Capítulo uno
Hyunjin percibió un cambio repentino en el ambiente. No eran solo las notas calmadas de la naturaleza como la tierra mojaba que salpicaba ante cada paso de sus patas o el fresco aroma de las flores ondular con el viento sino que algo diferente resaltaba entre estos. Hyunjin lo olió a kilómetros de distancia y se escabulló bajo su olfato con un matiz hipnotizante.
Se trataba de un omega.
Un omega en celo.
El aroma que emanaba invadió sus sentidos en pocos segundos. El caramelo de su lubricante y el sonido de su voz conteniendo los quejidos y gimoteos necesitados más dulces que había escuchado. Fue un llamado a su alfa que controló cada una de sus extremidades y redirecciono sus intenciones en cuestión de segundos.
Hyunjin había estado en su forma híbrida patrullando las afueras del bosque cuando notó al intruso. Su aroma tan peculiar hacía imposible prestar atención a algo más que a sus instintos.
Todo lo que deseo su lobo fue... cazar.
¿Qué hacía aquel conejito omega merodeando su territorio? ¿Qué hacía entrando en celo en una zona infestada de depredadores que podrían destrozarlo?
Hyunjin corrió siguiendo su olor deseando imperiosamente apropiarse de la deliciosa presa. Su único pensamiento era llegar antes que cualquier otro lobo o depredador que estuviera por la zona.
Odiaría perder tiempo aclarándoles que el omega ya tenía dueño.
Desacelerando el ritmo se detuvo a pocos metros de distancia distinguiendo la figura del omega que estaba a espaldas de él teniendo dificultades para pasar desapercibido mientras los primeros efectos de su calor lo golpeaban. Hyunjin cambió a su forma humana antes de acercarse, conteniéndose de atacar, de hundir sus garras en su bello y frágil cuerpo para sostenerlo bajo suyo, era tan precioso y aún no veía su cara pero el cabello anaranjado rodeaba su cabeza en rizos desordenados que dejaban a la vista un cuello largo, impío y libre de ataduras. Hyunjin lo tuvo tan claro.
Se acercó con pasos lentos y estudiosos analizando a su presa antes de que esta lo notara, no pretendía pasar desapercibido pero le gustaba mirarlo mientras estaba desprevenido y todavía no tenía ni una idea de lo que se avecinaba.
Hyunjin exhaló con fuerza cuando el conejito se dio la vuelta descubriendo que era acechado y dándole un vistazo fácil y considerado de su precioso rostro de muñeca. Era adorable, dulce y mucho más hermoso de lo que cualquier fantasía habría dimensionado y su reacción al verlo fue tan perfecta; tímida, anonadada y dócil.
El lobo había estado preparado para tener que atraparlo. Para cazarlo.
Pero eso no fue necesario, el omega apenas se movió, retrocediendo torpemente hasta que su espalda chocó contra el robusto roble a su lado.
La corona de flores en la cima de su cabeza enmarcaba su rostro sonrojado y agitado dándole un aspecto angelical. El omega respiro entrecortado con sus ojos vidriosos evadiendo al alfa frente suyo pero fue imposible. El aroma fierro y dominante de aquel lobo era espeso, asfixiando sus sentidos y obligándole a doblegarse. La atracción burbujeó en su vientre y sus rodillas temblaron debilitadas. Hyunjin no dudó en rodear al omega, acorralándolo, sus instintos de presa le obligaron a permanecer y despejar su bello cuello en un estado obvio de sumisión.
Jeongin aguantó el aire en su pecho parpadeando lenta y abrumadamente, se quedó tan quieto que que su cuerpo comenzó a doler temeroso de alertar al depredador y que este le hiciera daño. Hyunjin sonrió notando cada pequeño cambio y aprobándolo con alegría.
—¿Qué hace uno de tu especie en territorio de lobos? —infirió evaluando la situación tan curiosa como lo era. Estaba lejos de ser común que un híbrido de su especie se acercara tanto a su territorio.
El omega era bajito, naturalmente los híbridos de conejo eran pequeños y frágiles pero él lo era en particular, delicado como una bonita rosa que apenas florecía. Hyunjin temió que podría romperlo con solo un toque. Los grandes ojos del conejito lo observaron con asombro y terror. La palidez haciéndose profunda en su rostro al igual que el sonrojo tímido en sus mejillas al notar que el alfa estaba desnudo. El lobo no se mostró ni un poco avergonzado o consciente de su desnudez, dejándose ver en todo su esplendor.
Jeongin tragó con pesadez, aturdido. Sus ojos vidriosos vagaron por todo el cuerpo ajeno antes de apartar la mirada a los árboles con sus manos retorciéndose ansiosas y apenadas.
Su linda carita ardiendo de vergüenza.
