Fuego Interior (Buddie) (52 Semanas EDF 2026)

Sinopsis

52 fanfics, uno por cada semana. Reto de escritura del 2026 de la página de Facebook "Es de fanfics".

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Frosty Milkovich
Estado:
En proceso
Capítulos:
15
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

S1. ¡Fiesta Sorpresa!

El sonido de la música se escuchaba en toda la casa. Buck solía escuchar música más tipo country, rock y algunas veces pop; sin embargo, Eddie escuchaba rock, salsa, reggaetón y demás música en español que Buck no terminaba de entender. La mayoría de las veces era música con mucho ruido de fondo y a la que no le entendía nada, a excepción de cuando Eddie cantaba. Se veía de alguna forma tierno cuando cantaba en español.

—Solo nos falta comprar el pastel y los globos.

Habían estado preparando la fiesta de cumpleaños de Christopher desde hace más de dos semanas. No era algo complejo, pero con el poco tiempo que le queda a Eddie luego del trabajo, tomaba todos sus momentos libres para planear, presupuestar y elegir.

Su hijo había crecido demasiado desde que se habían mudado a Los Ángeles; habían pasado más de dos años y Chris ya ni quería fiesta. Sin embargo, llegaron al acuerdo que tendría un pequeño compartir con sus amigos en la escuela. Eddie no pudo controlarse y pensó en hacerle algo en la casa. Inicialmente, solo iban a ser Chris, la tía Pepa y Eddie, pero luego Buck se enteró de todo lo que estaba tramando y decidió unirse a la fiesta.

—Sé de un lugar muy bueno donde puedes comprar globos y otras cosas para decorar.

Buck sabía muy bien dónde las cosas eran lindas y no muy costosas. La última vez que estuvo en la tienda fue con Hen y Karen para comprar cosas de la última gran fiesta que tuvo Denny. Por alguna extraña razón, a los niños les dejaban de gustar las fiestas después de cierta edad.

—¿Qué sabor de pastel vas a comprar?

Entraron al vehículo de Buck. De los dos posibles candidatos, fue elegido y forzado a ser el conductor. Eddie le impuso demasiados obstáculos para que no se involucrara en esta fiesta sorpresa. Ambos tenían claro que hacerla aun cuando Chris había dicho que no quería haría que se enojara, pero Eddie quería una última fiesta; no sabía que su hijo quería que esa fuera la de su séptimo cumpleaños y, si iba a tener una última, debía ser muy buena.

—Un pastel de zanahoria con cubierta de vainilla y galletas en el círculo. —Eddie sacó su teléfono y le mostró las opciones que había visto en internet. —Es algo así, según lo que le entendí a Chris la última vez que mencionó su pastel favorito, y eso fue hace mucho tiempo. Así que lo encargue tal cual lo dibuje.

—En primer lugar. —Buck levantó su mano derecha del volante y elevó su índice. —¿A quién le gusta el pastel de zanahoria? —Miró a su amigo por el retrovisor. —Y en segundo, sí, debió ser hace mucho tiempo, más para un anciano como tú.

Eddie sabía que no era tan viejo. Solo era dos años mayor que su mejor amigo, pero siempre se molestaban el uno al otro. Algunas veces Buck le decía anciano y otras muchas Eddie le decía que era como un niño y que necesitaba un buen castigo; por eso a veces le escondía el teléfono como castigo por sus comportamientos.

Se bajaron del carro en cuanto Buck le puso fin a su viaje.

La piñatería era más pequeña de lo que Eddie esperaba. Tenía la expectativa de que iba a ser algo mucho más colorido o más grande, pero en su lugar tenía muchas vitrinas, tanto adentro como afuera del lugar, donde se podían ver las muchas cosas que se necesitan para hacer una fiesta extravagante.

—Buenas tardes. —Buck tomó el control de la situación.

—Estamos a solo cinco minutos de cerrar. —La mujer que estaba frente a la caja señaló el letrero que mencionaba los horarios de lunes a viernes y de los días sábados.

Cerraban a las cuatro de la tarde los sábados; ahora solo les quedaban cuatro minutos.

—Queremos unos globos con helio. —Buck halo de la mano a Eddie hasta llevarlo a la parte donde estaban las bolsas de globos. —Como diez o algo así.

Buck también se acercó a la vitrina y sacó dos pequeñas bolsas, una de globos naranjas y la otra de globos blancos que tenían la inscripción de “Feliz cumpleaños” en el centro.

—Caballeros. —La mujer señaló el gran reloj que se encontraba en medio de la tienda. —Como le indiqué, la tienda cierra en pocos minutos y el proceso de inflar globos con el helio toma su tiempo.

