Capítulo 1: Noche Negra
Nada es igual desde que mi abuela falleció, al menos no para mí. Mi familia sigue en las mismas, avanzando en su totalidad con las cosas normales de toda familia: rituales, hechicería y brujería. Para mí el tiempo se detuvo; lo único que tengo de ella es un viejo libro que no he leído ni abierto. Después de un tiempo de faltar a la escuela por su funeral, hoy vuelvo a ir. Nadie se percató de que falté. En el receso me siento lejos de los demás. Cada vez que intento socializar, fallo. En fin, ¿qué puedo esperar? Después de que los rumores de que somos una familia de brujos se hayan esparcido por toda la escuela, lo peor es que es verdad. Sé que no somos normales; nuestra familia posee conocimientos más allá de lo común, conocemos de magia y de lo que mencioné anteriormente.
Antes de que todo esto pasara, mi hermano menor tuvo pesadillas y podrías decir: ¿qué son unas simples pesadillas? Para nosotros son parte de unos presagios de mala fortuna. En ellas aparecía la figura de una entidad hombre cabra, un ser de pelaje blanco como la nieve, con cuernos que parecían ser capaces de robarte el alma con solo tocarlos. Durante generaciones, ese tipo de pesadillas en mi familia significa que algo terrible va a pasar, y pasó... o no, ya que antes de ir a la escuela mis padres lo encontraron en trance, empapado de sudor, solo gritaba: ¡Él está aquí! Eso solo quiere decir una cosa: peligro.
Todos en mi familia están en pánico de que algo grave pase. ¿Qué puede ser peor que perder a un ser amado? Para mí lo peor ya pasó, y lo más grave es que me toca fingir que todo está bien. Si algo he aprendido es a manejar mis emociones perfectamente. Camino por los pasillos de la escuela hasta llegar a clase; al entrar nadie parece percatarse de mi presencia, o intentan fingir que no estoy ahí. No todo ha cambiado. Creo que estoy un poco tensa por lo de la cabra; jamás pensé que esa historia familiar fuera real. A pesar de lo que sé de mi familia, pensé que solo era un cuento de hadas para asustar.
Veo a todas partes. El profesor me hace una pregunta; como no supe responder, me envió fuera de la clase. Algo absurdo, total sólo verían la historia de Salem, ya saben, la cacería falsa de brujas, algo que sí pasó y no saben la verdad detrás de eso. Un chico nuevo llega a la escuela y de todas las personas aquí decide hablar conmigo, ¿por qué?
Chico: ¿Puedo sentarme?
Yo: (confundida) Claro...
Chico: Estoy algo perdido... (interrumpido)
Yo: El consultorio del director está... (interrumpida)
Chico: Oh, perdón, no. ¿Usted es Jennifer Sinclair?
Yo: Sí, ¿por qué?
Nicolás: El director dijo que usted podría darme un tour por la escuela y también mencionó dónde la encontraría.
¿El director qué? Supongo que eso me distraerá de todo lo que está en mi mente ahora mismo, así que inesperadamente decidí aceptar la oferta.
Yo: Bien, ¿qué quieres ver primero?
Chico: Supongo que sería la cafetería, hoy no desayuné nada.
Yo: Bien, chico, te llevaré ahí.
Chico: Oh, qué torpe, no me presenté. Mi nombre es Nicolás Wilder, puedes decirme Nico.
Espera... ¿cómo lo llevo, de la mano? No...
Nos sentamos en una banca lo suficientemente lejos de la gente, pero no tanto del ruido al masticar de las personas.
Nicolás: He escuchado cosas de ti...
Yo: (molesta) ¿De eso se trata, un interrogatorio?
Nicolás: No, yo solo quería establecer una conversación.
Yo: No, no, dime, ¿qué quieres saber?
Nicolás: Perdón, supongo que fui demasiado directo. Soy nuevo en esto de hacer amigos y no sé, me pareces una persona demasiado interesante.
Yo: ¿Por qué lo dices?
Nicolás: Escuché que estás en el equipo de natación, eres una de las mejores, además...
Yo: ¿Además qué?
Nicolás: ¿Puedes dejar de interrumpirme, por favor?
Nicolás: Eres una estudiante sobresaliente.
Yo: ¿Quieres algo de mí...?
Nicolás: Me atrapaste. La razón por la cual el director me dijo que fueras tú quien me diera el tour fue para que te distrajeras un poco; has estado un poco tensa.
Yo: ¿Eso es todo?