—Estoy, estoy p-perdido. —confesó haciendo un sobreesfuerzo inhumano para pensar. Jeongin temblaba como una hoja sin ningún tipo de estabilidad y aquel hombre desconocido hacía las cosas complicadas para el inocente chico quien se esforzaba con todas sus fuerzas para no mirar su desnudez por más de dos segundos seguidos.
—Perdido. —repitió el alfa como si tal información fuera divertida y dio otro paso cerca.
El conejito reprimió un gemido y se obligó a asentir.
Había una fuerza desconocida atrayéndolo al lobo y esta lo empujaba y presionaba, lo que le hacía más difícil pensar con coherencia. La incertidumbre invadió su pecho olvidándose de la canasta con fruta que había estado recolectando y dándose cuenta que estaba muy lejos de su territorio. Una repentina corriente de pánico sacudió sus huesos.
Los lobos habían respetado los límites claros entre sus tierras, y su colonia también se había esforzado arduamente por mantenerse entre los límites durante décadas temerosos de ser devorados por alguno de esos monstruosos y carnívoros híbridos. Durante mucho tiempo estos límites invisibles habían permitido que ambas especies convivieran en paz y ningún conejito fuera herido pero de alguna forma Jeongin terminó burlando la regla más importante para su supervivencia.
¡Había cometido un error gravísimo!
El alfa se acercó más y más haciendo retorcer a Jeongin contra el robusto árbol. La hermosa y colorida vegetación junto a la fruta fresca del lugar se había robado su atención y lo había distraído por completo pero ahora dicha fruta yacía en el piso magullada y abandonada tras caer de las manos del omega. La canasta también rebotó lejos y a Jeongin no pudo importarle menos. Jeongin estaba tan confundido. Su cuerpo dolía y sus pensamientos se desvanecían sin continuidad alguna como si estuviera en un trance. Nunca se había sentido de esta forma y pese a que sus emociones eran extrañas, lo único de lo que sí podía estar seguro era de que aquel lobo iba a... devorarlo.
Parpadeo con lentitud sintiéndose cada vez más mareado ante la intensidad del aroma desconocido. Nunca había visto a un alfa tan grande y fuerte. Tenía músculos por todo su cuerpo y su estatura era muy superior a la suya, el reconocimiento provocó un retorcijón en su vientre y un ligero temblor en su pulso. Ninguno de los conejitos alfas de su colonia eran como el lobo frente suyo. Hyunjin era aterrador, duro y afilado, su expresión severa solo cambiaba para distorsionarse en una sonrisa atrevida y burlesca.
Jeongin tenía que irse cuanto antes, lo más rápido posible.
—Y-yo tengo que, tengo que irme. —susurró con timidez expectante mirando todo con ojos abiertos de par a par y sintiéndose cada vez más acalorado. Sus mejillas chapadas en un rojo intenso y sus labios magullados por las mordidas persistentes de sus dientes, y aunque su boca decía algo, Jeongin ni siquiera hizo el más mínimo amague de moverse, aturdido ante su inmensidad. Su omega debía haber enloquecido porque este lo instaba a ronronear y mostrarle su vientre al alfa y sus dedos picaban por tocar el cuerpo musculoso.
Hyunjin arqueó una de sus cejas poco impresionado e inició un primer contacto; llevó una de sus manos hasta su mentón sintiendo la piel sedosa del omeguita derritiese bajo sus acaricias. Jeongin suspiró soñadoramente con sus párpados cerrándose pesados y una repentina oleada de calor sacudiéndolo en un sentimiento ensordecedor. La saliva se acumuló en su boca y su coño hormigueo del deseo, un deseo punzante.
El aroma del lobo se intensificó en genuina aprobación y proporcionó una acaricia en la base de su mandíbula, Jeongin soltó un maullido antes de poder contenerlo.
Sonrió sin humor. —¿Irte? Estás muy lejos de tu territorio, no llegarás antes del anochecer, sería peligroso para un omega como tú viajar de noche, lindo conejito.
Negó tenso, mareado y perdiendo todos sus sentidos. Vagamente recordó que debía insistir, que debía alegar pero con los segundos pasando su cuerpo se volvía más pesado y adolorido, incapaz de mantener el ritmo de sus pensamientos.
—Igual- igual debo ir, mis padres... —sus palabras murieron muy lentamente a medida que el alfa presionó su cuerpo desnudo contra el suyo. —Mghf.
El sonido escapó de su garganta atolondrado cuando las manos del lobo se deslizaron por su cintura y sus pulgares rodearon la piel.
