Pasión por fastidiarte

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Sinopsis

Pasión por fastidiarte, porque algunas melodías empiezan desafinadas. Izzie Lodge solo tiene una regla: No involucrarse en problemas. Sin embargo, Madelaine Donson, una estudiante nueva que parece ser una profesional en meterse en líos, llega a desafiarla. Una discusión, un accidente, causa que ambas queden castigadas, obligadas a convivir por todo un mes, de lo contrario Lodge podría quedarse sin una beca, y Madelaine sería expulsada por una tercera vez. Sin tener otra alternativa, quedan en una guerra silenciosa de indirectas, y fastidios diarios, compitiendo en quién es la mejor para cualquier mínima cosa. Pero la escuela, Recharte, no solo es una institución estricta o prestigiosa, sino, también es el lugar donde los rumores llegan más rápido que las mismas acciones.

Genero:
Romance
Autor/a:
Asher M.G
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

Capítulo 1

Madelaine Donson

Llegar a esta nueva ciudad es como estar en un lugar silencioso por completo, donde es más lento y aburrido. Nueva York me tenía acostumbrada al ruido constante, ya empiezo a extrañar al caos. Aquí hasta mis pasos resuenan con claridad. Esta mañana me levanté temprano, es mi primer día de clases, y creí que habría bulla por los buses, fue lo contrario, su silencio permanecía tal cual.

Bromeé a mi madre diciéndole que nos ha traído a una ciudad del mal con mafiosos escondidos. Me mandó a callar. A papá también le dio gracia, aunque no tardó en ponerse serio ante la mirada de mi mamá.

Me quedé observando las calles misteriosas, en las fotos no se veían así, o quizás sea por el día nublado… O una estafa. Lo que no puedo negar es que los parques están bellísimos y limpios… Es notable lo mucho que cuidan lo suyo. El césped verde, casi brillante, parece que lo regaban a diario. Un punto importante, al parecer están obsesionados por mantener a la perfección los parques.

Suspiro dejando que mi mirada vagara por última vez antes de que el auto se detuviera frente a la enorme escuela. Recharte High School. Sigo sin saber el significado del nombre, aunque me tomé el tiempo de investigar, no lo hallé.

Cuando bajo del auto de mis padres, algunos alumnos que están parados en la entrada no tardaron en mirarme con curiosidad y susurrarse entre ellos. Trato de ignorarlos, a la vez, apresurando mis pasos hacia la famosa escuela. Mis padres se han dedicado a hablarme maravillas de este instituto por las buenas recomendaciones que tiene. Recharte no está mal, aunque no hay nada del otro mundo.

Lo que me impresiona son las miradas de los demás, no disimulan, por ellos fuera ya estarían encima de mí. Qué incómodo, las ganas de regresarme y perseguir el auto me están consumiendo.

—¿Eres nueva, cierto? —escucho una voz femenina que me saca de mis pensamientos. Me paro en seco y giro hacia una linda castaña de ojos marrones, con unas notables pecas en sus mejillas. Lleva el uniforme de la escuela, un detalle que no había notado antes: usan camisas negras en lugar de las blancas, lo cual es inusual —Sí, tenemos blusas iguales —suelta una risita queriendo romper la incomodidad.

—Oh, sí, lo siento, aún estoy perdida con los cambios. Ahora que mencionas las blusas, me sorprende ver camisas negras en una escuela. Debo admitir que el negro y el rojo combinan bien —añadí observando los pasillos, solo hay detalles de los dos colores anteriores y del dorado.

—Lo mismo pensé. Un gusto, soy Aria Hale —se presenta estirando su mano. No dudé en estrecharla.

—Madelaine Donson, puedes llamarme Mads —ella asiente sonriendo con simpatía —Si no se te hace de molestia, ¿crees que puedas explicarme de tu escuela? Hablarme de sus alumnos o sus profesores. No quiero cometer alguna estupidez el primer día.

—Por supuesto —se fija en su reloj que rodeaba su muñeca. Alzo ambas cejas al reconocer la calidad de aquel objeto, el brillo que me hace doler mis ojos me lo afirman —Tenemos quince minutos antes que empiecen las clases.

Aria sonríe empezando a caminar a mi lado, guiándome entre los pasillos con varios estudiantes que no me quitaban la mirada de encima.

—Aquí no son nada disimulados, ¿cierto?

—Te acostumbras rápido —lo dice con sencillez —. La escuela a veces se pasa de exagerada con sus reglas y su prestigio, hay muchos beneficios, y lugares geniales —comenta con una pisca de emoción —En un lugar como este, necesitas tener amigos rápidamente.

—¿Tú los tienes?

—Sí… —desvía su mirada —Luego te los presento, no somos tan unidos la verdad, pero la compañía es suficiente para… —pensó en una palabra, y por sus gestos puedo deducir que ninguna de sus opciones es buena.

—Para sobrevivir, lo entiendo.

—No es la palabra más acertada, tampoco es una cárcel —suelta una risita suave, tranquilizando sus nervios, dudo que sea por el tema de conversación, sino porque no quito mi mirada atenta de ella. La conozco hace cinco minutos, y ya me estoy aprendiendo sus gestos —Bueno, lo primero que debes de saber es que aquí hay gente muy competitiva, académica y deportivamente. No solo los estudiantes, la escuela en sí es competitiva. Te podrás dar cuenta al ver el pasillo con los trofeos o medallas.

—Está bien —asiento entusiasmada, sabiendo que no resalto en ninguna materia, aunque sí podría. Di un respingo al recordar la duda que no me ha dejado dormir, ella se percató que quería decir algo y propuso su atención en mí —¿Qué significa Recharte?

