Capitulo 1
La noche en las calles abandonadas de la ciudad era espesa, el aire cargado de humedad y peligro. Mirko aterrizó con un golpe seco que resquebrajó el asfalto, sus muslos poderosos flexionándose bajo el leotardo blanco ajustado que apenas contenía sus curvas explosivas. Sus orejas de conejo blancas se alzaron alertas, captando cada respiración acelerada del villano que acababa de acorralar en ese almacén oscuro y polvoriento.
—Vamos, conejito... no huyas ahora —gruñó el villano con una sonrisa torcida. Su quirk, "Hormona Licitación", liberaba feromonas que manipulaban el cuerpo como si fuera arcilla caliente: aumentaba la libido hasta niveles insoportables, convertía la adrenalina en deseo puro y hacía que los instintos animales tomaran el control total.
Mirko soltó una risa ronca, mostrando sus dientes afilados.
—No soy yo la que va a terminar jadeando en el suelo, basura. Te voy a patear hasta que supliques.
Pero entonces el villano liberó una nube densa de su quirk. El olor dulce y embriagador invadió sus pulmones. Sus pupilas rojas se dilataron al instante. Un calor líquido bajó por su vientre, endureciendo sus pezones contra la tela del leotardo y haciendo que sus muslos se apretaran involuntariamente. Sus orejas temblaron, su cola esponjosa se erizó.
—Mierda... ¿qué carajos me hiciste? —siseó, pero su voz salió más ronca, más hambrienta.
El villano se acercó, confiado.
—Solo desperté lo que ya llevas dentro, coneja. Ese cuerpo tuyo está pidiendo guerra... y algo más.
Mirko intentó lanzarle una patada lunar, pero su pierna se movió más lenta, temblorosa. El impacto fue brutal igual —lo estrelló contra una pared—, pero en lugar de rematarlo, se encontró a horcajadas sobre él en el suelo sucio. Sus caderas se movieron solas, restregándose contra la dureza que sentía bajo la tela rota de su traje de villano.
—Joder... no... —murmuró, pero sus manos ya estaban agarrando su camisa, rasgándola. Sus uñas arañaron su pecho mientras su boca buscaba la de él en un beso salvaje, mordiendo, chupando, dominando.
El villano rio entre jadeos.
—¿Ves? Tu quirk de conejo no solo te da fuerza... también te hace una puta salvaje en celo.
Eso la encendió más. Mirko gruñó como animal, girándolo con facilidad y poniéndolo boca abajo. Le arrancó los pantalones de un tirón, exponiendo su erección palpitante. Sus muslos gruesos y musculosos lo aprisionaron mientras se posicionaba encima, el leotardo ya rasgado en la entrepierna dejando ver su sexo mojado y ansioso.
—No hablas más —ordenó, y bajó de golpe, empalándose con un gemido gutural que resonó en el almacén. Sus caderas empezaron a moverse con violencia, cada embestida un golpe seco y profundo que hacía temblar su cuerpo entero. Sus orejas se doblaron hacia atrás del placer, su cola agitándose frenéticamente.
El villano intentó resistir, pero las feromonas lo tenían igual de perdido. Sus manos agarraron esos glúteos firmes y redondos, apretando mientras ella lo montaba como si fuera su presa.
—Más fuerte, coneja... rómpeme...
Mirko aceleró, sus piernas de conejo dándole una potencia inhumana. Cada salto hacia arriba y caída era un impacto que los hacía gritar a ambos. El sudor corría por su piel morena, brillando bajo la poca luz que entraba por las grietas. Sus pechos rebotaban libres ahora que el leotardo estaba hecho trizas, los pezones duros rozando contra el pecho de él.
—Te voy a drenar hasta la última gota —jadeó ella, inclinándose para morderle el cuello mientras sus paredes internas lo apretaban sin piedad—. Y después... te entrego como trofeo.
El clímax llegó como una explosión. Mirko echó la cabeza hacia atrás, orejas temblando, un grito animal escapando de su garganta mientras su cuerpo se convulsionaba. El villano se derramó dentro de ella con un rugido, pero ella no paró: siguió moviéndose, exprimiéndolo, hasta que quedó temblando y exhausto debajo.
Se levantó lentamente, el semen goteando por sus muslos poderosos, su leotardo destrozado colgando en jirones. Lo miró con una sonrisa feroz y satisfecha.
—No estuvo mal... para ser un perdedor. —Le dio una patada suave en las costillas—. Pero la próxima vez, trae algo más fuerte si quieres domar a esta coneja.
Y saltó hacia la salida, dejando al villano jadeante y derrotado en el suelo, con el cuerpo marcado por arañazos y mordidas... y una erección que no bajaba ni con ruegos.