Todo tiene un precio

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Sinopsis

En Ménika, las guerras no siempre empiezan con espadas… a veces comienzan con secretos. Delya ha crecido entre mentiras, dolor y miseria. Pero ahora, como espía al servicio de la Corte Ventus, su deber es proteger el delicado equilibrio entre reinos, aunque eso signifique convertirse en alguien que nadie debería llegar a conocer realmente. Cuando sus amigos son llevados injustamente a la cárcel más macabra y nuevas tensiones amenazan la estabilidad de Ménika; Delya se verá arrastrada a una red de intrigas políticas, secretos enterrados y seres peligrosos en los que deberá decidir si puede confiar. Entre ellos está el misterioso enmascarado, quien traerá preguntas que nadie parece dispuesto a responder… y verdades que podrían cambiarlo todo. Porque el pasado nunca desaparece del todo, solo espera el momento adecuado para reclamar lo que le pertenece. Y en un mundo donde confiar en alguien puede ser el error más letal y donde los secretos pueden arrasar territorios enteros, deberás decidir con quien forjas tu alianza. Porque todo tiene un precio.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
nuur_
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

- ¿Tan ocupado vas a estar que no podrás ni enviarme una mísera carta? – un mohín se forma en mis labios.

Eso es, sigue mirándome así. Sigue prestándome toda tu atención.

-Ya sabes cómo se pone mi padre, Delis – sus ojos de hielo puro me atraviesan por completo.

-Nada de distracciones durante las reuniones reales – añado imitando la voz de su padre. La voz del tirano rey de Glacies.

Víktor sonríe ante mi imitación. Rápidamente sus brazos están en mi cintura, acariciando la parte baja de mi espalda. Coloco las manos sobre su pecho, pasando los dedos distraídamente sobre el bordado de su pechera: el escudo de Glacies. Las costuras plateadas del copo de nieve con las dos afiladas y letales espadas cruzadas sobre él.

-Solo será una semana – susurra sobre mis labios.

-Lo sé – suspiro – Pero presiento que se me va a hacer muy larga.

Otra risita sensual abandona sus labios finos y rosados. Víktor Moen es la encarnación del invierno. De una belleza letal, su pelo rubio liso despeinado a propósito, la infinidad de pecas claras que adornan su nariz y mejillas, los ojos de hielo puro y letal y sus rasgos afilados harían sucumbir a cualquiera. El príncipe heredero de Glacies, la personificación del hielo abrasador.

-Intentaré convencerle para que vengas la próxima vez, o quizá durante Ietkan. Ya es hora de que mi familia conozca a la futura reina de Glacies.

El rubor cubre mis mejillas. Reina. De Glacies. Tengo que forzarme a sonreír como una boba para no vomitar. Ni en un millón de años sería la cara de una Corte vengativa, corrupta, asesina. Pero visitar Glacies en Ietkan… aunque solo fuera para husmear. Mantén a tus amigos cerca, dicen, pero a tus enemigos más.

-No sabes cuánto me gustaría.

Con eso, me pongo la túnica sobre los hombros y acompaño a mi encantador novio a la entrada de la Academia Dóvur. La majestuosa carroza tirada por Agaimes acaba de llegar. Los hermosos y fuertes caballos relinchan y mueven sus crines de nieve mientras un funcionario al que ya he visto varias veces se acerca a nosotros.

-Es la hora, príncipe – anuncia con voz grave.

Víktor asiente al hombre peliblanco de ojos marinos y le hace un ademán apenas perceptible con la cabeza para que se aleje un momento. Se gira hacia mí, sus manos pálidas acariciándome la mandíbula.

-Solo una semana – promete dándome un beso en la frente.

-Solo una semana – repito, buscando con mis labios los suyos.

El beso es suave, romántico. Es casi melancólico. Cuando nos separamos, me obligo a mostrar mis ojos llorosos. Créeme, eso es. Créete todo lo que te estoy mostrando.

Una ráfaga helada nos revuelve el pelo. La señal. Ahora o nunca. Me lanzo a sus brazos en su abrazo exageradamente desesperado y él me corresponde.

-Lo siento, lo siento – gimoteo fingiendo mi llanto.