Eleva una sonrisa como si se esperaba esa pregunta exacta.

—Es fácil —dice —”Recharte” es un acrónimo, es decir, cada letra representa un valor fundamental para nuestra escuela: Resistencia, Excelencia, Claridad, Honor, Autonomía, Respeto, Tolerancia, Esfuerzo.

—¿Por qué me suena como si exigieran perfección?

—En pocas palabras lo hacen. Aquí toman muy en serio esos valores, la directiva se esfuerza por inculcarnos en cada cosa que hagamos, desde nuestras clases normales hasta en las actividades extracurriculares.

Siento que es una excusa para exigirles un poco más.

—¿Entonces no importa en qué actividad sea buena?

—Con tal que sea legal y admirable, ellos estarán felices —finaliza deteniendo su paso al frente de un mural mediano donde grandemente decía: “Alumnos destacados” con sus respectivas fotografías y nombres completos.

En el primer cuadro tenía el nombre de “Vanessa Adams”, que era la única en tener más de cinco estrellas acumuladas. Porque debajo aparecía otra estudiante, “Izzie Lodge”, con tres estrellas. Lodge era la única que usaba el uniforme de básquet, a diferencia de los demás, usando el uniforme completo.

Te encontré.

Ya sé de quién debo estar alejada.

—¿Puedes hablarme de ellas?

Aria sigue la dirección que le indico con mi mano, y noto que sonríe, mientras acepta con su cabeza.

—Izzie Lodge, la capitana del equipo femenino de básquet. Ella no es de aquí, llegó a este país el año pasado —alzo ambas cejas con sorpresa —Es fabulosa. ¿Sabes? Mejor te pasaré la página de chismes del instituto, hay un montón de información de ella allí —lo menciona muy emocionada, sacando su teléfono.

—¿La escuela lo permite?

—Oh, no, no. La institución tiene su propia página oficial, la que supongo conoces —asentí —Bien. La sobrina del director con otro estudiante crearon una de chismes, publican sobre Izzie, Sam y los demás grupos deportivos —enumera con sus dedos —Publican encuestas, rumores, hasta confesiones anónimas. Ahí encuentras la biografía de la mayoría de los estudiantes.

—Si solo hablan de los deportistas, paso. No quiero perder mi tiempo leyendo: “Estos son los chicos más populares” y encontrar las mismas caras —por el gesto de Aria, confirmo que, sí hay post así —No sé, ¿no hablan de algo más?

Me giro hacia el mural, otra vez, está más interesante que aquella página.

—No siempre hablan de los mismos.

—Júramelo —ironizo.

—Ah, claro, también querías saber de Vanessa, ¿verdad? —apunta a la castaña con sonrisa tímida. Recién me percato que lleva un libro en sus manos.

—¿Cómo hizo para conseguir cinco estrellas? —cuestiono entrecerrando mis ojos.

—¿Cinco? —suelta una risa burlona —Tiene más, el doble. Ha sacado el primer lugar tres años seguidos, y no hablo del salón, sino del grado en general.

—No me digas que está encerrada en la biblioteca.

—Claro que no —se ríe de mí, y me vuelve a jalar por el pasillo —Ella es parte del equipo de básquet también. Aunque la página no habla tanto de ella.

—Porque es la única con cerebro —se me escapa, y al segundo me arrepentí.

—Veo que tienes algo en contra con los equipos… —me mira de reojo por un instante.

—No, no.

—Tranquila, no serías la única —lo dice calmada —Creo que debería enseñarte a quienes no acercarte —debía continuar, aunque se detiene al observar a varios grupos susurrando. Uno de ellos levanta el móvil, señalando su pantalla.

Aria ingresa a la página, pero no entendí nada, el gesto de ella me hacía confundir aún más.

—¿Qué ocurrió?

—Oh, perdón, creí que no te interesaría su contenido —su reacción me vacila, estuve a punto decir otro comentario fuera de lugar, sin embargo, en esta ocasión quería saber qué pasa.

—Le daré una oportunidad.

Alza su cabeza, mirándome con desconfianza.

—Hicieron una lista de chicas según su belleza —fruncí el ceño, ¿qué porquería es esa? —Va a ver problemas —asegura en un susurro.

Abrí la boca, y fue cerrado en ese instante ante un ruido proveniente de un salón. Me paro de puntas logrando ver una cabellera rubia, se oía su voz, aun así, no logro entenderla, lo único evidente era que está enojada.

—¿Esa chica está en lista? —murmuro hacia Aria.

Hace un gesto pidiendo que la espere, y me la quedo mirando extraña por cómo se acerca a aquel salón. Apenas asoma su cabeza hacia la ventana, se regresa corriendo, casi tropezando conmigo.

—Lucía Miller —menciona espantada.

—¿Quién es Lucía Miller, y por qué no rompe la computadora de una vez?

—No te estés burlando, menos de ella, es muy peligrosa —responde tajante.

La manera en que enfatiza la palabra “peligrosa” me asusta más que la misma palabra.

—Si es tan peligrosa cómo dices, por qué la pusieron en la estúpida lista.

—Ella no está ahí —me da su teléfono, señalando de nombres.

Izzie Lodge en primer lugar. No me esperaba menos.

Madison Wilde en segundo lugar. No la conozco.

Seguí leyendo los nombres de las desconocidas, y me detuve en el penúltimo lugar: Vanessa Adams. No comprendo.

—¿Esto se trata de envidia por tener cerebro o qué?

De repente, la página parece actualizarse, y aquella estúpida lista desapareció.

