"Onsen Primaveral" Raphtalia x M!Reader (OS +18)

Sinopsis

No sé.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Luce
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Único. ♨️

"Aguas Termales de la Tía Sayu". Decía en el cartel enfrente nuestro, escrito con una elegante caligrafía en un cartel de madera. Naofumi, Rapthalia y Filo: a un lado mío, y yo comandaba estas forzadas vacaciones que los obligué a tomar.

A Naofumi solo le importaba entrenar.

A Filo las vacaciones le daba exactamente igual. Para ella cualquier día era pura alegría.

Y Rapthalia, bueno, al menos ella sí apoyó mi sugerencia de tomar un merecido descanso.

─ ¿Qué es este lugar?... ─ Cuestionó Naofumi, totalmente desinteresado.

Entiendo su desinterés: Yo también quería liarme a golpes y subir mi nivel. Pero, ¿De qué sirve entrenar tanto si no puedes disfrutar de los pequeños momentos?. Como este, que solo serían vacaciones por unos días. No se pierde nada con hacer una pausa. Me coloqué adelante de mis compañeros, y posé mis brazos en jarra.

─ Bienvenidos a las Aguas Termales de la Tía Sayu, las mejores aguas termales de este lado del continente... O al menos así dicen ─ No muy seguro de tal afirmación, contesté. ─ ¿Qué les parece?, ¿Emocionados?

─ No ─ Dijo Naofumi, honesto.

─ Eh... ¿Sí? ─ Contestó Filo, distraída con el paísaje y apenas oyendome hablar.

«¿Compañeros?, ¿Yo dije que estos eran mis compañeros?...» ¡Enemigos de la diversión!.

─ No se preocupe, T/N-Sama, yo sí estoy muy emocionda ─ Respondió Rapthalia, dando pequeños saltitos de emoción.

«Ella es todo un angel...»

─ Me alegra, pero no me llames de esa forma... ─ Un poco incomodo por su manera de tratarme, fingí toser. ─ De todos modos, vamos. Ya hice las reservaciones, así que no tienen nada de que preocuparse ─ Afirmé, guiñando un ojo.

─ Lo tenías todo planeado, ¿Eh? ─ Acusó Naofumo, mirandome con frustraciòn.

Mentiría si dijera que no, porque sí, por decir que había hecho las reservaciones con una semana de antelación y sin siquiera saber si aceptarían. No voy a decir cuanto dinero me gasté, pero seguramente comeré pasta por todo un mes. ¡Pero no importa!, obviamente no recuperaré mi inversión, pero la seguridad estaba asegurada.

─ Como sea, adelantense, iré a ver nuestras habitaciones ─ Indicó Naofumi, yendose por su cuenta hacias las habitaciones.

Y allí iba mi fallido intento por socializar con mi amargado compañero... Ah, ¿Para qué lo intento?. Al final, es su decisión ser como es «¡Un aguafiestas!» y no puedo cambiarlo. Suspiré, abatido. Mi único consuelo fue que Raphtalia afirmò una mano sobre mi hombro, comprendiendo mi malestar. Filo, por otro lado, picaba con una ramita un camino de hormigas.

─ Tranquilo, T/N-Sama. Estoy segura que el Amo Naofumi aprecia su esfuerzo... Creo ─ Ella intentó consolarme, pero incluso dudó de su afirmación.

─ ¡Kyaaaa!, ¡Las hormigas quieren llevarse a filo!. ¡Amo, ayudeme! ─ También oí a Filo, que escapaba de las hormigas y pedía por mi ayuda.

Por la ramita de Filo, las hormigas treparon e intentaron llegar hasta ella. Filo soltó la ramita y gritaba como si enfrentase la mayor de las amenazas. Era una escena adorable de ver. Y Rapthalia, que había hecho el intento de consolar mi pesar, también se veía tierna ante mis ojos, como el sol resplandeciente en la mañana o como la luna llena en madrugada. Le sonreí a Rapthalia de regreso, agradecido por su generoso gesto.

─ Muchas gracias, eres adorable ─ Contesté, muy agradecidamente sonriendole.

Acaricié sus sedosos cabellos castaños con la palma de mi mano derecha, sintiendo que sus mechones se escurrían entre mis dedos. Rapthalia se ruborizó ligeramente, aunque no supe si era por la verguenza o porque el sol que yacía en el horizonte golpeaba suavememte sobre su rostro. En cualquier caso, aunque sonrojada, su expresión reflejó disconformidad con mis palabras. Algo pareció molestarle, pero calló sumisamente.

Me tenía consternado, pero lo dejé pasar. No quería que se cansara de mis gestos de cariño y terminara por apartar mi mano, pero entonces, la aparté yo mismo, cediendole su espacio. Ahora, volviendo a ver la posada-aguas termales de la Tía Sayu, estaba decidido a disfrutar de esas vacaciones, incluso si Naofumo y su actitud de limón se esforzaban por arruinar toda la diversión.

─ Muy bien, ¡Allá vamos! ─ Exclamé, motivado.

Dicho esto, me encaminé al interior de la posada. Filo y Rapthalia me siguieron, yendo detrás de mí. Entré a la posada con una sonrisa en la cara y un aura de entusiasmo que me rodeaba. Me acerqué a la recepcionista, una enana señora de figura encorvada y cabellos canosos. Ella apenas llegaba al mostrador, donde reposaba una placa con su nombre: "Tía Sayu", la dueña y encargada del lugar.

─ Oh, hola, jovencito. ¿Puedo ayudarle en algo? ─ Ella nos saludó, y mirandome me preguntó en que necesitaba ayuda.

─ Sí, hola. Una reservación... A nombre de T/N Soryuin, por favor ─ Saludé de regreso, y pregunté por una reservación a mi nombre.

Ella asintió ligeramente, y tomó un pesado libro de debajo de su escritorio, dejandolo sobre la mesa para comenzar a ojearlo. Pasó pagina por pagina, revisando otras reservaciones y otros huespedes. Pensaba que pasaríamos allí horas, pero por suerte, al poco tiempo dijo "¡Bingo!", y me miró.