Jeongin tenía que volver... no podía estar tan lejos. No recordaba haberse alejado tanto de su colonia, algo lo había guiado hasta aquí pero no sabía el qué y-
Gimió sonoramente. Hyunjin olfateó un camino desde su mejilla hasta su cuello debilitando su cuerpo, Jeongin habría caído al piso de no ser por las manos fuertes y capaces del lobo quien lo empujó con decisión contra el árbol. El alfa era tan alto que tuvo que esforzase para mirarlo a los ojos solo para apartar la mirada un instante después, había una profunda oscuridad tras estos que lo hicieron encoger, Hyunjin tenia los ojos rojos y dorados alfa brillando de una forma inusual.
Jeongin sabía que los lobos eran viles depredadores.
Debería ser miedo lo que agitaba su corazón pero no era así, una atracción insoportable y casi enfermiza lo inclinaba al borde de las lágrimas. Y las emociones que se habían estado desarrollándose en su pecho incrementaron hasta volverse imposibles de ignorar.
Era su celo, su primer celo y Jeongin no lo entendía.
El alfa chasqueo falsamente afligido.
—Estas tan mojado que puedo olerlo. —gruño el lobo irritado ante lo fuerte e intenso que se hacía el aroma del omega, cualquiera en el extenso bosque podría olerlo. —Estás chorreando libremente en medio de un territorio de depredadores, conejito.
Jeongin lloriqueó y el toque en su mentón bajó por su cuello y se detuvo en su glándula de olor haciendo que se desvaneciera en gimoteos angustiosos.
Para Hyunjin fue fácil notar lo perdido que estaba en la neblina de su calor cuando sus miradas se encontraron, el conejito casi se frotó contra su costado parpadeando con dulzura mientras el puchero en su boca se acentuaba.
—Estas en celo, indefenso y perdido en un territorio hostil. —enumeró rodeando la glándula de olor que comenzaba a hincharse. —¿Notas en la terrible situación en la que te has metido, conejito? —burló.
Pero el omega no dio respuesta alguna. Jeongin suspiro dejando caer su peso contra el árbol a sus espaldas parpadeando con desorientación en dirección a Hyunjin. La ropa blanca e impida del omega era un simple vestido blanco de algodón que le dejaba entrever la curva de sus pechos y sus pezones erectos. Su respiración subiendo y bajando acelerada, atraían su atención a ellos, eran bonitos; con las areolas rosadas y sensibles por la tela prístina. Hyunjin dio un segundo paso más cerca del omega eliminado cualquier atisbo de distancia que quedara y la mano que había estado en su cuello bajo a su cintura, deteniéndose en esta, acariciando con brusquedad la suave piel queriendo dejar todo tipo de marcas en ella.
—Mostrándote a un depredador de esta forma, estás buscando que te devoren, conejito. —gruñó inclinándose a su mejilla, recorrió su rostro con la punta de su nariz solo para detenerse en la comisura de su boca. —Delicioso. —murmuró respirando hoscamente.
Jeongin negó tardíamente pero no tenía fuerzas suficientes para poner verdadera resistencia contra el lobo que le daba lo que no sabía que necesitaba.
—N-no. —negó lloroso. Las feromonas alfas llegaban como ráfagas, ahogándolo. Hyunjin ejercía completo dominio en la mente congestionada del omega en celo.
—¿No? —se burló bajando su mano hasta el borde de su vestido y se metió entre sus muslos temblorosos hasta llegar al pequeño coño mojado. Su mirada se oscureció al notar que no llevaba ropa interior y Jeongin gritó al sentir su pulgar presionarse entre sus pliegues. —Me parece que esto era lo que estabas buscando. —hablo por lo bajo manteniendo su voz en un murmullo íntimo. —Un depredador que te anudara este bonito coño por primera vez, alguien grande y lo suficientemente fuerte para arruinarte.
Jeongin sollozo negando pero contradiciéndose ante la humedad creciente en sus muslos. Hyunjin rio cínico al ver las lágrimas que cubrieron la carita sonrojada con su boquita cayendo entreabierta y entonces el lobo presionó uno de sus dedos en su canal, tanteando la resistencia de este, el conejito intento empujarlo sin entender lo que hacía pero Hyunjin era mucho más fuerte y no pudo hacer nada para evitarlo, el dedo se deslizó nudillo a nudillo en su estrecho canal y no pudo hacer nada más que soportarlo, cerrando los ojos con fuerza mientras se olvidaba de cómo respirar. Hyunjin acarició su interior curvando su dedo y yendo tan profundo como ninguno de los deditos del omega habían podido ir antes y de repente, el lobo lo abandonó haciéndolo sentir... vacío.
Jeongin se quejó sollozante.
—Por favor. —susurró aferrándose a sus hombros con manos inestables, no sabía lo que pedía pero se sentía incorrecto y tan poco satisfactorio que se detuviera que solo le quedaba rogar.