—Lo borraron —me golpea mi antebrazo, antes de arrebatarme su celular, y obligarme a ver unos afiches de la pared. Unos pasos se oyen cerca, y aunque Aria no me deja voltear a mirar, sabía que se trata de la rubia enojada —Te digo que esta obra es muy buena, deberíamos ir a verla.

Sus pasos se oyeron detrás de nosotras, casi al instante desaparecieron rápido.

—¿Y si vamos a ver la obra? —me burlo.

—Sí, bien, ya conociste a uno de los ángeles negros—ahora mismo debo estar con una cara de no entender un carajo —No es broma cuando te digo que no debes meterte con ella.

Advierte manteniendo su semblante tenso. Esto es confuso, ¿por qué le tendría miedo a una persona que no es importante en la escuela? Me refiero, a que esté dentro del círculo tonto de los “populares”.

Según sé que todos los favoritos siempre andan en un solo grupo.

—Explícame, me he perdido en el tema.

Sus dedos toman mi muñeca con fuerza, y me dirige por los pasillos, intento grabarme los nombres de los salones, solo que el paso rápido de Aria me complicaba.

—Primero te presentaré a unos amigos —asentí observando la cafetería, enorme, espaciosa y linda. Tiene segundo piso. No tenía idea. En internet no me apareció esa zona.

Era extraño esta sensación de ser observada, no era nuevo para mí, conocía bien esta situación, aunque el ambiente sí es diferente.

Dos chicos, los que supuse que son los amigos, se nos quedan viendo con una mueca amistosa. El pelinegro que sostenía una hermosa guitarra azul se levanta de su asiento para saludarnos con un beso en la mejilla. Allí noto que sus ojos son ligeramente rasgados.

—Álvaro Marin —se presenta, inclinando un poco su cabeza.

—Madelaine Donson.

—Alex M… Solo Alex —añade el otro chico desde su lugar, sin levantar tanto la vista. Lleva puesto una gorra negra de lana que cubre parte de su cabello desordenado, además parece estar entretenido con un lápiz que gira entre sus dedos.

Álvaro suelta una pequeña risa, y con un gesto despreocupado, rodea la mesa para sentarse con Alex.

—Así pueden estar juntas —comenta señalando los asientos que acaba de abandonar.

¿A qué viene tanta amabilidad?

Unos cuantos segundos me hizo afirmar que realmente ellos no son unidos. No hay comunicación en esta mesa, solo intercambian miradas.

Me sentí obligada a soltar cualquier cosa.

Carraspeo mi garganta llamando la atención de los chicos, y coloco mis codos sobre la mesa.

—¿Quiénes son los ángeles negros? ¿Y por qué uno de ellos es muy peligrosa?

Alex golpea la goma de su lápiz contra el papel de su libreta, como si estuviera pensando en su respuesta.

—Un grupo de tres niños engreídos.

—No, no es así —contradice Álvaro —Es decir, sí. El conflicto va más allá. Es mejor evitarlos, y no hablar de ellos.

No está ayudando.

—Díselo de una vez —pide el de gorra perdiendo la paciencia.

—Escucha, supongo que no has oído sobre la familia Miller —Aria interviene, baja un poco el tono de voz, así la cafetería esté casi vacía.

—No…

—Lucía Miller viene de una familia peligrosa, nadie le teme por su genio, sino por el poder de afuera. Aparte, con el montón de dinero que tiene, puede hacer lo que ella quiere. No es broma, no te acerques a ella por nada en el mundo —enfatiza cada palabra muy cerca a mi rostro, manteniendo sus ojos bien abiertos.

Mejor me tragaré mis comentarios inapropiados.

¿Qué tal si están exagerando?

Los rumores corren rápido, pero cada vez es peor la historia.

—De acuerdo —murmuro a centímetros de ella —¿Y qué me dices de los otros dos?

—¿Y si se alejan un poco? Parece que van a besarse en cualquier momento.

Ese comentario tonto hizo que la tensión del tema desapareciera enseguida. Aria pide perdón enterrando su cara en sus manos, avergonzada. Reí restándole importancia.

—Mientras que ella se va recuperando, yo te explico esa parte —añade Alex cerrando su libreta —Los tres son conocidos como: “Los ángeles negros”. Esteban no da miedo, es el único que convive normal con los demás. Fabio Johnson es un amargado y narcisista, igual que Lucía, detestan estar aquí. De hecho, es raro verlos en otro lugar que no sean en las clases.

—Y cuando aparecen… Es porque algo planean hacer.

En mi cabeza intentaba darles un aspecto rudo, de niños malos, y me terminaba dando risa. Una risa que nunca salió por la gran seriedad de las personas que tengo al frente.

—Cuando dices que planean algo, te refieres a que ellos son los bullies de la escuela —finalizo el show por nada.

—No, no te lo tomes a la ligera —Aria está a punto de perder la paciencia, ella quería continuar con su explicación, en cambio, la llegada de más estudiantes se lo impiden, llegan en grandes grupos, llenando el espacio entre conversaciones y risas, se desplazan hacia las diferentes mesas.

Sin embargo, una mesa larga en el medio permanecía vacía. A pesar de que varias personas pasan cerca, nadie intenta ocuparla. Y ya entendía el porqué.

Uno a uno, los chicos de los equipos deportivos comienzan a aparecer, todos con sus uniformes del día, y se dirigen directamente hacia esa mesa, como si fuera un lugar reservado para ellos.

Hasta aquí sentí el olor del egocentrismo, y a tontos.

Golpeo despacio el hombro a Aria, queriendo hacerle una pregunta rápida.