─ Sí, aquí está. T/N Soryuin, ¿No?. Un pelinegro pasó hace un momento por la llave de su cuarto, aquí tienes las otras llaves ─ Contestó, entregandome un juego de dos llaves.

─ Muchas gracias, y con permiso ─ Respondí.

Asumí que hablaba de Naofumi y no me maté la cabeza pensando. De todas maneras, las habitaciones se dividían en: una para Naofumi y otra para mí, originalmente pensaba en compartir una, pero... Bueno, él obviamente no aceptaría. En fin, la tercera habitación era compartida entre Filo y Raphtalia. Le entregué la segunda llave a la más responsable entre ellas dos, a Raphtalia.

─ Aquí. Es una habitación compartida, pero tiene divisorio de tatamis. De todas formas no creo que haya problemas, porque Filo... ─ Me interrumpí, mirando a Filo, que se estaba durmiendo de pie. ─ ... Ya se está durmiendo ─ Terminé de decir.

─ Está bien, no hay problema, T/N-Sama ─ Raphtalia respondió por ella y por Filo.

Luego ella se fue, despidiendose con una reverencia y llevandose a Filo arrastrando. Filo también se despidió entre susurros, o quizás solo estaba hablando dormido. Suspiré de nuevo, ¿Acaso era el único que realmente estaba feliz por esas pequeñas vacaciones?. Naofumi, Filo... Ya no me queda nada, solo Raphtalia. Pero, qué más da, no dejaré que ninguno afecte mis buenos animos.

─ Eh, jovencito ─ Antes de irme, la señora Sayu me habló otra vez. ─ Antes de que se vaya, quería decirle que aquí hay tres aguas termales: para hombres, para mujeres y mixtas. La mixtas es la más grande, pero si quiere privacidad, esta hora sería perfecta para que vaya ─ Indicó.

─ Claro, se lo agradezco ─ Agradecí nuevamente su amabilidad y su buena camadería.

¿Así que las aguas mixtas son su recomendación?, lo tendré muy en cuenta, porque planeo recorrer todos los sitios posibles en este lugar. Decidido a poner en marcha mis vacaciones, me encaminé hacia mi habitación, guiandome por el número que había en mi llave, la habitación número ocho. En todo el trayecto, fui silbando una melodía, contento de olvidarme de todo por un tiempo.

¡Mis vacaciones acaban de comenzar!.

─────────────────────

En mi habitación, cambié mi armadura de acero por una toalla envuelta a mi cintura. No necesitaba nada más que eso, y habiendo tomado un baño para refrescarme, me dirigí a las aguas termales mixtas. Me había asegurado de no perder demasiado tiempo, no quería desaprovechar la oportunidad de corroborar que el consejo que la señora Sayu me ofreció, fuese acertado.

Y cuando llegué a las aguas termales, la neblina en el lugar me dejaba ver poco más que mis pies. La enorme fosa de agua caliente estaba rodeada por paredes de bambú, y el agua era tan cristalina como agua de cascada. Era una maravilla visual. Y no había nadie que molestara ... O casi nadie.

─ ¿T/N-Sama?

Cuando la neblina fue dispersandose y mi vista fue acostumbrandose, pude ver a Raphtalia, sentada al otro extremo de la fuente, mojandose los pies y con una toalla que cubría todo su cuerpo. Pareció muy sorprendida de verme ahí, incluso sonrojandose de la verguenza. Pero mi mala suerte entró en efecto y la toalla en mi cintura se deslizó, dejandome completamente desnudo ante su mirada.

─ ¡¿T/N-Sama?! ─ Exclamó Raphtalia, con el rostro enrojecido y cubriendose los ojos.

─ Ah... Lo siento ─ Me disculpé, y sin hacer mucho drama volví a taparme con la toalla.

─ N-No... ¡Espere!, ¡¿Qué hace aquí?!, ¡Este es... ─ Cambiando de tema, me cuestionó que hacia ahí, y miró hacia el cartel a un lado de la entrada. ─ ¡¿El baño mixto?! ─ Consternada, alzó la voz.

Vaya, parece que Raphtalia confundió las aguas mixtas con la exclusiva para mujeres. Tiene suerte que solo sea yo, porque si alguien más la hubiera visto, su verguenza seguramente sería aún mayor. Y también, en parte es mi culpa, debí hablarle sobre las diferencias entre los baños... Meh, ya que estaba, me metí al agua y le hice compañía.

─ Ay, qué calentito... ─ Susurré, contento cual niño con juguete nuevo.

Me dejé la toalla puesta, porque por más que no me importaba si Raphtalia me veía, tenía decencia y sería una falta de respeto hacia ella. Raphtalia, que seguía rojo como un tomate y balbuceaba palabras que no entendía. ¿Acaso le diò un derrame?, me acerqué a ella para comprobarlo, pero Raphtalia inmediamente reaccionó hundiendose en el agua, y luego saliendo a la superficie de nuevo, dejandome ver su rostro.

─ T-T/N-Sama, usted... ¿No siente verguenza? ─ Insegura de preguntarme, tomó valor para hacerlo.

─ ¿Verguenza?, ¿Por qué? ─ Confundido por su pregunta, pregunté. Luego entendí a medias su razón, y contesté. ─ Bueno, tú y yo nos bañamos juntos en un riachuelo, ¿recuerdas?. Entonces, no veo porque sentir verguenza

─ P-Pero es diferente... ─ Aseguró ella, en un debil susurro que apenas pude oír.

«¿Diferente?, ¿En qué sentido?» porque para mí no lo es. Sí, puede que haya pasado un tiempo y que esté un poco más viejo, pero seguimos siendo los dos. Incluso creo que ahora mismo tenemos más confianza entre nosotros que en aquel entonces. Mi expresión confundida y pensativa no pareció agradar para nada a Raphtalia, quien me regresó la mirada de forma voraz, hasta incluso enfadada.

─ U-Usted... Usted realmente no me ve como una mujer, ¿Verdad? ─ Me cuestionó, algo deprimida e incluso ofendida.

─ ¿Una mujer? ─ Repetí, confundido.

