¿Amor o Obediencia? Slenderman y tn

Sinopsis

TN solo conocía el caos y el miedo... hasta que Él llegó. Slenderman no ofreció salvación; ofreció un propósito. La obediencia se convirtió en rutina, la rutina en necesidad, y la necesidad en una devoción tan absoluta que borró toda línea entre el cautiverio y el amor. Ahora, TN ya no huye. Camina a su lado, anhelando su fría aprobación, encontrando una paz retorcida en su sombra. ¿Hasta dónde llega la lealtad de un proxy? ¿Qué queda de un humano cuando lo único que desea es pertenecer a una leyenda?

Genero:
Romance
Autor/a:
Guadalupe
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prologo, Capítulo 1 y 2

El deseo es algo efímero comparado con estar a tu lado...

Las voces de mi cabeza se calman estando contigo...

Eres la luz que más necesito...

Ese deseo de vivir me lo has devuelto tú...

Solo tú y nadie más, cariño...

Mis noches y mis días los quiero pasar contigo...

—Tenemos que salir —él me agarró de la mano, saliendo de la casa en donde residíamos.


—¿Así que tenemos a esta puta? ¿Qué andas haciendo con el profesor? ¿Te acuestas con él? —Me empujaron contra la pared del baño de la escuela.

—Yo solo le había hablado por una duda —intenté explicar, pero ella me agarró del cuello y empezó a ahorcarme.

—No te creo nada, zorra de mierda —escupió, apretando con más fuerza. Por un momento me soltó, y apenas podía mantenerme de pie, jadeando.

Había una chica con una sudadera blanca y una máscara de la que apenas se marcaban los ojos...

—¿Qué pasa, mi pequeña zorra? ¿Vienes a defenderla? —La líder del grupo se rio, pero sacó un cuchillo.

La chica de la sudadera blanca asesinó a todas las que estaban ahí, mientras yo tosía, con la garganta en llamas por el intento de ahorcamiento.

—Tienes que venir conmigo —dijo la extraña con voz serena—.“Él”nos espera.

Ese “Él”... ¿quién era? No entendía nada. ¿Por qué debería irme con ella?

—¿Por qué debería ir contigo? —pregunté, todavía incrédula y temblando.

—Porque hemos asesinado a alguien.

Eso era cierto, pero sentía miedo. La seguí sin más; no por ser la protagonista de nada, sino porque estaba cansada y, si me quedaba, podía ir a la cárcel. O algo peor. No quería eso. Quería un futuro mejor, y esperaba conseguirlo, aunque fuera con desconocidos.

Salimos por una ventana del salón de Química de la maestra Rosemary. ¿Quién era esta chica? Pronto lo sabría...

Corrimos por el bosque. Se quitó la sudadera, dejando ver su cuerpo tonificado por el ejercicio. Parecía que hacer ejercicio y asesinar eran lo suyo.

—¿Quién eres? —pregunté cuando nos habíamos alejado lo suficiente de la ciudad para que la policía no nos persiguiera.

—Me llamo Kate. Tú eres TN. Eres la chica que Él quiere —dijo de golpe—. Y de una vez te lo digo: no tiene rostro.

¿Hablaba de Slenderman? Esemitoque alguna vez me había gustado. Hasta lo había intentado invocar. Nunca vino. ¿Era real? Por mucho tiempo había creído que sí, pero después pensé que eran inventos míos... hasta hoy.

Todos los rumores eran ciertos. No eran Photoshop ni imágenes editadas. Era real, aunque me tacharan de loca.

Cuando terminamos de caminar, habíamos llegado a una casa demasiado grande para ser cierta: laCreepypasta House. La casa donde, según los contextos, vivían los proxys de Slenderman... o los Creepypastas mismos. Ya le había perdido el hilo a esto.

—¿Pero por qué yo? —le pregunté, ansiosa.

—Así lo quiso Él. Yo ya no sé qué decirte —respondió Kate, sonando irritada por mis preguntas.

Nos acercamos a la puerta. Ella sacó las llaves, giró la cerradura y entramos. Adentro había unos chicos. Apenas conocía a los Creepypastas, pero reconocí una cara.

—¿De verdad es ella? —preguntó Jeff, con un tono irónico, sin creer del todo que era yo.

¿Era como lo retrataban los fanfics? Apenas tenía 17 años. Solo le faltaban 4 para ser un adulto “independiente”. Tenía la cara como si padeciera dermatitis, el cabello negro con mechones amarillos. Sus ojos azules brillaban como un mar bajo el sol en su máximo esplendor.

—Sí, sí es ella —confirmó Kate, sentándose con los demás.

—Juega cartas con nosotros —me dijo un chico de cabello amarillo y ojos rojos. Tenía un carisma que daba tanto miedo como intriga.



Jugamos a las cartas por un rato, hasta que llegó Slenderman. Cuando lo vi, quedé atónita. Los chicos guardaron las cosas; parecía que estaban de vacaciones.

—Tenemos que hablar —dijo una voz que no salía de boca alguna. Slenderman me “miró“, tenía su atención fija en mí.

Por un instante, sentí que me agarraba de la mano. Me ilusioné, imaginando poco a poco que esto no era un sueño, que era real, y que le gustaba a Slenderman... Hasta que parpadeé y me di cuenta de que estaba amarrada a una silla. ¿Había imaginado todo? No todo: me habían llevado a la Creepyhouse.

—¿Qué está pasando? —pregunté, nerviosa, con las manos temblorosas.

Era Él. Lucía exactamente igual a como lo imaginé una vez: alto, de traje elegante, corbata roja. La habitación era de un rojo borgoña, con maderas oscuras que resaltaban en la penumbra.

—Eres tú —resonó su voz en mi mente—. Esa niña que vi una vez. La que curó mis heridas cuando los paramilitares me apuntaron.