—¿Quién de todos ellos son las chicas del mural?

Su sonrisa amigable vuelve a aparecer, y pasa su vista entre todas las chicas cerca que seguían acomodándose en sus lugares. Chasquea sus dedos, y disimuladamente apunta en la entrada.

—La que va entrando es Vanessa Adams.

No fue complicado encontrarla, leía un libro mientras seguía su camino, era la única que está bien uniformada. Un chico moreno con cabello gris la toma de sus hombros evitando que choque con otro de sus compañeros.

—¿Nunca deja de estudiar o qué? —susurro —¿No tiene vida social?

—Claro que sí —se ríe de mi reacción —No está estudiando, está leyendo romance.

—¿Cómo sabes? —fruncí el ceño.

—Si leyeras la página, lo sabrías —rodé mis ojos —¿Si viste al chico que la sostuvo hace un momento? Es Erick, están saliendo ya un buen tiempo.

—Ah, son novios —comprendo.

—Sí, creo. Porque han estado saliendo hace más de un año —dice con tono casual mientras yo sigo escuchando atentamente.

Aria se sobresalta y me agarra del brazo con tanta rapidez que me toma desprevenida, sin poder evitar soltar un pequeño grito ahogado.

—¿Qué pasa?

—Es ella. Izzie Lodge con Sam Hastings —giro la cabeza hacia donde señala, y entonces la veo, la famosa capitana según la página.

Sus ojos marrones, grandes y relucientes, parecen los de alguien inocente, casi tierna, pero a mí no me engaña. Ella tiene esa apariencia que podría engañar a cualquiera. Su cabello negro liso, recogido por una coleta alta. En su cuello le rodea una pañoleta roja con negro, sumándole a su “estilo”. Y como no, la chaqueta del equipo que en grande decía su nombre, con el logo de la pelota de baloncesto. En sí, sus vestimentas tienen más cosas agregadas que a esta distancia no puedo distinguirlas bien.

Casi me olvido, ella tenía de la mano a un chico alto, quien supongo es su novio. Su cabello castaño claro, peinado en ese estilo de “librito”, tan ridículo. Tiene ese gesto de confiado, que solo alguien que nunca ha tenido un mal día puede obtener.

—¿Y qué tal te parece?

—Como me lo esperaba —respondo, con un tono más frío del que pretendía.

Ambos se ven muy perfectos para ser real.

—Dale una oportunidad. Y no seas como Alex.

Lo miro, esperando alguna reacción, lo cual solo eleva sus hombros sin interés.

Pues, así se nota cuánto le agrada.

—¿Por qué la quieres tanto?

Mi tono sarcástico parece divertirlo, porque sonríe y se acomoda en su asiento. Ese gesto es una señal clara: piensa responder.

—Siempre quiere ser la protagonista en todo. Y su amabilidad falsa me da dolor de cabeza, al igual que la estúpida página que solo habla de ella.

Alzo mis cejas con sorpresa, mínimo no soy la única persona que piensa igual.

—Les recomendaría que sean más discretos al hablar de ese tema. En este lugar hasta las mesas tienen orejas —advierte Álvaro en un murmullo.

—A mí me da igual —responde el chico de mala manera. Me da gracia su desinterés —. La clase está por empezar, vámonos antes de que…

La campana lo calla, y este suelta una maldición por lo bajo al ver cómo los grupos grandes de estudiantes se levantan casi al mismo tiempo. Por la prisa en la que van, todos parecen querer salir al mismo instante, haciendo que el acceso quede atascado.

—A la próxima avisa un minuto antes —bromeo.

Antes de que pueda decir algo más, Aria vuelve a jalarme del brazo, apresurada. Me sorprende con la firmeza de su agarre mientras me lleva hacia un lado, lejos de sus amigos.

—Ni se te ocurra hacerle caso a Alex. Tampoco demuestres que apoyas sus ideas, pueden meterse en problemas —me dice en voz baja.

—¿A quién le tienes miedo? —cuestiono. Su actitud precavida, casi paranoica, empieza a irritarme un poco.

—Eres nueva aquí, no sabes cómo ellos puedan reaccionar. Si no te agradan, perfecto, ignóralos y sé perfil bajo.

—Que sea nueva no significa que no sepa defenderme.

—No se trata de defenderse —hace una pausa, negando con su cabeza —. Estás juzgando antes de tiempo —en su voz hay una mezcla entre decepción y cansancio, que me deja en silencio.

Siento que sí sigo dándole la contra, será peor, y se alargará más de lo necesario, así que decido asentir, aunque en el fondo no estoy convencida.

—Te haré caso, de acuerdo —lo digo al notar que está al borde de perder la paciencia.

Suelta un largo suspiro un poco exagerado, luego, su rostro se suaviza y esboza una pequeña sonrisa.

—Bien, te llevaré a tu clase. Tienes el folder para indicarte tu salón.

Comienzo a rebuscar entre los papeles con rapidez, buscando la maldita copia que me dio mi madre. Me dijo que sacara tres copias, por si acaso, porque siempre me olvido de todo. Al final, logro encontrarla entre un montón de hojas, justo cuando ya pensaba que la había perdido.

—Aquí está. ¿Me explicas por qué tenemos hasta color seleccionado? Y por qué en algunas materias hay números.

—Oh, estamos en la misma sección, “B” naranja—aquella noticia me da gran alivio —Los colores es por si hay alguna competencia, ya sabemos cómo identificarnos.

—Entiendo… ¿Y los números?