¿Ver como a una mujer a Raphtalia?, quiero decir, sí, creció, pero... No lo sé. Nunca lo pensé de ese modo. Para mí, Raphtalia seguía siendo mi adorable comapañera de viaje, de temperamento a veces fuerte, pero también alguien muy amable y considerada. Pero, ¿Una mujer? Sí, supongo que lo era... Creo. Digo, ya creció bastante y eso, ¿no?.

─ ¡T/N-Sama! ─ Me llamó ella, firmemente.

La vi pararse y salir del agua, parandose adelante mío para mirarme fijamente. Tenía sus mejillas ruborizadas, quizás por el calor del agua o por el enfado. O alguna otra razón que no comprendo. Pero me miró, y en su mirada se reflejó su firmeza.

─ Y-Yo... ¡Yo ya no soy una niña!, ¡Y-Y-Y... Se lo demostraré! ─ Afirmó, muy apenada.

No entendí lo que decía, hasta que la vi conducir su mano derecha hasta el borde superior de su toalla. Creí que se la estaba ajustando al cuerpo, pero, en realidad, se la quitó y la dejó caer sobre el agua... Raphtalia quedó desnuda ante mi mirada. Sus senos, de tamaño pronunciado y de pezones rosados. Su cintura de guitarra y sus caderas anchas, que conducían a sus muslos gruesos y su coño con una pequeña mata de pelo castaño. Su piel era como la porcelana, y brillaba bajo el sudor que le provocaban los vapores del agua termal.

Su expresión sonrojada, mirandome con verguenza y nerviosismo. Yo estaba petrificado, sin saber que decir, o hacer. Jamás pensé que vería a Raphtalia desnuda, y menos que vería lo mucho que había crecido en todo este tiempo. Sentí mi entrepierna dura como una roca, y el calor subió hasta mis sonrojadas mejillas. El sudor me recorrió la frente, y Raphtalia se acercò a mí, sentandose a mi altura.

─ T/N-Sama... ─ Susurró.

Su rostro estaba tan cerca del mío, que podía sentir su respiración caliente haciendome cosquillas en la nariz. Raphtalia deslizó su mano derecha por encima de mi entrepierna, acariciando mi polla por sobre la toalla en mi cintura. Ahogué un gemido, y la vi sonreír ligeramente habiendo cumplido su cometido. «Carajo... ¿Desde cuando ella es tan descarada?» quizás siempre lo fue, pero yo nunca lo había notado. Y yo no me quedaría atrás, porque la besé repentinamente, tomando sus labios.

Raphtalia jadeó entre nuestros labios, y sonreí levemente de oírla. Al final, seguía siendo la misma inexperta y adorable Raphtalia que conozco, quien muy dificilmente podía seguir el ritmo intenso de mi beso. Le estaba robando todo el aire, así como también robé su primer beso. Y su mano seguía acariciando mi polla, mientras mis manos tomaban sus mejillas. Poco después, nuestros labios se separaron, ambos respirando cansinamente.

─ T/N-Sama... Por favor, levantese ─ Avergonzada de su petición, Raphtalia me solicitó pararme.

Eso hice. Me puse de pie, saliendo del agua y dejando que escurriera por mi cuerpo. Raphtalia quedó arrodillada, a la altura de mi polla. Ella dudó, pero se motivó a sí misma y tomó los bordes de mi toalla, quitandomela. Mi erección salió a relucir enfrente de su mirada, que no dejaba de ver mi pene con un fuerte rubor y una gran sorpresa.

─ La polla de T/N-Sama... Qué bonita ─ Dijo Raphtalia, para luego avergonzarse enormemente por lo que dijo.

Me pareció adorable verla disculparse entre balbuceos, y yo solo acaracié sus cabellos, demostrando que no había problema. Raphtalia recuperó la confianza al poco tiempo, y armandose de valor, separó ligeramente sus labios y fue guiando mi polla al interior de su boca. La sensación fue sintiendose cada vez más sofocante, humeda y caliente, teniendo que obligarme a contener mis gruñidos. Consiguió meter más de la mitad de mi pene en su boca, mirandome desde abajo con sus mejillas enrojecidas, y luego tirando su cabeza hacia atrás. Luego, hacia adelante.

GLORK... GLORK

Trabajó el falo de mi polla con una tecnica inexperta e incluso de mucha torpeza, emitiendo sonidos obscenos por el movimiento tosco y repetitivo de su cabeza, de atrás hacia adelante, y de adelante hacia atrás. Las suaves palmas de sus manos hallaron reposo sobre mis muslos, afirmandose a mí para intentar tomar más de mi gruesa vara de carne. A Raphtalia no parecía intimidarle para nada el cuerpo grueso de mi polla, o la longitud de considerables pulgadas que no podía tomar todo dentro de su boca. Tampoco le intimidó mi virilidad palpitante que hacia temblar su mandibula, adormeciendo ligeramente la parte inferior de su cara como si estuviera sosteniendo más peso del que podía naturalmente soportar.

Pero, Raphtalia no se rindió. Hizo su trabajo de mamada de manera torpe, pero muy decidida. Su aspera lengua rozaba con el tallo de mi pene, a medida que ella tiraba su cabeza hacia atrás y luego se empujaba hacia adelante. Condujo mi polla un par de veces dentro suyo, pero ante su inexperiencia y temor de ir más allá, tomaba hasta la mitad y retrocedía. La saliba chorreaba por el falo de mi polla y descendía en pequeños hilos por sus mejillas. Para Raphtalia le era imposible retener todo en su boca, por lo que dejaba que todo fluyera descendiendo por su mentón hasta empapar sus tetas. "¡GLORK!" era el ruido lascivo que impregnaba en las silenciosas aguas termales, producto de su movimiento audaz para comerme la polla. De profesional esto no tenía nada, pero se lo dejaba pasar, me bastaba con ver su gran devoción en su labor oral y su fuerte deseo por complacerme, reproduciendose en su hermosa y avergonzada mirada que me dirgía desde abajo, con sus mejillas tan encendidas como dos pares de velas rojas. Estaba muy avergonzada, pero su euforia podía más, lo suficiente para continuar.

