Hireath, Deseo Imposible

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Todos tenemos un deseo imposible, volver a una época o momento que nunca ocurrió. Nostalgia por lo que deseamos vivir, añoramos algo que aun no pasa como si ya lo hubiéramos vivido. Dentro de la mente de una persona podemos ver sus deseos, esa nostalgia que por lugares que nunca visito o que va extrañar, cuando, en realidad, nunca estuvo allí. Contradictorio: el deseo por el pasado junto al deseo por el futuro, pero así es el ser humano, viviendo de contradicciones.

Genero:
Romance
Autor/a:
Marco_Bucio
Estado:
Completado
Capítulos:
15
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo I

Los farros iluminaron el cartel “Bienvenido” decía, la maleza de los árboles bailaba anunciando un mal presagio. Algunos corderos pastaban al lado de carretera acompañados por su pastor y 3 perros de gran tamaño que le ayudaban a guardar el ganado, ninguna debía entrar o salir. La carretera dejo de serlo para convertirse en un boulevard justo en una glorieta donde la hierba era de otro color. Un gran momento de un sacerdote sin nombre nos dio la verdadera bienvenida a la ciudad, pintado en el color de reyes con una mano levantada.

Enrevesados fueron los caminos que aquí me llevaron, pero fueron más tormentosos los cerros que cruce por ti. Unos simples baches no son más que simples vientos. El desafío no está en entrar en la tormenta, sino en salir de ella.

Mi carro saltaba con cada bache que pasábamos, recuerdo muy bien cuando hace 15 años deje este pueblo, Ñadó el Alto; cuando me marche había recibido mi título, era tan feliz, pero tenía que pasar, confesé todo, como era yo realmente, no quería vivir más con esa opresión en mi corazón, fui honesto y me fui de Ñadó el Alto; de repente fue como si mi esfuerzo desapareciera, como si mi familia hubiera estado conviviendo con un monstruo, cada grito resonaba como un eco en mi memoria, mi esposo noto esto, puso su mano en mi hombro y me sonrió. Como lo amo.

Me adentré en las calles coloniales de Ñadó el Alto, se veía un poco mejor que cuando me fui; Las calles eran de adoquines rosas, creo que es cantera, cuadrados con filosos bordes. En el recorrido no vi nada fuera de lo ordinario, pero bien dicen que el peligro se esconde en lo más atractivo, conozco esta boca de lobo a la que me estoy metiendo. El pueblo de estilo colonial me hacía apreciar el arte, cada metro recordaba más mi viejo amor por la arquitectura, las calles estaban mal cuidadas, varios adoquines faltaban en el suelo haciendo grandes agujeros, el alumbrado público funcionaba mejor, tal vez visitarla no sería tan malo.

Entre las apretadas calles viaje con mi vehículo, curvas mal hechas, carros estacionados de mala manera y uno que otro viejo que no sabía respetar los semáforos, todo aquello fue mi confirmación de lo que me esperaba: nostalgia y tristeza.

Metí mi vehículo al estacionamiento del hotel, conseguir donde quedarme fue toda una odisea, en cuando hablé de mi esposo me decían que revisando la lista no tenían habitaciones libres, para conseguir este hotel tuve que decir “esposa” en vez de “esposo”, mi pareja lo entendió, esa comprensión en sus ojitos rasgados es muy lindo.

En familia bajamos del carro, el primero en bajar fue mi chinito, luego fue mi morenito. A mi esposo se le olvido su celular en el carro así que a medio estacionamiento regresamos por él, como te amo mi distraído. Subimos por las escaleras a recepción para registrarnos, la mujer que atendía nos miró feo, dos adultos y dos niños, para ella debía ser raro, agradecimos. Unas señoras nos miraron feo desde el otro lado de la recepción, la joven nos dio las llaves de nuestro cuarto, subimos los cuatro, tome de la mano a mi esposo para subir juntos, enfrente nuestros hijos subían explorando todo con la mirada y curiosidad que otorga la niñez, era en la tercera planta, la última del mismo, el cuarto tenía una ventana que daba a la calle, estábamos alto, por suerte no me dio vértigo, sonreí al ver que no temblaba, luego noté que había entrado como un niño, ni mis hijos tuvieron la curiosidad que yo tenía para ir a ver la vista. Me reí de mí.

Estando todos en la habitación di una vista rápida, había una televisión de caja, el suelo tenia una fea alfombra verde, tenia 2 camas. Yo dormiría con mi esposo y mis hijos juntos. Un foco amarillo me cegó momentáneamente, no paso ni un minuto cuando salieron pequeñas tijerillas a hostigar el foco. Luego de analizar la habitación mi atención se centró en la cocina. Saque mi celular para ver la hora.