—No todas las clases te tocarán con tu sección —explica elevando la comisura de su labio al notar mi gesto de sufrimiento —Habrá clases mezcladas como matemáticas o historia, en las que los grupos no seguirán la misma organización por secciones. A esas las identifican con los números 101, 102, etc.

—Me estás diciendo que ponen secciones por las puras.

—Es por la interacción. Así los estudiantes tienen la oportunidad de conocerse entre todos —me sostiene del brazo sacándome de la cafetería —. No pareces de los que necesitan beca, ¿me equivoco?

Frunzo el ceño, sin entender a qué viene la insinuación, y le lanzo una mirada curiosa.

—¿Por qué lo dices?

Aria se encoge de hombros, como si fuera obvio, y sus ojos recorren la multitud que sigue en el pasillo mientras caminamos.

—Porque no estás en la sección “D” o más conocida como: “Salón especial”. Es el salón de los becados.

—No sé si sea idea loca mía, pero eso sonó un poco clasista.

Ella no parece verse ofendida, solo pensativa.

—Puede ser. En todo caso, la institución lo sería.

—¿Y tus padres sí tienen una buena economía?

Aria me mira de reojo, su expresión relajada con una chispa de algo que no logro descifrar.

—Mis madres, y sí, lo tienen —responde con sencillez. No hay orgullo ni arrogancia en su tono, simplemente es un hecho.

—Espera ahí, creí que venías de una familia heterosexual —bromeo soltando una risa ligera mientras me siento algo incómoda por mi propio comentario.

Aria no parece afectada, ni sorprendida, solo sonríe con diversión.

—Siendo sincera, me esperaba preguntas tontas, por lo extraño que les parece a los demás.

—Es mejor que deje de decir comentarios sin sentido. ¿Has sobrellevado a muchos tontos?

—Lo tienen como un tema supernuevo, para mí no lo es, realmente, y es incómodo explicarlo. Es mi vida, es lo que es. No tiene por qué ser raro. La gente lo hace ver raro solo por no entenderlo. Al final… ¿Qué más da?

Quizá por esa razón no socializa con más personas, no lo sé, la gente es estúpida a veces.

En cierta forma, admiro su capacidad para no darle importancia a los comentarios ajenos.

—¿No te cansas? —pregunto un poco preocupada —La gente se mete en lo que no le importa, es mejor ignorarlos.

—Me acostumbré. Mis mamás me cambiaron a esta escuela por ese mismo motivo, digamos que esta institución está en contra de los estereotipos, realmente se esfuerzan por crear un ambiente inclusivo. Aunque claro, no faltan algunos comentarios extraños, pero es algo inevitable que suceda.

Aria hace una pausa, sus ojos se desvían hacia el pasillo, como si algo en el ambiente la hubiera distraído.

—¿Me esperas un segundo? —pregunta mientras empieza a caminar en dirección al baño

Esa actitud me hace pensar que tal vez, aunque no lo diga, esos comentarios raros sí le afectan. Y lo que más me impresiona es cómo lo maneja, como si tuviera todo bajo control. Sonríe, y esa sonrisa, aunque sea pequeña, refleja una calma que a veces me gustaría tener.

Me percato que mi mochila está abierta, y me apresuro a juntar las cosas antes de que Aria regrese, pero en mi prisa, algo se resbala de mis manos. Me agacho a recogerlo, y al girarme, me choco con algo. Corrección, con alguien.

—Carajo —exclamo, casi tropezando por el impacto.

Me estabilizo gracias a la misma persona que me sostuvo a tiempo.

Cuando me enderezo, me doy cuenta de que estoy frente a Vanessa Adams. Agacho mi mirada encontrando su libro también en el suelo, me agacho enseguida a recogerlo, “la nueva generación” decía el título.

—Oh, lo siento muchísimo —murmura, con una suavidad en la voz que no me esperaba, mientras me sostiene por los hombros para evitar que me caiga.

—No pasa nada, no te preocupes.

La veo jalar la manga de su chaqueta, cubriendo sus dedos rápidamente, antes de que pueda procesarlo, se acerca a mi rostro. Sus ojos siguen cada movimiento, y me congelo cuando noto que está limpiando algo cerca de la comisura de mi labio.

¿SANGRE?

¿TAN FUERTE ME GOLPEÓ?

Sin poder pronunciar ninguna palabra, Vanessa parece darse cuenta de lo que está haciendo, y su rostro se tensa.

—Lo siento, no quería asustarte.

—Solo dime que ya no estoy sangrando —farfullo empezando a sentir un ardor —Lo tomaré como una bienvenida.

—Perdón por tan mala bienvenida —esta actitud se me hacía tan extraña, teniendo en cuenta su círculo cercano.

Confirmo, es la única rescatable.

El agrado que me había provocado esta chica simpática, está siendo arrebatado por una mala sensación, un mal presentimiento comienza a formarse dentro de mí, que no sé de dónde viene. La parte de mi cuello me quema, y ese ardor crecía hasta mi oreja, como si alguien estuviera maldiciéndome en su cabeza.

Me inquieta no saber de dónde proviene.

Un carraspeo interrumpe el momento, y al girarme, me encuentro con Izzie Lodge. No me sorprende en lo más mínimo; debí suponerlo.

—¿Interrumpo? —levanta una ceja, avanzando un paso más.

Aquella mirada que me lanza esa tipa no me gusta, parece que está analizándome de pie a cabeza. Esa actitud tan… examinadora me hace sentir vulnerable, como si estuviera a la defensiva sin razón alguna.

—Sí.

Izzie no parece molesta, pero su sonrisa se estira un poco, como si no estuviera segura de tomárselo como una confirmación o una actitud desinteresada.

—No veo que estén muy ocupadas.