Para mí, la vista era magnifica. Ya había asimilado que se trataba de Raphtalia, y que Raphtalia ya no era aquella inocente y temerosa niña que conocí en un principio. Ahora era toda una mujer, y tenía a esa hermosa mujer lubricando mi polla con esmero. Siempre la había visto como mi inocente y divertida compañera, pero justo ahora, solo podía verla como ella quería que la viera. Quizás eso fue motivo para percatarme que su euforia por chuparme la polla fue aún mayor, sosteniendo a mis piernas para hundir mi miembro más en su interior. Mis piernas temblaron cuando sentí que había tomado toda la base, pegando sus mejillas contra mi pelvis. Su nariz saboreó mi aroma, y en respuesta su cuerpo se sacudió ligeramente. Raphtalia permanció por unos instantes allí, estimulando con su lengua la longitud de mi polla y tomando fuertes bocanadas de aire con su cara hundida en mi entrepierna. Tenía los ojos cerradas, como si de abrirlos se avergonzaría tanto que saldría huyendo. La vista me excitaba, pero no podía evitar pensar en lo adorable que se veía.

Raphtalia fue tirando de su cabeza hacia atrás, retirando mi polla que había llegado a hundirse en su garganta. "¡Glup!" Fue el adorable ruido que hizo cuando se alejó, recorriendo mi gruesa polla hasta sacarsela de la boca, y respirar con pequeñas bocanadas erraticas. Mi entrepierna estaba brillosa por su saliva, chorreando por la longitud espesos hilos que se mezclaban con mi liquido preseminal y cayendo por la cabeza de mi pene, aterrizando sobre los senos de la jadeante Raphtalia que me miraba con mucha verguenza y una sonrisa timida asomandose en sus humedecidos labios.

─ T-T/N-Sama... ¿L-Lo estoy haciendo bien? ─ Con la timidez que caracterizaba a Raphtalia y la timidez de una novata en el acto oral, me miró con pena de su pregunta, pero con deseo de saber que tan bueno era su desempeño para complacerme.

«Incluso en este momento, ella es tan adorbale...»

PAT PAT: golpeé con ligereza su cabeza, a modo de cariño y agradecimiento. Era obvio que le faltaba mucho por aprender ─ Si se puede decir de ese modo ─, pero no despreciaría su enorme esfuerzo y devoción por temas menores. Sonreí, encantado por su belleza, y contesté. ─ Por supuesto, lo estás haciendo bien.

Mi reconocimiento hacia su labor pareció compensar sus esfuerzos y la llenó de renovada euforia. Raphtalia envolvió su mano derecha alrededor de mi polla gruesa, haciendo movimientos circulares a lo largo de mi longitud, usando su propia saliva como lubricación y de manera que se deslizaba con soltura y frenesismo. Su paja de mano me había tomado con tal sorpresa, que dejé escapar un ligero gemido, que más bien parecío un chillido. Raphtalia quedó encantada con oírme, sonriendome ligeramente de manera timida. Mi verguenza se subió a mis mejillas, sintiendome más desnudo de lo que por defecto estaba. La mano de Raphtalia siguió deslizandose de arriba a abajo por mi falo, con ella elevandolo por encima de sus ojos, exponiendome el tallo por la parte de abajo y mis bolas. Para ese entonces, mis bolas ya habían acumulado tanto esperma que incluso el peso era diferente.

Ella ahuecó mis bolas con su otra mano, ejerciendo una ligera y suave presión que me hizo temblar desde los cimientos. Su mano era tan suave como todo en su cuerpo parecía serlo. Por la parte inferior del tallo de mi polla, Raphtalia deslizó su aspera lengua, desde la parte baja de mi longitud hasta llegar a la cabeza de mi pene, donde sus labios se posaron y ella me dirigió una lasciva mirada de lujuria. Su paja a una mano siguió de manera intensa, como si buscara exprimir toda la carga que pesaba sobre mis bolas, cuales también eran acariciadas por su otra delicada y gentil mano. Raphtalia besó la cabeza de mi polla, y lamió el liquido preseminal transparente que lloraba desde la cabeza en forma de champiñón.

«Maldición... ¿Desde cuando se volvió tan buena?»

Era enormemente abismal la diferencia entre la Raphtalia de ahora, a la de hace unos segundos atrás. Parecía como si hubiera estado jugando conmigo antes, y ahora sacase a relucir su verdadera tecnica oral. Por supuesto, esto era una conjectura, porque en sus movimientos aún seguía habiendo ligera torpeza. Pero nada comparado a antes, cuando ahora era una paja más precisa, devota y trabajosa. Su lengua seguía chupando la cabeza de mi polla, consumiendo las pequeñas hebras de liquido transparente y tragandolas como si fueran el manjar de los dioses. Su expresión pareció ser de confusión, pero poco a poco fue acostumbrandose a la textura espesa y al gusto, que muy probablemente no se comparaba al gusto de ningún otro "manjar". Raphtalia parecía trabajar con esmero para tener más de mi semilla, cambiando de mano para pajearme con su mano izquierda. Mientras que la derecha la guió hasta la cabeza champiñón de mi pene, donde jugó con movimientos circulares sobre la punta.

Tanta estimulación me estaba llevando al limite, sintiendo como faltaba poco para liberar toda mi espesa carga que llevaba tiempo acumulando, y que de no detenerse, me terminaría corriendo en su cara. Los temblores en mi polla, junto a los espasmos constantes en mi cuerpo y mi exhalación profunda, parecieron ser indicaciones suficientes a Raphtalia de que estaba por correrme. Y ella, como si no quisiera desperdiciar una gota, tomó mi polla y volvió a hundirla dentro de su boca. La sensación de sofocación me inundó de nuevo, envuelto por el humedo interior de su boca. Raphtalia no perdió su tiempo y empezó con sus movimientos de cabeza erraticas, chupandome mi pene en movimiento reiterativo, de atrás hacia adelante.

─ ¡E-Espera- ¡Raphtalia! ─ Mi voz se quebraba en jadeos y gruñidos, no pudiendo detenerla ni porque la tomase por su cabeza. Mis caderas estaban rigidas, y su respiración profunda me hacia cosquillas en la pelvis. Mi respiración agitada, sosteniendo mi mirada sobre su hermoso rostro que denotaba su concentración en su trabajo oral. ─ ¡Raphtalia! ─ Gruñí su nombre, otra vez.

