El Mejor Regalo

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Sinopsis

Yoon-mira este 14 de febrero ha preparado la cena, ha encendido el fuego y ha traído el mejor regalo para su amado Jimin. ¿Cual sera el regalo? ⭐Historia Original ⭐+18 ⭐Lenguaje vulgar ⭐Kookmin ⭐Capitulo Único

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Completado
Capítulos:
1
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n/a
Clasificación por edades:
18+

Tres años. Mil noventa y cinco días de despertar con su sonrisa tímida y compartir el café mientras el sol apenas roza los rascacielos de Seúl. He sido feliz, de una manera tan pura que a veces me asusta. Jimin es el hombre más tierno que el mundo haya conocido; me ha cuidado, me ha amado lo mejor que ha podido y me ha hecho sentir una mujer afortunada.

Pero yo lo sé.

Lo supe desde el primer año. No es un deseo pasajero, es una devoción silenciosa. Un amor de toda una vida que él ha enterrado bajo capas de deber familiar y un miedo paralizante al rechazo. Él me ama, sí, con un cariño inmenso, pero no con esa electricidad desesperada con la que sus ojos buscan a Jungkook, su mejor amigo, cuando cree que nadie lo observa.

Jimin ha callado su corazón por complacer a todos menos a sí mismo, y yo he callado mi conocimiento porque, egoístamente, quería disfrutar de su luz un poco más. Hasta hoy. Este 14 de febrero.

El frío en las afueras de Seúl es crudo, pero nuestra cabaña es un refugio perfecto. No hay tristeza en el ambiente, todo lo contrario. He puesto su música favorita, el fuego de la chimenea crepita con alegría y hemos cenado entre risas, recordando anécdotas de nuestros viajes. Jimin está radiante, relajado por el vino y la lejanía de la ciudad.

—Eres increíble, ¿lo sabías? —me dice, acariciando mi mano sobre la mesa de madera rústica— Gracias por traerme aquí. Es el escape perfecto.

Le sonrío, una sonrisa genuina, llena de la paz que da saber que estás a punto de hacer lo correcto.

—Aún no has visto tu regalo principal, Jimin.

Él se ríe, sus ojos forman esas medias lunas que tanto adoro.

—¿Ah, sí? ¿Dónde lo escondiste? ¿Es ese reloj que vimos en Gangnam?

Niego suavemente con la cabeza, poniéndome de pie. Camino hacia él y tomo sus manos, obligándolo a mirarme fijamente.

—Jimin, estos tres años han sido maravillosos. Me has dado un amor sincero y te estaré eternamente agradecida por ello. Pero hay diferentes tipos de amor. Y el que yo tengo por ti es ahora tan grande, que necesito que seas completamente feliz.

Su sonrisa flaquea un poco, confundido por el cambio de tono.

—¿De qué hablas, amor? Soy feliz.

—Lo eres, a ratos. Pero no eres libre —respiro hondo y suelto la verdad, no como una acusación, sino como una llave maestra— Sé que amas a Jungkook. Lo sé desde hace años. Sé que tu alma brilla diferente cuando él está cerca, y sé que te estás apagando por dentro al tratar de ser el hombre que tu familia espera, en lugar del hombre que eres.

Jimin palidece. Abre la boca para negar, para disculparse, el pánico evidente en su postura.

—Shhh, no —le pongo un dedo en los labios, sonriendo con ternura— No te estoy terminando porque no te ame. Te estoy liberando porque te amo demasiado. No puedes seguir viviendo una mentira, Jimin. Es agotador y tú mereces brillar con toda tu intensidad.

— Pero... tú... nosotros... —balbucea, completamente perdido.

Me separo de él y camino hacia la entrada, donde ya había dejado preparada mi pequeña maleta de mano y mi abrigo. Me lo pongo rápidamente mientras él se levanta, aturdido.

—Mi regalo de San Valentín, Park Jimin, es tu libertad. Y la oportunidad de ser valiente.

—¿Te vas? —pregunta, con la voz estrangulada— ¿Me dejas aquí solo en medio de la nada?

Me giro hacia él una última vez, con la mano en el pomo de la puerta. Siento una lágrima solitaria rodar por mi mejilla, pero mi voz es firme y alegre.

—Oh, cariño, no. No te vas a quedar solo. El verdadero regalo no soy yo yéndome... es quien está por llegar.

