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[BL] Flores de amor para los muertos

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Sinopsis

Chris ha iniciado su nuevo trabajo en una florería en la que pasan cosas extrañas, Lucio trabaja en una funeraria y es acosado por espíritus. Ambos se la pasan viéndose ya que Lucio se la pasa pidiendo flores, pero a diferencia de sus demás clientes enamorados, él nunca le cuenta para quien son. Aquella cercanía causa que Chris comience a enamorarse al irlo conociendo poco a poco, lamentablemente piensa que las flores que Lucio le compra son para un ser amado. No tiene idea que todos los días Lucio le entrega las flores que él hace con tanto amor a los muertos que lo acosan. Una historia de amor BL con un toque sobrenatural.

Genero:
Romance
Autor/a:
Ania Rivas
Estado:
En proceso
Capítulos:
23
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

GIRASOLES

Cuando Chris atravesó la puerta de cristal sonó el tintineo de una pequeña campana, de inmediato el olor de distintos perfumes de flores invadió su nariz como dándole la bienvenida. 

Por ambos flancos lo recibían montones de flores en tres niveles con colores vibrantes que lo miraron desfilar hacia el centro de la tienda, recorrió aquel pasillo hasta el final de un mostrador, ahí, Sarah, su nueva jefa estaba recostada contra el mostrador durmiendo plácidamente.

La mujer era pequeña, tenía mechones blancos en su cabello rojizo que se escapaban de su trenza gruesa. Había hablado con ella hace una semana en su entrevista para comenzar a trabajar y era de lo más encantadora.

Aunque definitivamente no esperaba que en su primer día la encontraría durmiendo.

Chris se aclaro la garganta tratando de hacer un ruido que la despertara.

—Um… ¿Sarah?

La mujer abrió los ojos con fuerza y se levanto de un golpe por la sorpresa.

—¡Chris! Llegaste.

Sarah miró el reloj que tenía en lo alto de una de las paredes que marcaban las dos treinta, la mujer negó con la cabeza.

—Santo cielo, se ha hecho tarde muy pronto y no he terminado con los pendientes.

—Que bueno que ahora estoy aquí para ayudar.

Su nueva jefa sonrió cuando dijo aquello y asintió contenta.

—Tienes razón.

La mujer se cruzó de brazos repasando mentalmente lo que había estado haciendo antes de comenzar a moverse por toda la florería de un lado a otro, como si el sueño que había estado teniendo hace un segundo no hubiera siguiera ocurrido jamás.

Sarah abrió una puerta de cristal que estaba a la izquierda y la dejó abierta para su nuevo empleado.

—Ponte tu mandil y ven aquí, Chris.

Chris atravesó el mostrador contagiado de la energía de Sarah, encontrando que había dos mandiles colgados en la pared en pequeños ganchos, el primero decía Simon, pero sonrió enternecido al ver qué el otro tenía escrito con marcador su nombre con una bonita caligrafía. Se lo puso con orgullo sonriendo mientras veía su reflejo en uno de los cristales.

Caminó guiado por la voz que le hablaba hasta encontrar a Sarah, su nueva jefa.

La puerta conducía a un vivero, tenía un techo hermoso de vidrio con varias enredaderas que hacían de sombra en algunos puntos guiados por una buena mano para el detalle y plantas colgantes. Ahí adentro hacía un poco más de calor y parecía una selva tropical con distintas flores y plantas distribuidas por todo el lugar.

Encontró a Sarah detrás de unos arbustos altos de hojas elegantes y monsteras.

La mujer ya traía puesto su mandil verde y unos guantes de jardinería azules, miró al muchacho con su nuevo traje e hizo un gesto de aprobación.

—¿Qué tal? —sonrió Chris mostrándose divertido.

—Perfecto, dame una mano con estos y te daré un pequeño tour.

Sarah señaló unos costales llenos de tierra que tenían que mover hasta la esquina cerca de las herramientas. Le entregó unos guantes gruesos y ambos se pusieron manos a la obra.

Chris era alto y robusto, aunque los sacos eran pesados pudo con el trabajo físico sin problemas. Su sorpresa fue ver cómo su jefa levantaba costales en su hombro y se movía sin ningún problema pese a su tamaño.

—Este trabajo suele ser cansado. —explicaba Sarah mientras terminaban la tarea— La verdad es que me ha costado trabajo conseguir buenos empleados… suelen irse y no avisarme siquiera que renuncian diciendo que este lugar es horrible. No entiendo cómo pueden decir eso de un lugar lleno de vida como este.

Chris recordaba que Sarah ya había mencionado algo así en su entrevista, pero la verdad es que él tampoco lo entendía, Sarah era muy atenta y el trabajo no era particularmente difícil.

—No te preocupes, soy fuerte y no me gusta dar problemas.

Sarah asintió sonriendo satisfecha.

—Estoy segura de que hice una buena elección contigo.

Chris noto la sonrisa de Sarah ensancharse, sus mejillas tenían un color rojo que le recordaban a las imágenes de la esposa de Santa Claus... si la esposa de Santa Claus se hubiera divorciado y decidido vivir rodeada de plantas en lugar del polo norte.

