Adrenalina, Cuero y Piel

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Sinopsis

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Genero:
Erotica/Drama
Autor/a:
Elbuscado1
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El asfalto todavía humeaba bajo los neumáticos de la Kawasaki Ninja H2R cuando Satoru Gojo frenó en seco en aquel mirador desolado.

A sus 27 años, Satoru no solo era el hombre más atractivo que Kirten había visto en su vida, sino también el más impredecible y peligroso, no por armas, sino por esa confianza absoluta que rozaba la divinidad. Se quitó el casco con un movimiento fluido, revelando ese cabello blanco como la nieve que caía despeinado sobre sus ojos azules, unos ojos que parecían contener el cielo mismo y que, en ese momento, brillaban con una mezcla de triunfo y deseo.

Kirten bajó de la moto con las piernas temblando, no solo por la velocidad de infarto a la que habían viajado, sino por la vibración del motor entre sus bellas nalgas.

Llevaba unos jeans ajustados que eran prácticamente una segunda piel, resaltando cada centímetro de sus piernas tonificadas y, especialmente, la redondez de sus nalgas que se balanceaban con cada paso que daba hacia el borde del mirador.

—¿Te gusta la vista, preciosa? —la voz de Satoru era un ronroneo profundo mientras se acercaba a ella por detrás.

—Es hermosa, Satoru... aunque contigo al volante, casi no llego viva para verla. — respondió ella con una risita, girándose para quedar frente a él.

Kirten lo adoraba. Su amor por él era una entrega total; le encantaba cómo Satoru dominaba cualquier espacio en el que se encontraba, cómo su risa llenaba el aire y cómo, a pesar de su arrogancia, siempre la miraba como si ella fuera el único objeto de valor en el mundo. Ella era su ancla, su juguete y su reina, y aceptaba con gusto cualquier capricho que él tuviera.

Satoru la atrapó por la cintura, pegando el cuerpo de ella al suyo. Sus manos grandes y fuertes no perdieron tiempo y bajaron directamente a su culo, apretando con fuerza sobre la mezclilla de los jeans.

—No me refería al paisaje —susurró él, bajando la cabeza para besar su cuello, succionando la piel suave hasta dejar una marca roja—. Me refería a cómo se mueve este culo cada vez que te bajas de mi moto. Estás tan caliente, Kirten. Puedo sentirlo a través de la ropa.—

Kirten echó la cabeza hacia atrás, dejando que él hiciera lo que quisiera. Sus manos se perdieron en el cabello blanco de Satoru mientras él la devoraba a besos. Eran besos hambrientos, crudos, donde las lenguas se encontraban con una urgencia que solo la velocidad podía provocar. Satoru se reía entre besos, bromeando sobre lo mucho que ella temblaba.

—¡Espera, espera! —Satoru se separó un momento, sacando su teléfono de última generación con una sonrisa traviesa—. No puedo dejar que este momento se pierda. El mundo necesita saber que Satoru Gojo tiene la mejor vista de la ciudad.—

Se pegó a ella para una selfie. Kirten sonrió con adoración, sus ojos brillando por la emoción, mientras Satoru ponía una cara de modelo rebelde. Luego, él la giró, obligándola a inclinarse un poco hacia adelante.

—Satoru, ¿qué haces? —preguntó ella, aunque ya sabía la respuesta.

—Presumiendo —respondió él simplemente.

Tomó una foto enfocando desde su espalda: en primer plano, la mano de Satoru enterrada profundamente en una de las nalgas de Kirten, apretando con tanta fuerza que los dedos se hundían en la carne, y de fondo, el atardecer.

La publicó al instante con un texto que decía: "Mi postre después de la carrera. Mueran de envidia. 🔥 #GojoStyle #MyGirl".

—Eres un exhibicionista —murmuró ella, dándose la vuelta para besarlo de nuevo.—Y a ti te encanta —sentenció él con una seguridad aplastante.