Víktor me acuna con cariño, me acaricia la espalda con amor dedicándome palabras dulces. Ajeno a todo. Ni siquiera nota como le cambio rápidamente la carta que tenía en el bolsillo interior del abrigo por una distinta, pero con el mismo sobre y sello y consigo guardármela en la manga ancha de mi túnica, o, mejor dicho, la túnica que Marcus me ha dejado para la ocasión. El funcionario peliblanco está demasiado lejos para darse cuenta de lo que hago.

Poco a poco calmo mi falso llanto y me separo de los brazos del príncipe.

-Tengo que irme, Delis – sus ojos están cargados de dolor, ¿será cierto?

-Lo sé – suspiro dando un paso atrás para separarme más de él – Ve con cuidado cariño, nos vemos en una semana.

-Una semana. Prometido – asiente mientras se aleja en dirección al carruaje.

El funcionario lo ayuda a subir y cierra la puerta. Luego me dedica un leve asentimiento de cabeza al que respondo con una sonrisa triste. Desde la pequeña pero lujosa ventana, Víktor se despide con la mano. Me obligo a hacer lo mismo, pero con el brazo donde no tengo escondida la carta.

En cuanto los Agaimes se ponen en marcha, dejando bajo ellos una ristra de copos de nieve, me giro y subo la gran escalinata que conduce a la entrada de la Academia Dóvur con una gran sonrisa en el rostro.

Conseguido.

***

El calor del gran recibidor me abraza el cuerpo de inmediato. Pese a ser finales de otoño, las últimas horas de sol se están volviendo frías. Y a eso se le añade las lluvias otoñales que llegarán en cualquier momento y el tamaño monstruoso de este lugar. La calefacción funciona prácticamente todo el año.

La gran puerta caoba se cierra a mis espaldas y sella el ambiente cálido del recibidor gracias a la magia. Bendito don el del constructor de este edificio.

Paseo con normalidad frente a varios grupos de estudiante estirados en los sillones o jugando a algún juego de mesa. Al llegar al segundo piso, mi corazón late con fuerza de impaciencia y un pequeño pero molesto dolor punzante se instala en mis sienes. Giro a la izquierda y saco la llave de mi habitación del bolsillo. En ningún momento me he atrevido a sacar la carta de la manga, no sin estar segura de que absolutamente nadie me está mirando. El cerrojo cede ante mi llave y doy un paso dentro de mi habitación compartida.

Sentados cada uno en una cama, me esperan mis mellizos favoritos.

-Supongo que esa sonrisa de suficiencia es porque lo has conseguido – se burla Mel sin siquiera levantarse.

-Supones muy bien – mi sonrisa solo se ensancha.

Ya con la puerta cerrada y explicado mi despedida con el príncipe, saco la carta de la manga de mi túnica y dejo ambas sobre mi regazo.

- ¿Cuándo crees que se dará cuenta del cambiazo? – la voz ligeramente rasposa de Marcus llena la habitación mientras toma asiento a mi otro lado en la cama.

-Cuando ya sea demasiado tarde. Lleva con la carta guardada en el bolsillo desde hace varios días. Ni siquiera la ha abierto, está perfectamente sellada.

Con cuidado, Marcus utiliza su magia para levantar la carta y darle la vuelta. En el dorso se lee perfectamente el nombre de la famosa calle de Iustus: la Avenida de la Libertad y la Democracia, número 83, Consejo de las Cortes de Ménika.

Entonces hemos dado en el clavo. Sea lo que sea que diga esta carta, debe ser importante. No todos los días se reciben cartas del Consejo con un sello urgente. El destinatario: el mismo Ib Moen, soberano de Glacies.

Con un movimiento delicado, Marcus invoca una leve brisa de viento lo bastante fuerte como para abrir el sobre para no dejar huellas. Todavía no sabemos si devolveremos la carta, pero más vale no arriesgarse.

La misma brisa extrae la carta perfectamente doblada y con caligrafía impoluta. Ni una mancha de tinta, un borrón, nada. Pese a ser un mensaje urgente, está escrito con muchísimo sosiego.