Abrí la puerta y el aire helado de la montaña me golpeó el rostro.

—Feliz San Valentín, Jimin. Sé feliz.

Cerré la puerta detrás de mí, dejando atrás el calor del fuego y tres años de una hermosa historia que debía terminar para que otra pudiera comenzar.


Minutos después, dentro de la cabaña. Jimin seguía de pie en medio de la sala, mirando la puerta cerrada, su mente incapaz de procesar el torbellino de los últimos cinco minutos. Su corazón latía desbocado, una mezcla de culpa devastadora y una esperanza aterradora que empezaba a brotar en su pecho.

¿Qué quería decir con "quien está por llegar"?

El sonido de un motor rompió el silencio del bosque nevado. Unas luces faros barrieron las ventanas de la cabaña. Jimin contuvo el aliento al escuchar pasos apresurados crujiendo sobre la nieve fresca en el porche.

La puerta se abrió de golpe, trayendo otra ráfaga de aire frío y la figura agitada de un hombre con el cabello oscuro y los ojos muy abiertos por la ansiedad y la expectativa.

Jimin sintió que las rodillas le fallaban.

—¿Jungkook? —susurró, incrédulo.

Jungkook estaba allí, jadeante, con la nariz roja por el frío y una mirada que Jimin no se había permitido interpretar correctamente en toda su vida, hasta este preciso instante.

Jimin dio un paso vacilante, sus ojos fijos en los de Jungkook. Había una vulnerabilidad en su mirada que nunca se había atrevido a mostrar, ni siquiera en sus momentos más íntimos con ella.

Jungkook dejó caer su bolso al suelo y se acercó lentamente, como si temiera que Jimin fuera un espejismo que pudiera desvanecerse si se movía demasiado rápido. Se detuvo a escasos centímetros, lo suficiente para sentir el calor que emanaba del cuerpo de Jimin y el aroma a madera y vino que flotaba en el aire.

—Me llamó hace una hora —confesó Jungkook, su voz grave y cargada de una emoción contenida por años— Me dijo: "Ve a la cabaña. Ve por el hombre que amas, porque él finalmente está listo para ser amado por ti". Jimin... he esperado una vida entera para que este momento fuera real.

Jimin soltó un sollozo ahogado, no de tristeza, sino de puro alivio. Se lanzó a los brazos de Jungkook, escondiendo el rostro en su cuello. Jungkook lo rodeó con una fuerza desesperada, hundiendo los dedos en el suéter de lana de Jimin, confirmando que, por fin, no había muros entre ellos.

—Perdóname por haber tardado tanto —murmuró Jimin contra su piel— Por el miedo, por la familia... por todo.

—No hay nada que perdonar —respondió Jungkook, tomando el rostro de Jimin entre sus manos para obligarlo a mirarlo— Hoy no hay familia, no hay expectativas, no hay "qué dirán". Solo somos tú y yo. Como debió ser siempre.

Se movieron hacia el centro de la sala, donde la alfombra frente a la chimenea era el único refugio que necesitaban. El crepitar de los troncos y el resplandor anaranjado de las llamas creaban una atmósfera que parecía suspendida en el tiempo.

Jungkook comenzó a besarlo, pero no era el beso apresurado de un encuentro furtivo. Era un beso lento, de descubrimiento, un "hola" que llevaba años guardado en la garganta. Sus manos, antes cuidadosas de no rozarse demasiado, ahora exploraban con una libertad embriagadora.

Se deshicieron de las capas de ropa con una reverencia casi sagrada. Cuando sus pieles finalmente se tocaron, Jimin dejó escapar un suspiro que pareció liberar toda la tensión que había cargado desde su adolescencia.

—Estás temblando —susurró Jungkook, acariciando el costado de Jimin mientras se acomodaban sobre la alfombra, frente al calor del fuego.

—Es porque es la primera vez que no siento que estoy haciendo algo malo —respondió Jimin, mirándolo con una claridad asombrosa— Es la primera vez que siento que estoy exactamente donde pertenezco.

Jungkook lo miró como si fuera un tesoro recién descubierto, se inclinó y tomó nuevamente sus labios en un beso, esta vez no tan delicado. Jimin quería sentir más, le estaba encantando la sensación de sus pieles rozando. En un giro rápido pasó su pierna sobre el tatuado, este rápido lo tomó de la cadera acercándose más a él.

