𝐭𝐡𝐞 𝐝𝐚𝐮𝐠𝐡𝐭𝐞𝐫 𝐨𝐟 𝐭𝐡𝐮𝐧𝐝𝐞𝐫 ⸺ 𝐣𝐚𝐬𝐨𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐝

Sinopsis

★ ★ ★ ★ ★ "Una historia de Jason Todd y Nessarose James" En el mundo de las tormentas, nada cae por casualidad. Ni siquiera una hija de los dioses. Nessarose James no era más que una adolescente común en Oxford. Leía cómics de DC antes de dormir, creía en la velocidad, en los rayos y en el rugido de los motores. Pero una noche de octubre, un trueno desgarró el cielo y la arrastró hacia un lugar que no debía existir: "GOTHAM CITY." Oscura. Inquieta. Una ciudad que respira crimen y respira secretos. Allí, entre luces de neón y lluvia perpetua, Nessa despierta con el peso de una verdad que nunca pidió: es hija de Júpiter, nieta de Hécate, y el equilibrio entre dos mundos que no debieron tocarse jamás. Perdida entre mortales y dioses, entre héroes y sombras, conoce al chico que cambiará el rumbo de su tormenta: Jason Todd, el segundo Robin. Un vigilante con cicatrices que no se ven y un corazón tan tempestuoso como el suyo. Ella sabe su destino -lo leyó en los cómics, lo conoce línea por línea- pero prefiere callar. Porque a veces, incluso los héroes merecen ignorar su final. Mientras Gotham se desangra bajo una lluvia interminable, dioses antiguos preparan su regreso. Y el trueno tendrá que elegir: ¿regresar al cielo... o quedarse para salvar la oscuridad que aprendió a amar? ★ ★ ★ ★ ★

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Dina 🤍
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

★ 𝐞𝐥 𝐭𝐫𝐮𝐞𝐧𝐨 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐠𝐨𝐭𝐡𝐚𝐦 ★

La lluvia golpeaba el vidrio con la cadencia de un metrónomo.

En Oxford, las noches de octubre solían ser frías, tranquilas, casi elegantes en su silencio.

Pero esa no lo era.

El cielo estaba inquieto, cargado de un brillo eléctrico que parecía respirarle en la nuca.

Piper McRae, como el mundo de las carreras la conocía— tenía diecisiete años y un calendario repleto: entrenamiento, entrevistas, simuladores, y en tres días, el vuelo rumbo alGran Premio de México.

Y, sin embargo, esa noche no pensaba en autos.

Pensaba en héroes.

El cómic abierto frente a ella,Batman: The Long Halloween, estaba tan gastado que las esquinas ya no podían doblarse más. Entre los paneles oscuros y las sombras de Gotham, el joven Robin seguía cada pista con la obstinación de quien aún no sabe lo que el mundo le va a quitar.

Pips lo miraba y, sin querer, sonrió.

—Qué ironía, —murmuró— hasta en los cómics la oscuridad encuentra su forma de ganar.

Un trueno retumbó.

La lámpara de su escritorio titiló, y por un instante, el reflejo en la ventana la mostró distinta: cabello más claro, ojos más dorados, una luz tenue bailando en la piel.

Lo ignoró. Últimamente los espejos jugaban con ella, como si el cielo la observara.

Aflojó la cadena dorada que llevaba en la muñeca, un recuerdo que su madre le había dado con la advertencia de no quitársela nunca.

“Protege lo que eres, aunque no sepas qué significa”, le había dicho en voz baja, una noche parecida a esa.

El viento se coló por la ventana entreabierta, y con él, un olor a ozono.

La página del cómic se dio vuelta sola.

Jason Todd estaba corriendo sobre los tejados de Gotham, riendo bajo la lluvia.

Piper alzó la vista, y por un momento, juró escuchar su voz.

No la del Robin de tinta y papel, la que su cabeza imaginaba y creaba, sino la de alguien real, en la distancia.

Y entonces el trueno la envolvió.

Un estallido blanco la atravesó sin dolor.

El aire se quebró, las luces se apagaron, y todo lo sólido desapareció bajo una presión que olía a metal fundido.

Intentó gritar, pero el sonido fue devorado por la tormenta.

Cuando abrió los ojos, el silencio era distinto.

Más denso.

Más sucio.

El suelo bajo ella no era alfombra, sino concreto húmedo.

Las farolas chispeaban.

La lluvia ya no caía con elegancia inglesa: aquí rugía como un animal.

Un cartel medio roto colgaba sobre su cabeza.

Lo leyó con dificultad, entre luces intermitentes:

WELCOME TO GOTHAM CITY.

Piper se incorporó con dificultad. Su ropa había cambiado: un vestido blanco con corset, los jeans viejos, las zapatillas negras. El brazalete de plata brillaba débilmente en su muñeca.