Su mamada era tan profunda e intensa, que si no me corría pronto terminaría por arrancarme el pene. De verdad, la fuerza de su mandibula ─ Y la fuerza general de Raphtalia ─, era de temer. Sostuve mis manos sobre su cabello, aunque no dependía de mí la intensidad que llevaba. Sentí como algo se agitaba en mis bolas, aparte de mis bolas, y trepaba por mi conducto de descarga. Estaba a punto de correrme, y por más que mi polla temblara, Raphtalia no redujo la velocidad. Siguió sin contemplación, llenando mis oídos del obsceno ruido de su chupada "¡GLORK! ¡GLORK!" Y el obsceno ruido de sus mejillas golpeandose contra mi pelvis "¡PLAP! ¡PLAP!".

E inevitablemente, terminé por correrme. La sensación de perder peso en mis testiculos fue satifactoria, tan satisfactoria como lo era sentir mi espesa carga llenar el interior de la boca de Raphtalia. "¡Mmmh!" Jadeó ella, cuando se encontró llena de mí, tan llena que empezó a tragarse mi semilla en grandes tragos. Oía mi liquido deslizarse por su gargante, y sentía su cuerpo temblar por cada trago que daba. Era jodidamente excitante. Tragó todo lo que pudo, y lo que no pudo, lo dejó caer sobre sus tetas. Sus mejillas estaban llenas, al punto en que parecía una ardilla con bellotas en sus mejillas. Adorable, si me lo preguntan. Y su rostro, tan ruborizado que facilmente podía ser confundido con un tomate. Cuando terminó de tragar toda mi carga, Raphtalia fue tirando su cabeza lentamente hacia atrás, deslizando su lengua por mi longitud para limpiar los restos de semen que aún quedaban. Sacó mi polla de su boca, dejando a la vista las hebras de saliva que conectaban su boca con mi pene. Ella sorbió hasta la punta, y se lo tragó todo.

Su respiración era tan agitada que parecía que se le saldría el corazón, y su rostro expresaba tanta verguenza que no podía sostenerme la mirada. Yo, por otra parte, exhalaba profundo, con una postura rigida, con mis piernas temblando y... Con aún una erección en mi polla. Aunque me había corrido, me había vuelto a excitar viendola tragarse mi semen. Me excité aún más cuando la vi mirarme, relamiendose sus hinchados labios y sonriendo timidamente, de una manera un tanto sumisa.

─ T-T/N-Sama... Me lo tragué todo ─ Dijo ella, sacando la lengua de manera apenada para demostrar que era cierto. Sus mejillas estaban teñidas de rojo, y me miraba como si estuviera agradecida conmigo. Pero, ¿Por qué?.

«Mierda, si dice algo como eso, yo...»

─ ¡Raphtalia! ─ Antes de que pudiera terminar de pensar, ya la había llamado por su nombre y la tomé por los brazos, levantandola repentinamente del agua. La acerqué tanto a mí, que podía sentir su respiración caliente, entremezclada con el olor de mi esperma, golpear en mi rostro.

«Si dice algo como eso, yo no podré contenerme»

Quería tomarla en ese lugar, ahora que solo eramos ella y yo, en un momento tan intimo como podría serlo luego de chuparme la polla. Y Raphtalia no pareció estar para nada en desacuerdo, porque también se acercó un poco más a mí, con su mirada fielmente sobre la mía. Tenía un brillo único en sus ojos, que me hipnotizaba y me llevaba a acortar nuestras distancias poco a poco. Ya era un hecho que nos deseabamos mutuamente, ahora solo quedaba caer ante ese sucio e impuro deseo.

Sin embargo, cuando la distancia entre nosotros fue muy corta... Oí unas voces acercandose.

─ ¡Y luego el tipo saltó del puente! ¡JA JA JA! ─ Dijo alguien, con una voz estridente.

─ Ese chiste fue tan malo que también tú deberías saltar de un puente ─ Respondió otra voz, la de una mujer.

Esas dos personas se acercaban a las aguas termales, riendo y hablando entre sí. Parecía que se trataba de una joven pareja que se hospedaba en la posada de la Tía Sayu. Y, sí, ¡Qué mal momento para interrumpirnos en la mejor parte!. Justo cuando iba a saltar como hiena en celo hacia Raphtalia, quien por cierto, estaba que palidecía cual cadaver del espanto, horrorizada ante el hecho de ser encontrados en esa situación.

─ ¡T-T/N-Sama! ─ Me llamó, en alerta, dejando que sus nervios consumieran su expresión y su voz temblara, atemorizada.

No me lo pensé mucho y la tomé de la mano, pescando nuestras toallas que flotaban por encima de las cristalinas aguas termales y saliendo de estas a pasos ligeros. Había una enorme roca a un lado del agujero de agua, de donde brotaba agua caliente que caía como cascada. Allí detrás me escondí junto a Raphtalia, afirmando mi espalda contra la pared rocosa y sosteniendola pegada a mi pecho, entre medio de mis piernas. Esa joven pareja llegó a la termal, cubiertos por un par de toallas no perdieron el tiempo en adentrarse al agua, continuando la conversación ya sentados.

─ Ah, nada como descansar luego de un largo día de trabajo ─ Comentó el hombre, echandose un chapuzón tan profundo que se mojó la calva ─ Sí, era calvo ─, y luego emergió del agua para exhalar profundamente. ─ Oye... ¿Y sí me la chupas?

─ ¿Y sí mejor te vas al demonio? ─ Le contestó su pareja, de manera voraz y negandose totalmente a su petición. Ella nadó por su cuenta en la termal, desinteresada de cualquier acto sexual.

«Veo que no todos tienen mi misma suerte»

A mí me la habían chupado sin siquiera pedirselo, y creo que había sido de las mejores experiencias en mi vida. Los labios de Raphtalia besandome la polla, su lengua deslizandose por todo mi falo y su mandibula soportando todo el peso de mi pene que se enterraba en su garganta... Oh, de solo recordarlo me encendí como chimenea de nuevo. Tuve una erección tan furiosa que la punta chocó ligeramente con el estomago plano de Raphtalia, oyendose un debil jadeo de su parte ante la corta distancia que había entre nosotros. Mi mirada halló su mirada, rebosante de un brillo amoroso. Sus mejillas también me encantaron, suaves y ruborizadas como dos pares de fresas silvestres.

