La novia del Don 5

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Sinopsis

Creyendo que su esposo Vincenzo ha muerto tras una terrible experiencia en una cafetería, Natalia se hunde en un estado de profunda tristeza y desesperanza, con la idea de que nadie vendrá a rescatarla. Mientras su corazón continúa rompiéndose y Armando insiste en sus repugnantes avances, Natalia debe encontrar pronto la manera de escapar de su prisión infernal y de su despiadado captor, antes de que Armando quebrante su espíritu por completo. Apenas logrando sobrevivir a un encuentro cercano con la muerte, el Don Vincenzo Moretti necesita tiempo para sanar sus heridas. Pero al saber que su hermosa esposa está en manos de su enemigo, Vincenzo no se detendrá hasta tenerla de vuelta entre sus brazos, donde pertenece. ¿Hasta dónde llegará para rescatar a la mujer que ama, y podrá encontrar una forma de acabar con Armando de una vez por todas? Descúbrelo mientras continúa esta emocionante serie de Mafia Romance… ~ ADVERTENCIA – Esta historia contiene escenas de violencia extrema y tortura, lenguaje soez, escenas de sexo explícito, escenas de violación explícitas, abuso y consumo de drogas. ¡Quedas advertido! ~

Estado:
Completado
Capítulos:
30
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5.0 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1 - Un Don herido

Lyanna entró en la habitación de su hijo y escuchó el pitido constante de las máquinas. Había una quietud extraña en el aire.

Entonces lo vio allí, tumbado en la cama, sin vida y sin moverse, con los ojos cerrados.

Contuvo las lágrimas mientras cruzaba el cuarto para sentarse en el borde de la cama, a su lado.

Extendió la mano poco a poco y pasó los dedos con ternura por su cabeza, con afecto de madre.

—Ay, cariño... ¿por qué te metiste ahí? —dijo en voz baja y con una tristeza evidente.

—Tú eres más listo que esto... ¿por qué harías algo tan peligroso? ¿Por qué?

Empezó a llorar, cerrando los ojos y dejando que la preocupación la invadiera por completo.

Al oírla llorar a su lado, Vincenzo abrió lentamente sus ojos color ámbar. Notó que su madre estaba allí sentada y supo lo que necesitaba: consuelo.

Movió la mano derecha por el colchón hasta ponerla sobre la mano de ella, avisándole de que había despertado.

—Vincenzo... oh, estás despierto —dijo ella con una sonrisa.

—¿Cómo te sientes, hijo?

—He estado mejor —admitió él con una media sonrisa.

Ella frunció el ceño y negó con la cabeza—. Me tenías muy preocupada. Por un momento pensé que a ti también te perdería.

Vincenzo frunció el ceño y le apretó la mano con la suya.

—No me voy a ninguna parte, madre. Lo prometo —declaró.

Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras forzaba una sonrisa y asentía con la cabeza.

—Lamento mucho lo de Natalia... No tenía idea de por lo que estaba pasando. Me enferma pensar que ese monstruo le pone las manos encima incluso ahora... —admitió Lyanna, sorbiendo por la nariz.

La expresión de Vincenzo se volvió severa. Se quedó allí tumbado, mirando fijamente hacia el frente, sumido en sus pensamientos.

A él también le dolía saber que Armando estaba forzando a Natalia, y muy seguido.

Eso lo estaba matando por dentro.

Esa mañana en el café, Vincenzo le había preguntado si la habían lastimado y ella le dijo que no; le había mentido.

¿Por qué?

¿Por qué no le dijo la verdad, que la estaba violando brutalmente?

Cuanto más lo pensaba, más se le aceleraba el pulso. Los pitidos del monitor se volvieron mucho más rápidos, alertando a Lyanna, que miró a Vincenzo con dudas.

—Vincenzo, necesitas descansar —declaró ella, poniéndose de pie junto a la cama.

—Duerme un poco más. Intenta no darle tantas vueltas a las cosas si puedes. No podrás ayudarla hasta que estés bien curado, hijo. Recuérdalo.

Con una última sonrisa, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta para salir de la habitación.

Vincenzo la llamó: —Madre... tengo que recuperarla.

Lyanna se volvió hacia él con una sonrisa cálida: —Y lo harás. Cuando te hayas recuperado.

Luego se dio la vuelta y salió del cuarto, cerrando la puerta tras de sí para que su hijo pudiera descansar y sanar.



Después de despedir a la Sra. Moretti, Maxwell, Carlo y Hunter caminaban hacia la habitación de su jefe para ver cómo estaba.

Incluso con el Don descansando, necesitaban que les diera órdenes.

Tenían que saber cuál sería el siguiente movimiento.

—¿Cómo creen que reaccione cuando se entere de que se llevaron a Natalia otra vez? —preguntó Carlo.

—¿Tú cómo reaccionarías? —respondió Maxwell.

—Se va a poner furioso, de la chingada. Conociendo a Vince, va a ser difícil mantenerlo en la cama. Va a querer salir de aquí a buscarla.

Carlo suspiró.

—Tienes razón... ¿entonces qué hacemos? —preguntó.