—¿Entonces por qué preguntas? —Aparte de ciega, tonta. No puedo evitar añadir la última parte en mi mente, y me doy cuenta de que ya no me importa mucho disimular lo que siento.

Mi tono es más cortante de lo que debería ser.

—¿Ocurrió algo? —llega Aria pasando sus manos húmedas por su cabello. Cuando me mira abre sus ojos, asustada —¿Por qué estás sangrando?

Mierda.

—¿Te ha hecho algo? ¿Te lastimó? —le pregunta Izzie a Vanessa, y yo la miré indignada.

—¿Qué sí le hice algo? —enfatizo, alzando más la voz —¿Si me estás viendo? —señalo la zona que me ardía aún peor.

—Disculpa, a ti no te pregunté —curva sus labios con falsedad.

El golpe a mi orgullo es tan directo que casi me quedo sin palabras. Mi boca se abre, tratando de encontrar una respuesta, pero las palabras no salen. Aria me lo impide, porque continúa curando mi herida.

—No, no. Fue mi culpa, la golpeé con mi libro sin querer —explica Vanessa en voz baja, su tono tranquilo intentando aliviar el mal momento. Sin embargo, parece incómoda, como si no quisiera ser parte de este lío. —¿No deberías estar en clases?

—Te buscaba para avisarte que el entrenamiento empezará en quince minutos. Los profesores ya nos han dado permiso.

A Vanessa no le gusta la noticia, hace una mueca que deja claro que no está muy emocionada con la idea de ir.

—Tengo clases de matemáticas, quiero asistir.

—No puedes faltar al entrenamiento, Ness.

—Y tú no puedes obligarla a asistir, déjala ir a sus clases —me metí en lo que no me importa.

—No es tu tema de conversación.

—Discúlpenla —Aria me sostiene de la cintura, y me obliga a retroceder, aun así no me impedía escuchar.

—Hablaré con la entrenadora, no voy a perder clases.

—Ella lo sabe, aun así es necesario que vayas.

—Si tan solo tuvieras las mismas ganas de estudiar que las de ella —murmuro bajo, de todas formas Izzie me escucha, y su mirada se clava sobre mí.

—Aria, deberías escoger mejor a tus amistades. Y no juntarte con las personas que se meten en las vidas ajenas.

—Tú lo estás haciendo ahora mismo, si es que no sabes —mi voz es ácida, y por poco doy un paso adelante, sin embargo, Aria me impide avanzar—Tu amiga quiere estudiar, aprende de ella.

—Fue suficiente, nos vamos ya —habla Aria, tomándome de los brazos y dirigiéndome hacia el salón. Su mirada fría de Izzie me seguía, sí la hice enojar, mientras tanto Vanessa apretaba sus labios con incomodidad observando todo en silencio.

¡La chica solo quiere estar en sus clases!

—Primer día de clases, y ya te quieres tirar encima de Lodge —la voz de Alex resuena por mis espaldas, me giro a buscarlo con la mirada, y lo encuentro apoyado sobre una carpeta, con ambos brazos cruzados.

—Ella empezó —digo tirando mi mochila a la mesa de su lado.

—Estás mal de la cabeza —repite Aria varias veces dirigiéndose a su lugar —No sé cómo sobrevives con esa actitud —suspira dejando caer su mentón sobre la palma de su mano.

—Con talento y carisma, evidentemente —Alex me gana al contestar, su tono irónico causa que Aria le lance una mirada de advertencia.

—¿Desde cuándo llamamos así a la capacidad de buscar problemas?

—Desde ahora —digo dejándome caer en la silla, manteniendo mi descaro con firmeza —Además, alguien tiene que decirle lo que varios piensan, pero no tienen la valentía de hacerlo en su cara.

—Y tenías que ser tú…

—Pues el mundo necesita héroes —bromeo, disfrutando su poca paciencia.

—Oh, heroína, lamento avisarte que ya te ganaron el puesto —me da palmaditas en mi brazo, fingiendo su tristeza —Y ni te atrevas a hacer algo.

—Ah, en eso apoyo a Aria. Es mejor que dejes a la otra persona quien gaste la paciencia de Lodge —moví mi cabeza de lado a lado sin entender por qué hablaron con tanto cuidado mirando toda el aula —¿Si recuerdas de quién hablamos en la cafetería? —susurra, agachado su rostro hacia nosotras.

—Oh —asentí. Si hasta Alex tiene esta reacción, es mejor obedecer.

En ese mismo momento el ambiente cambia, como una intranquilidad apoderándose del espacio. Mi vista es arrastrada hacia la puerta donde una chica apenas llegaba, sus ojos grises se plantaron sobre mí, ocasionando una mala sensación. Su mirada realmente me da miedo.

Allí no tardo en comprender que ella es Lucía Miller. Su rostro pálido y tenso no hacía otro gesto más que quemarme con la mirada. Una de sus manos aprieta con fuerza la orilla de su chaqueta de cuero, pareciese que trata de aguantar su enojo.

¿Tan temprano y enojada princesa?

Con solo observar su cabello rubio, perfectamente arreglado, y la manera tan peculiar de vestirse, es claro que el estilo sí es parte de ella.

Qué sorpresa, es la única en vestirse cómo quiere. En las reglas dice claro que el uniforme se respeta, y si se toma uso de ello, debe hacerlo correctamente. Al parecer, a ella no le importa.

Aunque, lo que no comprendo es por qué me miró tan mal. Esa mujer espanta hasta a un pájaro con esos ojos tan penetrantes.