—¿Por favor que, conejito? —burló sosteniendo su mentón con su mano limpia mientras llevaba su dedo húmedo hasta su boca saboreando el resbaladizo del conejito quien lo miraba sin aliento. —Dulce. —felicitó mordaz.
Jeongin no entendía lo que le pasaba a su cuerpo ni lo que aquel alfa le hacía sentir pero su coño babeaba por el lobo y sus piernas se desvanecían sin fuerza alguna queriendo que fuera él quien lo sujetara.
Recordando la pregunta hecha, bajo la mirada consternado.
—No lo se. —admitió abatido. Necesitaba algo, necesitaba más de lo que le acababa de dar.
El puchero en su cara delató la incertidumbre que lo invadió, provocando un deseo más profundo en el lobo. Hyunjin gruñó sintiendo sus incisivos doler y rodeó la nuca del omega acercándolo con brusquedad para besarlo, sus labios se unieron en un beso duro. El alfa era demandante y hosco, lastimando a la pequeña criatura que no podía seguir su ritmo pero que se sentía tan deseosa de hacerlo que abría su boca dulcemente facilitándole la entrada, la lengua del lobo se deslizó en su cavidad y sus dedos se enterraron en su carne. Hyunjin lo lamió por completo, probando su saliva y deleitándose con su sabor distintivo y ensordecedoramente dócil. Jeongin ronroneo con su cuerpo entumecido por la satisfacción y lloriqueo persiguiendo su boca cuando se separaron queriendo más.
—Eres un omega tan bonito. —habló contra sus labios hinchados y tomándolo por sorpresa lo levantó del piso acercando sus cuerpos y presionando su polla contra su calor. Los ojos de Hyunjin se tornaron tan oscuros que Jeongin se sintió perdido en ellos, sus cuerpos tocándose centímetro a centímetro y una sensación inmensurable socorriendolo.
Hyunjin tarareo acariciando su mejilla con la decisión tomando fuerza en su cabeza.
El lobo lo tiro sobre uno de sus hombros cargándolo como un pequeño animalito que no pesaba nada. Jeongin grito ante el repentino movimiento y una corriente de placer y miedo lo sacudieron. apenas pudo reaccionar removiéndose nervioso y tratando de escapar de sus garras pero el lobo era muchísimo más fuerte y como una advertencia una de sus grandes manos se detuvo sobre su muslo en la parte superior que su vestidito luchaba por cubrir, los dedos presionándose contra la carne firme y amenazando con azotar si no dejaba de patalear. Se rindió consciente de que no podía hacer nada y la forma en que su mano subía y bajaba recorriendo su culo lo tenía ansioso. Su coño estaba goteando, podía sentirlo, como el lubricante se acumulaba en su borde y se deslizaba lentamente fuera de su entrada abrazando sus labios y mojando el pecho del alfa. Tenia los muslos pegajosos, bochornosamente pegajosos pero no podía estar muy avergonzado por eso porque ante cada nuevo paso que el lobo daba, su coño se frotaba contra su piel caliente.
Sus pensamientos estaban nublándose ante el aroma de aquel lobo; intenso y febril. Le asustaba pero continuaba siendo un alfa que encendía un deseo sin comparación en su pecho.
Hyunjin se adentró en el bosque llevándolo lejos, en dirección contraria a su hogar y pronto, el lobo se detuvo en una zona aislada y silenciosa, Jeongin no podía ver bien a su alrededor pero el alfa los dirigió a una pequeña cabaña escondida en las profundidades de este y cerró de un portazo la puerta a sus espaldas haciéndolo quejar por el ruido ensordecedor. Hyunjin no dijo palabra alguna dejando caer a Jeongin sobre lo que parecía ser un nido grande y desordenado cubierto de todo tipo de pieles acogedoras que estaban cubiertas del rico aroma del depredador, era incluso más intenso ahí. Debía haberlo llevado a su casa.
Lágrimas llenaron sus ojos cuando este se subió sobre su cuerpo tomando sus manos arriba de su cabeza y empujando una de sus rodillas entre sus piernas. Hyunjin lo tomó de la nuca, su mano mucho más grande y áspera se envolvió en su cuello desde atrás atrayéndolo hacia adelante e inhabilitando cualquier intención de escapar. Soltó un gemidito cuando el pulgar del lobo se detuvo en su glándula olfativa, el alfa no lo hizo de manera casual, sus intenciones fueron claras cuando inició un toque prolongado que subió y bajó alrededor de aquella zona tan frágil. Jeongin se sintió mareado de inmediato, ya estaba sensible y necesitado de sentir su enorme polla abriéndose campo en su coño pero de alguna forma este nivel de sumisión solo lo volvió inmensurable.