—Tenemos que hacer algo. Hay que encontrarla. Quién sabe qué estará pasando con ese bastardo.

—De acuerdo —afirmó Maxwell, asintiendo con la cabeza.

—Tenemos que actuar... la única pregunta es... ¿qué hacemos?

—Oigan, he querido preguntar... ¿los De Luca ya saben lo del secuestro de su hija? —quiso saber Hunter.

—Están al tanto de eso, sí. Pero todavía no les informamos lo que pasó esta mañana —explicó Maxwell.

—Ellos también quieren lanzar un ataque en cuanto confirmemos dónde tienen a Natalia —añadió Carlo.

—Tengo la fuerte sospecha de que Armando tiene a Natalia en esa mansión. En la misma donde mataron a Oliver —declaró Maxwell.

—Armando es más listo de lo que parece. Querrá tenerla lo más cerca posible. Tiene sentido que esté escondida en algún lugar de la mansión.

—Sí, pero necesitamos pruebas antes de lanzar cualquier ataque —señaló Carlo.

—¿Y cómo lo probamos? —preguntó Maxwell, mirando a los demás mientras se detenían justo frente a la puerta de Vincenzo.

Tanto Hunter como Carlo se encogieron de hombros y Maxwell suspiró.

La triste realidad era que no tenían nada.

Maxwell estiró la mano, agarró la perilla y empujó la puerta para entrar.

En cuanto los tres hombres entraron, se quedaron congelados por la incredulidad y el espanto.

—¡Jefe! ¿Qué carajos está haciendo? —reclamó Maxwell.

Vincenzo se había levantado de la cama. Llevaba puesta su bata de seda y estaba sentado detrás de un escritorio con su laptop abierta delante de él.

¡Estaba trabajando apenas unas horas después de que lo operaran de urgencia!

—¡Mueva el culo de vuelta a esa cama ahora mismo! No estoy bromeando —le ordenó Carlo mientras señalaba hacia la cama.

—Voy a fingir que no escuché que me estabas dando órdenes —dijo Vincenzo con voz más débil de lo normal mientras seguía navegando en la computadora.

—Jefe, por favor... si su madre lo viera así... —intentó decir Maxwell.

—Se fue a su casa. Problema resuelto —lo interrumpió Vincenzo sin dejar de mirar la pantalla.

—En serio, ¿no puede al menos usar la laptop sentado en la cama? —suplicó Hunter.

—Por favor, jefe. Hágalo por nosotros.

Vincenzo se tomó un momento para pensar en la petición de Hunter; tenía sentido.

Podía descansar mientras hacía su investigación.

—Está bien —declaró finalmente. Cerró la laptop e intentó ponerse de pie.

Pero en cuanto lo intentó, soltó un gruñido de dolor. Cerró los ojos y se desplomó de nuevo en la silla—. ¡Ah!

—Mierda... —maldijo Maxwell mientras los tres corrían a ayudar a su Don a volver a la cama, de donde no debió haber salido.

Maxwell lo sostuvo por debajo del brazo izquierdo y Carlo por el derecho. Hunter despejó el camino y acomodó las almohadas mientras los otros dos ayudaban a Vincenzo a caminar por el cuarto para sentarse con cuidado en el colchón.

Cuando estuvo cómodo, Maxwell le subió las cobijas hasta la mitad del cuerpo. Vincenzo se puso la laptop otra vez en el regazo y la abrió para seguir con lo suyo.

—¿Cómo demonios llegó hasta el escritorio, de todos modos? —preguntó Hunter.

—Estos analgésicos son una maravilla —dijo Vincenzo con una sonrisa burlona.

Era obvio que estaba drogado por los medicamentos en ese momento.

Los tres hombres suspiraron, negando con la cabeza ante la actitud de su Don.

—¿Qué es tan importante para que tenga que hacerse apenas unas horas después de una cirugía seria? —le cuestionó Maxwell.

—¿Cuando se supone que debería estar descansando? —añadió Carlo.

—Creo que encontré algo —declaró Vincenzo.

—Hice que algunos de mis espías que trabajan para Armando vigilaran de cerca cualquier cosa inusual en la mansión estos días. Hace poco me avisaron que Armando mandó traer un guardarropa entero a la casa.

Los tres hombres fruncieron el ceño.

—¿Y luego? —lo presionó Hunter para que continuara.

—¿Eso qué significa? —terció Carlo.

Vincenzo levantó la cabeza para mirarlos a los ojos.

—Era un guardarropa de mujer —afirmó el Don con una sonrisa de confianza.

Ahora las expresiones de ellos cambiaron.

—¡Ahí está nuestra prueba! —exclamó Maxwell con alegría.

—Podemos actuar ahora mismo —coincidió Hunter.

—Entonces, ¿qué está planeando? —preguntó Carlo.

—He estado buscando formas de entrar en la mansión sin que termine en un tiroteo total —explicó Vincenzo mientras seguía tecleando.

—¿Y bien? —insistió Maxwell.

—¿Qué se le ocurrió, jefe?

—Una idea que es tan loca que podría funcionar —declaró el Don.

—Lo escuchamos... —le urgió Maxwell.