Atrás de ella, venía un chico moreno bastante animado saludando a varios del salón, sus ojos mieles brillan de una manera tan… extraña. El cabello me gusta, negro de un lado y del otro, teñido de blanco. Genial. Su sonrisa es amplia, reluce felicidad.

Sin embargo, su actitud no me cuadra. A Lucía le temen porque dicen que es peligrosa, y según, Esteban es lo contrario, ¿no?

¿Por qué alguien aparentemente “tan dulce” se juntaría con una persona peligrosa?

Seré loca, pero ese chico no es lo que aparenta, podría jurarlo.

—Ya conoces a dos de los ángeles —susurra Aria lo más bajo posible.

Ahora entiendo el apodo.

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Mentiría si digo que la presencia de aquel demonio o ángel no importaba, por más que uno no la está mirando, se sabe que ella está ahí por el ambiente pesado. Por desgracia estamos en el mismo salón, y fue complicado prestar atención a las dos primeras clases teniéndola atrás matándome por la espalda.

Ahora me toca mi primera clase mezclada, y estoy rogando para que no aparezca, lo peor es que no tengo a Aria de compañía. Lo mejor que pudo hacer fue dejarme en el aula con un libro de matemáticas, porque sí, me toca la mejor materia que pudieron crear.

Saco unas tres copias que me dieron en dirección, son algunos temas que han enseñado el año pasado, y me sugirieron que repasara. Por el tono en que me explicaron creí que sería difícil, sin embargo, está sencillo.

En la primera hoja hay ecuaciones cuadráticas para resolver usando factorización. Apenas vi la primera ecuación, me queda claro que no sería un problema. Es cuestión de encontrar dos números que multiplicados den 6 y sumados den -5.

Ya entiendo por qué mi padre no me exigió que lo resolviera.

Esa pequeña tranquilidad que tenía al resolver los ejercicios, se desplomó, y no era necesario ni levantar la mirada, es claro quién acababa de llegar.

¿Se escucharon libros?

Mi vista sigue clavada en la hoja, atrás mío se oyen ruidos raros, como si estuvieran lanzando cuadernos o lápices. Mi experiencia ya sabía que es lo que está pasando, y mi impulso me grita que reaccione, pero la maldita voz de Aria advirtiéndome que no meta con el demonio era más fuerte.

¿Por qué nadie puede ponerla en su lugar?

Sí, claro, casi olvido lo “peligrosa” que es, mejor dicho, su familia.

Chica tonta.

De reojo visualicé al chico, un chaparro pelirrojo, el dueño de los materiales, recogiendo todo apresurado, guardándolo en su mochila, para que al final tome el lugar de adelante.

Ni una palabra, porque llega la maestra. Lo cual me veo obligada a levantar la cabeza, y a guardar mis copias, sin embargo, la llegada de alguien más me desconcentró.

Izzie Lodge. Por supuesto.

—Llega tarde, señorita Lodge.

—Disculpe —balbucea, recuperando el aire, y terminando de realizar un nudo en su pañuelo rojo.

¿No le molesta jugar teniendo esa tela en el cuello todo el tiempo? ¿O no sabe lo que es sudar?

—Tome asiento.

Aún seguía con el uniforme de básquet, y con su chaqueta en el antebrazo. Parece ser más pequeña por la ropa ancha. No se le ve bien.

Mi sonrisa burlona se me borra cuando me doy cuenta de que el único asiento libre, era el de mi lado, e Izzie se queda quieta mirando a mi mochila, esperando que la quitara. Ella tampoco estaba tan emocionada de sentarse conmigo.

—O agarras tu mochila, o la tiro por la ventana —masculla con poca paciencia.

Solté una risita divertida, dejándole el espacio libre.

—¿Qué pasó, a la realeza se le acabó su dulzura?

Digo entre dientes, teniendo mi vista hacia la pizarra, prestando “atención” a la explicación de la maestra. El problema es que ese tema ya me lo sabía, y eso significa una cosa: me aburro.

—Cállate.

Si bien, ¿dónde está la linda chica que presumen todos? Yo aún no la conozco.

—Quien resuelva el ejercicio tendrá diez puntos extras —anuncia la profesora alzando el plumón azul, sin dudar alcé la mano, al mismo tiempo que la desconocida de a lado, quien frunce el ceño, intentando bajar mi brazo de un fuerte jalón.

—No seas agresiva, Lodge.

—Silencio, necesito esos diez puntos —forcejea conmigo. Este reto es injusto, ella lleva ventaja por obvias razones.

—¿Tú crees que yo no? —no.

Sus ojos marrones se oscurecen, y sus labios se presionan entre sí, antes de sujetarme las muñecas con el doble de su fuerza, pudiendo ganarme. Y se apresura a levantarse a resolver el ejercicio.

Me ofendí. Se aprovecha porque entrena toda la semana.

Me cruzo de brazos, chequeando si Izzie se equivocaba en algún número, pero ella lo finaliza rápido, y para mi mala suerte, está correcto.

Se deja caer sobre la silla, ladeando una mueca reluciente de felicidad que moría de ganas de borrárselo con un puñete. Un suspiro escapa de sus labios, girando su rostro hacia mí.

—¿Te quedó claro que sí vengo a estudiar o en qué más quieres que te gane, heroína?

Es el mismo apodo que mencionó Aria.

—Oh… No me digas que la realeza se sintió mal por mi comentario —coloco una mano sobre mi pecho, fingiendo verme afectada —Dije: Si tan solo tuvieras las mismas ganas de estudiar que las de ella. En ningún momento di entender que no venías a estudiar.

