1 - Solo trabajo
El aire acondicionado rugía suave sobre la mesa de juntas, mientras los demás hablaban de estrategias, fechas y entregas. Valeria apenas levantaba la mirada del cuaderno, tomando notas que sabía que nadie más iba a leer. Era buena en eso: escuchar, analizar, resolver. Todo lo demás lo había apagado hace tiempo.
—La campaña con Calvin Klein se adelantó dos semanas —dijo su jefa, ajustándose los lentes—. La presentación y fotos finales serán en Los Ángeles.
Valeria levantó la vista, esperando escuchar el nombre de su asistente.
—Tamara iba a cubrirlo —añadió la jefa—, pero anoche la tuvieron que operar. Apendicitis.
Valeria levantó los ojos.
—¿Está bien?
—Sí, pero estará fuera un par de semanas. —Laura hizo una pausa, y la siguiente frase cayó como una piedra—. Vas a tener que cubrir el viaje a Los Ángeles.
Silencio.
Valeria dejó el bolígrafo sobre la mesa. No protestó, pero su mandíbula se tensó apenas.
—¿Cuándo? —preguntó.
—Pasado mañana. El equipo creativo de Seúl se va a unir allá. Y... Jungkook estará presente.
El nombre no le era ajeno. Lo había escuchado antes, claro. Había visto al cantante en redes, en portadas, en vallas inmensas. Era parte de su trabajo mantenerse al tanto de todo lo que la marca hacía. En la industria todos sabían quién era. Ídolo global de BTS, recién salido del servicio militar, imagen de la línea masculina.
Pero lo que a ella le incomodó no fue eso. Fue el apellido. El sonido del idioma. La inevitable conexión que su mente hizo con un pasado que no quería volver a tocar. No era el viaje lo que le pesaba. Era el recuerdo. Corea siempre traía fantasmas.
—Perfecto —respondió sin mostrar nada—. Me encargo de todo.
Su jefa asintió, aliviada.
Cuando la reunión terminó, Valeria volvió a su oficina. Cerró la puerta, se quitó los tacones y dejó caer la cabeza hacia atrás en el respaldo de la silla.. El reflejo en la ventana le devolvió a una mujer que ya no se reconocía del todo: treinta y nueve años, impecable, segura, la gerente de relaciones públicas para marcas globales y un corazón que seguía en modo silencio.
Nadie vería las grietas. No era que no creyera en el deseo y el amor. Era que simplemente había dejado de importar.
Lee Seojun se lo había quitado todo: la confianza, la calma, el sentir. Había sido su prometido, su otra mitad, y también el hombre que terminó en la cama con su mejor amiga.
El hombre con el que pensó casarse. El mismo que, para colmo, se mudó a Seúl con ella. Desde entonces, Valeria había aprendido a desconectarse. Ni amor, ni deseo, ni emociones. Solo resultados. Solo trabajo.
No miraba a nadie. No coqueteaba, no salía, no sentía. Había convertido el deseo en productividad, y el dolor en eficiencia.
Pero esa noche, mientras revisaba los archivos del viaje, vio una carpeta con el nombre “JJK — Campaign Files”.
Abrió su laptop y revisó los archivos del proyecto. La nueva colección con Jungkook como imagen. Fotografías del adelanto en blanco y negro. La textura de la piel tatuada. La mirada.
Era imposible no notarlo. No era solo belleza: había algo en él, una energía cruda, un tipo de presencia que traspasaba el lente.
Y, por alguna razón, eso la perturbó.
Sintió ese leve cosquilleo que viene antes del deseo, ese que ella creía extinto. Fue apenas un segundo, pero bastó para descolocarla.
Cerró la laptop enseguida, como si alguien la hubiera sorprendido mirando algo indebido.
—No empieces —se dijo a sí misma—. Es trabajo. Solo trabajo.
Habían pasado años desde la última vez que alguien le movía algo por dentro. No iba a ser un chico de veintiocho años. Ni famoso, ni coreano, ni absolutamente fuera de su mundo.
