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JUNGKOOK
¿Crees en el odio a primera vista?
Yo tampoco, hasta que el puto Jimin Park entró en el Estudio 1 como si fuera el dueño.
Es lunes por la mañana y las cosas ya son una mierda. Regina, mi ahora ex novia, se mudó el fin de semana. Mi cafetería favorita, Hyped, tenía una máquina de café rota, lo que significa que no he podido tomar mi típico café con leche y avellanas por las mañanas. Y luego Jerome me informó en el momento en que llegué al set que tendría un nuevo compañero para una serie de novios. Un maldito rollo de novios.
No hago escenas de amor sensibleras. Soy uno de las tops más populares de BigHot 7 Studio, y follo. Simple y llanamente.
Sin embargo, cuando se lo recordé a Jerome, nuestro productor ejecutivo, puso los ojos en blanco y me dijo:
—Tienes que cambiar, Kook. Los fans se están aburriendo de ti.
Como si yo necesitara ese golpe a mi ego a las diez de la mañana, bajo los efectos de la cafeína y lidiando con toda una serie de inconvenientes sentimientos persistentes debido a que mi novia, perdón, ex novia, me dejó por ser emocionalmente inaccesible.
Ni que decir tiene que no estoy de muy buen humor cuando Jimin Park llega a nuestra reunión mensual con diez minutos de retraso, moviendo las caderas como si pensara que va a desfilar por una pasarela y con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. Su melena oscura y rizada hasta los hombros está recogida por unas gafas de sol colocadas en lo alto de su cabeza, pero aun así, los mechones salvajes vuelan en todas direcciones, y estoy más que seguro de que pasa una cantidad ridícula de tiempo perfeccionando ese aspecto despeinado. En la parte superior lleva una camiseta blanca con cuello de pico, una talla más pequeña que la suya, que consigue el efecto deseado de mostrar todos y cada uno de sus abdominales estúpidamente perfectos, y en la parte inferior lleva unos vaqueros de diseño y unas botas de cordones color caramelo que parecen una especie de mocasines de moda y que probablemente cuestan más que todo mi armario, zapatos y ropa juntos.
Parece un dios griego moderno, y lo odio al instante.
—¿Qué coño es esto? —Gruño, con los ojos entrecerrados, mientras Jimin toma asiento en nuestra reunión de equipo, abriendo bien las piernas y sonriendo a las caras de la sala.
Jerome suspira pesadamente, pero por lo demás me ignora.
—Todos, este es Jimin Park. Su nuevo compañero.
Los otros artistas y miembros del equipo se animan y parlotean excitados. Jimin es nuevo en la escena porno, pero ha causado sensación con sus vídeos de creación propia. Supongo que cuando tienes tan buen aspecto, a nadie le importa la mala calidad del vídeo. No tenía ni idea de que Jerome había conseguido ficharlo para BigHot 7 , pero teniendo en cuenta que tenemos una cláusula de exclusividad, es todo un logro. A regañadientes, admito que fue un movimiento inteligente para la empresa. Personalmente, no quiero tener nada que ver con ese hombre.
Jimin se toma un momento para echar un vistazo a la sala mientras algunos de los otros artistas le dan la bienvenida con la mano. Cuando su mirada se posa en mí, entrecierro los ojos y la sonrisa de Jimin se vuelve imposiblemente más amplia.
—Muy bien —dice Jerome, cortando la charla—. Ya saben lo que hay que hacer. Preséntense cuando acabe la reunión. Asegúrense de que el Sr. Park se sienta bienvenido. —Me mira a mí y a mi mirada de reojo—. Ahora pasemos a los negocios.
Jerome pasa quince minutos hablando de los objetivos de este mes: lo que vamos a rodar, las nuevas ideas que está poniendo en práctica y las tendencias de los espectadores del mes pasado y lo que eso significa para nuestras actuaciones. Es lo típico, pero cuando termina, añade:
—Kook, Sr. Park, vayan a mi despacho cuando acaben las presentaciones.
Jerome sale de la sala con Nathaniel, su ayudante de producción y segundo al mando, pisándole los talones. Apenas salen por la puerta, Jimin se ve acosado. Jimin se enorgullece de la atención que recibe y estrecha la mano de Malibu mientras el surfista se ríe de algo que dice Jimin. Frunzo el ceño.
—Estamos un poco celosos del nuevo, ¿no? —me pregunta Alex, que se sienta a mi lado.
Apoyo el tobillo en la rodilla, cruzo los brazos y enarco una ceja.
—No me gustan los celos.