─ ¿Continuamos? ─ Susurré, impacientado por experimentar hasta la más efimera de las sensaciones con ella. Hasta hace poco nunca me consideré un lujurioso, pero con tener a Raphtalía así, sumisamente atrapada entre mis brazos, ¿De qué manera podía resistirme?

─ ¿A-Aquí?, ¿Ahora? P-P-Pero no podem-... ─ No podemos, iba a decir, pero su voz se suplantó con un jadeo cuando la besé. Mis labios le ofrecieron un ligero beso, como si con aquello fuese suficiente para hacerle cambiar de parecer. Y en efecto, así fue. ─ E-Está bien...

«¡No se diga más!»

Habiendola convencido, la besé otra vez. Nuestros labios volviero a hallar un mismo camino, como dos imanes separados en contra de sus voluntades. El beso no tuvo nada de inocente, más bien, tuvo todo nuestro pecaminoso deseo mutuo. Era intenso, por nuestros sincronizados movimientos de boca. Y era sucio, con nuestras lenguas entrelazandose, con nuestras salivas mezclandose. Sentí el sabor agridulce de su interior, siendo este el sabor suyo y el sabor de mi polla que se había quedado impregnado en su boca.

«Ahora que lo pienso... ¿Esto se puede considerar una automamada?»

Mejor no saberlo. Mejor, ignoro todo lo inneceserario y me centró en este momento. En nuestro beso, que por la sofocación que sufríamos tuvimos que obligadamente separarnos y mirarnos mutuamente. Raphtalia se acomodó sobre mi regazo, apoyando sus firmes glúteos sobre mis muslos. La sensación de su culo era esponojosa, como su piel, pero también firme como el trasero de alguien dedicado a una vida de fitness. Era agradable, como tener a una entrenadora de cardío encima mío. No pude contenerme de ahuecar su firme culo en mis manos, pegandole un apretón ligero a la blandita carne de sus nalgas, y que por consencuencia, ella jadeó cerca de mis oídos.

Raphtalia ronrroneó un gemido contenido, puesto que pese a su excitación, muy visible por la constante de fluidos que chorreaban de su coño y me empapaba las piernas. Pese a esto, seguía siendo consciente que ya no eramos los únicos en las aguas termales. ─ T/N-Sama... ─ Me susurró, tentandome con su voz.

Que puedo decir... No puedo resistirme si es Raphtalia misma quien me incita a tratarla como a una mujer. Tomé su culo en mis manos y lo levanté de mis muslos, guiando la entrada de su rosado coño por encima de la punta de mi polla. De sus labios chorreaba una buena cantidad de liquido vaginal, pero no de ahora, parecía llevar mojada desde que me hizo aquella felación sobre las aguas termales. Supongo que me centré tanto en mi propio placer, que no vi lo excitada que estaba ella desde hace rato. Y Raphtalia, que actuó tan docil mientras me la chupaba, nunca se atrevió a mencionar sobre como se sentía. Pero ahora no importa, ahora compensaría mi descuido y me encargaría de satisfacer hasta el más minimo rincón de su esbelto y curvilineo cuerpo.

Dejé caer sus rosados labios inferiores sobre el eje de mi erecto pene, provocando un roce tan sutil, pero tan atractivo por igual, que el cuerpo entero de Raphtalia reaccionó con un intenso temblor. También ella gimió, un debil "Mmh~" que se ahogó en sus cerrados labios superiores. Por que los inferiores, eran lentamente abiertos por mi polla que se enterraba con delicadeza en su interior. Sus brazos hallaron camino sobre mi hombro, y de ahí no se quitaron. Conduje la lentitud en la que mi espada carnosa se incrustaba en su tembloroso coño, y a diferencia de su felación, su coño tomó toda mi polla al primer intento. Por supuesto, esto conllevó a romper su hímen, que a su vez provocó que delgados hilos de sangre se filtraran por su vagina y cayeran por la longitud de mi miembro. También, arrebatarle la virginidad generó una sensación de asfixia que se envolvió alrededor de mi entrepierna, manteniendome rigido como una estatua de piedra. De todas formas, yo estaba tan ahogado del placer que acaricié su culo, mientras gruñía como una fiera salvaje fuera de mis cabales.

─ Mmmh~ ─ Gimió Raphtalia, mordiendose los labios para que la joven pareja no se percatase del acto indebido que estabamos haciendo detrás de esa pared rocosa. Sus brazos rodearon mi cuello, abrazandome para pegar mi rostro a sus tetas y no permitiendome ver su avergonzado rostro que lentamente sucumbía al placer. ─ T-T/N-S-Sama ─ Gimió, esta vez mi nombre, con una debil voz.

Aunque me encantaba hundirme en sus senos, elevé la vista entre medio de ellos y para ver su adorable expresión sonrojada: su rostro, con los ojos cerrados y una expresión que batallaba por mantenerse serena, dando su batalla cada vez más por perdida. Mi nariz olisqueaba el aroma agridulce de sus tetas, producto de mi esperma que había salpicado sobre ellos y que se había mezclado con su sudor corporal. Pero no me desagradaba para nada el olor, y en realidad, era un incentivo extra para mantener mi polla rigida como filamento.

─ ¿Puedes seguir? ─ Le pregunté susurrante, siendome muy dificil contener mis ancias de empujarme con fuerza dentro suyo. Fui precavido al preguntarselo, tomando muy en cuenta su preferencia y si sería capaz de tomar la iniciativa.