Se sirvió una copa de vino, se puso de pie y fue hasta la ventana. Afuera, el cielo de la noche de Panamá brillaba como si nada le pesara.
Los Ángeles, pensó.
Solo una semana. Solo trabajo.
Y sin saberlo, justo ahí empezó a moverse algo que había estado dormido por demasiado tiempo.
Valeria no recordaba la última vez que había hecho una maleta sin pensarlo tanto. Empacó lo básico: blazer, tacones, ropa de trabajo, el vestido negro que siempre funcionaba, y su cámara. No sabía por qué la llevaba; ya no la usaba desde hacía meses, pero algo dentro de ella se lo pidió.
El aeropuerto estaba lleno, como siempre. Entre el ruido de las maletas y el murmullo de los anuncios, se dio cuenta de lo irónico que era todo. Iba camino a Los Ángeles, a encargarse de una campaña que no debía ser suya, con un artista que no conocía... y que ya la había inquietado sin siquiera haberle dicho una palabra.
Durante el vuelo, intentó dormir, pero la imagen de sus ojos en las fotos no la dejaba tranquila. Esa mirada tenía algo que se le metía debajo de la piel, como una corriente que no sabía si quería detener o dejarla quemar.
Cuando aterrizó, el cansancio se mezcló con un leve temblor en el estómago, el que siempre llega antes de enfrentarse a algo que no se puede controlar.
El chofer del hotel la esperaba con un cartel que decía “Ms. Valeria García — CK Team Latam”. El auto negro, los vidrios polarizados, todo perfectamente calculado. Pero al mirar por la ventana, mientras avanzaban hacia el hotel, sintió que esa ciudad tenía algo diferente: como si la estuviera preparando para un encuentro que no podía evitar.
El hotel era de esos que huelen a mármol y a flores caras.
En el lobby, la recepcionista le sonrió con profesionalismo.
—Bienvenida, Ms. García. Su habitación está lista. El equipo de producción la espera mañana en el estudio a las nueve.
Valeria agradeció, pero mientras subía en el ascensor, vio su reflejo en los espejos dorados: cabello suelto, labios cansados, ojos que ya no sabían si estaban listos para volver a sentir.
Y justo antes de que se cerraran las puertas, una notificación vibró en su celular.
Un correo.
Remitente: “JK Team”.
Asunto: Meeting confirmed. Mr. Jeon will be attending personally.
Su corazón dio un pequeño salto.
No sabía si por nervios o por pura anticipación.
El estudio olía a café recién hecho, a luces cálidas y a tela nueva. El equipo de Calvin Klein se movía con precisión; fotógrafos ajustando cámaras, asistentes revisando prendas, alguien dando indicaciones en inglés.
Valeria llegó con su libreta en mano. Llevaba puesta una falda negra ajustada, una blusa de seda blanca y el cabello suelto, cayéndole sobre los hombros. No era un atuendo planeado para atraer miradas, pero se movía con ese tipo de elegancia que no necesita permiso. No quería destacar. Solo cumplir, observar, mantener todo bajo control.
—¿Ms. García? —una mujer rubia se acercó con una sonrisa profesional—. Soy Allison, directora creativa. Gracias por venir en tan poco tiempo.
—Por supuesto —respondió Valeria, intentando sonar tranquila—. Solo vine a supervisar el concepto de marca y asegurarme de que todo siga la línea aprobada.
Allison asintió, revisando su tablet.
—Perfecto. El artista llega en unos minutos.
El artista. Así lo llamaban. No “Jungkook”. No “él”.
Pero cuando la puerta del estudio se abrió, no hizo falta que nadie lo anunciara.
El aire cambió. O tal vez fue ella la que cambió.
Jungkook entró acompañado de dos personas de su equipo. Ropa sencilla, una camiseta blanca, jeans oscuros, el cabello oscuro cayendo sobre los ojos. No tenía nada que ver con las imágenes de campaña que había visto. En persona era más... real. Más peligroso, quizás.
Sus miradas se cruzaron por un segundo. Solo un segundo.
