Capítulo 1
Punto de vista de Camila
—¡Ya me voy! —grité desde la sala mientras arrastraba mi maleta hacia la puerta.
—¿Tan pronto? —preguntó mi papá decepcionado al bajar las escaleras. Yo le dediqué una sonrisa.
—Lo siento, papá, pero ya sabes que soy una persona ocupada. Prometo venir a visitarlos en las vacaciones de primavera.
Mi mamá salió de la cocina con su delantal polvoriento atado a la cintura. Sonrió y me acercó la cabeza hacia su cuello para darme un beso al aire en la mejilla.
—Por favor, ten mucho cuidado, cielo. Llámanos cuando llegues.
—Claro que sí, mamá —besé su frente y le di un abrazo a mi papá.
—¡Kira, ya me voy! —grité buscando a mi hermana menor, al notar que no estaba allí.
Bajó las escaleras pareciendo un zombie, con su camisón holgado y el cabello todo revuelto.
—Por el amor de Dios, Kira, deberías haberte arreglado un poco —la regañó mamá, y ella puso los ojos en blanco.
—Ay, mamá, deja vivir a la gente. Además, me acabo de levantar —se frotó los ojos y me miró—. ¿Ya te vas?
—Sí, hermanita, tengo que hacerlo. —Ella me puso mala cara.
—Oye, que ya tengo dieciocho años, ¿estamos? —me recordó.
—Eso no quita que sigas siendo mi hermanita pequeña —le pellizqué la mejilla y ella me apartó la mano de un golpe.
—Bueno, ya sabes que tienes que ir buscándome un cuarto. En cuanto me gradúe, me voy para allá contigo.
Le asentí con una sonrisa.
—Desde luego, mis puertas siempre están abiertas. Bueno, me tengo que ir ya para no perder el avión.
Le di un abrazo rápido y me despedí de mis padres con la mano antes de salir.
El chofer de mi padre ya me estaba esperando. Me ayudó a meter la maleta en la cajuela y le di las gracias con una sonrisa.
Mi familia se quedó en el porche viéndome subir al auto. Les sonreí por última vez y les dije adiós a través de la ventanilla.
No somos una familia de multimillonarios, pero vivimos cómodamente. Soy originaria de Trinidad, pero crecí en Florida. Me mudé hace tres años tras graduarme de la universidad.
Estudié emprendimiento y me especialicé en diseño de modas. Eso me permitió conseguir un empleo en una casa de modas.
No es tan grande ni famosa como las marcas populares del mundo. Sin embargo, es una empresa de buena reputación que genera bastante dinero, lo que me permite ganar un buen sueldo.
Después de una hora y media de vuelo, aterricé en Orlando y pedí un taxi.
Llegué a mi departamento y el conductor me ayudó a subir mis cosas hasta mi piso.
Le dediqué una sonrisa de agradecimiento. Además, le di una propina extra por su amabilidad.
El aroma a flores me inundó la nariz. Sonreí al sentir la calidez de mi hogar.
Mi departamento no era de lujo, pero sí bastante costoso. Era hermoso y sencillo, con una sala amplia, dos habitaciones y cocina.
Abrí la ventana y encendí el aire acondicionado para que saliera el aire caliente.
Llevé mis cosas al cuarto y empecé a limpiar un poco. Al terminar, me refresqué y fui a la cocina para prepararme algo de comer.
—¡Rayos! Olvidé las compras —me llevé la mano a la frente. Regresé a mi habitación para buscar las llaves del auto en el armario.
Como iba de prisa, no me fijé por dónde caminaba. Terminé chocando de frente con alguien.
—Lo siento —dijimos al mismo tiempo. Alcé la vista y me encontré con Ricky, mi guapísimo vecino.
Me sonrió, marcando el hoyuelo de su mejilla izquierda. Sus ojos azules brillaban con intensidad.
—Hola, Camila, ¿cuándo volviste? —Me dio un abrazo. Yo sonreí y me aparté suavemente.
—Hace unas horas. ¿Y tú qué haces aquí? ¿No deberías estar trabajando? —pregunté con curiosidad.
—En realidad, mi jefe me dio el día libre. —Ladeé un poco la cabeza y levanté una ceja, esperando que me contara más.
—Tengo que ir a la graduación de mi hermana —explicó, y yo asentí comprendiendo.
—Ah, entiendo. Bueno, nos vemos luego —sonreí y me di la vuelta para irme, pero él me detuvo.
—Camila. —Me giré para atender su llamado.
—¿Podemos salir mañana por la tarde? No pasa nada si no quieres. —Sonreí y negué con la cabeza.
—Me encantaría, Ricky, pero he estado fuera mucho tiempo. Seguro tengo un montón de trabajo acumulado, espero que lo entiendas. —Él me dedicó una sonrisa encantadora y asintió.
—Te entiendo perfectamente, Camila. Avísame cuando estés libre.
—Hecho —sonreí y me marché. Entré en mi tienda favorita y Fortune, mi empleada preferida, me recibió con una sonrisa cálida.
—¡Oye, ya regresaste! —exclamó. Yo le devolví la sonrisa y le di un abrazo.
—Sí, llegué hace unas horas. ¿Cómo estás? —le pregunté, y ella soltó un suspiro dramático.
—Ojalá pudiera decir que bien, pero no. He tenido demasiado trabajo —dijo exagerando sus penas, y yo solté una risita.
—Es normal que sea así, sobre todo porque ya casi es invierno. Lo bueno es que las vacaciones están a la vuelta de la esquina y podrás descansar.
—Sí, ya me urge —añadió con entusiasmo dramático.
—Por cierto, vine por algunas cosas —le dije, y ella asintió sonriendo.
—Siempre eres bienvenida aquí, Camila. —Le di las gracias y tomé un carrito para empezar las compras.
Al terminar de comprar, me dirigí a la caja para pagar.
—Gracias por su compra —me sonrió mientras me entregaba mi tarjeta y el recibo. Le agradecí con una sonrisa y salí con mis bolsas.
De camino a casa, me detuve en la gasolinera para llenar el tanque. Por eso terminé llegando a casa ya tarde.
Al oír que mis tripas rugían, supe que mi pobre estómago estaba enojado conmigo. Fui a la cocina para acomodar lo que compré y prepararme el almuerzo.
Después de comer y lavar los trastes, me fui a mi cuarto a descansar. Estiré todo el cuerpo, me acosté en la cama suave y me quedé profundamente dormida.
Cuando desperté, vi que ya estaba oscuro afuera. Aparté el edredón y fui al baño a lavarme la cara.
Tomé mi teléfono para llamar a mi mamá y platicamos un rato. Después de lo que parecieron horas, colgué y fui a cenar. Me puse el camisón y fui al clóset para dejar listo mi outfit del trabajo para el día siguiente.
Sin importarme que acababa de despertar, regresé a la cama para dormir más. Sabía que al día siguiente me esperaba muchísimo trabajo en la oficina.