Se quejó y se retorció gritando angustiado, algo de raciocinio golpeando en el fondo de su cabeza pero Hyunjin lo sometió contra las pieles que cubrían la cama del lobo y le obligó a permanecer, a tomar lo que le daba. Jeongin respiró hondo y abrió sus ojos muy mínimamente, el omega intentaba ser sutil, pasar desapercibido por el depredador que le acechaba pero era imposible. Hyunjin estaba encima suyo en todos los aspectos y sus ojos oscuros y profundos lo observaban con reconocimiento, agobiándolo y haciéndolo pequeñito.
—Y-yo... —aunque abrió la boca para decir algo que lo zafara de esta situación, el lobo solo se aprovechó de ello, iniciando un beso desordenado y asfixiante, casi asqueroso, su lengua entrando antes de que sus labios siguieran su toque haciendo que el conejito se quedara sin aire, petrificado y abrumado.
Jeongin ahogó un gemido con sus ojos abiertos de par a par y el lobo cerniéndose contra su cuerpo. Sus labios generando un chasquido ruidoso al chocar. Hyunjin no lo dejó ir hasta que su boca estuvo hinchada y maltratada y los pensamientos en su cabecita estaban desordenados, sin sentido. El lobo se separó con lentitud, observando el aspecto aturdido del conejito cuyos ojos estaban cerrados con fuerza y cuyo pulso temblaba inconteniblemente.
El calor en su coño había aumentado provocando que el lubricante empapará su ropa y traspasará las pieles del nido.
Jeongin respiraba agitadamente más confundido que al inicio. Su ceño fruncido en una mueca de incertidumbre que inundaba su rostro de una inocencia inusual con sus bonitos ojitos empañados en deseo. Hyunjin liberó el agarre en su nuca solo para descender por su cuerpo olfateando su glándula y clavículas y lamiendo la suave piel que era cálida al tacto.
—Omega. —gruño hundiendo sus dientes afilados con absoluto cuidado contra uno de sus hombros. —Eres demasiado dulce. —maldijo lamiendo la zona que acababa de morder y limpiando con su lengua las pequeñas gotas de sangre que escaparon de su herida. Jeongin intentó quejarse pero Hyunjin volvió a morder haciéndolo callar. —Quédate quieto, omega. —concedió llevando los besos y mordidas por sus clavículas y pecho.
Jeongin se removió al verlo bajar por su cuerpo, viéndose nervioso y temeroso, las garras del lobo se detuvieron en su vientre y caderas, sosteniéndolo y atrayéndolo con cuidado al centro del nido, solo para después tirar del lazo de su vestido, despejando un escote profundo en su pecho al liberar más piel a los ojos del lobo pero sin ser del todo suficiente, Hyunjin maldijo y con un movimiento brusco rasgo la tela dejando desnudo al omega. El vestido blanco cayó a sus costados hecho pedazos, la piel pálida y cremosa se extendió ante la mirada ajena y el primer impulso del omega fue cubrirse.
—N-no, no. —negó tratando de empujar sus manos lejos pero siendo en vano.
Hyunjin tomó ambas muñecas del omega con una sola mano y lo llevó hasta arriba de su cabeza inmovilizando al conejito que no dejaba de sollozar.
—Quieto. —ordenó en un gruñido bajo que retumbó en los oídos del omega quien se encogió asustado.
El lobo finalmente recorrió su cuerpo con la mirada, el pecho firme pero pequeño del conejito lo atrajo como una trampa. Hyunjin acarició uno de sus pezones con la yema de su dedo y se alejó antes de que el omega pudiera decir cualquier cosa. Su atención descendiendo por su vientre plano y suave que subía y bajaba en una respiración rápida y acelerada hasta que finalmente detuvo su atención en su coño.
Pequeño, apretado y rosado.
Como el resto del omega, su coñito era como el capullo de una rosa.
Hyunjin acarició con sus nudillos, rozando los pliegues húmedos y cepillando el capullo de su clítoris.
—Ah. —gimió con tal docilidad que su voz se perdió en un suspiro mientas sus piernas pataleaban queriendo huir.
Hyunjin lo recorrió sin dejar de observar las expresiones en la carita bonita y sonrojada de aquel omega. Era adorable, como la mopa del algodón y dulce como el caramelo. Su rostro libre de imperfecciones le observaron con anhelo y miedo, sus instintos lo obligaban a desearlo pero eran estos mismos los que le hacían temerlo.
Uno de sus dedos se detuvo en su entrada nuevamente; grande y nudoso y mucho más grueso que el diámetro de su agujero. Tendría que romperlo centímetro a centímetro. Delineando su clítoris subió y bajo por sus labios empapándose del lubricante omega, usándolo como un propulsor para ir más lejos que solo su borde.
