que la oscuridad a la que estaba perpleja mirando era una diferente a la que había visto mientras caminaba.
Una más profunda.
No sé si en ese momento estaba caminando hacia la salida o hacia una zona más profunda de este lugar, y por eso había sido echada, pero lo seguro es que no tenía permiso, o según mi hipótesis, suficiente fuerza para cruzar.
Mis pensamientos se pausaron cuando algo tocó mi hombro. Lentamente, mi cabeza giró hacia la derecha: era una mano, lo cual es extraño, porque debí de haber reconocido que lo era antes de tener que observarla.
La mano permanecía apoyada en mi hombro con un peso constante, ni cálido ni frío. No sentí el contacto llegar; solo noté que ya estaba ahí. Los dedos no se movían, como si no necesitaran ajustarse a la forma de mi cuerpo.
La figura era alta, más que yo, al menos. Me levanté lentamente y di un paso hacia atrás. Analizando mi entorno con la mente más clara, pude observar que la oscuridad había desaparecido, el pasillo no era tan angosto como yo lo sentía, y por alguna razón, el pasillo parecía... diferente. Los colores no eran los mismos, además de que ahora no estaba completamente vacío; el ahora ancho lugar poseía cuadros, dibujos en las paredes, objetos de formas extrañas y aparentemente suaves en los bordes esparcidos por el suelo, además de ventanas, cuadrados de vidrio que estaban más altos de lo que yo era capaz de alcanzar desde donde estaba. Tampoco desde mi Angulo podía discernir que había detrás de ellos...
No sé si antes el lugar aparentaba ser más oscuro y angosto, además de pálido, por mi propia inestabilidad mental en el momento, o si quien sea que me trajo aquí está jugando conmigo. Viéndome distraída, la figura dio un rígido y calculado paso hacia el lado para ponerse en mi campo de visión. Era una mujer con una cara inquietantemente limpia, tenía una sonrisa amplia que no generaba ninguna arruga en las esquinas, sus cachetes libres de manchas y su piel clara, lisa incluso...
Su pelo negro cae hacia atrás libremente como seda, su cuerpo esbelto y su uniforme limpio, sin arrugas. Pero al observarla, una sensación en mi estómago me forzaba a encorvarme y dar otro paso atrás; algo en ella no estaba bien. Tal vez que su uniforme no poseía ninguna costura, ningún pliegue, ninguna unión; era una perfecta superficie lisa, como si se hubiera vertido sobre ella y dejado secar a la luz. Era cian con acentos blancos tenues, además de figuras minimalistas de animales como osos y gatos juntos en un rincón de la cintura, pecho y mangas; las mangas eran cortas, dejando ver sus largos y delgados brazos que estaban pegados al frente de su cuerpo, con sus dedos entrelazados como si esperaran la siguiente acción u orden. No sé qué tiene su uniforme, pero cuando lo veo algo es rellenado en mi mente, algo me hace estar más atenta a lo que va a decir; su ropa es... correcta, y su sonrisa demasiado... corriente, resonante.
Levanté la mirada y pude ver sus ojos.
Y allí estaba la contundente prueba.
Intenté evitar las ganas de vomitar para no causar una reacción, además de esconder lo que -según yo- he descubierto poniendo una mano frente a mi boca y mirando en otra dirección.
La figura movió sus labios, lenta y deliberadamente. No recuerdo exactamente las palabras musitadas, porque mi mente estaba pasando por mil variables intentando buscar una que fuera menos terrorífica que la... cosa que tengo en frente.
La mujer puso una mano en mi hombro derecho y empezó a guiarme. Guiarme en la dirección contraria a donde yo estaba caminando antes. Sus labios musitando nuevamente, mi mente lo suficientemente clara para entenderlas esta vez:
—Shh, tranquila. ¿Por qué te ves tan alterada? Respira profundo y mira alrededor. No hay nada malo aquí. No hay nada que debas de entender todavía. ¿Todo parece muy grande para ti por ahora, cierto? Las paredes, los pasillos, el silencio...—
dijo la figura. Su mano en mi hombro me aprieta suavemente:
—Eso pasa cuando uno se despierta sin que le expliquen las cosas despacito, ¡pero tranquila! Para eso estoy yo. Me encargo de que no te asustes ni te confundas. —
dijo la figura. Después pausó su absurda cotidiana bienvenida, no sé si para dejarme pensar o dejarme descansar de escucharla.
—¿Por qué no vamos a tu cuarto? El viaje ha de haberte dejado toda cansada y de mal humor. Después podemos hacer algo más de tu gusto, pero por ahora... ¿por qué no tomas una siesta? Tu cabeza está dando vueltas y vueltas, ¡dar muchas vueltas te puede marear! —
su cabeza se agachó y me susurró en el oído, cada palabra con una duración similar, cada palabra en el mismo tono brillante pero plano, cada palabra enfureciéndome más inexplicablemente:
—No pienses tanto, no tienes que hacerlo, no aquí. Tu cuarto es un lugar seguro, uno donde nunca pasará nada malo. —
luego me llevó al que sería mi cuarto durante mi tiempo como cautiva en este lugar, por mucho que ella insista en que use palabras menos... ¿“feas”? Su forma de dirigirse a mí es extraña, y las palabras que utiliza parecen ser simplificadas a propósito. También tiene una obsesión con saber lo que estoy haciendo, aunque aún no ha encontrado este cuaderno en blanco que estaba tras la cortina de una de las paredes.
Las hojas poseen arrugas en lugares sumamente específicos, más que todo presentes en las primeras páginas; están en toda la hoja, como curvas moldeadas y estilizadas, es demasiado incómodo escribir ahí; las dejaré en blanco.
Escribir para vaciar todos mis pensamientos me ayuda a hacer retrospectiva en las situaciones mejor, formular teorías y.... mantenerme cuerda; necesito mantener mi mente activa. Si hablar conmigo misma es la única forma de libertad que tendré, la aprovecharé de la mejor forma. Aquí concluye mi resumen número uno. Juro descubrir absolutamente todo lo que hay por descubrir en este lugar, y dentro de mí misma, un pequeño paso a la vez.
Fin de la entrada