Alex, que probablemente pesa cincuenta kilos mojado, me mira de arriba abajo. Para alguien que parece tener dieciocho años y una melena rubia como un ángel, o quizá un duendecillo, teniendo en cuenta que se hace llamar Tink, Alex es sorprendentemente duro. Es un bulldog. Te sonríe, te halaga y te mata de amabilidad, pero es implacable cuando se trata de husmear en la vida de sus amigos. O, como él lo llama, cuidando.
También es inmune a mi actitud de joder.
—Oh —dice, con los labios rosados de cupido levantados en una esquina.
—No hay ningún oh. Corta el rollo —respondo, señalando su cara.
Alex se muerde la punta de la lengua y sus ojos bailan con picardía mientras mira a Jimin. El hombre sigue rodeado de nuestros compañeros y su amplia sonrisa ocupa la mitad de su rostro.
—Te gusta —susurra Alex, rozándome la cabeza con el pelo mientras se inclina hacia mí.
Lanzo un largo suspiro y cierro los ojos por un momento. Cuando vuelvo a abrirlos, Alex sonríe con cara de satisfacción por su incorrecta apreciación.
—No, no lo creo —digo rotundamente—. Ese hombre es un pavo real.
Es ridículo.
—Ni siquiera le conoces —señala Alex.
—No hace falta. Mírale. —Hago un gesto con la mano en dirección a Jimin—. Es... presumido —concluyo.
—¿Presumido? —pregunta Alex, riéndose una vez—. Oh, lo tienes fatal.
—Vete a la mierda —refunfuño.
—Tus gruñidos no funcionan conmigo —dice Alex melodiosamente, levantándose de la silla—. Sé que solo eres un osito de peluche bajo toda esa pose de hombre musculoso. Ladras pero no muerdes.
—Puedo morder —me defiendo, aunque la afirmación suena falsa, incluso a mis propios oídos.
—Quizá deberías morder a Jimin. Puede que le guste —dice Alex, moviendo las cejas y riéndose cuando le lanzo una mirada poco impresionada. Se abalanza para darme un beso en la mejilla antes de que pueda impedírselo—. No te olvides de ir a hacer las paces.
Alex se aleja como el diablillo que es y yo veo cómo se presenta a nuestro nuevo compañero de trabajo, poniéndose de puntillas para darle un abrazo de bienvenida a Jimin. Jimin le sonríe y yo aprieto la mandíbula.
Con un gruñido frustrado, me levanto de mi asiento y me acerco al hombre. Sus admiradores han disminuido, la mayoría de ellos se han dirigido a la mesa del almuerzo de después de la reunión. Yo también siento los efectos del hambre, por no mencionar que todavía necesito mi café matutino, pero con la petición de Jerome de reunirnos en su despacho rondándome la cabeza, me pongo delante de Jimin Park para acabar con esta mierda de una vez.
—Vamos —le digo—. Jerome quería hablar con nosotros.
Jimin desvía la mirada de su conversación con Alex y sus ojos se abren de par en par, sorprendido por la flagrante interrupción. Parpadea un par de veces antes de recuperarse, esa sonrisa se apodera de su cara una vez más.
—Hola, soy Jimin —me dice amablemente, tendiéndome la mano. Lo miro.
—Jungkook —refunfuño—. Vamos.
Alex suspira con exasperación y tira de mi brazo para soltarlo de donde estaba cruzado frente a mi pecho. Abre mi puño y lo golpea en el agarre de Jimin, manteniendo su mano sobre la mía mientras nos mueve con fuerza en una aproximación de un apretón. Ignoro deliberadamente lo suave y cálida que es la palma de Jimin.
—Encantado de conocerte, Jimin —dice Alex en voz baja, supongo que para imitarme.
—Igualmente, Jungkook —responde Jimin, entrando alegremente en el jueguecito de Alex.
—Por Dios. —Suelto la mano y giro sobre mis talones, caminando hacia el despacho de Jerome. Mientras dejo atrás a los dos, oigo a Alex comentar que normalmente solo es un sesenta por ciento gruñón, no un cien por ciento, pero lo ignoro y llamo a la puerta de Jerome.
Cuando oigo su “Adelante” entro a empujones y encuentro a mi jefe y a Nathaniel sentados en el escritorio de Jerome, ambos con la cabeza inclinada sobre algo en la tableta de Jerome. Jerome parece el chico malo por excelencia, con sus vaqueros desgastados, sus botas de combate negras y su cazadora de cuero, mientras que Nathaniel es su contrapunto empollón, siempre con pantalones chinos y una interminable rotación de jerséis de rombos. Los dos forman una extraña pareja de cincuentones, cuyo único punto en común es el color plateado de su pelo, pero funcionan estupendamente juntos a pesar de sus diferencias.
Alguna vez me he preguntado si se acostaban, pero nunca me he atrevido a preguntar.
Jerome levanta la vista cuando entro en la habitación y me mira por detrás.