Se veía tan dulce y sedoso que el lobo quería probarlo. Sus propios instintos indicándole que sería desaprovecharlo si no le daba aunque sea un pequeño mordisco. Empujando las piernas del omega se hizo espacio entre estas, una contra el pecho del flexible conejo y la otra sobre su hombro.
Hyunjin se detuvo a una distancia corta para mirarlo a detalle y eso hizo florecer al omega quien gimió retorciéndose afligido, confundido y tímido ante la intima atención que él lobo le daba a su coño. Podía sentir la respiración del alfa muy cerca de su calor, los caninos mordiendo sus muslos y lamiendo el hilo de resbaladizo que se acumulaba en sus pliegues antes de gruñir. Una espesa ráfaga de semen salió de su agujero y se acumulo en su borde, haciendo relucir su vagina bonitamente. Hyunjin miró el resbaladizo descender lentamente desde su entrada hasta su culo y entonces, el alfa sintió como si pudiera morirse en ese instante. Tragando pesado no se contuvo ni un minuto más para darle una lamida desde la base hasta su clítoris, recogiendo todo el semen y lubricante y mordisqueando los labios hinchados que rodeaban su agujero.
Hyunjin usó su mano libre para abrir su coño, empujando sus pliegues a los lados para hacer más espacio a su lengua y el agujero del omega parpadeo tratando de aferrarse al aire con desesperación. Estaba tan irritado, su celo haciéndolo sentir extraño.
—N-no uh lobo detent-e mhgm... —la voz del omega estaba plagada de pánico.
Las emociones desconocidas invadiendo su cuerpo y haciéndolo temblar y tensar bajo el ataque impecable del alfa. Jeongin era ajeno a lo que pasaba.
Hyunjin lo ignoró y volvió a empujarlo abajo obligándole a callarse cuando volvió a presionar su lengua, esta vez contra su entrada embistiendo el pequeño espacio y la sensación provocó el tan ansiado primer orgasmo de Jeongin quien gritó sin entenderlo. Su cuerpo descomponiéndose sin fuerza y su omega ronroneando ante la satisfacción instantánea. Hyunjin lo absorbió, bebiendo todo de la fuente y presionando su pulgar contra su clítoris en un intento de aproximarlo a más. No le dio ni un respiro al omega quien lloraba y se agitaba sobreestimulado con sus caderas balanceándose en un gesto contradictorio queriendo acercarse por más pero a su vez queriendo hundirse en las pieles para escapar de su toque egoísta.
El omega cubrió sus ojos con su antebrazo y comenzó a llorar. Su pecho subiendo y bajando con la respiración agitada, era doloroso pero su vientre se arremolinó en cuanto el alfa selló su boca sobre su coño y succiono con movimientos fuertes y demandantes.
Jeongin hipo ante el implacable ataque del alfa que lamía su coño como si se tratara de su sustento de vida. Hyunjin se alejó solo un centímetro y escupió una gran mancha de saliva contra su agujero, usándolo para presionar un primer dedo contra este, lo que lo hace gritar sorprendido cuando se hace espacio en su coño y se presiona contra sus paredes haciéndolo venirse de golpe, Jeongin se corre, con la lengua del lobo moviéndose entre sus pliegues y sus dientes molestando su sensible clítoris. Hyunjin volvió a su entrada recibiendo su semen como el más puro de los manjares y haciéndolo llorar bajo y sensible ante su persistencia.
Hyunjin lo devoró vivo, lo devoró hasta que su coño está rojo y magullado, tan intensamente rojo que resalta entre sus piernas, hinchado y adornado con retazos de semen y lubricante que lo hacen sollozar porque aunque a perdido la cuenta de sus orgasmos, continua necesitando más que solo su lengua.
Su cuerpo le exige algo que desconoce. Su coño se aprieta queriendo atrapar el dedo del alfa y sus caderas se agitan persiguiendo sus embistes deseoso de que vayan más rápidos y profundos.
—Estas tan desesperado de que te follen, pobre conejito. —el lobo se burló abandonando su interior y palmeando su coño con tal rudeza que el sonido de la piel húmeda siendo amedrentada invadió la cabaña. —¿Quieres que te críen, omega? ¿Quieres que te anude y te llene de cachorritos?
El tono ligero del lobo tenso al omega quien no descifraba el significado de sus palabras, palabras que desconocía. Criar y anudar. Su vientre se tensó y su corazón vibró del entusiasmo pero su mente no terminaba de procesarlo. Solo le interesaba tener su coño lleno, su útero cubierto de semen y su vientre creciendo con una camada completa de conejitos... o tal vez cachorritos.
Gimió y se acurrucó más cerca del lobo queriendo que su atención volviera a llenar su agujero desatendido, olvidándose del miedo y la reticencia de querer escapar.