Apretó la cadena dorada en su cintura, sintiendo cómo pulsaba con vida propia.

—Esto no puede estar pasando —susurró—. Pero lo estaba.

Un ruido metálico detrás de ella la hizo girar.

Siluetas, sombras, algo moviéndose entre los charcos.

Entonces una voz cortó la noche, clara, firme y joven:

—No deberías estar aquí.

Piper se tensó.

Desde el borde del edificio, bajo una capa negra empapada, lo vio: el emblema rojo en el pecho, el antifaz, el gancho retráctil listo.

El chico del cómic.

Robin.

Él la observó unos segundos, desconfiado.

Tenía la mirada de quien ha visto más de lo que debería.

— ¿Quién eres? —preguntó, sin bajar el arma.

Piper parpadeó, empapada, temblando más por la sorpresa que por el frío.

Podía oír su propio pulso en los oídos.

—No lo sé —respondió, y era verdad.

El rayo cayó de nuevo, y Gotham respiró.

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El silencio duró solo un segundo, pero pesó como un juicio.

El chico frente a ella, apenas mayor, sostenía la postura exacta de un depredador en alerta: pies firmes, respiración controlada, mirada calculando cada salida posible.

La lluvia le corría por el antifaz y resbalaba hasta el borde de la capa.

Piper levantó las manos despacio.

No tenía miedo, pero sí prudencia. Había leído demasiados cómics para saber quién era y lo rápido que podía moverse si se sentía amenazado.

—No quiero problemas —dijo, en voz baja.

Robin frunció el ceño.

—En Gotham, todos los que dicen eso terminan teniéndolos.

El tono era seco, pero no cruel. Más bien cansado.

El rayo iluminó el callejón, y por un segundo, los ojos de Piper brillaron como si reflejaran la tormenta. Jason lo notó.

—Tus ojos... —empezó, pero ella giró la vista.

—La electricidad me sigue. Mala costumbre —replicó con ironía.

❝¿Qué carajos fue eso? ¿Yo hice eso? Mierda, ¿quién soy ahora, Percy Jackson? Espera, tal vez no... ¿Jason Grace?❞

Jason bajó el arma, pero no la guardó.

—Eres una de los nuevos experimentos de Crane o algo así, ¿verdad? —preguntó.

Piper parpadeó.

— ¿Qué? ¿Quién?

❝Bien, Pips, hazte la estúpida.❞

—Espantapájaros. Típico. —Rodó los ojos y se acercó unos pasos, analizando cada detalle de su ropa—. No pareces de aquí.

Ella soltó una breve risa, sin humor.

—Buena observación, Sherlock.

—Y hablas como si lo supieras todo.

—No todo. Solo lo suficiente para no confiar en un chico con capa.

Esa respuesta lo desconcertó un instante.

Luego, por primera vez, sonrió. Fue apenas un gesto, casi imperceptible, pero estaba ahí: el principio de una chispa que no sabían que los consumiría.

El intercomunicador en su oído vibró con una voz grave:

Robin, informe.

Jason llevó una mano a la oreja.

—Encontré a alguien. No parece de Gotham.

Llévala al punto seguro. No la pierdas de vista.

La voz se apagó.

Piper no necesitó que se lo dijera: había sidoBatman.

Jason se acercó un paso más.

—No tienes muchas opciones, princesa eléctrica. Vienes conmigo.

Ella arqueó una ceja.

— ¿Y si digo que no?

—Entonces te dejo aquí con los tipos que acabo de noquear hace cinco minutos.

Miró a su alrededor: sombras arrastrándose, pasos en la distancia, un grito lejano.

—Perfecto. —Suspiró—. Guía el camino, Robin.

Él la observó una última vez antes de extenderle una mano enguantada.

Piper dudó, pero la tomó.

Al hacerlo, una corriente suave los recorrió a ambos. Jason se estremeció.

— ¿Qué demonios fue eso?

—Electricidad estática —mintió.

No era estática. Era su poder, latiendo entre ambos, reconociendo algo.

Subieron por la escalera de incendios hasta un tejado cubierto de neblina. Desde ahí, Gotham se extendía como un océano oscuro. Las luces de neón parpadeaban entre la lluvia, y el murmullo de sirenas llenaba el aire.

Jason caminaba adelante, ágil, como si conociera cada esquina, cada sombra.

Ella lo seguía, tratando de asimilar lo imposible: había leído sobre él, lo había visto en papel, y ahora estaba aquí, real, vivo.

Y sabía lo que el destino le tenía preparado.

Cerró los ojos un segundo, sintiendo cómo la cadena dorada en su cintura ardía levemente.

Podría advertirle. Podría decirle que el mundo no le sería justo, que un día el cielo y la tierra se volverían contra él.

Pero no lo hizo.

No esta vez.

Porque, por primera vez, Jason Todd aún tenía una oportunidad.

Y ella no iba a ser quien se la quitara.