Capítulo 1 - Un martes cualquiera
3:45 a. m.
Todo estaba en silencio, como si el mundo se hubiera quedado congelado en el tiempo.
A lo lejos se escuchaban perros ladrando, el tren recorriendo las vías y sirenas de policía.
Venían por mí… pero ya era demasiado tarde.
El frío del suelo se colaba entre mis huesos, mientras cada parte de mí se iba apagando lentamente. Aquí acababa todo.
El día que dejé de escribir su nombre en los márgenes supe que algo se había roto. Algo que nació entre cenizas; algo fracturado, oscuro…
Durante años fui muchas cosas: amiga, amante, la esposa perfecta, la que callaba, la que fingía que todo estaba bien, la que huía… y la que ahora yacía en el asfalto, la que sostenía su último aliento, la que había intentado luchar y solo había conseguido más problemas.
El problema no fue que todo terminara aquí…
El problema fue que parecía un martes cualquiera.
Mientras el frío seguía avanzando, pensé en lo absurdo que era todo.
En cómo, unas horas antes, el día había comenzado como cualquier otro.
Café caliente. El periódico en la mesa. El desayuno para los niños. Darle de comer al perro, hacer las camas y echar a lavar la primera tanda de ropa.
Un beso robado y una despedida que no sabía a despedida…
Nadie sospecha nada de los martes. ¿Quién lo haría, si solo es un día más de la semana?
No hay leyendas, ni supersticiones ni señales claras que te adviertan que un martes cualquiera puede terminar con tu vida… aunque supongo que hoy fui la excepción.
No recuerdo haber pedido ayuda. No recuerdo haber gritado.
Todo parecía cotidiano.
Todo parecía normal, nada fuera de lugar, y tal vez ese fue el verdadero problema.