A su majestad el rey Ib Moen de Glacies:

Majestad, temo que algunos consejeros de la Corte Vernum sospechen de nosotros. Pese a nuestra máxima y absoluta discreción, Dorkan, que cenó hace un par de noches con los consejeros de dicha Corte, fue interrogado por ellos. Querían saber si son ciertos los rumores de que nuestras tropas están entrando silenciosamente en Vernum. Dorkan lo negó todo y se ofendió inmensamente, pero esa misma noche se presentó en mi apartamento preguntándome qué hacer. Estamos intentando averiguar quién ha esparcido esos rumores y mantener las formas con todos los consejeros, pero necesitaríamos una confirmación más severa. Mostrarles a Vernum y las demás Cortes que están chifladas y que los rumores son solo eso, rumores.

Espero su respuesta mi absoluta majestad.

Atentamente,

Íkon.

-Joder – exclama Mel – Esto es peor de lo que creíamos, los rumores son ciertos entonces.

-Hijo de puta – añade Marcus – Parece que ha olvidado la miseria de la última guerra.

-O quiere recordarla a lo grande – digo con sorna.

- ¿Y por qué tenía Víktor esta carta? ¿No es un mensaje urgente para palacio? – inquiere Mel, su cabeza trabajando sin parar.

-El carruaje del cartero se averió en mitad del bosque Dóvur cuando iba camino al puerto de Maalis, así que se la entregó al príncipe. Eso me contó Víktor – explico.

-Deberíamos llevarla a casa de inmediato, Miranda tiene que enterarse cuanto antes – concluye Mel poniéndose de pie de un salto.

Marcus y yo nos quedamos en silencio. Hay que avisar cuanto antes a todas las Cortes de lo que sea que trame Ib Moen. Una invasión silenciosa a la Corte Vernum es una declaración de intenciones, de malas intenciones.

- ¿Y qué diremos cuando nos pregunten por cómo hemos conseguido la carta? – exclama Marcus – Papá y mamá saben lo que hacemos, pero la tía Miranda…

-Y cómo conseguiremos que nos crean. Tal vez tengamos que declarar ante la corte de Ventus, de Glacies, incluso delante del Consejo de las Cortes. Necesitamos un plan – añado.

- ¿No podemos hablar con Eckheart cuando venga mañana? Tal vez él pueda aconsejarnos – propone Mel.

El capitán de la guardia real de Ventus, el condecorado y respetado capitán Eckheart, podría ser una buena baza. Acude a la academia Dóvur una vez cada dos semanas para entrenarnos en privado. Para preparar a los sobrinos de la reina Miranda y a su amiga de pelo corto que ha jurado lealtad y servicio a Ventus a cambio de un buen saco de monedas y un mundo mejor, en la medida de lo posible. Mel, Marcus y yo somos una especie de espías obedientes a Ventus para evitar justo lo que parece inevitable: una nueva guerra en Ménika.

Mel está dando vueltas por la habitación. Pensando, elaborando un plan sólido. Sus ojos azul claro brillante viajan por todas partes.

Vamos a tener que pensar cómo actuar, cuándo. Acusar a un rey cómo Ib Moen de traición a Ménika y de invasión de otro territorio no es algo que tomarse a la ligera.

-Sabes que mamá jamás dudaría de nosotros, Mel, pero sigue siendo la consejera de la reina Miranda. Necesita pruebas fehacientes, sólidas. Tenemos que saber cuándo y cómo contarle sobre esta carta.

Las palabras de Marcus parecen calar en su hermana. Tiene razón, su madre tiene un título, una posición vital en el gobierno de la Corte Ventus, necesita respuestas y hechos.

-Necesitamos una confesión de Víktor – propongo poniéndome en pie – En dos semanas, cuando vuelva, lo haré confesar. Alguna cosa tiene que poder decirme.

-Es una buena idea – me respalda Mel – Mientras tanto, podemos probar suerte con algunos hijos de los nobles de Glacies y Vernum, ver que saben ambos lados.

-Ocúpate tú de ellos, Delya y yo nos encargaremos de las demás Cortes – sentencia Marcus.

-Y dentro de dos semanas, Víktor confesará. Os lo prometo.

Los preciosos ojos azules de los mellizos se clavan en los míos marrones. Una promesa. Un juramento. No vamos a permitir que estalle de nuevo la guerra, no después de la miseria que se vivió en la anterior. No después de haber crecido entre las penurias de la posguerra.