—¿Dónde está el señor Park? —Pregunta. Me encojo de hombros.
—Es un chico grande. Estoy seguro de que encontrará el camino — digo, dejándome caer en uno de los grandes sillones burdeos frente al escritorio de Jerome.
—Estoy aquí.
Intento no ponerme tenso cuando la voz de Jimin me llega por encima del hombro y el hombre toma asiento a mi lado, abriendo mucho las piernas, con los brazos relajados en los reposabrazos a cada lado, como un rey esperando a que le sirvan, pero es inútil. Su simple presencia me pone de los nervios.
Alex tiene razón. No suelo ser tan gruñón. Pero ha sido un fin de semana infernal y mi mañana no ha empezado con buen pie. ¿Realmente puede culparme por encontrar molesto a este pomposo hombre-niño? El tipo apenas está empezando en la escena. Es prácticamente un bebé. Y aun así va por ahí actuando como si su polla fuera un regalo para la humanidad homosexual.
Bueno, a la mierda con eso. Jimin todavía tiene que ganarse sus cuotas, en lo que a mí respecta. Cualquiera puede poner su teléfono en su tocador y grabarse follando con su sabor de la noche. Consensualmente, por supuesto. El tipo no es tan imbécil como para poner a esos tipos en línea sin su consentimiento. Pero se necesita talento y empuje para triunfar en este negocio.
Si Jimin Park cree que puede entrar aquí, encandilar a todo el mundo con un movimiento de muñeca y convertirse en la próxima gran cosa sin esforzarse, se lo tiene muy merecido.
Cruzo los brazos y me concentro en Jerome.
—¿Para qué me necesitas?
—Encantador como siempre, Kook —Jerome arrastra las palabras—. Quería que se conocieran formalmente, ya que van a trabajar muy juntos.
Mis cejas se fruncen por la confusión.
—Bueno, sí. Todos trabajaremos juntos. —Por desgracia.
Jerome ladea la cabeza, mirándome como si fuera una niña inconsciente.
—Claro, pero tú y el señor Park especialmente. —Como no respondo, añade—: Como tu compañero.
Joder. Joder, no.
—¿Este es el tipo con el que quieres que haga esa mierda de novio? —Ladro, incorporándome.
Jerome asiente, recostándose en su silla.
—Así es.
—No puede ser. —Sacudo la cabeza de un lado a otro varias veces—. No. No.
Jimin suelta una carcajada desde mi lado.
—¿Qué? —Exclamo.
—Nada —dice, encogiéndose de hombros con indiferencia—. Es sólo que no puedo imaginar qué podrías tener en contra de la idea. Gritas a los cuatro vientos que tienes madera de novio.
—¿Qué significa eso? —Pregunto apretando los dientes.
Recorre mi cuerpo de arriba abajo una vez, lentamente, antes de responder:
—Sabes, eres tan... cálido y difuso. Sonríe y yo entrecierro los ojos.
—Como te dije, Kook, necesitas algo nuevo —interviene Jerome—. Llevas años en escena y tienes menos visitas que antes. Los espectadores están respondiendo bien a los papeles de novios, y creo que es tu mejor oportunidad para aumentar la audiencia ahora mismo.
—¿Por qué este tipo? —Pregunto, dirigiendo mi mano hacia Jimin.
—El Sr. Park te traerá muchos espectadores. Es nuevo y llamativo. Es tu mejor opción —dice Jerome.
Me froto el puente de la nariz y siento que me duele la cabeza.
Necesito cafeína.
—¿Y si digo que no? —Pregunto. Jerome se encoge de hombros.
—Sabes que nunca te obligaré a hacer una escena que no quieras hacer. Pero no creo que debas descartarlo tan rápido.
—¿Cómo funcionaría? —Pregunto, para mi propio fastidio. No puedo creer que esté considerando esto.
—Ustedes dos harían un par de escenas a la semana, ocho en total. Si a los espectadores les gusta su historia, podemos seguir. Si no encajan, lo cortamos a los ocho vídeos y vuelven a sus escenas habituales.
Lo medito, pero cuando miro a Jimin, que se está hurgando en la uña, como si le diera igual una cosa que otra, mi irritación se dispara.
—¿Y tú? —Pregunto.
—¿Y yo? —Pregunta Jimin, inclinando ligeramente la cabeza mientras me evalúa.
—¿Te parece bien? ¿Actuar como mi novio cariñoso?
Jimin suelta una carcajada aguda.
—Claro, cariño —dice con una voz dulce como la sacarina que me pone de los nervios—. Estoy deseando atenderte de pies a cabeza. Parece un sueño hecho realidad. Aunque tendré que consultar con alguna de tus ex para saber qué marca de aceite prefieres que te unte en esa cabezota.
