Prólogo
—No temas, Sarah, todo estará bien —fueron las palabras que escuché antes de que un gran estruendo sacudiera toda la habitación, su pelo ondulado fue lo último que pude ver antes de que cayera al suelo. No pude mirar. No quise mirar, pero tuve que hacerlo, y entonces lo que temía pasó, el cuerpo de mi madre se hallaba en el piso sin ninguna respuesta o movimiento. Un charco de sangre se extendía desde su pecho y descendía lentamente hasta su ombligo. Fue en ese instante cuando me di cuenta que me arrebataron lo único que me quedaba: mi felicidad.