Él pareció reconocerla, aunque no sabía de dónde. Quizás por la insignia colgando de su cuello, quizás por la forma en que lo observó, tratando de no mirar demasiado.
Valeria apartó la vista primero.
—Mr. Jeon —dijo Allison—, ella es Valeria García, gerente de marca CK para Latinoamérica.
Él se inclinó primero, luego tendió la mano.
—Nice to meet you.
Su voz era baja, un poco ronca.
Valeria la sintió como un roce eléctrico.
—Likewise —respondió, con su tono profesional de siempre.
Pero mientras hablaban sobre el concepto de la sesión, “pure intensity”, “second skin”, “vulnerability”, ella solo podía pensar que todo sonaba demasiado irónico. Porque no sabía por qué, pero cada vez que él la miraba, sentía que algo en ella se deshacía.
Y Jungkook, desde el otro lado, no podía quitarle los ojos de encima.
Había visto a muchas mujeres, trabajado con muchas. Pero ella... tenía una calma que lo inquietaba.
No sonreía mucho. No coqueteaba. No intentaba llamar su atención.
Y precisamente por eso, lo tenía completamente atrapado.
El logo de Calvin Klein se asomaba apenas en el borde de sus boxers, visible sobre la línea del jeans. Llevaba una chaqueta abierta, lo suficiente para dejar ver parte de su torso.
Las luces se encendieron una a una, bañando el estudio con ese resplandor blanco que todo lo desnuda. Valeria se mantuvo a un lado, junto al monitor, mientras el fotógrafo daba instrucciones en inglés y ella las traducía en coreano para el equipo, para Jungkook.
Jungkook se colocó frente al fondo gris, el aire a su alrededor cambiando en cuanto las cámaras apuntaron hacia él. Alguien se acercó a ajustar el cuello de su chaqueta, y en ese instante, Valeria notó como la tela se movía sobre su piel, el contraste entre el negro del conjunto y el brillo leve de las luces. No era algo que buscaba mirar, simplemente ocurrió.
Intentó enfocarse en el trabajo, en los planos, en la iluminación, en los tiempos, pero su atención regresaba sola hacia él, como si algo en esa escena tirara de ella.
Desde el set, Jungkook levantó la vista.
Y la encontró.
Sus ojos se cruzaron solo un segundo, suficiente para que el tiempo se detuviera.
No fue una mirada profesional.
Fue una que decía te vi.
Sin palabras, Jungkook solo sonrió, apenas, como si supiera algo que ella no sabía.
Valeria bajó la mirada de inmediato, fingiendo revisar su libreta.
Sintió como el aire del estudio se volvía más espeso, como la piel del cuello se le erizaba sin motivo lógico.
Era absurdo. Era un niño comparado con ella.
Y, sin embargo, algo en esa mirada tenía el peso de quien ya sabe lo que provoca.
—¿Todo bien, Ms. García? —preguntó Allison, su compañera.
—Sí —respondió rápido, intentando sonar firme—. Todo perfecto.
El fotógrafo gritó “Perfect!“, y el movimiento volvió a llenar el estudio. Pero en algún punto entre cambio de luces y ropa, Valeria volvió a sentir la mirada de Jungkook sobre ella.
No constante, sino intermitente. Como si la buscara a propósito.
Jungkook intentó concentrarse en las instrucciones que le daban, en todo menos en ella.
Pero cada vez que el fotógrafo gritaba “Next look”, sus ojos buscaban inconscientemente a Valeria.
Y cuando sus miradas se cruzaban de nuevo, aunque solo fuera un instante, algo en Jungkook reaccionaba: un calor que no esperaba, un pulso que subía sin control.
No solo por curiosidad profesional. Era más que eso. La forma en que Valeria se movía, su blusa de seda blanca ceñida al torso, su cabello cayéndole sobre los hombros, sus labios al hablar... todo en ella lo confundía y lo atraía al mismo tiempo.
Por primera vez en mucho tiempo, le costó concentrarse en algo que no fuera ella.