─Muy bien familia, vamos a cenar, ya es tarde y mañana hay muchas cosas que hacer ─ahora venia uno de mis momentos favoritos del día, hacer la cena, antes de irme mi tía me enseñó a cocinar por lo que sabía hacer variedad de platillos, por lo general mi esposo es quien cocina, pues el trabajo me llega a absorber, pero la cena nadie me la quita, suelo hacer cosas simples y rápidas porque cocino con mis hijos, es una actividad familiar.

Cuando cocinamos solemos disfrutar del momento, nos reímos de los accidentes que tenemos, recuerdo una vez que uno de mis hijos confundió la sal con azúcar, pensó que lo iba a regañar pues sus compañeros en la escuela le contaban lo que les hacían sus padres cuando se equivocaban, golpes, gritos, de todo, yo solo lo consolé, sabía que era equivocarse en algo como esto, la soledad que se siente el ser castigado, no permitiría que mi hijo repita esto, por algo estudie educación, quería criar correctamente a mis hijos, creo que me he equivocado mucho, mi esposo me consuela diciendo que lo hago bien aun así no lo creo totalmente.

Entre la diversión familiar ignoramos las advertencias, una patrulla de policía se estaciono afuera del hotel, pero ¿Quién hace caso a unas luces rojas y azules cuando se encuentra cantando “Payaso” de José José? Al menos yo no, tan bella sensación que se pasa en familia, siendo turbado por un prejuicio. La puerta fue tocada, casi golpeada, todos nos sorprendimos. Conservé la calma, fui a la puerta, la moví lo suficiente para asomarme, encontré un policía.

─Buenas noches, señor, tenemos sospechas de que algo ilegal está pasando aquí, le pido que me deje acceder a su habitación ─La policía parecía haber cambiado mucho desde el día en que me fui, eran más amables, lo deje pasar pues no había nada que temer. ─Viene en familia por lo que veo ─Menciono cuando vio a mi familia, yo solo dije que si ─¿Cuál es parentesco que tiene con los niños? ─Levanto una ceja cuestionando la respuesta que aún no le daba.

─Son mis hijos, oficial y el otro joven es mi esposo, son nuestros hijos. ─ El oficial suspiro y continuo, se veía le veía triste, pero no sabía por qué, más tarde entendí el porqué.

─¿Podría mostrarme una copia de sus actas de nacimiento? ─ creí tener una idea de que pasaba, sin más fui por estas, el policía las leyó y luego volteo a ver a mis hijos, se veía algo sorprendido, pero no mala manera ─ ¿Estos señores son sus padres? ─ mis hijos dijeron que si con su voz infantil, luego me volteo a ver ─ Disculpa, unas llamadas falsas, perdone la molestia.

─¿Llamadas falsas? ─ Pregunto mi esposo mientras se acercaba hacia mí con los niños, se le veía más relajado.

─Así es, una señora informo de un posible “Abuso”, si me entiende de que índole, parece que solo fue exagerado ─Como esperaba, no veían normal ver a dos hombres con dos niños a un hotel y dicho así tiene sentido, aun así, muy prejuicioso de su parte ─Por curiosidad, señor ¿Es usted de esta zona? ─Se dirigió hacia mí, la pregunta fue bastante disruptiva, aunque debía ser parte del protocolo o curiosidad por parte del oficial.

─Si, nací aquí, pero me mudé cuando pude ¿Por qué? ─El oficial sonrió, se acercó y con entusiasmo siguió hablando, así supe porque preguntaba.

─Soy Pablo ¿Te acuerdas? Estudiamos en la preparatoria ─Ahora todo se hizo claro, una sonrisa se formó en mí, estreche su mano y nos dimos un abrazo, luego me volteo a ver a mi familia para explicar.

─Pablo, ellos son mi familia, mi esposo y mis dos hijos ─ Los presente con emoción, compartir mi logro con alguien que hace años fue amigo mío era un éxito enorme, no vanidad, si no otro cosa: Satisfacción.

─Me alegro ver que lograste salir, yo también me case hace unos años, si quieres podemos salir un día, ya no hay mucho trabajo de policía por aquí. ─Ofreció mientras metía sus dedos en su chaleco antibalas.

─Me encantaría, ya sabes donde vivo así que podemos vernos en unos días, primero tengo un asunto que atender. ─Lamente mientras bajaba la mirada.

─El de tu tía supongo ─Suspiro, lo vi sacar el celular, abrió los ojos, pero antes de poder responder se despidió ─Nos vemos luego, estoy de turno y cada ciertos minutos me tengo que reportar.

─Bien, que siga en pie esa salida ─Sonreí para acompañarlo a la puerta, de vuelta estando solo con mi familia me voltee para ir a abrazarlos, la situación cruzada me preocupo, pero reforzaba mi idea, no me voy a quedar, solo vengo a brindarle un último adiós, aunque haya terminado peleado no se borra todo lo que pase con ella, gracias por ese dolor, gracias por este conocimiento y gracias por no haber sido peor.