No tuvo una respuesta inmediata, se dio cuenta de que tengo razón. De igual manera, sus ojos me siguen insultando en todos los idiomas posibles, esos están que arden.

Idiota. Tonta.

—¿Qué dijiste? —en mi cabeza intento traducir esas palabras, aunque dudo bastante que sean las palabras que estoy imaginando.

Esto me sucede por dormir en clases de idiomas.

La morena pasa la manga de su chaqueta por su rostro con cierta frustración que no se molestó en ocultar. Sus dedos delgados se entierran en la tela, restregando su enojo.

¿Esta situación contaría como buen manejo de sus emociones, o también está descalificada?

Maldición.

—¿Puedo hacer una pregunta?

—Ya lo hiciste —contesta fría, quitándose la chaqueta de la cara.

—¿De dónde eres? —no le tome importancia a lo anterior —Aria me mencionó que no eres de aquí.

Ella asiente de mala gana.

—Perú.

—¿En dónde queda o qué? —esa pregunta no fue con malicia, y ella lo tomó de esa manera.

—Lee, te hace mucha falta.

Estuve a punto de darle un buen comentario, pero la maestra pidió silencio. Va a darnos una práctica de prueba, a ver qué nivel vamos. Guardo emocionada mis copias anteriores y me quedo con un lápiz en la carpeta.

Da las indicaciones que dan siempre los maestros: No copiar. No sacar el celular.

Giro la práctica, y mis mejillas se alzan al encontrar puros temas que ya he estudiado, y practicado en casa. Si amo las matemáticas es por mi padre, y si estoy avanzada en este curso es por él, no por mis escuelas anteriores.

—Intenta ganarme aquí —doy indicio a una mini competencia.

—Como si no supiera que tu único curso en que sobresales es esta —me regresa el susurro. Arqueé una ceja confundida, ¿cómo sabe?

—Si no puedes ganarme, no es necesario que metas excusas.

—Cierren la maldita boca —ese tono de voz pesado vino de atrás mío, recordándome que el demonio seguía aquí. Un escalofrío recorre por mi espalda.

Me acomodo sobre mi asiento, ahora sí, dejando mi atención solamente en la práctica.

La primera pregunta es sobre sistemas de ecuaciones lineales. Es tan sencillo como encontrar el punto exacto donde dos líneas se cruzan, es como unir piezas de un rompecabezas, solo que con números y lógica.

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Fui la primera en entregar la práctica, lo cual me dio la ventaja de observar a los demás resolver los ejercicios, y no se veían tan relajados como pensé. Varios miraban la hoja sin hacer nada, y otros estaban cerca al estrés por no entender.

E Izzie, está tranquila, aparenta estarlo, sigue corrigiendo algunos números, está muy lenta, aunque mínimo avanza. Acaba justo a un minuto antes que se acabe el tiempo, y se apresura a entregarlo.

—Pueden esperar los que deseen verificar su calificación —avisa la maestra, con el timbre de fondo indicando la finalización de la clase.

Varios se levantaron para retirarse, y yo me puse cómoda sobre la carpeta. Lo que me interesa es saber mi nota. También me quedo porque Aria me pidió que la esperara aquí, así que prisa no tengo.

Observo la silueta de Lucía formarse a un costado con su habitual aire de superioridad, dispuesta a irse, sin embargo, el pelirrojo del inicio también se levanta haciendo que choquen.

Sin decir ninguna palabra, Lucía de impulsiva lo agarra del cuello de su camisa. El pelirrojo asustado abre bien grande sus ojos y levanta sus manos en un gesto tonto de rendición, eso no le importó ni un poco a ella. Mejora su agarre y lo empuja contra la carpeta más cercana.

Instintivamente, mi cuerpo reacciona, intento levantarme para intervenir, pero una mano me vuelve a sentar de golpe.

—No te metas —dice Izzie en voz baja, y firme.

—¿Qué? Eres de las personas que disfrutan ver cómo le joden la vida a otros.

—Escucha. No opines de lo que no sabes. Mínimo pide bien que te expliquen…

Tiro de mi brazo liberándome de su agarre.

—Claro, cómo no eres tú, solo te callas disfrutando el sufrimiento de otros. Lo típico de ustedes.

En ese momento, algo en su expresión cambia. Izzie desvía la mirada por un segundo, sus labios se aprietan en una línea, sus hombros se alzan un poco, y su postura se vuelve rígida. No hay maldad, aunque sí, un conflicto interno que no alcanzo a comprender.

—No te metas, ni opines de lo que no tienes idea, Donson.

Toques suaves resuenan en la puerta, liberándola de la tensión. La mayoría de los estudiantes ya han abandonado el aula. En el umbral, aparece él, su novio, parado con una postura despreocupada, y una mirada buscando lo evidente.

Izzie se para al instante con sus permanencias en brazo, y corre a saludarlo. El chico alto le dedica una sonrisa sincera antes de agacharse a darle un beso corto en sus labios. Este le coge su mochila y se la cuelga en su espalda.

Qué asco, novios felices.

—Señorita Lodge —la maestra le hace entrega de su práctica, y el rostro de la morena no grita “felicidad” precisamente. Me pongo de pie, terminando de colocarme mi mochila. Doy unos pasos hacia el escritorio, y la profesora se me queda viendo con un gesto de sorpresa —Señorita Donson, excelente trabajo.

Tomo el examen y mis ojos se detienen en la calificación: 100% perfecto. Todas las respuestas son correctas. Mi pecho se hincha un poco por las ganas de gritar, sin embargo, mantengo mi expresión neutral mientras me encamino hacia Lodge.

—Buen intento, pero ganarme en esto, jamás.