—Siéntete libre de preguntarme cualquier duda que tengas, sé que todo puede ser abrumador al principio.

Chris asintió contento, aquellos nervios del inicio se habían disipado con la actitud tan cálida de Sarah. El muchacho estaba terminando de llenar de agua algunas de las vasijas con flores de la entrada cuando se abrió la puerta.

Los ojos de Sarah se iluminaron mirándolo con entusiasmo.

—¡Tu primer cliente! —dijo emocionada mientras ambos iban al mostrador.

Era una chica de cabello rosado y aspecto de muñeca. Llegó sonriendo con Sarah como si ya se conocieran.

—Hola Sarah, ¿Tienen girasoles hoy? —preguntó la chica.

—Hola Tammy, que bueno verte.

Sarah asintió mientras le enseñaba a Chris como se hacía, sacó varios listones y papeles de envoltura para que la chica pudiera elegir, al final optó por un papel rosa para la envoltura que hacía resaltar más el amarillo de los girasoles. Chris puso mucha atención a cada movimiento de Sarah para asegurarse poder hacerlo él mismo.

—Es para una… Amiga ¿Creen que le guste?

Chris asintió emocionado mientras miraba el ramo que Sarah terminaba de armar con habilidad hasta que finalmente entregó una pequeña tarjeta y pluma a la chica.

—Puedes firmar la tarjeta para tu amiga. —le dijo Sarah y guiño el ojo.

La sonrisa en los labios de Tammy se ensanchó mientras escribía con fuerza sobre la pequeña tarjeta.

Cuando terminó de escribir se la entregó a Chris.

Él bajó la vista para leer creyendo que la chica se lo estaba permitiendo, pero Sarah carraspeó con su garganta y le quitó la tarjeta para ponerla en el ramo. El chico se sintió algo avergonzado de espiar así, pero la chica de rosa no parecía haberse dado cuenta.

De todos modos, Chris sólo alcanzó a leer una frase pequeña:

“Eli, te gustaría…”

La chica pagó por el ramo antes de desaparecer por la puerta casi corriendo emocionada.

Chris sonrió apoyándose en el mostrador enternecido por aquella chica y luego miró a su jefa quien lo veía con una de sus rojas cejas levantadas mirándolo con una pequeña sonrisa cómplice.

—¿Crees que vaya a confesarse? —preguntó Chris emocionado.

—Así que eres un romántico —dijo Sarah, en lugar de contestar su pregunta mientras regresaba los listones a su lugar—. No esperaba eso de ti.

Chris hizo lo propio comenzando a guardar los papeles de envoltura y sin poder evitarlo soltó una pequeña risita incapaz de negarlo, le gustaban las historias de amor, le gustaba ver a la gente feliz.

—¿Es tan obvio? —preguntó divertido—. Bueno, la verdad es que sí me gustan y creo que estoy en el mejor lugar para verlo de primera mano ¿No?

Sarah sonrió encogiéndose de hombros.

—Es bonito ver los inicios de un romance. Pero no solo se ve eso por aquí, cariño. Y no siempre sabes cómo termina —contestó Sarah desde su experiencia, sonaba más a una advertencia que una frase al aire—. Pero sí, es bonito.

A Chris le pareció que agregaba eso último para no desanimarlo del todo. Siguió pensando en la chica que se iba con sus flores optimista y confiada, la imaginó corriendo hasta llegar con aquella chica Eli y se preguntó cómo sería cuando le entregará aquellas flores.

Al estar ahí Sarah tomó varios catálogos que tenía al lado de una de las mesas y comenzó a ponerlos sobre el mostrador para enseñárselos.

—¿Eres del tipo de chicos que les gusta lo minimalista? —preguntó Sarah cuando vio a Chris interesarse en una fotografía de un arreglo floral.

—No, no lo creo. —respondió él mientras pasaba la página.

—¿Y qué te gusta entonces? ¿Cuál es tu estilo?

Sarah comenzó a mostrarle varios tipos de estilos y arreglos, Chris no tuvo tiempo de responder, el repicar de la campana se escuchó y su conversación se vio interrumpida por un nuevo cliente.

Apenas lo vio Chris se quedó muy quieto mientras el chico se acercaba al mostrador.

Era delgado, el cabello totalmente negro en un estilo que le dejaba ver las perforaciones en sus orejas. Tenía delineador negro en los ojos y ropa oscura con accesorios plateados.

—Ah, Lucio —saludó Sarah, parecía contenta de ver al chico—. Este es Chris, mi nuevo empleado, por favor sé bueno con él. Chris, él es Lucio es de nuestros clientes más frecuentes.

—Si soy tan frecuente no me vendría mal un descuento. —dijo el recién llegado.

Sarah se rio, pero negó con la cabeza.

Chris sólo se quedó ahí parado en el mostrador mientras el otro muchacho llegaba hasta él.

—Hola, soy Chris. —dijo

Pero enseguida se sintió algo torpe, después de todo, su jefa ya lo había presentado.