Los ojos oscuros del lobo brillaron en entendimiento y volvió a su coño, jugando con sus pliegues y observando la fruncida y apretada entrada donde presionó su pulgar burlándose de su borde.
—¿Si? ¿Vas a dejarme abrir este pequeño lugar? Tendré que romperte, dolerá todo el camino, conejito, ¿Estás seguro de lo que quieres? —murmuró con su pecho vibrando ante la expectación. Su polla dolía teniendo fugas en la punta mientras se imaginaba lo que se sentiría ser envuelto por su abrasador interior.
Jeongin hipo y asintió con un sonidito avergonzado escapando de su boca, arqueando su espalda y removiéndose entre las pieles que parecían querer tragárselo. Era tan pequeño, tan dulce y dócil.
—Agh s-si si lo quiero. —gimió debilitado. Sentía que ardía y que el fuego lo consumía desde su interior. No lo soportaría mucho más. —Por favor. —sollozó.
El lobo chasqueó tirando de su agujero antes de abandonarlo provocando el ceño fruncido del omega quien se quejó con gemiditos atontados y tristes.
—Shh, está bien. —consoló acariciando su mejilla húmeda por las lagrimas y palmeó la cama para atraer su atención dispersa. —Preséntate para alfa, amor.
No necesita oír más para obedecer. El omega toma toda la fuerza que tienen sus extremidades temblorosas y cumple la orden tan bien como puede hacerlo. Presionando su mejilla contra la cómoda almohada que huele como el lobo, se apoya en esta sobre sus antebrazos y rodillas, y así se siente más expuesto que antes, más tímido al saber que Hyunjin lo observa todo el camino sin emitir palabras. Su cuerpo duele ligeramente pero el dolor es casi reconfortante ante el fuego delirante en su interior. Jeongin gimotea apretando sus dedos alrededor de las pieles y se estremece cuando Hyunjin lo toca, sus manos cayendo sobre su piel y acariciando la curva pronunciada de su espalda antes de masajear las mejillas de su culo que se tornan rojas ante los dedos que se hunden contra este con insistencia.
El lobo quiere poseerlo.
Sus ojitos de bebé están muy abiertos mientras intenta hacer que su coño coopere, Hyunjin sabe que va a herirlo, aun después de devorarlo con su boca y de estirarlo con sus dedos. Su bonito agujero no está listo para la polla de un depredador pero aún así el conejito se presenta ante él con sus muslos abiertos y su pancita sobre la cama curvando su espalda en un intento de hacerlo más accesible al alfa como si abriendo sus piernas su coño derrepente comenzará a cooperar.
Está tan sensible, necesitado y lloroso que su agujero gotea sin parar sobre el nido y aún así, está demasiado apretado. Hyunjin debería estirarlo un poco más con sus dedos pero se siente celoso de que no sea su polla la que rompa aquel apretado espacio, sus acaricias son vagas y egoístas.
—Por favor. —sollozo el omega adolorido. Hyunjin no se mueve observándolo temblar tratando de mantener la postura para él. —A-alfa. —jadea largo y tendido cuando dos de los dedos del lobo se deslizaron por su coño recogiendo de su lubricante y masajeando los labios de arriba abajo antes de volver a dejarlo ir.
Jeongin desplomó su parte superior sobre la cama y sus caderas se elevan más con su espalda perfectamente arqueada a ojos del depredador.
Sabe que el omega sé correrá otra vez si continúa con este ritmo. Tal vez lo mejor sea que vuelva a correrse, con su coño cremoso y flexible tras el orgasmo sería más soportable invadir su interior. Hyunjin entonces acaricia la zona, sus dedos balanceándose en movimientos circulantes discontinuos, a veces presionando más de la cuenta y otras apenas rozando la carne palpitante que se moja cada vez más hasta que literalmente está chorreando ante sus acaricias.
Jeongin aprieta sus párpados negando con la cabeza. No quería correrse de esta forma, estar vacío dolía tanto.
Lloriqueo. —¡Agh!
No pudo replicar ni una sola vez cuando se estaba corriendo perdiendo la fuerza de su cuerpo y cayendo en la cama si no fuera por las grandes y ásperas manos del lobo que lo atrapan por la cadera y le obligan a mantenerse en cuatro. Jeongin no sabe qué hacer consigo mismo mientras llora ensordecedoramente excitado. Le duelen los dedos que se presionan contra su vientre, la respiración acompasada en su cuello e incluso le duele respirar, llenado sus pulmones con el intenso y aperfumado olor del lobo.
Hyunjin gruñe apretando la base del nudo en su polla sin dejar de ver como el resbaladizo brota del omega. Su aroma también resulta ensordecedor para sus sentidos que le incitan a criar, anudar y reclamar.
