LOBO [TAEGI]

Sinopsis

Taehyung el campeón del club de lucha grecorromana, molesta constantemente al estudiante más listo de la facultad, Yoongi. Sin embargo, Yoongi, es atacado por un animal en el campus e inesperadamente comienza a cambiar... literalmente. Yoongi se vuelve más fuerte, más seguro, más deseado, y Taehyung ya no puede negar lo que siente.

Genero:
Romance
Autor/a:
Miki801
Estado:
Completado
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El aire en el laboratorio de ciencias siempre estaba saturado de ese olor penetrante a alcohol y a la humedad de las incubadoras. Para la mayoría de los estudiantes de cuarto año, era un aroma que disparaba el cortisol, pero para Min Yoongi, era el olor del orden. Mientras el profesor Park explicaba la cinética aplicada a las enzimas, Yoongi no solo tomaba notas; estaba tres pasos por delante en el manual de prácticas.

—...y aquí es donde la mayoría de los modelos fallan al predecir la saturación —decía el profesor, ajustándose las gafas mientras miraba a la clase con esperanza—. ¿Alguien puede decirme por qué la retroalimentación negativa es crucial en este punto del ensayo?

El resto de los alumnos evitaba el contacto visual, algunos fingiendo buscar algo en sus mochilas y otros, como el grupo de Taehyung al fondo, simplemente ignorando la existencia de la pizarra. Yoongi esperó tres segundos exactos por cortesía antes de levantar la mano.

—Es por el control homeostático, profesor —soltó sin necesidad de que le dieran el turno—. Si la enzima no se inhibiera por el exceso de producto, la célula desperdiciaría energía sintetizando metabolitos innecesarios que podrían volverse tóxicos por acumulación.

Park sonrió, asintiendo con entusiasmo.

— Exacto, Min. Impecable como siempre. Deberían tomar como ejemplo la dedicación de su compañero.

Yoongi bajó la mano y escuchó el suspiro exagerado de un chico a su izquierda y el sonido de una risa ahogada detrás de él. Sabía que no le caía bien a la mayoría. No era que fuera pedante por elección, es que simplemente no veía el sentido de fingir ignorancia solo para encajar. A él le gustaba la ciencia, le gustaba que las cosas tuvieran una explicación y, sobre todo, le gustaba ser el mejor en lo que hacía.

Ese estatus de estudiante favorito tenía un precio alto. Podía sentir una mirada clavada en su nuca. Era una mirada repleta de hostilidad, una mirada que conocía demasiado bien. No necesitaba voltear para saber que Kim Taehyung estaba allí, sentado con las piernas abiertas y los brazos cruzados, observando cómo el profesor Park le ponía una marca de excelencia en su bitácora.

Al terminar la clase, Yoongi comenzó a guardar sus pertenencias, sabiendo que el verdadero reto no estaba en el examen de cinética, sino en el pasillo que lo conducía a la salida.

El pasillo era un hervidero de gente, pero él sentía que se abría un vacío a su alrededor en cuanto cruzaba el umbral del laboratorio. Ajustó la correa de su mochila, sintiendo el peso del libro de química, y trató de caminar con paso firme hacia la salida.

No llegó ni a la mitad del corredor.

Una presencia se materializó a su izquierda. Antes de que pudiera reaccionar, un brazo pesado como una viga se apoyó sobre sus hombros, obligándolo a inclinarse por el peso. El olor a jabón y a sudor lo invadió al instante.

—Vaya, vaya... pero si es el genio de la clase. —La voz de Taehyung retumbó cerca de su oído, profunda, imitando una falsa camaradería, que hacía que se le erizara la piel. —Control homeostático, ¿eh, Min?

Taehyung lo empujó, llevándolo hacia la zona de los casilleros con facilidad. Yoongi intentó zafarse, peroel otro fue más rápido. En un movimiento, producto de las largas horas de práctica en el gimnasio, sujetó ambas muñecas de Yoongi con una sola mano y las alzó por encima de su cabeza, atrapándolo contra el metal frío del casillero.