Lucio lo miró por un segundo, Chris sintió un escalofrió recorrerlo de pies a cabeza. el chico era más bajo que él, pero tenía una mirada bastante pesada e intimidante. Los ojos del muchacho eran singulares, de color ámbar y con una expresión felina que mostraba una clara advertencia: “No te metas conmigo”

Por fortuna el muchacho no tardo en apartar la vista hacia otro punto de la floristería.

—¿Qué te gustaría, tesoro? —preguntó Sarah, que parecía ajena a la expresión del recién llegado.

Lucio miró sobre su hombro por un momento en un movimiento que a Chris le pareció extraño, como si estuviera escuchando algo y luego frunció sus labios antes de saltar un suspiro fastidiado, un piercing de aro plateado brillo en la comisura de su boca.

—Claveles blancos, por favor —pidió Lucio con sorprendente educación mientras ponía las manos sobre el mostrador y daba pequeños golpes ansiosos con sus dedos mirando alrededor con cierta ansiedad.

Chris sonrió emocionado mientras notaba ese detalle, tal vez aquel chico estaba nervioso de comprar aquellas flores, tal vez era un gesto de amor y quería ser diferente de regalar rosas o tal vez era un regalo para su madre o algún ser querido, Chrisse sorprendió a si mismo prefiriendo fantasear con la segunda opción.

Pero se mantuvo en silencio mientras comenzaba a armar el ramo bajo las indicaciones cuidadosas de Sarah para que quedara lindo agregando algunas otras hojas y ramas de las que aún no conocía sus nombres para que quedara lindo. Resultó que era más difícil de lo que creía, cortar los tallos al nivel correcto y quitar las hojas excedentes para que el tallo de la flor fuera limpio y prolijo. Atarlo fue lo más difícil.

Mientras terminaban, uno de los baldes más altos con flores se cayó al suelo salpicando todo por la entrada. Sarah grito por la sorpresa repentina y Chris se sintió terrible de inmediato, él había sido el que acababa de llenar esos baldes con agua nueva, seguramente había usado más agua de la necesaria, por su parte Lucio se giró a mirar aquello y la mirada ruda se suavizó.

—Lo siento Sarah. —Dijeron ambos chicos al mismo tiempo.

Sus miradas se conectaron por la pequeña sincronización mientras la mujer se dispuso a comenzar a limpiar.

—No pasa nada, Chris. Lucio, tu no has hecho nada.

Chris le entregó las flores al chico aun apenado.

Un ramo blanco de claveles, Chris miró su primer ramo armado y miró a Lucio, quien seguía mirando el desastre de las flores tiradas.

—¿Qué te parece? —preguntó Chris al chico sin poder evitar algo de emoción de su primer trabajo pese al desastre.

Era sencillo, pero muy bonito gracias a la ayuda de Sarah.

Lucio parecía estar hundido en sus pensamientos, cuando Chris le habló apenas y reaccionó. Tomó el ramo entre sus manos, pero no lo miró demasiado. Una pulsera de piedra negra destello en su muñeca cuando estiró el brazo para tomarlo.

—Bastará. —Fue lo único que Lucio dijo antes de entregarle el dinero. —Gracias.

—¿Te gustaría firmarlo? —preguntó Chris ofreciéndole una de las tarjetas como Sarah lo había hecho antes.

Pero Lucio ya se estaba alejando por el pasillo hacia la puerta con el ramo en su mano.

—Gracias y perdón por eso Sarah. —volvió a disculparse el chico gótico antes ir a la puerta apresurado.

—Que tengas un lindo día. —agregó Chris antes de que Lucio saliera, éste se detuvo un segundo en la puerta y asintió en silencio antes de salir.

Chris pudo ver como el chico caminaba hacia la derecha por la puerta de cristal antes de perderse de su vista, él se quedó mirando hacia allá por un momento más antes de apresurarse a ir a ayudar a Sarah.

—Ahora veo cuál es tu tipo —dijo Sarah con una inyección de diversión en su comentario. Chris la miró mientras ella ajustaba sus guantes terminando de limpiar el repentido colapso de flores—. Tenemos que ajustar esos niveles.

Chris asintió mientras veía una de las flores que se podían rescatar, eran claveles, iguales a las que había pedido Lucio.

—Tranquilo, lo verás seguido, trabaja cerca.

Aquello hizo sonrojar a Chris por un momento mientras este regresaba al trabajo, pero no pudo evitar una pequeña sonrisita en su rostro.

Tal vez su trabajo le gustaría más de lo que había pensado.

¡Cuéntale a Ania Rivas lo que piensas sobre este capítulo!
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Bien escrito

3

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Trama absorbente

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Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

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Diálogos potentes

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iniciamos bien ahahha se nota que habrá una interacción muy curiosa entre ambos

2 meses
1
author

Muy buen primer capítulo! detecto una personalidad gatito negro y ya me emocioné jajaja
Sigamos🖤

19 días
1
author

Buen inicio!!! me gusta preguntar a los escritores qué los inspira... en tu caso, cuál ha sido tu inspiración para tu historia?

3 días
1