Los besos continuaron como una danza eterna, sus lenguas se sincronizan a la par de sus movimientos para que sus erecciones se rozarán. Jimin gemía aferrándose a las hebras negras de su amado, enredaba sus dedos como si su vida dependiera de ello y de cierta forma así lo era.

—¿Estás seguro? —preguntó Jungkook tomándolo de la cintura mientras suspiraba en su cuello.

—Nunca había estado tan seguro de algo en mi vida —respondió besando su frente.

Jungkook sonrió y salió de su escondite. Tomó su mandíbula y besó sus labios, mientras bajó su mano hacia sus nalgas, jugó con ellas un momento y comenzó a preparar a su amado que necesitaba atención. Pasó su dedo por en medio llegando a su fruncida entrada que al toque reaccionó dejando escapar un gemido ronco.

En ese momento todo se nublo para el tatuado que lo tomó y puso sobre el piso, se acomodo entre sus piernas, con su mano masajeo la erección de su mejor amigo tomando el líquido preseminal que tenía en la punta de su glande. Con eso paso a la entrada punzante que requería atención introduciendo un dígito en ella, Jimin gimió retorciéndose bajo el toque de su amado, pronto fueron dos dígitos y su cuerpo pedía más con desesperación, cuando el tercer dedo ingreso Jungkook sentía que no aguantaba más al sentir como sus dedos eran devorados por Jimin.

—Estoy listo, por favor. Te quiero a ti —entre gemidos y palabras ahogadas se dirigió hacia su amado.

Jungkook saco sus dedos lentamente, bombeo su erección bajo la atenta mirada del chico que mordió su labio de forma lascivia. Se inclinó devorando sus labios, tomó su erección y se introdujo lentamente en él, siendo recibido por la suavidad de las paredes anales que lo apretaban deliciosamente como nunca había sentido en la vida.

Ambos sentían que todo por fin estaba correcto, se sintieron uno mismo, eran ellos siendo ellos sin prejuicios y sin ataduras.

Jimin se aferró a la espalda de Jungkook clavando sus uñas en él, gemían a un ritmo único, Jungkook comenzó a mover su cadera embistiendo a Jimin cada vez más profundo, y en su vientre sentía cómo daba atención a su palpitante erección. Poco a poco aceleraron sus movimientos abrazando cada segundo de placer que sentían, sus cuerpos eran como un volcán a punto de hacer erupción. Después de un par de estocadas en el punto precisó ambos explotaron tras un largo y ronco gemido que rozó sus gargantas.

—Te amo Jimin

—Yo tambien Te amo Jungkook

Hacer el amor frente a esa chimenea no fue solo un acto físico; fue una conversación sin palabras. Cada caricia de Jungkook era una promesa de protección; cada respuesta de Jimin era una entrega total de su verdad. No hubo prisa, solo la coreografía perfecta de dos almas que se conocían de memoria pero que apenas comenzaban a leerse en voz alta.

La luz del fuego bailaba sobre sus cuerpos entrelazados, proyectando sombras largas en las paredes de madera de la cabaña. En ese espacio pequeño, rodeados por el frío bosque de Seúl, el mundo exterior dejó de existir. Solo importaba el calor de sus pieles, el ritmo de sus respiraciones y la certeza de que, a partir de esa noche, nunca más tendrían que esconderse.


Horas más tarde, con el fuego reducido a brasas cálidas y los dos envueltos en una manta gruesa, el silencio era pacífico. Jimin estaba apoyado en el pecho de Jungkook, escuchando el latido constante de su corazón.

—Ella es una mujer increíble, ¿verdad? —dijo Jimin en voz baja, pensando en el sacrificio de quien se fue para que ellos pudieran quedarse.

—Lo es —asintió Jungkook, besando la coronilla de su cabeza— Nos dio el mundo entero en una sola noche.

Jimin sonrió, cerrando los ojos por fin con la mente en paz.

Afuera, la nieve seguía cayendo, borrando las huellas de quien se había ido y preparando el camino para los que, finalmente, estaban en casa.














Bueno mis estimadas una pequeñita historia por este dia del amor y la amistad 💞


Pasen un bonito dia y nos leemos proximamente en otra historia.