Prólogo
No hay registros de quien escribió la primera carta. Solo el día en que se abrió
Fue un error.
O eso dijeron.
Pero alguien sabía que iba a pasar.
Alguien lo escribió con tinta que no se borra y palabras que no envejecen.
La carta no decía nombres.
Solo una advertencia:
"Cuando la carta se abra no confíes en ella. Ella traerá el incendio."
Quienes la leyeron murieron poco después.
Uno por uno.
En silencio.
La Casa cerró el caso. Archivo sellado. Acceso denegado.
Y, sin embargo, una copia quedó.
Guardada donde nadie debía mirar, esperando que alguien lo hiciera.
Esperando a ella.