Raphtalia, que no respondiò en palabras, me asintió ligeramente en respuesta. Entonces, con un leve temblor en sus movimientos, levantó su trasero y luego bajò de un sentón, embistiendo su coño con mi gorda vara de carne rigida. La sentí abrazarme con más fuerza, ahogando su gemido tanto como le era posible. El placer que me proporcionó fue inconmesurable, imposible de describir con palabras. Era tal, que me aferré con mis manos a sus glúteos y ceñí mis labios con fuerza, ahogando mis propios gemidos. Sin embargo, que nuestros cuerpos chocaran provocó un ruido obsceno "¡PLAF!" se oyó, pero por suerte no tan fuerte como para ser tomados en cuenta. Una embestida había bastado para que la presión que envolvía a mi polla aumentara, con su coño cerrandose de una manera abismal y casi aplastante. La sensación también era humeda, bastante similiar al interior de su boca, pero mil veces mejor. La siguiente embestida llegó, y esta fue mejor que la anterior. Incluso sus senos se sacudieron sobre mi rostro, y su culo tembló en mis manos. "¡PLAF!" se oyó de nuevo.

─ Nh-... Ah~ ─ Para Raphtalia esta vez fue imposible reprimir su gemido, escapandose entre la pequeña abertura de sus labios separados. Ella siguió sin abrir los ojos, y siguió tirando todo el peso de su cuerpo sobre mí.

Una sonrisa se dibujó sobre mis labios. No podía evitar sonreír ante la hermosa vista encima de mí, de Raphtalia esmerandose en satisfacerme y esforzandose en acallar sus dulces gemidos. Si cabía la posibilidad de excitarme más, lo había hecho. Muy visible quizás, en la rigidez sobre la polla en la que Raphtalia brincaba. Su tercera embestida llegó igual a las otras, intensa, cruda y pesada. El ruido era cada vez más dificil de ocultar, pero agradecía que la pequeña fuente de agua cubriera nuestros leves jadeos y el ruido obseceno de los sentones de Raphtalia. A la tercera embestida, sus tetas volvieron a brincar sobre mi cara, y esta vez no me resistí en tomarlos. Aparté mis manos de su firme culo y los llevé a sus senos, tomando uno en cada mano. No eran exageradamente grandes, pero tenían el tamaño suficiente para encajar perfectamente en mis manos. Raphtalia se retorció ante mi suave tacto, jadeando de una manera incluso más ruidosa.

Jugué con el par, dando pequeños apretones, acariciando sus endurecidos pezones rosados e incluso, bajo su mirada de enorme verguenza, posé mis labios sobre su seno izquierdo. Mi lengua jugueteó con su pezón duro, absorbiendo de el como si quisiera ordeñar leche. Bastante gracioso de pensar, pero poniendolo a prueba, Raphtalia jadeaba aún más, de placer. Con mi otra mano acaricié su otro seno, sosteniendo su pezón en medio de mis dedos y tirando ligeramente de el. "¡MMMMH~!" gimió sobre mí, brincando otra vez sobre mi polla. ¿Así que era sensible en sus pechos?, precisamente mi parte favorita de una mujer. Demostré toda mi maestría con la lengua al chupar de su pecho, para luego también atrapar su pezón entre medio de mis dientes, pegando pequeños mordiscos. Todo su cuerpo se sacudió ante mi estimulación en sus tetas, encorvando su espalda casi de manera abatida, pero sin rendirse en brincar incesantemente sobre mí.

─ ¡T-T/N-Sama! ─ Raphtalia gimió mi nombre, con una voz entrecortada y que por fortuna, se oyó lo bastante baja. Estaba extasiada, enrollando sus dedos en las hebras de mi cabello, a veces tirando un poco para apegarme más a sus pechos.

Para este punto, a Raphtalia dejó de preocuparle ser descubiertos en el acto y comenzó a brincar sobre mi pene de manera intensa e insaciable. "¡PLAF!" ¡PLAF!" "¡PLAF!" el ruido vulgar fluía como agua en el aire, producto a los sentones sin compasión de la hermosa mujer encima mío. La firmeza de sus glúteos golpeaba contra mi pelvis, y aunque el dolor era considerable, el placer que recibía era mucho más. Parecía una gata en celo, pensando en únicamente montarme y habiendose olvidado de cualquier respeto que me tenía. Yo era más como su juguete sexual de tamaño completo, un juguete que juguteaba con sus tetas y que sonreí con ligereza ante sus desesperados brincos. Ya no sabía si quería complacerme a mí o a sí misma, pero en cualquier caso, nos funcionaba a los dos.

Cuando jugué lo suficiente con sus senos, tomé distancia de ellos, dejando una magnifica vista para mí de su pecho reluciente por mi saliva, que se deslizaba de ese par y caí por su estomago. El pecho de Raphtalia subía y bajaba, porque ella no se había saciado de brincar en mi polla. Lo seguía haciendo como si fuera su único motivo para existir, taladrando su coño hasta la parte más profunda, golpeando su cervix y luego descediendo en picada, para enseguida volver a comerme la polla. Mi vara de carne se sentía como un pedazo de metal fundiendose, abrazado por un calor sofocante que poco más me la arrancaba. Y a diferencia de moldearse el metal, la vagina de Raphtalia buscaba moldearse alrededor de mi entrepierna. La humedad en su interior era tanta que ya no podía contenerse dentro suyo, derramandose sobre mi pene y mojandome los muslos. Era una escena demasiado erotica, recordandome a las escenas que había visto en los hentais de mi mundo. No es que fuera un fuerte consumidor de dicho material, pero más de una vez lo habré consumido con fines "educativos".

Aunque la vista era gloriosa, aunque los brazos de Raphtalia dejaron de aferrarse alrededor de mi cuello y solo se dejaron caer sombre mis hombros, mi vista cayó sobre su trasero. Más bien, sobre la cola que le brotaba por encima de sus glúteos, siendo del mismo color castaño que sus cabellos y la mata de pelo en su vagina. Su cola se agitaba alegremente al mismo ritmo en que su culo rebotaba encima de mi pelvis, pareciendo tener consciencia aparte, pero también pareciendo reflejar correctamente el extasis que invadía cada centimetro del cuerpo de Raphtalia. Y no sé porqué, pero en ese momento me pareció buena idea jugar con ella, "quizás Raphtalia era tan sensible con ella como lo fue con sus senos" era mi pensamiento logico. Entonces, me llené la mano de su felpuda cola y pegué un tirón, no tan fuerte para hacerle daño, pero lo bastante fuerte para levantar su culo unos centimetros más arriba de lo que sus embestidas llegaban. La respuesta fue inmediata, con un temblor que recorrió desde sus pies y subió por su espalda, erizando sus vellos e incluso erizando la cola aprisionada en mi mano.