—Suéltame, Taehyung —siseó Yoongi, aunque su pecho subía y bajaba con rapidez. Estar tan cerca de él era como estar parado frente a un radiador encendido. —Tienes entrenamiento, ¿no? Ve con los de tu especie.

Taehyung soltó un resoplido, acortando la distancia hasta que sus rodillas chocaron. La diferencia de tamaño era ridícula; Yoongi se sentía pequeño, frágil, pero sus ojos echaban chispas. El más alto bajó la mirada hacia el cuello de Yoongi, observando cómo la pulsación en su carótida era errática.

—¿Mi especie? ¿Te refieres a los hombres? —Taehyung apretó un poco más el agarre, disfrutando de la resistencia inútil de Yoongi—. Eres tan débil que me da miedo romperte. Mírate, ni siquiera puedes moverte.

Yoongi apretó los dientes. El contacto era invasivo, caliente y extrañamente íntimo. Podía sentir el muslo firme de Taehyung presionando contra el suyo y la forma en que el otro lo observaba, como si fuera un espécimen bajo un microscopio.

—Si tanta curiosidad tienes por mi resistencia física, podrías probar otra técnica —soltó Yoong —. Porque, por la forma en que me buscas cada vez que termina la clase, parece que te gusta demasiado frotarte contra tipos que no pueden defenderse. ¿Es eso, Taehyung? ¿La lucha no es suficiente para tus necesidades?

El rostro de Taehyung se endureció. El brillo de diversión en sus ojos se transformó en algo mucho más oscuro. Por un segundo, el silencio entre ellos fue tan pesado que Yoongi pensó que finalmente recibiría el golpe que siempre estaba provocando.

—Eres un imbécil, Min —masculló Taehyung.

Su voz ya no era burlona; era un gruñido bajo. De pronto, soltó las muñecas de Yoongi con la misma brusquedad con la que las había atrapado, pero no se alejó. Con la mano que le quedaba libre, tomó el vaso de cartón que descansaba sobre el casillero contiguo.

—Parece que tienes la cabeza demasiado caliente con tantas respuestas —dijo, recuperando esa sonrisa letal—. Vamos a ver si esto ayuda.

Sin darle tiempo a parpadear, Taehyung ladeó el vaso. Yoongi sintió el choque al instante; el café frío, cargado de azúcar pegajosa le cayó directamente sobre la frente, empapando su cabello y deslizándose en hilos oscuros por sus gafas hasta meterse debajo del cuello de su camisa.

Se quedó petrificado. A su alrededor, un par de chicos del equipo de lucha soltaron carcajadas mientras seguían a Taehyung, quien se alejaba por el pasillo sin mirar atrás, con los hombros anchos balanceándose.

—¡Hey! ¿Estás bien? —una mano se apoyó en su hombro.

Yoongi se quitó las gafas con dedos temblorosos, viendo a Hoseok aparecer frente a él. Hobi sacó rápidamente un fajo de pañuelos de papel de su mochila y empezó a limpiar el desastre en la cara de su amigo.

—Te lo he dicho mil vecesi —suspiró Hobi, frotando con cuidado la frente del otro—. Tienes que aprender a cerrar la boca. No puedes ganarles a tipos así. Un día de estos no será café, será un puñetazo que te mandará directo a urgencias.

—No voy a agachar la cabeza solo porque él sea un neandertal con exceso de testosterona —respondió Yoongi, aunque su voz sonó un poco quebrada.

—No es agachar la cabeza, es instinto de supervivencia —insistió Hobi mientras lo ayudaba a quitarse la mochila empapada—. Vámonos de aquí antes de que el azúcar se te pegue a la piel. De verdad, Yoongi... no sé qué tienes en la cabeza, pero no te estás ayudando nada.

Yoongi no respondió. Mientras caminaban hacia los baños, se limpió una gota de café que amenazaba con entrar en su ojo y miró hacia el final del pasillo, por donde Taehyung había desaparecido mientras sus propias manos seguían temblando.