Nicolás: ¿Qué esperabas?
Yo: Los rumores.
Nicolás: ¿Qué rumores?
Y si realmente no sabe nada, puede ser mi primer amigo después de tanto tiempo.
Yo: Nada, tienes razón, últimamente he estado tensa.
Nicolás: ¿Quieres hablar de eso?
Yo: ¿De qué?
Nicolás: De lo que te tiene así.
Yo: No, prefiero no pensar en la cabra.
Nicolás: (confundido) ¿Cuál cabra?
Yo: ¿Quién dijo cabra?
Nicolás: Tú.
Yo: Eso no importa, ven, te daré el tour.
Dimos un paseo por toda la escuela hasta llegar a uno de mis lugares favoritos: el área de la piscina de la escuela. Nos volvimos a sentar y cuando lo vi otra vez pensé que yo no podía tener amigos, al menos uno humano. Es que somos totalmente distintos; yo pertenezco a una familia demencial, y él parece normal.
Yo: Es todo lo que hay que mostrarte. Está bien si no quieres volver a hablar conmigo.
Nicolás: ¿De qué hablas? Serías mi primer amiga, y en el primer día.
Yo: Las cosas no son como parecen, te advierto que juntarte conmigo puede ser peligroso.
Nicolás: El peligro real sería no juntarme con una persona tan capaz como tú.
Eso de verdad me dejó sin palabras.
Yo: Bien, seremos amigos solo si prometes una cosa.
Nicolás: Sí, ¿cuál?
Yo: Tú no me abandonarás.
Nicolás: Hecho.
Al regresar a casa, me sentía más alegre y por un poco olvidé que ella ya no volverá. En la cena familiar mis padres me hicieron hablar.
Padre: Ese hombre está demente, es impresionante.
Madre: Me agrada que te haya gustado la convención, querido.
Padre: Fusionó varios cadáveres en uno solo. Se movió, se pudo mover.
Cometí la barbaridad de sonreír, algo que no es muy normal en mí, y empezaron las preguntas hasta que llegó el momento incómodo.
Yo: Hice un amigo, humano.
Madre: ¿Estás demente? Sabes que solo nos mezclamos entre ellos para desaparecer nuestro olor.
Yo: Puede ser una oportunidad.
Padre: ¿De qué? ¿De que la gente nos quiera quemar como en aquellos tiempos?
Yo: Si nos quisieran muertos, ya lo estaríamos; ellos ya saben lo que somos.
Madre: ¿Cómo?
Yo: Rumores...
Madre: Oh, pero son solo rumores, esos se esparcen y desaparecen como fuego.
Yo: ¡Fuego! Qué curioso que menciones eso, madre.
Padre: No le grites a tu madre. Suficiente, vete a tu cuarto.
Yo: ¿Es que no lo ven? Puede ser una oportunidad para nosotros.
Madre: ¿Oportunidad?
Yo: Sí, de que los rumores desaparezcan, de estar en calma.
Padre: ¿Calma?
Madre: No quiero que te acerques a esos humanos, puede ser la razón de que la cabra nos vigile.
Yo: ¿Y si no? ¿Y si es la respuesta que buscamos? Nos estamos consumiendo entre nosotros. La abuela murió y ustedes no hacen nada más que sus estúpidos rituales.
Padre: ¿Discúlpame?
Madre: Ah, ¿eso es? Solo quieres jugar con un humano. Bien, distráete.
Yo: Solo quiero una amistad con la que pasar el rato.
Madre: ¿Cuál es la diferencia?
Yo: Quiero ser vista como alguien normal y no como una hija del diablo.
Yo: Ellos creen que la magia le pertenece a él, y quiero hacer ver que no es así.
Madre: ¿Qué lograrás con eso?
Yo: Que nos dejen en paz y que finalmente entiendan lo que somos de verdad.
Madre: Niña ilusa, solo prométeme que no caerás entre sus embrujos llamados romance.
Hermano menor: (grito como si su garganta fuese a romperse) ¡Él está aquí!
Todos corrimos a la habitación de mi hermano para ver que, en realidad, no era una pesadilla más. Ahora esa cabra se manifestó; quizás eso pasó porque nos excedimos. Ese ser estaba en la ventana, tenia unos ojos amarillos que iluminaban la noche más que la luna. Solo gritaba algo que nadie entendía. Algo maligno se aproxima. Y justamente tenía que aparecer hoy. Quizás mi madre tenga razón en alejarme de Nicolás, o quizás yo la tenga.