—¿No hacen excepciones?

Eddie mostró su carita de perro regañado sin ningún éxito. Nadie cambiaba de opinión cuando mostraba esa versión de sí mismo; parecía ser que la única persona en el mundo a la que le gustaba y no podía resistirse a esa cara era Buck.

—No, señor.

—¿Tiene una bomba de helio o globos ya inflados? —Buck interrumpió a la mujer que seguía haciendo cuentas en su cuaderno.

—Sí tenemos globos ya inflados, pero estos se agotaron. —Ambos voltearon a ver la cesta que se supone tenía distintos globos. —Y si tenemos una bomba, pero no a todas las personas se les puede prestar o alquilar.

—Somos personas especiales. —Buck sacó su cartera del bolsillo trasero. —Yo pago sin ningún problema.

Eddie intento interrumpir a su amigo. El acuerdo era que el solo lo llevaría comprar las cosas de las fiesta y nada más, en ningún lado acordaron que el pagaría algo, pero antes de que dijera algo la mujer lo detuvo.

—Solo prestamos cilindros a personas de logísticas de fiesta o que tienen el permiso adecuado para manejarlos.

—Nosotros lo tenemos. —Respondió Buck al instante.

—¿En serio? —La mujer y Eddie voltearon a verse luego de decir la misma palabra.

—Sí. —Eddie no sabia que estaba pasando pero sintió que su amigo le pisaba el pie. Era la señala para que se callara cuando Buck hacia algo imprevisto y que traería consecuencias. —Somos bomberos, tenemos el conocimiento para controlo un gas tan básico como ese.

—Ok…

La mujer le hizo una serie de preguntas y le solicito la firma de un documento. Tuvieron que mostrar fotos en las que se encontraban con uniformes o donde estuvieran cerca a incendios. Eddie no sabia lo tedioso que era inflar globos de helio, según su conocimiento y lo que había visto en películas solo era inflarlos y ya. Buck estaba feliz, era más de las cuatro pero como llegaron antes de la hora de cierre estaba alegando que debían atenderlo y mientras estaba mostrando las fotos sexy que se había tomado en la estación, cerca al camión y con la ropa.

No era la intención de Eddie ver las fotos que su amigo estaba mostrando, pero lo hizo y tenía que aceptar que se veían bastante bien, un poco exageradas en las poses, pero su amigo sabía bien cómo lograr un buen ángulo. Debería de tomarse más fotos, pero solo hacía eso cuando estaba con su hijo y desde que había conocido a Buck cuando él tomaba fotos.

—Muchas gracias por esto. —Buck se inclinó ante las mujeres y se despidió. Capaz era porque tenía las manos llenas de cosas o por el simple hecho de que era raro y hacía cosas de ese tipo. —Devolveremos el cilindro de helio el lunes. —Dijo Buck saliendo del lugar con los globos en una mano y con el cilindro pequeño en la otra.

Para poder llevarse el cilindro, Buck firmó un documento en el que decía que se compromete a devolverlo y pagar solo la cantidad gastada. Sí, le tocó pagar el total de lo que costaba, pero en el documento también estaba mencionada la devolución del dinero que no consumiera. Eddie sabía que en Texas no funcionaba así; de hecho, podía comprar cosas raras y no legales de forma más fácil que un cilindro de gas, pero sabía que no estaba en su ciudad.

—Voy a recoger el pastel y vuelvo enseguida.

Eddie hizo una pequeña fila de cinco minutos hasta que fue su turno de pedir. El pastel lo encargó ayer en la tarde para tenerlo al día siguiente en la tarde.

Abrió la caja en la que se encontraba el pastel. No era para nada como él se lo había imaginado o nada parecido a su dibujo mal hecho con figuras y rayones, pero capturaba toda la esencia de lo que él quería y tenía lo más importante: las zanahorias en la parte baja del pastel y en la parte de arriba galletas. Puede que a su hijo no le gusten las fiestas sorpresas; sin embargo, el pastel sí le iba a gustar, lo sabía muy bien.

—Casi que no vuelves.

Eddie ignoró el comentario de su amigo y se sentó con mucho cuidado. Buck era la persona más loca e imprudente para conducir; fue por eso mismo que le dijo a su amigo que condujera lo más decente y lento que pudiera.

—¿Cómo inflarás los globos? —Eddie le dio una patada a la puerta. —No sabía que teníamos permiso para manejar gases y cosas como las que mencionaste.