¿De qué estaba hablando? No entendía nada.

—No lo recuerdas. Te borré esos recuerdos. Pero eres esa chica.

Entonces lo entendí: yo lo había salvado. Y desde ahí comenzó su obsesión.

—Tenías doce años. Han pasado cuatro —musité. Él solo me observó—. No quiero que seas mi pareja. Aún no tienes veintiuno, y no te veo para eso... Te veo como una excelente Proxy.—Cuando sea el momento indicado, te devolveré tu recuerdo —añadió, sentándose frente a mí.

Me gustaba. Era algo tan mágico, una persona a la que podía escuchar por horas, por días, sin aburrirme. Siempre había querido ser un Proxy, aunque me imaginaba otras cosas. Él solo se rio, como si leyera mis pensamientos.

—Puedo leer pensamientos, y te lo digo porque no quiero que te saques de onda —afirmó, soltándome las ataduras—. Quiero que sepas que dormirás con las chicas.En eso, tres chicas abrieron la puerta.—Preséntense —ordenó Slenderman.—Kate —dijo la que me había traído. Sus ojos azules eran hermosos.—Rouge —señaló a la de cabello castaño oscuro. Apenas era expresiva; parecía la mayor.—Nat —mencionó a la tercera, que llevaba un parche en el ojo derecho.

La de la sudadera roja fue la que me llevó a una habitación con una cama vacía.—Esta será tu habitación, ¿de acuerdo? —su tono era dulce, pero sus ojos parecían cansados. Parecía más una madre que una asesina.—Gracias —susurré.Me acosté. Había un plato de comida con una nota que decía “Bienvenida” y un vaso de leche con chocolate.

—¿Así eres? —me preguntó en voz baja Rouge, quien se había quitado la máscara y puesto su pijama.

—Supongo que sí. ¿A qué te refieres?

Ella guardó silencio, observando mi rostro con una intensidad casi maternal.

—Si así eres de dulce... a eso me refería —dijo al fin. Me quedé pensativa, mirando al suelo. ¿Soy dulce? —Pareces una muñeca —añadió, sonriéndome.

—Supongo que sí —respondí. Quería saber con quién dormía. —¿Cuál es tu nombre? —al fin me digné a preguntar.

Ella solo sonrió y se acostó en su cama mientras yo comía.

—Rose —dijo, mirándome un poco nerviosa.

—¿Cuántos años tienes? —supe que ambas estábamos nerviosas. Sus manos temblaban y evitaba mi mirada. Yo, por mi parte, miraba mis pies sobre las cobijas. Ella me miró con esa expresión protectora, casi de madre.

—¿Te gusta el arte? —me preguntó, señalando los cuadros de la habitación.

La habitación tenía dos camas. Las paredes eran blancas, con cuadros de paisajes: uno de montañas, otro de playa. Había dos repisas y dos escritorios: uno totalmente vacío y otro con pulseras, libretas y libros, todo muy ordenado.

—Sí, digamos que sí —respondió, acomodándose para dormir—. ¿Y a ti?

—Sí. Soy más fan de la repostería —le sonreí, y ella pareció relajarse.

Nos quedamos dormidas. A la mañana siguiente, me desperté temprano, como a las 4, y bajé a la cocina. Ahí estaba Jeff the Killer, agarrando algo de la alacena.

—Me imaginé que serías la chica de la que hablaba Slenderman. Pensé que serías más hermosa. Creo que me equivoqué —dijo. Ese chico era tal como lo retrataban: un dolor de cabeza.

—Y yo que pensé que serías más interesante. Todos nos equivocamos —repliqué, agarrando un vaso para servirme jugo. El chico desapareció sin más. ¿Acaso debería sorprenderme?

Así era Jeff: a veces un ángel, a veces un demonio, y siempre un dolor de cabeza.

En unos minutos bajó una chica con una máscara. Me miraba fijamente, casi sin pestañear.

—¿Quién eres tú? —preguntó con una sequedad que se podía sentir en la Antártida.

—Soy TN. Mucho gusto —dije, acercándome para verla mejor.

—Me llamo Jane —respondió. Recordé que la shippeaban con dos chicas, aunque solo recordaba el nombre de Nina.

—Mucho gusto, Jane. ¿Te ha tocado preparar el desayuno? —pregunté.

Ella asintió. Parecía hacerlo por obligación.

—Es una semana donde las chicas hacemos la comida —explicó—, desayuno y cena; y la otra semana, los chicos. Nos rotamos. Sé que no es la gran cosa, pero a veces te salva de los apuros.Empezó a romper huevos para hacer una especie de omelet. No sabía muy bien cómo describirlo.

Una chica llegó cantando, parecía vivir en su propio mundo con los audífonos puestos. Cuando la volteé a ver, era Nina: cabello negro con mechas rosas, jeans a la cadera y una playera con la imagen de una santa con una calavera.

—¿Así que eres la nueva? —preguntó. Asentí. Me agarró de la mano y me llevó a su habitación.

Su habitación estaba decorada... por Jeff. Fotos de Jeff, Jeff besando a Ben, a Eyeless Jack y hasta a Slenderman. Su cuarto era mitad rosa y mitad rojo. Quise creer que Jane dormía allí. La verdad, era muy bonito.

—¿Te gusta? —me preguntó—. A las demás les parecía aburrido o asqueroso.

Me dio miedo cuando mencionó a “las demás”.

—Son hermosos los dibujos y el lado de tu cuarto —dije. Ella sonrió, emocionada.

—¿Qué pasó con las otras chicas? —pregunté. Ella me miró, sorprendida.

—Desobedecieron a Slenderman... y las asesinó —respondió, mientras acomodaba su peluche de Jeff.