—Omegas con coños perfectos como el tuyo nacieron para ser jodidos de las formas más brutales. —maldijo usando su semen para lubricar su extensión. —Eres una puta omega tan linda, tan considerada que vas a aceptar todo lo que te dé, vas a tomar mi nudo cuántas veces sean necesarias, ¿no es así? Hasta que tu barriguita esté llena de crías.
Jeongin gimió encantado imaginándose el escenario, suaves si y continuos asentimientos torpes escaparon de él como respuesta y Hyunjin gruño satisfecho palmeando sus muslos apremiante. Jeongin balbuceo cuando el lobo recortó la distancia y presionó la longitud de su enorme polla contra su coño.
El olor se intensificó y se acurrucó entre las mantas nervioso y desesperado, una mezcla de angustia y necesidad haciendo nudos su vientre porque era tan grande que no tenía sentido que pudiera entrar en su coño.
Hyunjin tarareo apretando su agarre en su cuello como si reconociera los pensamientos en su cabeza y besó su hombro. —Lo harás bien, naciste para esto, amor.
Y guiando el inicio de su polla hasta los labios vaginales del omega golpeó su coño con esta provocando al conejito que inmediatamente comenzó a temblar aturdido e inhabilitado. Los suaves gemidos no se hicieron tardar y Jeongin se tensó a su alrededor cuando dio un segundo embiste, esta vez pasando los anillos de músculos y hundiéndose en su coño hasta las bolas.
Su coño arruinado ante el primer embiste y Jeongin no le queda más que soportarlo. Es doloroso y un líquido caliente y espeso se arremolina en sus muslos mientras llora y gime escondiéndose en las almohadas dándole la razón al depredador. Es demasiado para su cuerpo pero ya no hay nada que pueda hacer para evitarlo, el mismo se lo buscó.
Hyunjin lo embiste sin descanso, sus caderas chocando contra el culo del omega y provocando moretones en su sensible piel. La polla hundiéndose hasta que debe estar perforando el útero del conejito y probablemente acariciando su cervix lo que lo hace babear sin sentido. Es puro y el más salvaje de los reclamos. El lobo lo folla con la desesperación acumulada y no se detiene pese a las súplicas ni los apagados detente el lobo es cruel y roba su placer directamente del omega. Deslizando una de sus manos hasta su cintura, Hyunjin extiende esta sobre su vientre sintiendo su polla ante cada nueva penetración y Jeongin llora y grita desconsolado cuando el lobo presiona su mano contra su vientre haciéndolo tan apretado que siente que va a explotar y aunque es doloroso, el omega se corre, chorreando alrededor de la circunferencia que remodela su canal y le extirpa los pensamientos sin delicadeza. Jeongin tiene el orgasmo más azotador pero antes de que pueda perder la consciente, algo diferente pasa. Unos dientes gruesos y letales se envuelven y presionan contra su cuello, justo en donde está ubicada su glándula de olor y se hunden sin avisos ni contemplaciones.
Hyunjin desgarra la piel con tal fuerza que el omega se queda inmóvil sin aliento y completamente mudo. Su cuerpo se hace gelatinoso y las lágrimas calientes se acumulan en la almohada donde tiene escondida la cara. Es demasiado.
Jeongin pierde el sentido por completo, su cuerpo deja de sentirse como suyo y está entrando en un limbo extraño en que el dolor es igual de acogedor que un abrazo. Gime confundido y se deja caer dócil sobre las pieles cuando Hyunjin lo levanta con sus brazos envolviéndose en su cintura y su lengua lamiendo con un deje de dulzura la marca sangrante en el frágil cuello del omega, sin dejar de penetrar llevando su nudo que amenaza con explotar tan profundo en su coño suelto.
La mezcla de fluidos en sus muslos haciendo obsceno y ruidoso el deslizamiento de su polla contra sus paredes.
Jeongin se agita y vuelve a luchar queriendo detenerlo, sus intentos son fallidos y adorables, como si un gatito diera pelea. Apenas puede moverse y sus extremidades no responden mientras es martillado contra el nido.
—Uhmm n-no agh... —el omega está tan borracho y entumecido que no puede detener nada de lo que pasa hasta que su vientre se siente lleno y cálido, Hyunjin se corre en su interior manteniéndolos atrapados con su nudo.
El conejito no debería tener un nudo en su coño. Su cuerpo no estaba diseñado para aparearse con un alfa grande, con un depredador pero el lobo lo fuerza hasta que de alguna forma hace que funcione y que su coño se estire de formas inimaginables haciendo espacio suficiente para que el nudo se forme por completo.
Algo se rompe en él y Jeongin pierde el sentido por el resto de lo que dura su celo.