—Es muy fácil, en realidad. —Mintió. —Solo es poner el globo en la punta del cilindro, darle una vuelta muy suave, no una vuelta muy brusca porque se puede estallar, pero tampoco muy suave porque se puede perder. —Buck frunció los hombros ante su amigo.

No tenía ni la más mínima idea de lo que iba a hacer. Sí, sabía el paso a paso para inflar un globo con helio, pero nunca lo había hecho, y lo que le acaba de contar a su amigo fue lo que vio en su teléfono mientras este estaba pagando el pastel de Christopher.

—Déjame, organizo la mesa y te ayudo con eso.

Eddie estaba terminando de alistar las cosas en la mesa. Había pocas cosas, pero era todo lo que le gustaba a su hijo: Había gomitas con forma de tiburón, de las ácidas; las dulces, por supuesto, no le gustan. Su gaseosa favorita de uva, frituras sabor mayonesa, chicles de manzana y los cuatro platos desechables en los que iban a comer el pastel.

No sabía muy bien qué regalo darle, pero optó por lo más fácil y lo que sabía que iba a gustarle. Su hijo dañaba demasiados controles del Xbox, así que le compró un nuevo control de su color favorito y la nueva versión de Mario Kart que salió algunos meses atrás.

—Listo. —Miro su teléfono. El trayecto de la piñatería y la pastelería le acabó todo el tiempo que tenía para terminar de decorar. Su tía iba a llevar a su hijo a la casa a las seis y quince; sin embargo, sabía que ella siempre llegaba a tiempo. —Tenemos cuatro minutos para inflar esto.

Les tomó dos minutos y cinco gritos descifrar cómo poner la boquilla del globo en el cilindro de helio y que quedara bien. Buck no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo y Eddie no era quien para juzgarlo; él tampoco sabía. Eddie infló tres globos y se los pasó a Buck. Era más seguro que él lo hiciera, eso y que Buck se enredó muy fácilmente con los tres pasos necesarios para poder inflar un globo.

—Pásame los globos naranj…

Eddie se detuvo al ver cómo se encontraba Buck. Tenía un globo en cada mano y el tercero en la boca; se veía muy gracioso; Buck siempre encontraba la forma de verse tierno.

—No sabes amarrar un globo, ¿cierto?

Buck negó con la cabeza y Eddie le quitó el globo que tenía en la boca.

—Es muy fácil hacerlo, solo un pequeño giro y ya.

—Me lastima los dedos. —Buck se tapó la boca en cuanto su voz salió.

Eddie soltó una gran carcajada. La voz de su amigo normalmente era gruesa, pero se escuchaba muy distorsionada, parecía de caricatura y Buck estaba rojo hasta más no poder. El color en sus mejillas y la voz chillona lo hacían parecer como un tomate hablador de caricatura.

—Por favor. —Eddie trató de no reírse más. —Todos sabemos que el helio eleva nuestras cuerdas vocales y que la voz cambia cuando ingieres un poco.

—Pensé... —Buck pausó. Escuchar su voz diferente era muy raro, pero ver a Eddie reír por eso lo hacía sentir cool. —Pensé que eso solo pasaba en las caricaturas o en los niños.

Buck terminó de inflar los globos. De los diez que compraron, solo usaron ocho, cuatro blancos y cuatro naranjas; los blancos que decían “Feliz cumpleaños” los pusieron arriba y los otros abajo en forma de zigzag. Su tía le mandó un mensaje; estaba a cinco minutos, pero al paso de Christopher, acelerado y ansioso, eso eran solo tres.

Eddie le hizo señas a Buck para que este apagara las luces. La idea era que, cuando llegaran, todo estuviera oscuro y, cuando encendieras las luces, gritaran “¡sorpresa!“. Ambos hombres saltaron el sofá hasta quedar lo más pegados y escondidos que pudieron.

—¿Te comieron la lengua los ratones?

Definitivamente, no dejaría de molestar a su amigo por su voz en mucho tiempo.

—No. —Respondió Buck forzando la voz.

Eddie sintió las manos de Buck en su mejilla. No sabía qué estaba pasando, pero le estaba apretando con fuerza.

—No seré el único con esta voz.

Buck tenía un globo inflado en su otra mano; lo sabía, le había golpeado suavemente la cabeza con este. No fue hasta muy tarde que Eddie entendió lo que estaba haciendo. Su amigo soltó las mejillas dejando que el helio entrara en su boca.

—Eres un pendejo.

Eddie se dio cuenta del sonido de su voz.

—Somos pendejos, mi amigo. —Sus cuerpos estaban pegados tras el pequeño sofá. —Y por eso nos llevamos tan bien.