Vuelve a sonreír, despacio, y aprieto los dientes con tanta fuerza que chirrían.
Inhalo por la nariz y reprimo la violenta tormenta que se desata en mi vientre al oír hablar de mi ex. Jimin no sabe nada de mi reciente ruptura, pero sus palabras siguen escociéndome. La herida está fresca; sólo han pasado dos días desde que mi relación fracasó. Y Regina y yo llevábamos juntos casi dos años. Por no hablar de que había estado viviendo conmigo durante los últimos seis meses, desde que mi mejor amigo y compañero estrella del porno se trasladó a Texas, de todos los lugares, a seguir su corazón. Bien por Mat, de verdad. Me alegro por él. No me hace menos amargo que mi propio intento de felicidad se estrellara y se quemara.
Y, posiblemente la parte más difícil de todo, no lo vi venir. Sabía que Regina quería que me abriera más y lo estaba intentando. Aparentemente, mis esfuerzos no fueron suficientes. Porque, de repente, sin siquiera avisar, hizo las maletas, dejándome a mí y a mi apartamento dolorosamente desamparados. Ni siquiera pude opinar.
—Ya sabes lo que quiero decir —le digo a Jimin, no estoy de humor para escuchar su suposición de que soy un novio de mierda. No lo soy—. Esto no es tu dormitorio con una iluminación de mala calidad, donde te pones un condón, follas y ya está. Tienes que venderlo aquí. Tienes que ser un profesional. ¿Puedes hacerlo?
—Puedo hacerlo, colega —dice, con la cabeza ladeada y el pelo desparramado por la cara en un estúpido y artístico desorden. Sigue recostado en su silla como un gato callejero que se queja como un hombre, o quizá como un león de melena marrón, y lo único que quiero es acercarme a él y tirarlo al suelo—. Pero mira, si no confías en tus dotes interpretativas, no dudes en retirarte. No me importa. Tink es bastante guapo. Quizá trabajaría conmigo. —Me guiña un ojo, provocándome.
Se me desencaja un músculo de la mandíbula.
—Bien—grito, volviéndome hacia Jerome, que nos observa con curiosidad. Nathaniel, por su parte, parece igual de perplejo.
—¿Bien? —Pregunta Jerome.
—Lo haré.
—¿Sr. Park? —Le pregunta Jerome al otro hombre. Jimin se encoge de hombros.
—Por mí está bien, jefe.
Jerome parece dudoso después de nuestra tensa interacción, pero asiente de todos modos.
—De acuerdo. Tendré tu primer guion listo al final de la tarde y quiero que se reunan los dos en los próximos días. Pónganse cómodos porque su primera escena es el jueves, y esto —dice, agitando la mano entre nosotros—, no parece que sean dos tipos a punto de enamorarse. Retírense.
Jimin da una palmada y se levanta con fluidez, abandonando la sala sin más preámbulos. Me quedo un momento más, preguntándome a qué demonios he accedido.
Jerome levanta una ceja y mira su tableta.
—¿Quieres añadir algo?
Niego con la cabeza, pero luego pregunto:
—¿De verdad crees que es la mejor opción para mí? No soy un tipo cursi, Jerome. No soy como Tink. —Intento articular mi principal preocupación—. Me preocupa que esto despiste a mis fans.
Jerome se inclina hacia delante, con los brazos cruzados sobre el escritorio, y me mira con su mejor mirada de jefe.
—No te pido que actúes como Tink. Ni siquiera te pido corazones y flores, Kook. Sólo te pido que parezcas menos afectado. Actúa como si te gustara el chico, por el amor de Dios. Actúa como si te importara. Puedes seguir siendo tú, grande y duro e incluso mandón, si quieres. Pero hazlo de forma que te sientas accesible. Protégele ante la cámara. Deja que te ablande un poco. Si permites que tus fans vean ese lado tuyo, aunque sea falso, creo que se lo creerán. No invitas precisamente a entrar a los espectadores.
—No me digas —murmuro. Jerome se encoge de hombros.
—Y eso funciona para las escenas de sexo pesado. Pero has hecho cientos de ellas. Tienes que adaptarte para seguir siendo relevante.
—Joder —murmuro, pasándome una mano por el pelo rapado—.De acuerdo. Lo haré lo mejor que pueda.
Jerome asiente, con cara de satisfacción.
—Es todo lo que pido.
Me levanto, pero antes de dar un paso, me detengo.
—¿Qué apodo le vas a poner?
—Vamos a jugar con un poco con su físico. Adonis —dice Jerome, volviendo a mirar hacia abajo y señalando algo a Nathaniel.
Echo la cabeza hacia atrás, mirando fijamente la negrura detrás de mis párpados cerrados mientras suspiro pesadamente.
Adonis.
Joder.