─ ¡A-AAH~! ─ Y un gemido estridente de Raphtalia que se escapó entre sus labios semiabiertos. La sensación pareció nublar su juicio, porque luego de ese gemido, le siguieron otro par más. ─ ¡AH~! ¡T-T/N-Sama! ¡S-Sea gentil con mi colita! ¡MMH~! ─ Entre sus gemidos, le oí pedirme gentileza sobre su cola. A ella ya dejó de importarle por completo el ser atrapados teniendo sexo.

Y si a ella no le importaba, a mí menos. Pero, ¿Dijo que tuviera cuidado con su cola?, eso significaba que realmente eran tan sensible allí como en sus senos, incluso por su reacción, quizás era más sensible. Pese a casi sucumbir, Raphtalia rebotó otra vez sobre mi polla, con su vagina que parecía haberse vuelto más estrecha ante mi agarre firme sobre su cola. Esbocé una sonrisa leve, y por el contrario de tener compasión con su adorable cola que se agitaba desesperadamente en mi mano, le pegué otro jalón. Era cierto que su coño temblaba por tirar de ella, y en ese momento lo volvió a hacer. Esta vez Raphtalia no mencionó que tuviera cuidado, probablemente entendiendo que hablando me daría más razones para hacerlo. Y aunque no habló, su cuerpo sí expresó lo que sus palabras no pudieron. A su manera, era honesta. Quizás muy honesta, como para ya no molestarse en reprimir sus gemidos. Y tan honesta como para no contener la brusquedad de sus sentones sobre mi polla, sin molestarse en los ruidos obscenos que estos provocaban, "¡PLAP!" "¡PLAP!" "¡PLAP!". Sus tetas rebotaban en mi cara, embriagandome de su agridulce aroma de sus fluidos corporales. Mis manos, mientras una sostenía con firme agarre su cola, mi otra mano cayó sobre su culo.

Ayudé a que brincara sobre mí, acompañando su movimiento de cadera con una mano que rodeaba sus caderas y se aferraba a su trasero. El extasis había conducido a Raphtalia a un estado de frenesí, en donde su único proposito era fundirnos en un placer que poco a poco nos conducía al climax. De la resistencia en la que tantas otras veces presumía tener, ahora solo podía inhumanamente esforzarme por no correrme antes que ella. Se suponía que ella era a quien le faltaba experiencia, pero ahí estaba, controlando todo de mí, que nada más era expectante del hipnotico vaivén de sus pechos, y del abismal placer que sentía con su vagina apretandose alrededor de mi polla. Mis gemidos apenas los contenía, mordiendome los labios con tal fuerza que un hilo de sangre cayó por mi mentón. Estaba llegando a mi limite, y podía sentir que Raphtalia también estaba en su limite, con su cuerpo temblando por cada estocada que recibía de mi dura vara carnosa. El calor dentro suyo era cada vez más, casi que sintiendo que derritiría mi pene. Y ni hablar de la presión, que al igual que su boca, quería hasta la última gota de mi esperma.

─ ¡T-T/N-sama! ¡T/N-sama!~! ─ Oía mi nombre entre sus gemidos, sumida en un placer que apenas le dejaba respirar.

Y, en un último esfuerzo, rodeé sus caderas con mis brazos. La abracé para apegar su cuerpo tanto como podía con el mío, ahogando mi rostro en sus suaves senos. Raphtalia cabalgó sobre mi polla un par de embestidas más, hasta que le fue imposible seguir conteniendose y terminó por venirse. Alcancé el climax en el mismo instante en que su apretada vagina sofocó mi pene y la bañó con sus fluidos, vaciando toda mi espesa carga de semen otra vez dentro suyo. Su delgado cuerpo tembló encima mío, sintiendo como mi semilla impregnaba su interior y el como sus fluidos se desbordaban fuera de su coño. Estuvimos un largo rato sin reponernos, respirando agitados, entrelazados fuertemente en un abrazo que ninguno de los dos quería romper. Yo, porque me sentía muy comodo entre sus brazos, y Raphtalia, porque la conocía bastante como para saber la verguenza que sentiría de ver directamete a la cara.

De todas formas en algún momento tendríamos que separarnos, y cuando ese momento llegó, nuestras miradas se cruzaron. El rostro de Raphtalia estaba bañado de su sudor, con sus mejillas sonrojada de adorable manera y su mirada que apenas conseguía mantener sobre la mía. Ella es hermosa, seguramente la mujer más hermosa que allá visto en mi vida. Esbocé una pequeña sonrisa, y llevé mi mano derecha sobre su mejilla. La sentí estremecerse bajo mi tacto, e incluso dejó caer el peso de su rostro sobre mi mano, como un cachorro buscando los mimos de su amo.

─ Lamento no haber visto tus sentimientos antes ─ Me disculpé con ella, por ignorar y ni intentar comprender sus sentimientos hacía mí.

Raphtalia no me respondió, pero sus ojos se agujaron ligeramente por mis palabras. Pareció sentirse aliviada de no haber intención mía de rechazar sus sentimientos, y por supuesto que no lo haría, no después de que ella se entregase a mí en cuerpo y alma. Ahora yo también era suyo, en cuerpo y alma. Unimos nuestro compromiso en un agradable y amoroso beso, donde ni ella ni yo tuvimos otras intenciones más que demostrar nuestro amor mutuo. Sus manos se posaron sobre mis hombros, y una de mis manos se mantuvo a la altura de su cintura, mientras mi otra mano continuó acariciando su suave mejilla.

Caricias circulares, y un beso sincero, profundo y repleto de cariño. Nuestros cuerpo aún permanecían unidos, conectados a través de nuestras intimidades. A través del deseo carnal y el deseo del amor. Raphtalia empezó a moverse suavemente sobre mí, dejandose llevar nuevamente por la intensidad y el calor del momento. Ahora ya no había nada que demostrar, todo nuestro amor quedó demostrado. Y ahora solo nos quedaba disfrutar del momento.

Sin duda, serían las mejores vacaciones de la vida.