Estaban susurrando debido al helio en sus voces que no se dieron cuenta del momento en el que la tía Pepa y Christopher entraron; no fue hasta que las luces se encendieron que supieron que tenían que gritar.

“Sorpresa”, —gritaron al unísono. Voltearon a ver a Chris y, luego de escucharse gritar, se voltearon a ver entre ellos.

—Feliz cumpleaños, hijo.

—Muchas felicidades, campeón.

Eddie le dio un gran abrazo a su hijo seguido de unas palabras que solo ellos dos pudieron escuchar. Luego fue el turno de Buck quien lo levantó en el aire y también le dio las felicitaciones.

—Vamos a tomar las fotos y luego a comer. —Eddie llevó a Chris hasta detrás de la mesa. —Espero que te guste el sabor.

Chris los estaba mirando con el ceño fruncido.

—No me mires así. —Eddie le acomodó el peinado. —Ya sé que no querías fiesta, pero no es para que te enojes.

—No es eso.

Christopher esbozó una gran sonrisa.

—Es que los dos se oyen como un par de ridículos.

Buck y Eddie se rieron al mismo tiempo; la tía Pepa y Chris se unieron a las risas al escucharlas cambiadas por el helio.

—Más respeto a tu padre. —Dijo Eddie acercándose a Chris para la foto.

—Sí, más respeto para el anciano de tu padre y para mí. —Completo Buck con su voz. Definitivamente, se escuchaba mucho más agudo que Eddie y eso era tranquilizador.

Se tomaron muchas fotos. Eddie y Chris, Chris y Buck, Chris y la tía, Buck, Eddie y Chris, luego Eddie, la tía y Chris y así hasta agregar más de cincuenta fotos al teléfono de Buck; era el mejor para todo el tema de las fotos y el espacio, así que siempre tomaban las fotos allí.

—Está delicioso el pastel. —Dijo Chris con glaseado de vainilla por alrededor de sus labios. —El pastel delicioso y los dos payasos fueron de mis cosas favoritas en este día.

Eddie amaba mucho a su hijo. Siempre estaba haciendo los chistes y preguntas más incómodos y fuera de lugar; tenía muy claro que eso lo había aprendido de Buck. Pasaban tanto tiempo juntos que los tres habían adquirido hábitos, palabras e incluso un poco el estilo de vestir del otro.

—Vamos, tía. —Chris agarró a su tía entre sus pequeñas manos. —Tenemos que aprender cómo jugar este nuevo Mario Kart.

Eddie le había dicho a Buck que no le diera ningún tipo de regalo a Chris, en primer lugar porque sus abuelos le mandaron varios y, en segundo, porque la fiesta también contaba como su regalo. Pero no le hizo caso, así que a último momento propuso un torno con premios secretos a todos los que quedaran en el primer, segundo y tercer puesto y, conociendo a su amigo como lo hacía, sabía que él iba a quedar en el último lugar para poder darle algo a Chris, o tal vez Eddie quedaría de último por no saber controlar sus dedos.

Él y Buck seguían en la mesa comiendo sus porciones de pastel. La tía Pepa solo se comió una porción pequeña con medio vaso de gaseosa; Chris se comió una y tenía la otra en un plato sobre sus piernas. Sabían que no iban a cenar algo diferente, así que ellos ya iban por su tercera rebanada.

—Muchas gracias por estar aquí. —Eddie volteo a ver a su mejor amigo, que tenía pedazos de zanahoria por alrededor de su camiseta.

—No es nada.

—Lo es. —Eddie reafirmó sus palabras. El efecto del helio estaba casi fuera de su cuerpo, pero aún su voz no estaba normal. —Significa mucho para mí que estés aquí con Chris en su día. —Hizo una pausa para seguir masticando. —Significa mucho para mí que siempre estés a mi lado, incluso cuando pueda que no te quiera o que te intente alejar. No digas que es nada, porque para mí significa mucho.

Buck acercó su mano a la mano libre de Eddie.

—Estoy aquí. —Buck le dio un suave apretón a la mano de su amigo. —Estoy aquí para ti siempre que lo necesites e incluso cuando no lo necesites o no lo quieras, voy a estar para ti. Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo y no me voy a ir tan fácil.

Eddie tenía muy presente eso también. Que las personas más importantes que habían llegado en su vida en los últimos ocho años fueron su hijo hace exactamente ocho años y Buck cuando comenzó a trabajar en la estación.

Esos dos hombres eran todo lo que necesitaba y quería en su vida.