El ambiente juguetón se volvió denso rápidamente. Satoru la llevó de vuelta hacia la moto, apoyándola contra el metal caliente del tanque. Con un movimiento experto y rápido, desabrochó el botón de sus jeans y bajó la cremallera. Kirten jadeó cuando sintió el aire fresco de la tarde golpear su piel, seguido inmediatamente por las manos calientes de Satoru que bajaron sus pantalones y su ropa interior hasta las rodillas.Él se arrodilló frente a ella, quedando a la altura de su entrepierna. Satoru no era sutil. Abrió sus piernas con brusquedad, admirando la visión de su vagina, ya rosada y húmeda, brillando bajo la luz mortecina del sol.

—Mírate... —dijo él, su voz cargada de una lujuria que hizo que Kirten se estremeciera—. Estás chorreando por mí, ¿verdad?—

Satoru se acercó y, sin previo aviso, enterró su rostro en su intimidad. Kirten soltó un grito que se perdió en el viento del mirador. La lengua de Satoru era una herramienta de precisión; lamió su clítoris con pasadas largas y firmes, mientras sus manos subían para separar sus nalgas, dejando expuesto su ano y la piel sensible de alrededor.

Él comenzó a olfatearla, inhalando profundamente su aroma mezclado con el olor a cuero de su chaqueta. Era un acto animal, posesivo. Satoru mordisqueó sus muslos internos, dejando marcas de sus dientes, y luego pasó su lengua por la entrada de su vagina, saboreándola con un deleite que hacía que Kirten se sintiera la mujer más deseada del planeta.

—Satoru... oh, Dios, ¡Satoru! —gemía ella, agarrándose de sus hombros mientras su cuerpo se arqueaba hacia adelante, buscando más contacto.

Él levantó la vista un momento, con los labios mojados y una sonrisa de suficiencia.

—¿Te gusta cómo te lame tu novio, Kirten? ¿Te gusta que use mi boca en tu vagina delante de todo este paisaje?—

—Sí... me encanta... hazme lo que quieras —susurró ella, completamente entregada.

Satoru volvió al ataque, esta vez centrándose en sus nalgas. Las mordió con suavidad primero y luego con fuerza, dejando que sus dientes marcaran la carne firme. Las lamió como si fueran un manjar, disfrutando de los espasmos de placer de la chica. Se tomó otra selfie rápida desde ese ángulo, capturando su propia cara de placer mientras sus dedos desaparecían dentro de ella, publicándola con un simple: "Propiedad privada. No tocar."

Finalmente, después de minutos de pura agonía placentera, Satoru se puso de pie. Estaba agitado, con el cabello más revuelto que antes y los ojos encendidos. Ayudó a Kirten a subirse los pantalones, pero antes de cerrarlos, le dio una nalgada tan fuerte que el sonido resonó en todo el lugar.

—¡Ah! —exclamó ella, girándose con una sonrisa juguetona y los ojos empañados por el deseo.—Eso es para que no olvides a quién le perteneces —dijo él, dándole un beso profundo y húmedo en los labios, una despedida temporal de la intensidad de hace unos segundos.

Se quedaron un momento abrazados, riendo de las tonterías que Satoru decía sobre cómo su cuenta de redes sociales iba a explotar con las fotos. Eran la combinación perfecta de romance moderno y pasión desenfrenada.

—Vámonos, preciosa. Si nos quedamos aquí un minuto más, te voy a follar encima de la moto y no creo que los neumáticos aguanten tanto calor —bromeó él, guiñándole un ojo.

Satoru montó la Kawasaki y esperó a que ella se acomodara detrás. Antes de arrancar, se giró y le dio tres nalgadas rápidas y rítmicas, haciéndola reír a carcajadas.

—¡Te amo, loco! —gritó Kirten sobre el rugido del motor.—Lo sé, nena. ¡Es imposible no hacerlo! —respondió él con su arrogancia característica, antes de acelerar a fondo y perderse en la carretera, dejando atrás solo el rastro de su risa y el aroma de su encuentro.