Capítulo 1
Dedicado a una niña pequeña...
A pesar de todo, nunca dejó de creer en los milagros y se convirtió en la mujer que siempre soñó ser. Ahora, un Cosmos Inescrutable vive en su alma. La guía con terquedad a través de los días y las noches, llenando cada paso de sentido y luz.
La víspera de Navidad en Nueva York nunca es silenciosa. La ciudad no solo brilla con suavidad, sino que deslumhra con fuerza e incluso provocación. El cristal de los rascacielos refleja las guirnaldas. Parece que toda la ciudad se ha convertido en un escaparate gigante: luces doradas, blancas como el hielo y lazos rojos del tamaño de los sueños humanos.
Manhattan huele a café, a escarcha y a dinero. Por la noche, la nieve cae a regañadientes. Solo cae para que la pisoteen los tacones despiadados, los taxis amarillos y las prisas de siempre. Aun así, la nieve no se rinde. Sigue cayendo con terquedad y belleza. Es un recordatorio de que, incluso aquí, el invierno reclama su lugar.
La Quinta Avenida está a reventar. La multitud vibra con risas y bolsas de compras llenas de logotipos. Se escuchan voces en todos los idiomas del mundo. La música sale de las tiendas y se mezcla con las canciones de los artistas callejeros. Se siente como si toda la ciudad estuviera ensayando para una fiesta.
El árbol del Rockefeller Center brilla con una intensidad cegadora, casi irreal. Los locales y turistas sacan fotos. Intentan capturar un trozo de esa maravilla antes de que la vida vuelva a ser rápida y estricta.
Y más arriba... más arriba, donde el ruido se apaga y las ventanas miran la ciudad desde lo alto, Nueva York cambia. Se vuelve tranquila, fría y muy privada.
Son apartamentos modernos de cristal, hormigón y minimalismo. Hay chimeneas que olvidaron el calor y que solo existen por diseño. Sofás perfectos. Iluminación perfecta. Es un mundo ideal, siempre listo para una foto. Es un lugar donde resulta muy fácil estar solo, incluso rodeado de millones de personas.
Allí, tras uno de esos ventanales, ella se quita los tacones despacio, un poco cansada. La ciudad sigue rugiendo sin ella. La noche antes de Navidad apenas acaba de empezar...